Lunes, 16 de julio de 2007
Homil?a pronunciada el viernes, 13 de julio de 2007, por el cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La Habana, en la Misa de Clausura de la XXXI Asamblea ordinaria del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano).


S.M.I. Catedral de La Habana, 13 de julio de 2007


Queridos hermanos y hermanas:

Conclu?a la V Asamblea General del Episcopado Latinoamericano en Brasil el pasado 31 de mayo a los pies de Ntra. Sra. Aparecida, en la imponente Bas?lica que guarda su imagen bendita. Era la Festividad de la Visitaci?n de la Virgen Mar?a a Isabel, a la cual llega gr?vida de Dios para proclamar que el Poderoso ha hecho obras grandes en Ella.

En verdad la Encarnaci?n del Hijo de Dios en Mar?a es la acci?n culminante de la Historia de nuestra Salvaci?n. Mar?a, que por obra del Esp?ritu Santo llevaba en su seno a Jes?s, el Salvador, no pod?a dejar de comunicar su gozo, quer?a anunciarlo para que otros participaran de su felicidad; se puso en camino y subi? a la monta?a al encuentro de su pariente Isabel. Mar?a es figura de la Iglesia, es decir, la Iglesia se ve reflejada en Mar?a y debe llegar a ser como Ella: portadora de Cristo, que se pone en camino y sube la cuesta de la historia proclamando el gozo de Jesucristo que vive en nosotros y que nos env?a ?l mismo a anunciarlo al mundo entero, hasta los confines de la tierra. De esto tom? honda conciencia la Iglesia de Am?rica Latina y el Caribe reunida en Aparecida. La Lectio continua nos presenta justamente hoy a un hombre convocado y enviado por Dios con una misi?n, desconocida en sus contornos, misteriosa en su realizaci?n final.


Nos narra el libro del G?nesis la puesta en marcha de Jacob, a quien Dios le indica que no tema partir de Cana?n para ir a Egipto. Los antecedentes de esta historia se encuentran en otra partida, cuando Dios dijo a Abraham, el abuelo de Jacob, que dejara el pa?s de sus padres y fuera a buscar otras tierras que ser?an pobladas por su descendencia. Abraham, viejo y sin hijos, fiado en la promesa de Dios, parti? con sus familiares y sus ganados, y se asent? en Cana?n. All? se cumple la promesa del Se?or y tiene un hijo, Isaac, que fue el padre de Jacob.

Pero he aqu? que Jacob, ya viejo, en medio de una hambruna que devastaba la regi?n, es invitado por su hijo Jos?, que est? en Egipto, a que vaya con sus hermanos a establecerse a esa tierra. De nuevo interviene Dios para asegurarle a Jacob: "No temas... yo bajar? contigo a Egipto..." Se le presenta como "el Dios de tu padre" y le hace una promesa: "yo har? de ti un gran pueblo". Todo se hace ahora m?s confuso, pues Jacob se hallaba viviendo ya en la tierra de Cana?n, la que Dios hab?a prometido a sus antepasados, y debe dejarla para ir a un sitio donde, seg?n palabras de Dios, su hijo Jos? le cerrar?a los ojos, ?C?mo llegar?an a constituir sus descendientes un gran pueblo si su viaje no ten?a marcha atr?s? Mas, fiado de nuevo en la promesa de Dios, Jacob parti?. Entronca as? la historia de Jacob con el andar impreciso de Abraham. Si recorremos la historia de la Salvaci?n y la trayectoria b?blica de sus personajes, hallaremos siempre un continuo partir, un desinstalarse para ir m?s adelante, fi?ndose s?lo en la promesa de Dios, en su Palabra.

La iniciativa desconcertante de Dios, la desinstalaci?n y m?s tarde la dispersi?n jalonar?n tambi?n la marcha del nuevo pueblo de Dios que es la Iglesia, comenzando por Mar?a que, siendo Virgen, fi?ndose en la promesa de Dios, concibi? en su seno, por obra del Esp?ritu Santo, al Salvador del mundo. Hemos visto como tambi?n Mar?a, feliz por las maravillas que Dios obraba en Ella se puso en camino para proclamar el gozo de la Buena Noticia. La Iglesia comparte as? la herencia de convocaciones, promesas y marchas del Pueblo de Dios en el Antiguo Testamento. Ella tambi?n se apoya en una Palabra dirigida a sus disc?pulos por Jesucristo el Se?or, que es promesa y env?o: "Yo estar? con ustedes siempre... vayan al mundo entero y anuncien la Buena Noticia". En esto halla la Iglesia su realizaci?n plena y feliz.

Viene aqu? a mi memoria el recuerdo reciente del testimonio que, en la sesi?n conclusiva de la Reuni?n de Aparecida, dio un sacerdote sobre nuestra ?ltima Conferencia General. Se expres? as? el presb?tero: "en la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y Caribe?o la Iglesia de Am?rica Latina y el Caribe se ha reencontrado". Esto ha sido efectiva y afectivamente cierto en cuanto a la colegialidad episcopal, pero adem?s teol?gicamente exacto, porque la Iglesia se re encuentra cuando vuelve a sus or?genes y fundamentos. All? halla su ser profundo. Y en frase de Pablo VI, tantas veces repetida por Juan Pablo II, se expresa escueta y claramente que "la Iglesia es misi?n", etimol?gicamente misi?n, que significa env?o, hist?ricamente misi?n, porque en el largo camino de dos milenios, en repetidas ocasiones, la Iglesia se ha vuelto sobre s? misma y sobre su ser y fijando su mirada en Jesucristo, ha acogido su mandato evangelizador y se ha puesto en marcha de nuevo, escrutando los signos de los tiempos, a fin de comenzar una y otra vez y comenzar siempre a partir de Jesucristo, que la env?a y a quien tenemos que anunciar. Esto nos lo hemos propuesto decididamente en Aparecida los Pastores de Am?rica Latina y el Caribe.

Con cu?nta precisi?n de situaciones y circunstancias dif?ciles env?a el Se?or a sus disc?pulos a la misi?n en la lectura evang?lica de San Mateo que hemos escuchado hoy; ?l les dise?a incluso una simple estrategia: cuando los persigan en una ciudad, v?yanse a otra. Hay tambi?n una invitaci?n de Jes?s a la perseverancia en medio de las pruebas.

En el momento en que Mateo pone por escrito estas palabras de Jes?s, ya mucho de lo que el Se?or hab?a anunciado est? produci?ndose, se dan persecuciones y acciones violentas contra la Iglesia que llegan hasta el martirio. De hecho los disc?pulos son enviados a correr un riesgo, ir?n como corderos en medio de lobos, pero se apoyar?n como Jacob y los antiguos patriarcas y profetas en una promesa del Se?or. Cuando se vean cercados y hostigados Dios mismo pondr? sus palabras en sus labios y podr?n resistir al mal sostenidos por el Esp?ritu Santo.

Esta fue, ha sido y ser? la condici?n del seguidor aut?ntico de Cristo. La conflictividad, a veces violenta, manifiesta el estatuto del disc?pulo de Jes?s, que no es m?s que compartir el destino hist?rico de su Se?or. La Cruz marca la vida del evangelizador. La misi?n y el anonadamiento del misionero se reclaman mutuamente.

En esta etapa evangelizadora que inaugura ahora la Iglesia en Am?rica Latina y el Caribe, fruto de la Conferencia de Aparecida, en que todos, obispos, sacerdotes, di?conos, personas consagradas y laicos queremos ser, sabemos y sentimos disc?pulos de Cristo, debemos aceptar el C?digo riesgoso del discipulado. No podemos volver la vista atr?s ni mirar hacia otros sitios, las situaciones de cristiandad, de Iglesia instalada, aceptada y escuchada con reverencia no existen ya en ning?n lugar. Es el momento de dejar falsas seguridades para partir en misi?n. No nos reunimos en Aparecida para hacer declaraciones contundentes, para condenar a unos o a otros, para acopiar fuerzas y mostrar al Continente alg?n poder religioso, social o pol?tico. Nos reunimos con el prop?sito de reconocemos disc?pulos de Jesucristo, enviados por ?l para que nuestros pueblos tengan vida en ?l. Es as? como la Iglesia reencuentra su ser profundo, su misi?n.

En nuestra V Conferencia la Iglesia que est? en Am?rica Latina y el Caribe analiz? situaciones realmente dif?ciles que pueden hallar los disc?pulos de Cristo al desplegar su misi?n. Los lobos rapaces a que se refiere Jes?s, cercan siempre el reba?o del Se?or y pueden cambiar su pelaje seg?n las ?pocas, pero permanecen esencialmente los mismos.

Con persecuciones, violencias o dificultades de estilo tradicional o moderno la Iglesia deber? lidiar siempre. No se trata en todas partes de eliminaci?n f?sica de cristianos, aunque la cuota de m?rtires sigue presente en varios lugares del mundo. Como regla general no se da tanto hoy una lucha frontal contra la Iglesia en s? misma, sino m?s bien un intento incisivo de horadar la cultura cristiana y las tradiciones de los pueblos que se sustentan en la fe cat?lica: se pretende as? sustituir una concepci?n del mundo y del hombre basada en la ley natural por un extra?o c?digo de derechos que contiene parad?jicamente la manipulaci?n de la vida humana con fines supuestamente cient?ficos, la eliminaci?n de la vida que hace eclosi?n en el seno materno, seg?n una llamada "libertad para elegir" y, siguiendo esta l?gica, se puede llegar a decidir tambi?n sobre la vida de los "in?tiles", ancianos, enfermos terminales, discapacitados, etc. La familia, n?cleo fundante de la sociedad, resulta amenazada en su misma esencia cuando se deja de definir el matrimonio como la uni?n de un hombre y una mujer, y as? podr?amos enunciar un rosario interminable de desprop?sitos.

Toda esta orquestaci?n organizada supranacionalmente, siguiendo al parecer una ideolog?a difusa, tiene una evidente direcci?n general que no da a menudo la cara y usa como ejecutores a organismos internacionales, organizaciones privadas de ayuda, compa??as transnacionales, etc., asociados todos de manera efectiva para influir en parlamentos y centros de decisi?n nacionales e internacionales, utilizando ampliamente los medios de comunicaci?n, de modo que las leyes y ordenamientos jur?dicos sean cambiados a favor de esa encubierta ideolog?a, no ciertamente a favor del hombre.

La situaci?n dif?cil u hostil que Jes?s describi? a sus disc?pulos para la realizaci?n de su misi?n presenta hoy este rostro. Pero es tambi?n v?lida para estos tiempos la recomendaci?n pastoral que hac?a Jes?s a sus enviados: act?en con la cautela de la serpiente y con la mansedumbre de las palomas.

Todo ese entramado adicional de corte subjetivista y relativista, recomendado o impulsado por ciertos centros de poder, viene a superponerse en nuestros pa?ses a los problemas propios y no resueltos de nuestros pueblos. Cito estos ?ltimos con palabras del Papa Benedicto XVI: "desigualdades, creciente pobreza, explotaci?n de la tierra y de sus recursos, hambre, enfermedades, choques de culturas". Pretende tal vez esa sobrea?adidura que olvidemos nuestros problemas reales, cuya soluci?n reclama la solidaridad y el empe?o de todos, tambi?n de los poderosos.

Dejando este juicio a los analistas de situaci?n, cito las palabras certeras del Papa Benedicto XVI sobre el porqu? de esos reclamos de falsos derechos contrarios a la naturaleza humana. Lo expres? el Cardenal Ratzinger en un discurso pronunciado [poco antes] de ser elegido al solio pontificio, ante los Benedictinos de Subiaco en ocasi?n de recibir un "Premio a la Promoci?n de la Familia y de la vida en Europa".

Dice as? el Santo Padre: "Todo esto demuestra que no corresponde al crecimiento de nuestras posibilidades un igual desarrollo de nuestra energ?a moral. La mentalidad t?cnica confina a la moral a un ?mbito subjetivo, mientras que lo que de verdad necesitamos es una moral p?blica que sepa hacer frente a las amenazas que se ciernen sobre las vidas de todos nosotros. El peligro m?s verdadero y m?s grave est?, precisamente en este momento, en el desequilibrio entre posibilidades t?cnicas y energ?a moral... Si ?sta falta, o escasea, el poder que el hombre tiene se transforma cada vez m?s en poder de destrucci?n".

Por esto, frente al mutismo ?tico del pensamiento actual, la Iglesia Cat?lica emerge como voz que clama en el desierto, porque tiene el deber insoslayable de seguir alertando y despertando la conciencia del hombre de hoy para que se afiance la certeza, que afortunadamente parece ya abrirse paso, aunque de modo titubeante a?n, de que el futuro del mundo depende cada vez m?s de las decisiones ?ticas del hombre. Si el laicismo a ultranza saca a Dios de la escena del mundo, las decisiones humanas pueden quedar a la deriva, sin referencia ?tica, pues la ?tica se debilita al perder su sustentaci?n trascendente cuando se excluye a Dios. Proclamar la primac?a de Dios, tal y corno Jesucristo nos lo presenta, es misi?n propia de la Iglesia para que los pueblos todos tengan vida plena. Esto vale para el continente americano y para el mundo entero.

De esto se ocup? nuestra reuni?n continental de Aparecida y por ello se preocup? ante todo de poner activamente a Dios en la escena del mundo, en la trama de la vida familiar y social de los hombres y mujeres de esta parte del planeta. S?, es cierto que miramos realidades desafiantes de nuestro tiempo, pero lo hemos hecho con ojos de Pastores, con mirada de fe que no se detiene en los obst?culos ni planifica a partir de ellos, como quien prepara un programa de respuesta a opositores o impugnadores. En Aparecida hemos reflexionado y proyectado a partir del llamado que nos hace Jesucristo a ser verdaderos disc?pulos que, prendados de su persona, acogiendo su Palabra y profundamente unidos a El, cumplimos su deseo y su mandato de ir "al mundo entero a proclamar el Evangelio". Y esto lo hacemos apoyados en la promesa del Se?or: "Yo estar? con ustedes siempre hasta el fin del mundo".

En Aparecida hemos elaborado un documento para plasmar en ?l nuestra fe en Cristo y nuestra decisi?n de servirlo, llevando a nuestros pueblos, sedientos de vida espiritual, la belleza de nuestra fe cristiana y proponi?ndoles la vida en plenitud que s?lo Cristo puede dar, capaz de transformar y engrandecer la realidad personal y social de los hombres y mujeres de nuestros pueblos. Es un bello documento el de Aparecida, que pone en pie de misi?n a la Iglesia toda: obispos, sacerdotes, di?conos, personas consagradas y fieles laicos. Si los males del mundo son muchos, si al mundo le falta Dios, si los disc?pulos de Jesucristo debemos ser los misioneros que anuncien a nuestros pueblos al Dios que Cristo en su persona nos muestra, debemos partir corno Abraham, dejando seguridades, hay que ponerse en marcha corno Jacob, desinstal?ndonos, para darles a los pueblos de Am?rica Latina y el Caribe lo que les falta: esa vida abundante que Cristo Resucitado alcanz? para nosotros con su muerte de Cruz. Nadie puede reemplazamos en esta tarea, y realiz?ndola, sentamos las bases para una humanidad mejor y m?s feliz en nuestras tierras latinoamericanas y caribe?as. Nuestra misi?n no consiste en imponer, sino en proponer, no es la de arrastrar seguidores, sino la de invitar a los hombres y mujeres de nuestros pueblos a ser disc?pulos de Jesucristo.

Que la Virgen Mar?a de Guadalupe, la primera disc?pula y misionera de Jesucristo en tierras de Am?rica, inspire nuestros empe?os por anunciar a Cristo, camino, verdad y vida, a todos los hombres y mujeres latinoamericanos y caribe?os y ayude y sostenga a la nueva directiva del CELAM en la preparaci?n y coordinaci?n de la Gran Misi?n Continental que iniciar? esta nueva etapa evangelizadora de la Iglesia Cat?lica en Am?rica Latina y el Caribe.
As? sea.

(Homil?a distribuida por el CELAM)
Publicado por verdenaranja @ 23:48  | Hablan los obispos
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