Mi?rcoles, 18 de julio de 2007
Carta semanal del Arzobispo de Valencia Don Agust?n Garc?a-Gasco Vicente.

Porque creemos en la educaci?n


Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 15 de julio de 2007



El derecho y el deber de los padres a la educaci?n de sus hijos y los propios derechos de los ni?os y de los j?venes a ser educados, han de renovar continuamente el sentido y el significado de la concepci?n educativa de la Iglesia. Esto tiene que reflejarse de modo directo en una de las instituciones m?s genuinamente cristianas, como es la escuela cat?lica.

Con el documento ?La escuela cat?lica. Oferta de la Iglesia en Espa?a para la educaci?n en el siglo XXI?, los obispos espa?oles hemos querido lanzar un mensaje de confianza y apoyo hacia la escuela cat?lica y su labor. En tiempos en que muchos experimentan la tentaci?n de huir de su deber de educar, la Iglesia apuesta decididamente por el compromiso con la educaci?n, por el car?cter imprescindible de esta tarea y por el entusiasmo que debe suscitar la vocaci?n de educador y de maestro.

La apertura de la escuela cat?lica ?como de toda escuela? a las situaciones y problemas de nuestra sociedad, debe ser entendida como una condici?n para poder realizar mejor su misi?n, nunca como una ocasi?n para la duda o el desaliento. La escuela cat?lica se entiende con plenitud cuando su cometido social se interpreta desde la realidad m?s profunda que le da sentido: la misi?n misma de la Iglesia, que anima un proyecto educativo en el que se funden arm?nicamente fe, cultura y vida.

Por medio de la escuela cat?lica, la Iglesia local evangeliza, educa y colabora en la formaci?n de un ambiente moralmente sano y firme en el pueblo. Cristo es el fundamento de su proyecto educativo. ?l revela y promueve el sentido nuevo de la existencia y la transforma, y as? capacita al hombre para vivir de manera m?s humana y m?s de Dios, para pensar, querer y actuar seg?n el Evangelio, haciendo de las Bienaventuranzas su norma de vida.

Para mantener vivo y creativo el proyecto de la escuela cat?lica hay que ser consciente de que el Evangelio, con su fuerza y vitalidad, responde a los problemas fundamentales del hombre y contribuye a la articulaci?n de la personalidad en su proceso de maduraci?n. La adhesi?n libre y consciente a Cristo y a su Evangelio permite abrazar diariamente el reto de educar sin desfallecer ante las dificultades.

Los educadores hemos de saber dar respuesta para que los aspectos menos positivos o ambivalentes de nuestra cultura puedan ser adecuadamente interpretados. Las visiones reductivas del progreso, la sobrevaloraci?n de los instrumentos y de la eficacia productiva, la crisis moral que contrapone la libertad a la verdad, o los conflictos que a veces derivan del pluralismo cultural no son impedimentos absolutos de la tarea de educar, sino retos que debemos acometer con una inequ?voca confianza en la fuerza del amor al pr?jimo que nos infunde el Evangelio para desarrollar lo mejor de las personas y de los pueblos.

Padres, madre, maestros y maestras est?n llamados a colaborar estrechamente, a fortalecer su misi?n con la mutua ayuda. Las crisis y los problemas de las familias pueden encontrar una ayuda en las escuelas cat?licas a trav?s de programas formativos o de Escuelas de Padres. Del mismo modo, los maestros y maestras pueden encontrar en la implicaci?n de los padres en la escuela una ayuda esencial para personalizar mejor la educaci?n de sus alumnos.

La comunidad educativa de las escuelas cat?licas tiene que ser mod?lica en la creaci?n de estos estilos de colaboraci?n entre padres y maestros. Tiene que convocar, en el n?mero m?s amplio posible, a personas entusiasmadas por la tarea de educar en el amor, seg?n Cristo, nuestro ?nico Maestro. As?, sin duda, estar? en condiciones de contrarrestar todo aquello que dificulta el verdadero desarrollo de la formaci?n integral, conforme la concibe el humanismo cristiano.

Contribuir al desarrollo de la escuela cat?lica favorece decisivamente al bien com?n, porque hace posible una efectiva libertad de ense?anza, que s?lo es posible cuando concurren distintos proyectos educativos que posibilitan que los padres ejerzan el derecho a la formaci?n religiosa y moral de sus hijos, seg?n sus convicciones.

Ser?a un grave error falsificar el fundamento de la escuela cat?lica o confundirla con una simple actividad laboral. Una escuela o un centro universitario que s?lo sea cat?lico bajo su apariencia nominal supondr?a un fraude en las expectativas de los padres que han confiado la educaci?n de sus hijos, y un fraude a la propia Iglesia cuyo nombre est? utilizando. Una vez m?s, la par?bola evang?lica de los frutos y los talentos que se multiplican nos dan criterios v?lidos para la mejor educaci?n.

Con mi bendici?n y afecto,
Agust?n Garc?a-Gasco Vicente
Arzobispo
Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Hablan los obispos
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