S?bado, 21 de julio de 2007
107? Aniversario Coronaci?n Virgen de Itat?: Homil?a Mons. Castagna

107? Aniversario de la Coronaci?n Pontificia
de la Imagen de la Virgen de Itat?



La Coronaci?n de una Imagen Sagrada de la Virgen es el reconocimiento p?blico, por parte de la Iglesia, de la devoci?n divinamente inspirada del pueblo cristiano a una determinada advocaci?n de la Sant?sima Virgen, Madre de Dios. Itat?, despu?s de tres siglos de conmovedora presencia de la Imagen venerada, recibe del Papa Le?n XIII ese solemne reconocimiento. Mar?a ha escogido a Corrientes como morada de su materna solicitud. El pueblo creyente la constituye en eco de su fe cristiana. De esa manera ajusta su comportamiento a la fe y a la concentraci?n piadosa en este sagrado lugar. En virtud de ello recibe el calificativo honroso de pueblo cristiano y mariano. Incluye un estilo de vida profundamente articulado por el Evangelio y su principal portadora: la Iglesia Cat?lica. Este pueblo cristiano es cat?lico y mariano. Es la verdad de su identificaci?n religiosa entre otras respetables expresiones, cristianas y no cristianas, de la religiosidad que anima a la sociedad argentina. Mar?a abraza a quienes la aman y veneran conduci?ndolos delicadamente al encuentro con su Hijo Jesucristo. Pretende para sus devotos hijos la Verdad - que es su divino Hijo - e inexorablemente el movimiento devocional que suscita concluye en el encuentro con Cristo. La Palabra que compartimos y la Eucarist?a que celebramos constituyen ese encuentro, logro final de su intenci?n materna. Es comprensible que los peregrinos pidan confesi?n y se agolpen para recibir la comuni?n eucar?stica. Quieren lo que la Madre quiere para ellos.

Su solicitud materna se refiere a quienes componemos esta sociedad, exponente de contradictorias actitudes y de anhelos que oscilan entre ego?stas despilfarros y encomiables servicios a los m?s pobres. La Iglesia, ante el espect?culo bochornoso de la exclusi?n y la inequidad, procura exponer el mensaje inalterable del Evangelio. No parece bastar. La palabra necesita la contundencia del compromiso y del socorro generoso hacia quienes est?n inmersos en esas inocultables franjas de pobreza y exclusi?n. Maria lo muestra en su presurosa visita a Isabel, embarazada del Precursor del Se?or, y lo seguir? haciendo con los seguidores de su Hijo y con la Iglesia primitiva. Pero la misi?n que le corresponde adquiere su definici?n cuando se concreta la perfecta comuni?n entre ella y su divino Hijo Resucitado. Ahora se ocupa de los m?s pobres y desheredados. Manifiesta una verdadera predilecci?n por los humildes que asocia a su materna solicitud por los excluidos en el injusto y deplorable intento actual de construir un mundo para algunos. ?Qu? desaf?o el suyo! Atrae a todos, muchos de ellos desahuciados, a causa del estado irregular de sus vidas, no obstante presentados a la Iglesia como desaf?o a la creatividad pastoral. Sabr? salvar lo importante, en su relaci?n con ellos, lo ?nico verdaderamente necesario. Me refiero al encuentro con Jes?s. Mar?a sabe que el mundo - este mundo - necesita el anuncio del Reino y la posibilidad de acceder a ?l. Jesucristo lo anuncia mediante la actividad de quienes se empe?an en edificarlo desde aqu?.

Nuestra Iglesia Particular de Corrientes se prepara a celebrar el Centenario de su creaci?n. Cuando iniciamos el trienio preparatorio (Navidad del 2006) nos propusimos, como bien lo indica la oraci?n propia: ?Que su historia inspire, desde nuestro presente, un futuro m?s fecundo en la fe, m?s osado en la esperanza y m?s comprometido en la caridad?. Mar?a de Itat?, como lo ha hecho desde sus or?genes, responder? al anhelo de nuestra humilde plegaria. Deseo reconocer ante ustedes que la Iglesia Arquidiocesana de Corrientes, por la gracia de Dios y la maternal presencia de Nuestra Se?ora de Itat?, es fuerte, s?lida y fiel a Jesucristo. La prueba m?s tangible es el constante flujo de las vocaciones al ministerio sacerdotal, diaconal y a la Vida Consagrada. En menos de trece a?os ha m?s que duplicado su presbiterio y ha recibido el beneficio inapreciable de treinta y tres di?cono permanentes. No se debe al m?rito de nadie sino a la misteriosa benevolencia del Padre y al cuidado exquisito de Mar?a. La celebraci?n de su primer Centenario es una ocasi?n providencial para crecer a?n m?s y renovarse.

En los Santuarios marianos se produce un movimiento de vida cristiana de enorme amplitud. Cada uno de ellos constituye un Nazaret donde Mar?a - Ama de casa - se mueve silenciosa y dulcemente entre Jes?s y Jos?. Entre el Salvador y el hombre alcanzado por la Salvaci?n. Celebramos a Jes?s tanto cuando recibimos el perd?n de nuestros pecados como cuando participamos y nos alimentamos de la Eucarist?a. Mar?a est? all?, como en Nazaret, cumpliendo su tarea de Ama de la casa familiar de los hijos de Dios. Lo hace a su manera, pero, con una eficacia insuperable. No todos los peregrinos y concurrentes a este amado Santuario comprenden qu? es lo que los atrae irresistiblemente. No es Mar?a, es el Hijo de Dios que se hace hombre en su seno materno y virginal. Cuando visit? a su prima, ya ambas embarazadas, Santa Isabel experiment? una profunda conmoci?n: ?el ni?o (Juan) salt? de j?bilo en su seno?. La presencia del Salvador, oculto y activo - como en la Eucarist?a - llen? de j?bilo al hijo de Isabel. Mar?a sigue visit?ndonos, con Cristo oculto en el Misterio de la Iglesia - los sacramentos y la Eucarist?a - para causar en cada uno de nosotros el j?bilo del encuentro con Dios y de la reconciliaci?n. La Virgen Madre nos atrae para ofrecernos, de parte del Padre, a Jes?s ?nico Salvador y causa de nuestra alegr?a.

El rostro tierno de la Pur?sima, en la imagen multisecular de Nuestra Se?ora de Itat?, adquiere una peculiar luminosidad cada a?o. Responde a las actuales necesidades y esperanzas; a la fe que crece gratuitamente para aceptar los inevitables desaf?os de la hora. Junto a Mar?a, en su humilde y espaciosa casa, podemos reavivar nuestro entusiasmo cristiano y disponernos a la fidelidad a Dios que nos llama incansablemente a ser testigos de su misericordia
Publicado por verdenaranja @ 23:48  | Hablan los obispos
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