Martes, 24 de julio de 2007
CAMINO DE BEATIFICACI?N DE CEFERINO


Los Obispos de la Regi?n de Patagonia-Comahue han escrito una Carta a todos los hombres y mujeres de Argentina con motivo de la pr?xima beatificaci?n de Ceferino Namuncur?, que tendr? lugar en la localidad de Chimpay (R?o Negro - Patagonia Argentina), cuna de Ceferino, el pr?ximo domingo 11 de noviembre, seg?n ha anunciado el Santo Padre, Benedicto XVI, quien ha firmado el decreto de Beatificaci?n el 6 de julio del 2007.

Con inmenso j?bilo hemos recibido el anuncio que el Papa Benedicto XVI aprob? el dictamen de la Congregaci?n de la Causa de los Santos declarando la aceptaci?n del milagro obtenido por la intercesi?n del Venerable CEFERINO NAMUNCUR?, dejando as? abierto el camino para su Beatificaci?n. La solemne celebraci?n de la Beatificaci?n se llevar? a cabo en la localidad de Chimpay (R?o Negro - Patagonia Argentina), cuna de Ceferino, el pr?ximo domingo 11 de noviembre, a las 11,00 horas, en la Misa presidida por el Legado del Papa Benedicto XVI, acompa?ado por numerosos Obispos, Sacerdotes, Religiosos, Religiosas y por todos los que desean sumarse para festejar, desde la fe, este trascendente acontecimiento para todo el pueblo de nuestra Patria.

1. Motivo de esta carta

Con ocasi?n del Centenario de la muerte de Ceferino (11 de mayo del 2005) escribimos una Carta a los habitantes de la Regi?n Patagonia-Comahue, cuyos principales conceptos queremos ahora volver a compartir, en el deseo que este acontecimiento renueve nuestro compromiso por seguir el camino de santidad que recorri? Ceferino y nos ayude a conocer m?s el paso de Dios por nuestra historia.
Creemos, con mucha humildad, que nos sentimos particularmente queridos por nuestro Padre Dios. En esta tierra patag?nica, pobre de poblaci?n y de estructuras, en una tierra que, en el decir popular, muchas veces fue llamada maldita, Dios quiso suscitar frutos de santidad. En estos pocos a?os de evangelizaci?n, la Iglesia ha declarado beatos a Laura Vicu?a; adolescente que vivi? y muri? en Jun?n de los Andes hace poco m?s de cien a?os, a Art?mides Zatti, salesiano enfermero que vivi? y muri? en Viedma; y ahora a Ceferino Namuncur?.
Es nuestro m?s ferviente deseo que esta beatificaci?n renueve en nuestra Patria la adhesi?n al don de la fe cristiana, tomando en serio el Evangelio, como lo hizo Ceferino. Que, particularmente los cristianos, renovemos el compromiso por una santidad que asuma con realismo la causa de la unidad entre los argentinos, prestando atenci?n especialmente a todos y cada uno de los pobres y excluidos, que deben ser los primeros en formar parte de la Argentina que queremos.

2. En el camino de la Evangelizaci?n

El nacimiento de la Iglesia en la Patagonia est? ligada a la actividad incansable y a la abnegaci?n de aquellos misioneros que, dejando su patria, vinieron a predicar el Evangelio y a dar vida a numerosas obras de educaci?n, de asistencia social, de promoci?n humana y cristiana, sumando esfuerzos con otros cristianos y personas de buena voluntad.
Desde el inicio la acci?n de los misioneros busc? educar y promover. Porque sab?an que el aut?ntico disc?pulo de Jesucristo se siente solidario con el hermano que sufre, trataron de aliviar sus penas; se comprometieron y lucharon para que fuera respetada la dignidad de la persona humana. En este proceso de evangelizaci?n y promoci?n surgi? y floreci? la santidad en la tierra patag?nica. En los centros misioneros fueron creando las escuelas, los talleres, y hospitales para dar respuesta a las necesidades de la poblaci?n patag?nica. Se abrieron canales de riego para convertir en valle f?rtil las tierras asoladas por el viento. Se trazaron caminos, se construyeron iglesias. La evangelizaci?n de esta tierra patag?nica es una verdadera epopeya de creaci?n y de crecimiento de las comunidades cristianas. Evangelizaci?n no exenta de dificultades y errores. Acci?n misionera que m?s all? de sus l?mites busc? aprender a caminar con los pobres y con el pueblo mapuche, como lo atestigua la historia de tantos varones y mujeres que a lo largo y ancho de nuestro vasto territorio han trabajado y entregado su vida silenciosamente. Evangelizaci?n que quiere tambi?n hoy asumir el pedido de Juan Pablo II en su visita a nuestra tierra: ?Que nadie se sienta tranquilo mientras haya en vuestra patria un hombre, una mujer, un ni?o, un anciano, un enfermo, ?un hijo de Dios! cuya dignidad humana y cristiana no sea respetada y amada? (Viedma 1987).

3. La tierra y su gente

La tierra de Ceferino es la Patagonia, vasta planicie surcada por anchos y caudalosos r?os. Tierra demasiado ancha y extensa para ser considerada como un todo indiferenciado.
La Patagonia, nuestra tierra, que es la tierra de Ceferino Namuncur?, sigue siendo, tambi?n hoy, ?mbito de contradicciones, donde la luz debe disipar a las tinieblas, porque el coraz?n del hombre no sabe muchas veces qu? partido tomar.
Toda la vida de Ceferino estuvo marcada por su origen. Pertenec?a a uno de los pueblos originarios de nuestra Am?rica Latina. Era miembro de los que se reconocen como ?mapuches?, ?gente de la tierra?, de los que tienen la tierra como madre, una madre que no se puede manipular en perjuicio de algunos de sus hijos, sino que hay que respetar y cuidar amorosamente. Este es el suelo que nutri? sus ra?ces y en el que se fue fraguando su fuerte personalidad.
Pero ?sta es tambi?n la tierra que con avidez los ?blancos? hemos dividido, vendido y queremos seguir dominando, sin escr?pulos. La tierra que est? surcada por millares de kil?metros de alambrados, la tierra que est? perforada para extraer la riqueza del gas y del petr?leo o corre el riesgo de ser contaminada para sacar los minerales.
De los once a?os y medio que vivi? Ceferino en esta misma Patagonia, en la que vivimos nosotros, muchas cosas han cambiado ciertamente, pero todav?a quedan muchas de sus bellezas, de su silencio, de sus vientos, de la posibilidad de vivir una relaci?n verdadera y efectiva con la naturaleza y con las personas que viven aqu?.

4. Ceferino: Mapuche y cristiano

Como hijo de esta tierra aprendi? en su familia y en su ambiente a descubrir la fuerza de ?Nguenech?n?, Dios omnipotente y creador de todo. Particip? indudablemente de las rogativas para agradecer y pedir fecundidad y buen tiempo para sus animales. Conoci? as? el significado profundo de cada ceremonia y sinti? a Dios como alguien muy presente en cada instante de su vida cotidiana.
Ceferino nunca reneg? de su origen y en los once a?os y medio que vivi? en Chimpay pudo profundizar el universo cultural de su pueblo, con sus diversos valores humanos, su riqueza espiritual y sus ritos sagrados. Fueron los a?os en que se form? su capacidad reflexiva, su voluntad tenaz, su fortaleza frente a las dificultades en que viv?a, su firme decisi?n de ser ?til a su gente. Sin ninguna duda, Ceferino se identific? con su pueblo y su tribu.
Pero no es s?lo la religiosidad de su pueblo lo que marca la vida de Ceferino. A los dos a?os su familia celebr? su bautismo en la Iglesia Cat?lica. Lo bautiz? el misionero salesiano Domingo Milanesio, muy amigo de su padre Manuel Namuncur?. Es hermoso leer en las cartas de Ceferino c?mo valora y recuerda esta nueva realidad. De buen grado manifest? siempre su felicidad por haber recibido el bautismo.
En su coraz?n, lleno del profundo sentido de Dios propio de su gente, la fe seguir? creciendo y madurando en la preparaci?n a la primera comuni?n. El Esp?ritu del Se?or Jes?s obraba en su ungido con la cruz de Cristo. Y as? Ceferino ir? creciendo como disc?pulo misionero del Se?or Jes?s.
En los a?os que vivi? en los Colegios Salesianos de Buenos Aires, Viedma y Frascati (Roma) Ceferino comprendi? la Buena Noticia de la Salvaci?n de Jes?s, la hizo suya, la acept? y madur? en su deseo de ser misionero de su gente. Por el don del bautismo Ceferino logr? unificar su coraz?n de mapuche y cristiano. En esta profunda experiencia de fe, comenz? a so?ar con el proyecto de ser sacerdote para anunciar a su pueblo el Evangelio de Cristo, a quien amaba y segu?a. Desde all? encontr? la fuerza y la sabidur?a para superar no pocas dificultades en su camino. Por su bautismo Ceferino se convirti? en modelo y, como Cristo, en ?signo de contradicci?n? para sus hermanos y para los cristianos.

La fe de Ceferino, podemos calificarla de ?fe pascual?, una fe marcada por el sufrimiento, el servicio y la esperanza. No le fue f?cil a Ceferino no renegar de su origen, vivi? plenamente el que se ha llamado ?el sufrimiento de su raza?. Uno de sus hermanos testimoni? que Ceferino ?lagrimeaba al ver la mis?rrima condici?n de los suyos...? Padeci? el mal trato de sus compa?eros, el sentirse llamar ?indio?, como si fuera el peor de los insultos. Vivi? en silencio la dilatada espera para comenzar a concretar el sue?o de convertirse en misionero de su gente. En su ?ltima enfermedad, particularmente, sufri? la lejan?a de los suyos y de sus afectos. Muri? solo en un hospital en Roma el 11 de mayo de 1905.
Es por todo esto que podemos decir que fue y es todav?a un ?signo de contradicci?n?: en una sociedad donde se proclama la supremac?a de la raza blanca ?l afirma la igualdad de todas las razas; en una sociedad donde se aprecia el valor de la violencia y de la fuerza f?sica, ?l manifiesta el valor del amor y del perd?n.

5. Ceferino: Misionero

Cuando dej? Chimpay para ir a Buenos Aires su opci?n fue clara y program?tica: ?Pap?, me duelen los infortunios de nuestra gente, quiero hacer algo. Quiero estudiar para ser ?til a mi gente?. Motivaci?n que se ir? convirtiendo en clara opci?n vocacional y en fuerte impulso de crecimiento y perfeccionamiento espiritual. Manifest? la grandeza de su coraz?n a trav?s de su profunda sensibilidad, compasi?n frente al dolor y la miseria de los suyos. Esa gente que de se?ores de las pampas se hab?a vuelto pobre, enferma, sin tierra ni vivienda. Ceferino sufri? en carne propia la humillaci?n de ver a su padre ir a mendigar unas pocas leguas de tierra y, aunque era el hijo del cacique, tuvo que salir a buscar le?a, para que su madre la pudiera cambiar por los ?vicios? necesarios para comer. ?l descubri? y manifest? su vocaci?n en su inter?s, esfuerzo y buen resultado en el estudio.
Esa fue la primera motivaci?n que lo llev? a partir. Sin duda que el Esp?ritu de Dios recibido en el bautismo le abri? los ojos, y creciendo en el conocimiento de Cristo fue descubriendo en ?l una llamada m?s profunda: ?ser sacerdote y misionero de su pueblo?. Un deseo que se hizo siempre m?s fuerte en su coraz?n, un proyecto de vida m?s amplio que lo llev? a mantenerse siempre firme en el seguimiento de Jes?s. Por esto no se cans? de pedir una y otra vez su certificado de bautismo, or? y llor? por su vocaci?n. Este sue?o le dio la fuerza y sentido al tener que irse lejos de los suyos, estudiar otra cultura, aprender italiano y lat?n. Hasta los ?ltimos momentos de su vida en el hospital, fue capaz de estar atento al otro. Y nunca dej? de ser misionero; tampoco ahora, porque desde que Jes?s lo llam? a compartir su herencia en el cielo, sigue estando atento a las necesidades del pueblo.

6. El Mensaje de Ceferino

Muchos testimonios dicen que Ceferino sab?a sonre?r; que sonre?a con sus ojos grandes, ingenuos, y limpios. Esta alegr?a reflejaba su alma enamorada de Dios, de la Virgen Mar?a. Respiraba gratitud en sus gestos, en sus cartas, siempre agradec?a a todos. La gratitud es signo de las almas nobles, de los humildes de coraz?n, los amigos de Dios.
Su vida es un mensaje de santidad, vivida en el compromiso serio frente a la realidad de su gente y es manifestaci?n de que asumi? el Evangelio como proyecto de vida. Lo vivi? con mucha sencillez y humildad. Su mensaje es el testimonio de quien se juega, no mira desde afuera. Es un verdadero mapuche y cristiano. La fortaleza de su raza la uni? a la fuerza de la gracia bautismal. Una santidad enraizada en el Evangelio y en la realidad de su pueblo. Se entreg? a Dios y nos invita a nosotros a seguir su ejemplo. Ceferino abre un camino para que nos animemos a seguir sus pasos.
Nos ense?a a amar nuestra tierra, nuestra gente. Su ejemplo nos anima a ponernos en camino para ser ??tiles? servidores de los hermanos, siendo as? de verdad disc?pulos misioneros del Se?or. Su vocaci?n misionera se manifiesta en tantas expresiones de religiosidad popular que hacen que est? presente su imagen en muchos hogares, como as? tambi?n se hayan levantado ermitas y monumentos a la vera de las rutas y caminos de nuestra Patria y que tantos peregrinos, a?o tras a?o, visiten Chimpay, dando su testimonio de que vuelven a Dios movidos por el ejemplo de Ceferino.

En tiempos violentos y de crisis, como los que lamentablemente nos toca vivir hoy, su ejemplo nos ense?a a ser fuertes, a tener un coraz?n y una mirada capaz de descubrir lo esencial, para superar tanta discriminaci?n y violencia. Su entereza y la firmeza en sus opciones nos estimula a no dejarnos llevar por los intereses mezquinos, sino a buscar el bien de todos.
Ceferino es un joven de esta tierra que tiene mucha poblaci?n juvenil. Su joven e inquieto coraz?n se jug? por la verdad, fue libre para realizar su ideal. Supo volar asumiendo los riesgos y las renuncias de su opci?n. Tiene entonces un mensaje para todo joven que busca la verdadera vida.
Celebrar este acontecimiento con motivo de su Beatificaci?n, nos ayuda a hacer memoria, pero tambi?n nos ayuda a renovar la dimensi?n prof?tica de nuestra fe. Su ideal de servicio y entrega, no exento de dificultades, nos ense?a a no ?achicarnos? en el seguimiento de Jesucristo. Ceferino y su mensaje nos estimulan a no callar por miedo o cobard?a la buena noticia del Evangelio. Nos desaf?an a ser hoy signos prof?ticos del Reino, frente a la ambici?n de poder, al consumismo aplastante, a la indiferencia frente al dolor del hermano. Ser profetas que no se creen due?os de la verdad, sino sus servidores.

7. Conclusi?n

Queridos hombres y mujeres de nuestra Patria, es especialmente a ustedes que hemos querido presentar el testimonio de este joven aborigen, disc?pulo y misionero.
Es para nosotros, en este tercer milenio que hemos comenzado, un modelo para todos los que viven aqu?, en esta tierra de esperanza. Modelo de amor por su familia, su pueblo y su tierra. Modelo de fe que ha cultivado y desarrollado a?n en medio de dificultades y cruces.
Modelo juvenil por el proyecto de vida que fue forjando. Hoy nuestra Patria necesita j?venes que quieran ser ?tiles a su pueblo, que quieran ser misioneros en su pueblo.
Ceferino gaucho y amigo de todos nos conceda la fuerza para entregar la propia vida al servicio del bien com?n, de la justicia y la verdad que nos hace libres. Que nos ayude, como Iglesia en la Argentina, a ser hoy disc?pulos y misioneros trabajando en comuni?n fraterna para que todos se encuentren con Dios y su Palabra, y en ?l tengan Vida.
Ceferino, siguiendo a Jes?s, presenta una alternativa a nuestra sociedad consumista y que excluye a muchos. En una sociedad que despreciaba a los abor?genes, que hab?a hecho de la ?Campa?a del desierto? una epopeya de la civilizaci?n contra la barbarie, se presenta este joven sin poder, sin dinero, sin t?tulos, sin odio. Es un ?indio? que ha perdido todo, pero que mantiene su cultura, sus valores, su esp?ritu de comuni?n con los dem?s y su f?rrea voluntad. Es pobre de medios materiales, pero es rico de virtudes y de actitudes que hacen de ?l un modelo nuevo y distinto, ejemplo para todos.
Por eso Ceferino es un llamado de atenci?n en nuestro mundo: es un joven ind?gena, que nos indica el camino de una vida digna y que vale la pena vivir.
Que Ceferino, hoy y siempre misionero, nos obtenga las bendiciones m?s abundantes para todos y en particular para su pueblo.
? Con la bendici?n de Dios, que nos ama y acompa?a sus hermanos Obispos de la Patagonia, tierra de Santos.

Viedma, julio de 2007

Mons. N?stor H. Navarro, obispo de Alto Valle del R?o Negro
Mons. Fernando C. Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche
Mons. Esteban M. Laxague, obispo de Viedma
Mons. Marcelo A. Melani, obispo de Neuqu?n
Mons. Virginio D. Bressanelli, obispo de Comodoro Rivadavia
Mons. Juan Carlos Roman?n, obispo de R?o Gallegos
Mons. Alejandro Buccolini, obispo em?rito de R?o Gallegos
Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo em?rito de Viedma
Mons. Jos? Pedro Pozzi, obispo em?rito de Alto Valle
Mons. Pedro Ronchino, obispo em?rito de Comodoro Rivadavia
Publicado por verdenaranja @ 21:59  | Hablan los obispos
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