Mi?rcoles, 25 de julio de 2007
Art?culo publicado en la revista de la Di?cesis de tenerife "Iglesia Nivariense", JUNIO 2007, n?mero 76.

EL CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE
Y LA RESPONSABILIDAD
Y AUSTERIDAD EN EL CONSUMO


Carmen Luisa
Gonz?lez Exp?sito


Corno cada a?o, el pasado 5 de junio se celebr? el D?a Mundial del Medio Ambiente. Dada la problem?tica ecol?gica que estamos padeciendo a nivel mundial, no podemos reducir nuestra preocupaci?n, en este sentido, a un d?a en el a?o. Por otro lado, corremos el riesgo de acostumbrarnos a las noticias alarmantes que nos lleguen en este sentido, como si nada tuviera que ver con nuestro estilo de vida y nuestro consumo.

Esta celebraci?n es una oportunidad para avivar la conciencia de nuestra responsabilidad personal y colectiva, como personas y como cristianos cada d?a del a?o. Estamos llamados a cuidar la creaci?n que Dios ha puesto en nuestras manos, no como due?os sino corno meros administradores, y a favorecer el que todos los hombres y mujeres tengan la oportunidad de disfrutar de ella en igualdad y en justicia. Los graves problemas ecol?gicos que estamos padeciendo nos exigen: un cambio de mentalidad, la adopci?n de un estilo de vida m?s austero y solidario y el compromiso con un desarrollo sostenible.

Vivimos en una sociedad que favorece el consumismo como sin?nimo de felicidad. La publicidad nos bombardea con anuncios y reclamos cuyo objetivo real no es nuestro bienestar, sino hacernos engranajes de un sistema que reduce a la personas al papel de meros consumidores sumisos. Nos hemos convertido en la generaci?n de "usar y tirar". Este modelo econ?mico de producci?n y consumo, en el que vivimos, hace que un grupo muy peque?o de la poblaci?n mundial sea muy rica si se compara con el resto de la humanidad y tiende a su agotamiento, lo que genera el empobrecimiento de grandes colectivos y pueblos en el mundo. Seg?n las leyes del sistema econ?mico injusto actual, es preciso consumir para que la econom?a funcione. Quien no consume est? fuera del mismo.

Por otro lado, se levantan voces afirmando que esta forma de consumo es insostenible y que de seguir as?, el planeta est? gravemente amenazado, porque nuestro actual sistema es depredador con el medio ambiente. En muchos ?mbitos ya se plantean que la actual situaci?n de explotaci?n indiscriminada de los recursos supone un grave problema por el deterioro del planeta que, entre otras consecuencias, producen la destrucci?n de la capa de ozono; el efecto invernadero; el cambio clim?tico; la contaminaci?n de los mares: las deforestaciones masivas, la desertizaci?n; la escasez de agua potable; las hambrunas,??

Lo que llamamos "desarrollo", no se produce de una forma equilibrada. Mientras que m?s del 80% de la poblaci?n mundial no dispone de casi nada, menos del 20% de la poblaci?n total consume la mayor?a de los recursos. Pero el dato m?s escandaloso es que la mayor?a de estos recursos proceden precisamente de los pa?ses empobrecidos, que han de vender los productos al precio que establecen las multinacionales e importar maquinaria y tecnolog?a al precio que imponen los pa?ses ricos, entrando en una espiral de deuda y de pobreza insalvables en las que viven mas de mil doscientos millones de personas.

La responsabilidad respecto al medio ambiente ha de tener una traducci?n en el ?mbito jur?dico, y el desarrollo econ?mico debe respetar la integridad y los ritmos de la naturaleza, por el bien de toda la humanidad. Una econom?a que respete el medio ambiente no buscar? ?nicamente el objetivo del beneficio econ?mico, ya que la orientaci?n ambiental no se puede asegurar en base al c?lculo financiero de gastos y beneficios. Especial cuidado debe prestarse a la explotaci?n de los "recursos energ?ticos" no renovables, que han de ser puestos al servicio de toda la humanidad con equidad y solidaridad internacional.

Los pa?ses empobrecidos est?n sufriendo una mayor influencia negativa por la sobreexplotaci?n de la naturaleza. Los derechos de estos pueblos con su tierra y sus recursos han de ser tutelados adecuadamente.

Si todos los pa?ses consumieran en la proporci?n que lo hacemos los pa?ses ricos ser?an necesarios los recursos de 10 planetas, y solo tenernos uno. Para que los pa?ses empobrecidos puedan crecer en su desarrollo necesitan incrementar el consumo de energ?as y por ser estas limitadas nosotros, los pa?ses desarrollados, tenemos que reducir el consumo que hacemos de las mismas. Es necesario concienciarnos el uso racional de los recursos: las energ?as, el papel, el agua, y hacer cada vez un mayor uso del comercio justo.

La Tierra est? al l?mite de sus posibilidades, por lo q u e estamos embargando el futuro de las generaciones venideras. Las generaciones que nos sucedan tienen derecho a recibir un mundo habitable y no un planeta con el aire contaminado, con las aguas envenenadas y sus recursos naturales agotados. Adem?s, las pr?ximas generaciones han de encontrar un mundo m?s justo y humano, fruto de una civilizaci?n de amor, en donde los recursos se cuiden y se compartan entre todas las personas y todos los pueblos.

El Dios de la vida encomend? al ser humano su obra creadora para que la "cultivara y guardara" (Gen 2,15). Jes?s conoc?a bien la preocupaci?n del Padre por la criaturas que El alimenta y embellece (cf Luc 12,24).

La Doctrina Social de la Iglesia subraya la responsabilidad que tenemos todos en preservar un medio ambiente ?ntegro y sano para todos. Hace una llamada a que todos y todas vayamos creciendo en esta responsabilidad, afrontando las necesidades global y solidariamente, siendo conscientes que todos lo seres humanos dependemos unos de otros. (Cf Compendio DSI n 466-470). El mundo aparece ante nuestra mirada como huella de Dios (Compendio DS1 n? 472-487).

Ya es importante que tomemos conciencia de esta realidad, pero no podemos, no debemos, quedarnos en la toma de consciencia. Aunque este primer paso es importante, es necesario que vayamos dando pasos hacia una vida m?s austera y responsable en relaci?n con el consumo y el cuidado de la naturaleza, sin dejar que prevalezca en nuestra vida el "poder" y el "tener", sobre el "ser".
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