Jueves, 26 de julio de 2007
Art?culo semanal del arzobispo de Valencia Don Agust?n Garc?a-Gasco Vicente.

Las vacaciones, hoy


Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 29 de julio de 2007

El enfoque cristiano de las vacaciones se refleja cuando estamos m?s preocupados por las vacaciones de los dem?s, que cuando estamos inquietos por disfrutarlas nosotros mismos. Tenemos derecho a disponer de vacaciones laborales, pero el cuidado de las personas no admite con tanta facilidad poder disfrutar del ocio y del descanso.
Este es el planteamiento habitual de padres y madres de familia, de personas que cuidan a sus mayores o a sus familiares dependientes, de hijos e hijas que quieren atender discretamente a sus padres o madres cuando les van faltando las fuerzas o las posibilidades de cuidarse en soledad.

Tambi?n es la perspectiva de aquellos que desempe?an trabajos, tareas o responsabilidades en las que las propias vacaciones se ven m?s reducidas, desplazadas en el tiempo o incluso imposibilitadas. Su esfuerzo hace posible que otros puedan disfrutar de d?as de merecido descanso.

Disfrutar de per?odos de vacaciones supone una riqueza humana indudable. Nos recuerdan que el trabajo tiene sentido para el bien de las personas, que los lazos humanos gratuitos hay que cultivarlos, que la vida en el campo o en mayor contacto con la naturaleza nos humaniza y nos equilibra frente a las duras exigencias de la vida en las grandes urbes. En definitiva, nos ponen en mejor disposici?n para pensar que la vida es un don que hay que saber gustar y agradecer a nuestro Creador y Se?or.

Trabajar es un derecho y un deber. Gracias a ?l contribuimos al bien com?n y satisfacemos nuestras necesidades personales y familiares. Pero el trabajo conlleva con frecuencia desgaste, tensi?n, entrega, sufrimiento, tedio, riesgo? La carga negativa de la actividad laboral y profesional nos permite ser generosos y crecer en el sentido de la donaci?n con lo que hacemos. Pero tambi?n nos invita a que reconozcamos nuestros l?mites y as? poder gozar de momentos m?s recreativos para nuestra personalidad.

Las vacaciones son tambi?n una estupenda ocasi?n para renovar lazos y relaciones personales, tanto con nuestra familia nuclear, como con la familia m?s amplia, y con nuestras comunidades de origen. En tiempos de una econom?a m?s rural, la finalizaci?n de las cosechas o de las labores m?s intensas del campo permit?a celebrar fiestas patronales que serv?an de encuentro gratuito y alegre. Estas oportunidades siguen presentes en nuestros d?as y, por eso, en nuestros pueblos, las fiestas patronales son una entra?able ocasi?n para el reencuentro.

Las celebraciones mayores de la Santa Misa, las procesiones, las visitas al cementerio, son citas obligadas en muchas de estas fiestas, en las que la alegr?a de vivir se plenifica haciendo presente a Jesucristo, a su Madre y a San Jos?, as? como a otros innumerables santos que a lo largo de los siglos han seguido las huellas de nuestro Maestro y su secreto: hay m?s alegr?a en dar y en entregarse, que en recibir y enrocarse en uno mismo. Jes?s, nuestro Se?or, quiso vivir con un Coraz?n humano, que lati? nueve meses bajo el Inmaculado Coraz?n de su Madre, que creci? bajo el cuidado amoroso de su Sagrada Familia, y que se hizo as? el Coraz?n de un Dios amigo, cuya delicia es vivir entre los hombres y para quien ninguna alegr?a o pena humana es insignificante o indiferente.

Los d?as vacacionales permiten un di?logo m?s franco y tranquilo entre los matrimonios, para reparar en todos los dones recibidos y para proyectar con ilusi?n y realismo el nuevo curso familiar. Tambi?n permiten la conversaci?n serena entre padres e hijos, el reencuentro con los abuelos y abuelas, y el intercambio generacional.

Con frecuencia las vacaciones nos permiten redescubrir tambi?n el hermoso jard?n que es la Creaci?n, y que Dios ha puesto en manos de nosotros, sus hijos, para que lo protejamos, lo cuidemos y lo disfrutemos con todo cuidado. La educaci?n medioambiental, tan necesaria en nuestros d?as, ha de comenzar de manera eficaz en las familias, cuando los padres y las madres descubren a sus hijos la belleza de la naturaleza como don de Dios y les ayudan a descubrir la responsabilidad que todos tenemos de custodiarla.

Para aliviarnos, Jes?s, en el Evangelio, nos invita a ir a ?l todos los que estamos cansados y agobiados. Junto al Maestro comprendemos que lo que verdaderamente nos descansa es el yugo de su Amor, la carga de su Misericordia, y que lo ?nico que nos alivia es la humildad ante Dios y la mansedumbre con los que tenemos cerca. Las vacaciones son una incomparable ocasi?n para aprender mejor la sabidur?a de la vida que nace del Coraz?n de Jes?s.

Con mi bendici?n y afecto,

Agust?n Garc?a-Gasco Vicente
Arzobispo
Publicado por verdenaranja @ 23:57  | Hablan los obispos
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