Viernes, 27 de julio de 2007
Louis de Wohl

ConoZe.com
Traducci?n: Carmen Sh?d de Caneda




?El cient?fico es el sacerdote de la Edad Moderna?, se oye hoy con mucha frecuencia Se alza la vista hacia ?l, se le mira con profundo respeto, se cree lo que dice (?qu? otro remedio nos queda? ?l ha estudiado su asunto y nosotros no. El sabe...). Su palabra es dogma. Sus ornamentos son blancos. Y numerosos monaguillos le llenan de incienso con cualquier motivo.
Bien, hoy es un hombre considerablemente m?s razonable que hace unos cincuenta a?os. Entonces opinaba: ?Sabemos much?simo; dentro de un par de generaciones lo sabremos todo?. Hoy dice: ??Sabemos muy poco y cuanto m?s sabemos, tanto m?s comprendemos cu?ntas cosas nos quedan por saber y que la mayor?a de las cosas probablemente no las sabremos jam?s!?. Y ?Sabemos cada vez m?s y m?s, de cada vez menos y menos!?.

Eso es humildad. Y la humildad es el verdadero principio de la sabidur?a. La palabra humildad significa sumisi?n, es decir voluntad de servicio.

No hace todav?a cien a?os, el cient?fico sol?a decir: ??S?lo creo lo que veo!?. Hoy sabe que precisamente de lo que ve es de lo que no puede fiarse; pues nuestros sentidos son toscos y poco dignos de confianza. Cuando sumergimos en el agua un palo recto, veremos un ?ngulo que en realidad no existe. El ?s?lido? cuerpo humano es en realidad una masa de c?lulas, y esas c?lulas a su vez son acumulaciones gigantescas de ?tomos que se mueven a velocidad de v?rtigo. Ning?n cient?fico ha conseguido ver un ?tomo, pero sabe que existe, lo mismo que sabe que incluso fuera de la esfera visual del ultramicroscopio existen todav?a virus invisibles.

Y cuando en El ?lamo, en Nuevo M?jico, ascendi? al cielo la espantosa seta venenosa de la primera bomba at?mica, su principal constructor, el Dr. Robert Oppenheirner exclam? consternado: ?Nosotros los f?sicos hemos inventado el pecado?. Decir esto significa un gran paso adelante. Tarde o temprano todos comprender?n que la ciencia no es otra cosa que el intento del hombre por investigar la voluntad de Dios en la naturaleza.


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