Lunes, 06 de agosto de 2007
Comentario del padre Raniero Cantalamessa ?predicador de la Casa Pontificia? a las lecturas de la liturgia de la Misa del domingo XVIII Domingo del Tiempo Ordinario (C) Eclesiast?s 1,2;2,21-23; Colosenses 3, 1-5.9-11; Lucas 12, 13-21.

ROMA, viernes, 3 agosto 2007 (ZENIT.org).


Vanidad de vanidades


El Evangelio del domingo arroja luz sobre un problema fundamental para el hombre: el del sentido de actuar y trabajar en el mundo, que Qoh?let en la primera lectura [Eclesiast?s] expresa en t?rminos desconsoladores: ??Van! idad de vanidades, todo es vanidad! ?Qu? saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol??.

Uno entre la gente pidi? a Jes?s que interviniera en un litigio entre ?l y su hermano por cuestiones de herencia. Como a menudo, cuando presentan a Jes?s casos particulares (si pagar o no el tributo al C?sar; si lapidar o no a la mujer ad?ltera), ?l no responde directamente, sino que afronta el problema en la ra?z; se sit?a en un plano m?s elevado, mostrando el error que est? en la base de la propia cuesti?n. Los dos hermanos est?n equivocados porque su conflicto no deriva de la b?squeda de la justicia y de la equidad, sino de la codicia. Entre ellos ya no existe m?s que la herencia para repartir. El inter?s acalla todo sentimiento, deshumaniza.

Para mostrar cu?n err?nea es esta actitud, Jes?s a?! ade, como es su costumbre, una par?bola: la del rico necio que cree tener seguridad para muchos a?os por haber acumulado muchos bienes, y a quien esa misma noche se le pedir?n cuentas de su vida.

Jes?s concluye la par?bola con las palabras: ?As? es el que atesora riquezas para s?, y no se enriquece en orden a Dios?. Existe tambi?n una v?a de salida al ?todo es vanidad?: enriquecerse ante Dios. En qu? consiste esta manera diferente de enriquecerse lo explica Jes?s poco despu?s, en el mismo Evangelio de Lucas: ?Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladr?n ni la polilla; porque donde est? vuestro tesoro, all? estar? tambi?n vuestro coraz?n? (Lc 12, 33-34). Hay algo que podemos llevar con nosotros, que nos sigue a todas partes, tambi?n despu?s de ! la muerte: no son los bienes , sino las obras; no lo que hemos tenido, sino lo que hemos hecho. Lo m?s importante de la vida no es por lo tanto tener bienes, sino hacer el bien. El bien pose?do se queda aqu? abajo; el bien hecho lo llevamos con nosotros.

Perdida toda fe en Dios, hoy con frecuencia muchos se encuentran en las condiciones de Qoh?let, que no conoc?a a?n la idea de una vida despu?s de la muerte. La existencia terrena parece en este caso un contrasentido. Ya no se usa el t?rmino ?vanidad?, que es de sabor religioso, sino el de absurdo. ??Todo es absurdo!?. El teatro del absurdo (Beckett, Ionesco), que floreci? en las d?cadas posteriores a la guerra, era el reflejo de toda una cultura. Los que evitan la tentaci?n de la acumulaci?n de las cosas, como ciertos fil?sofos y escritore! s, caen en algo que tal vez es peor: la ?n?usea? ante las cosas. Las cosas, se lee en la novela La n?usea de Sartre, est?n ?de m?s?, son oprimentes. En el arte, vemos las cosas deformadas, objetos que se aflojan, relojes que cuelgan como el salchich?n. Se le llama ?surrealismo?, pero m?s que una superaci?n, es un rechazo de la realidad. Todo exhala putridez, descomposici?n. ?El abandono de la idea del cielo ciertamente no ha hecho m?s libre y alegre la vida en la tierra!

El Evangelio del domingo nos sugiere c?mo remontar esta peligrosa pendiente. Las criaturas volver?n a parecernos bellas y santas el d?a en que dejemos de querer s?lo poseerlas o s?lo ?consumirlas?, y las restituyamos al objetivo para el que nos fueron dadas, que es el de alegrar nuestra vida aqu? abajo y facilitarnos alcanzar nuestro destino! eterno. Hagamos nuestra una oraci?n de la liturgia: ?Ens??anos, Se?or, a usar sabiamente los bienes de la tierra, tendiendo siempre a los bienes eternos?.
Publicado por verdenaranja @ 20:00  | Espiritualidad
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