Domingo, 12 de agosto de 2007
Con la cabeza en el Cielo



La primera afirmaci?n de Nuestro Se?or que nos ofrece hoy la Iglesia con este pasaje de san Lucas, plantea ?en su admirable sencillez, que no admite discusi?n ni interpretaciones ajenas a su sentido literal? todo un enfoque de la vida humana: Vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino, dice el Se?or a los suyos. Y todo el resto del pasaje que leemos a continuaci?n, son una serie de consejos pr?cticos razonables, teniendo en cuenta que ese Reino es el deseo de Dios, nuestro Creador, Se?or y Padre para sus hijos los hombres.

Quiere Jesucristo salir al paso de algunas corruptelas que se nos pueden introducir y ser?an obst?culos, no poco importantes, para alcanzar ese Reino que tenemos como singular destino, y es la raz?n de la gran dignidad y grandeza humanas. Comienza su discurso el Se?or refiri?ndose a los medios materiales ?en los que erroneamente podr?amos poner el objeto ?ltimo de nuestras inquietudes? por m?s que nos demos cuenta de que son necesariamente s?lo medios perecederos. Sin embargo, la falta de fe y el consentimiento en el apego a las riquezas, nos inducen m?s y m?s al enga?o. En el fondo, de sobra sabemos que los medios materiales deben ser s?lo "medios", meros instrumentos que, en definitiva, nos sirven para alcanzar nuestro ?nico verdadero fin: la Vida Eterna. Ponerlos en la pr?ctica en lugar de la Eterna Bienaventuranza, am?ndolos en s? mismos, equivale a errar en el sentido y destino de la vida: el fracaso existencial del hombre. Pidamos, pues, la luz del Esp?ritu Santo, para no dejarnos enga?ar por un desmedido atractivo ?falso? de los bienes de este mundo. Que veamos la realidad tal como es: los medios, no como fines, pues no pasan de ser instrumentos y, en cambio, la Eterna Bienaventuranza, con su inapreciable y ?nico valor: esa inapreciable perla escondida, que da sentido a la vida del hombre, con todo el trabajo que reclama su posesi?n.

Anima Jes?s a la vigilancia: cualquier d?a, en cualquier circunstancia, tal vez cuando no esperamos, nos puede sobrevenir la muerte, el definitivo ingreso en la eternidad. Sabemos, por experiencia, que se nos puede hacer justicia de lo vivido sin previo aviso: "?Qui?n nos lo iba a decir..., si ayer mismo hab?amos comentado..., y hoy, un accidente de verdadera mala suerte..., ese proceso incurable y fulminante...: no somos nadie!". As? solemos comemntar. Vosotros estad tambi?n preparados, porque a la hora que menos pens?is vendr? el Hijo del Hombre. El consejo del Se?or es de sensata amistad, de verdadero amor a quienes se quiere, a quienes se desea lo mejor a?n a costa de exigirles. M?s f?cil ser?a ?mucho m?s f?cil tambi?n de aconsejar? consentir en una conducta despreocupada y c?moda, aunque irresponsable. Pero no ser?a manifestaci?n de amor, sino posiblemente de secreta complicidad en el fracaso que se avecina.

Alaba finalmente Jes?s la conducta del siervo que se comporta de acuerdo con lo que se le indic?: Dichosos aquellos siervos a los que al volver su amo los encuentre vigilando. Porque actuar como Dios espera no es cosa del ?ltimo momento. No podemos pensar astutamente: "cuando prevea pr?ximo mi final, entonces..., que a?n soy muy joven..., y no debo preocuparme por el momento". El amor de Dios por los hombres se manifiesta de continuo: cada d?a de nuestra vida y durante generaciones con la humanidad. La vigilancia, pues, que nos pide Dios, es una actitud permanente ?las veinticuatro horas del d?a? de atenci?n a ese amor de Padre que nos dispensa. ?No debemos acaso devolver amor por amor? ?No es l?gico, y propio de personas agradecidas que valoran los dones recibidos, intentar comportarnos como los mejores hijos con semejante Padre?

Nuestra Madre Inmaculada, la mejor de las hijas de Dios, nos dar?, si se lo pedimos, un coraz?n para amar a Dios a la medida del coraz?n de Jesucristo, su Hijo.


Publicado por verdenaranja @ 0:05  | Espiritualidad
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