Lunes, 13 de agosto de 2007
Alfonso Aguil?
www.interrogantes.net


A lo mejor has o?do aquel chiste de Eugenio del mudo de nacimiento.
Iban pasando los a?os y el muchacho no hablaba. Sus padres lo llevaban de m?dico en m?dico, sin resultado, hasta que finalmente dieron el caso por imposible. No encontraban ninguna causa fisiol?gica de aquel absoluto mutismo.

Cuando la criatura ten?a ya treinta y cuatro a?os, un buen d?a su madre le puso el caf? para desayunar, y el chico, con toda naturalidad, se dirigi? a ella diciendo:

?Mam?, te olvidaste el az?car.

?Pero, hijo m?o, ?c?mo es que puedes hablar y llevas treinta y cuatro a?os sin hacerlo?

?Es que hasta ahora todo hab?a estado perfecto ?respondi?.

Me imagino que tus hijos no estar?n tan mimados como ?ste, que lo estaba tanto que en treinta y cuatro a?os no necesit? hacer casi nada por s? mismo, ni siquiera hablar. Pero piensa si no estar?n llevando una vida demasiado f?cil y demasiado c?moda. Es un error que tiene diversas manifestaciones. Por ejemplo:

Cuando los chicos tienen demasiadas cosas. Plat?n aseguraba que el exceso de bienes materiales produce delicuescencia en el alma, y Schopenhauer dec?a que es como el agua salada, que cuanto m?s se bebe, m?s sed produce.

Los hijos criados en una atm?sfera de sobriedad se forjan en la mejor fragua de virtudes. Hay una sencilla ley psicol?gica: lo que te ha costado mucho esfuerzo conseguir, lo valoras mucho. Lo que se te entrega por la v?a r?pida, casi lo desprecias. Muchos chicos tienen de todo pero han perdido capacidad para disfrutar lo que tienen porque apenas les cuesta obtenerlo.

Cuando permitimos que entren en el juego de la fiebre consumista, del consumir por no ser menos que los dem?s, por no estar por debajo del promedio estad?stico.

Es triste que haya tantas personas que se centran tanto en el tener en vez de en el ser. En las aulas puede observarse con facilidad lo que puede llegar a sufrir un adolescente por esa angustia de vestir a la moda, o de tener mejor material escolar o de deporte que sus compa?eros.

Es cierto que poco podemos hacer por suprimir esas modas. Pero cuando claudicas ante ellas no haces bien a tus hijos. El culpable del consumismo es quien lo financia. "Mi padre me echa siempre una charla ?dec?a aquella chica? pero al final me lo compra todo y me deja hacer siempre lo que quiero."

Recuerda que la virtud no se adquiere por repetici?n de charlas, sino por repetici?n de actos que configuran un modo de ser. Igual que en una clase de gimnasia no bastar?a con que el profesor se dedicase todo el tiempo a realizar una exhibici?n de perfectos movimientos gimn?sticos mientras los alumnos miran. No es suficiente con explicar la teor?a.

Cuando no les ense?amos a conocer el valor del dinero y a administrarlo. Muchos chicos y chicas j?venes parece que tienen las manos horadadas. No saben lo que es tener dinero para comprar algo y no comprarlo: da igual que sean unas zapatillas de deporte que unas chucher?as, o agotar todas sus reservas en la barra de un bar. No saben lo que es el ahorro. No les dura nada el dinero en el bolsillo.

Si no cambian, cuando sean mayores se les escapar? el dinero de entre las manos, porque ahora no conocen su valor. Quiz?, como dec?a Wilde, saben el precio de todo pero no conocen el valor de nada.

Es positivo acostumbrarse a la econom?a ya en los a?os de la juventud. "Cuando trabajas para conseguirte el dinero, ?me dec?a uno en cierta ocasi?n? ya lo gastas de otra manera, te lo piensas." La econom?a educa el car?cter y aumenta el sentimiento de autonom?a, mientras que el exceso de dinero induce a la ligereza. El ahorro ?sin caer en extremos anormales? puede ser muy formativo.


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