Jueves, 16 de agosto de 2007
5 de Agosto de 2007

Desde muy temprano el grupo parroquial de la Guancha parti? desde Madrid para dirigirse a Cuenca, la ?ciudad que brota de la piedra?. Nada m?s llegar ya estaba esperando una joven gu?a que puso vida a todas sus descripciones sobre esta bella ciudad.

Hoces del Hu?car

Comenz? la visita con el recorrido de varios quil?metros en autocar por las hoces del Hu?car y la contemplaci?n de los bellos paisajes con sus altivas paredes mientras se escuchaba la explicaci?n sobre su formaci?n y su riqueza en la agricultura.

Luego nos dirigi? hacia el punto m?s alto de la ciudad y desde ah? donde comenz? a describir detalle a detalle de la ciudad conquense.

En realidad, nos dijo, Cuenca son dos ciudades. Una es la ciudad alta, la Cuenca monumental; la otra, la ciudad baja, la zona moderna surgida de los ensanches acometidos a partir del siglo XIX. La monumental es una ciudad medieval. Por necesidades de defensa est? ubicada en un espol?n largo y escarpado en la confluencia de dos cursos fluviales: Las hoces del J?car y el Hu?car. El trazado de las calles estar? acomodado a las dificultades del emplazamiento. El plano va a corresponder al de una ciudad no planificada y adaptada perfectamente a las caracter?sticas del medio natural. La red viaria se va a organizar en funci?n de dos ejes: uno, longitudinal, formar? una "espina lineal" que, arrancando de la parte baja, puente de la Trinidad (antigua puerta de Huete), y continuando por las calles Alfonso VIII y San Pedro, morir? en el bario del Castillo. El otro, de car?cter transversal, unir? la puerta de Valencia con la de San Juan.

Despu?s nos hizo recorrer algo de su historia:

HISTORIA

EI origen hist?rico de la ciudad de Cuenca y su consolidaci?n como importante n?cleo de poblaci?n, hay que buscarlo durante la dominaci?n musulmana a partir del 711. En el siglo X exist?a una provincia equivalente a la actual, la extensa Kora de Santaver?a.

Desde mediados del siglo XII, el ge?grafo ?rabe El-Idris? nos describe a Cuenca como una peque?a y antigua villa junto a un lago o albufera artificial rodeada de murallas y una poblaci?n estimada en 700 habitantes. Situada en un elevado e inexpugnable mont?culo y arropada por los r?os J?car y Hu?car, la ciudad ten?a un gran valor estrat?gico; por ello, el 21 de septiembre de 1177 Cuenca ser?a conquistada por las huestes cristianas dirigidas por Alfonso VIII y apocadas por el monarca aragon?s Alfonso II.

Tras su conquista, a la ciudad se le adjudic? un amplio t?rmino (alfoz) que se fue repoblando mediante la fundaci?n de aldeas; paralelamente el rey procedi? a recompensar a todos los nobles, prelados y ?rdenes militares que hab?an colaborado en la campa?a. La tarea repobladora quedar?a regulada con la concesi?n del Fuero de Cuenca. Tambi?n restableci? r?pidamente en la ciudad la nueva sede episcopal tras la restauraci?n de las antiguas sedes de ?poca visigoda.
La continua presencia de los musulmanes va a hacer poco rentable la agricultura y los campesinos preferir?n dedicarse a la cr?a de ganado, m?s f?cilmente defendible en caso de ataque. El Fuero de Cuenca estimular? la guerra reconociendo una superior categor?a a quienes dispongan de caballo de guerra.

Desde el punto de vista social, el espacio de la ciudad qued? redistribuido de la siguiente forma: los musulmanes en la plaza de Mangana, los jud?os en la calle de Zapater?as y el resto de la ciudad fue ocupado por los cristianos que, a su vez, se organizaron en parroquias; las aldeas que van poco a poco surgiendo dentro del Alfoz quedaron organizadas en unidades administrativas llamadas sexmos.

Desde el punto de vista econ?mico, la actividad dominante fue la industria de los pa?os: de esta manera en el primer tercio del siglo XV, la ciudad se nos aparece como un importante centro textil, productor de lanas y mercado ganadero.

Durante el siglo XVI, Cuenca vio c?mo muchas de sus aldeas se convierten en villas eximidas de su jurisdicci?n, pero la ciudad se reforz? al convertirse en cabeza de corregimiento y, lo que es m?s importante, ciudad con voto en Cortes.

La ciudad experimentar? un gran desarrollo gracias a la expansi?n agr?cola, al pleno desarrollo de los gremios de la lanar y al esplendor de la ganader?a trashumante. La consecuencia m?s inmediata de esta bonanza ser? el imparable aumento demogr?fico y el progreso urban?stico que experimenta la ciudad; de este siglo son las construcciones del Palacio Episcopal, los conventos de los jesuitas, las Petras, Ang?licas y Bernardas, los colegios de San Jos? a Santa Catalina y el Oratorio de San Felipe Neri.

Si el siglo XVI fue un siglo de expansi?n, el XVII lo fue de crisis. La peste que se desata en 1588 y que afecta a la ciudad y otras ciudades y villas de la provincia ser? el preludio de lo que acaecer? en la centuria siguiente: sequ?as prolongadas, plagas de langosta, descenso dr?stico de la poblaci?n. La hasta ahora floreciente industria textil lanera se hundir?, en consonancia con la inminente decadencia de la ganader?a trashumante.

Aunque en el siglo XVIII aparecen s?ntomas de recuperaci?n demogr?fica a el obispo Palafox en 1774 intenta relanzar la industria pa?era, la econom?a conquense quedar? herida puesto que Carlos IV, mediante un decreto, suprimi? los talleres de Cuenca para evitar la competencia con la Real F?brica de Tapices.

Durante el siglo XIX con las reformas llevadas a cabo por Javier de Burgos en 1833, por las que Espa?a se divide en provincias, cada una con su capital, Cuenca obtiene la capitalidad; sin embargo, las convulsiones decimon?nicas (Guerra de la Independencia, guerras Carlistas y rivalidades pol?ticas) mantendr?n la ciudad en un largo letargo que se prolongar? hasta la segunda mitad del siglo XX. Dos hechos enarcar?n esta etapa: por un lado la salida definitiva de la poblaci?n fuera de las murallas y su establecimiento en la parte llana y, por otro, la p?rdida del peso especifico que el clero ten?a en la ciudad tras las desamortizaciones de Mendiz?bal en 1836 y Pascual Madoz en 1856.

Terminado el recorrido hist?rico, iniciamos el descenso y nos encontramos con la Iglesia de San Pedro. He aqu? unas notas:

Iglesia de San Pedro

La iglesia primitiva se construy? tras la conquista de la ciudad a los ?rabes por Alfonso VIII en 1177, y constaba de tres naves y torre a los pies. En el siglo XVI se le adosa la capilla de San Marcos, cubierta por un magn?fico artesonado mud?jar, y posteriormente se reedifica la torre y se remata con un cuerpo de campanas.
En el siglo XVIII la iglesia fue totalmente renovada muy probablemente por Jos? Mart?n de Aldehuela. La remodelaci?n de la antigua iglesia, de la que solo quedaron a salvo la capilla mud?jar y el campanario es un magn?fico ejemplo de la maestr?a de Jos? Mart?n para edificar en los irregulares lugares de la ciudad.
La planta es un di?fano oct?gono en el que se inscribe una circunferencia y al que se adosan pilastras desde las que se voltean arcos de medio punto. En este espacio centralizado el ?bside, tambi?n poligonal, se?ala un claro eje en cuyo extremo se sit?a la fachada, con la torre y la portada en la misma cara del oct?gono, con lo que la portada obligatoriamente queda desplazada del eje.
El espacio circular se cubre con c?pula en el que destaca la cornisa interior. Tanto las ventanas de forma mixtil?neas como la rocalla que adorna los capiteles y huecos, son elementos caracter?sticos empleados por Jos? Mart?n.

Bajando por las calles estrechas pasamos por el pasadizo donde se nos cont? la leyenda del CRISTO DEL PASADIZO, que se puede leer en la pared y que transcribimos a continuaci?n:

CRISTO DEL PASADIZO

Leyenda

Juli?n es un apuesto mozo de familia humilde que se gana honradamente la vida como jornalero. Sin embargo, ha cometido un grave error: enamorarse perdidamente de la bella Angustias.
Todas las tardes, despu?s del trabajo, acude a la teja para cortejarla. En esos ratos de comunicaci?n sue?an con un futuro hogar y en la felicidad que mutuamente se proporcionar?n.
Los padres de Angustias no est?n de acuerdo con los proyectos de los dos j?venes, pues aunque aprecian a Juli?n por sus virtudes y cualidades, sin embargo, no pueden permitir que su hija descienda de posici?n social al casarse con un pobre menestral.
Por aquel entonces, llega a Cuenca un emisario real para hacer leva de soldados con destino a las guerras de Italia. Juli?n no se lo piensa dos veces: ser? buena ocasi?n para hacer fortuna, y, pensando en su futuro hogar, se enrola en el ej?rcito.
La noche antes de partir, Juli?n y Angustias, de rodillas ante el Cristo del Pasadizo, se juran fidelidad en la espera. Ninguno de los dos pensar? en otro, mientras no tenga la certeza de la muerte del amado.
Angustias queda triste y apenada. Pasan los meses y, aunque de tarde en tarde Juli?n manda sus noticias a la bella Angustias, la espera se le hace larga y aburrida; pretendientes no le faltan? Al fin cede a los requerimientos de Lesmes. La madre reprende la ligereza de Angustias, pero ?sta prefiere un Lesmes que la ?arrulla? y le hace vivir de ilusi?n que a un Juli?n lejano y sujeto a los peligros de la guerra.
Han pasado dos a?os, Juli?n vuelve a Cuenca cagado de laureles y con porvenir abierto a la carrera de las armas. Nada ha comunicado a Angustias para que la grata sorpresa sea mayor.
Por la noche y a la hora de costumbre, acude a la cita en la reja; juntos dar?n gracias al Cristo del pasadizo por haberle devuelto sano y salvo y con porvenir esperanzador.
El asombro de Juli?n es enorme al encontrar su puesto ocupado por otro pretendiente; dej?ndose llevar por la ira, se lanza espada en mano contra el fel?n usurpador de su amor. Lesmes se defiende y usando arteras ma?as, lleva a Juli?n hacia un escal?n de la calle, donde ?ste, inadvertidamente pierde el pie y cae. Lesmes aprovecha felonamente la coyuntura y atraviesa a Juli?n con su espada.

Angustias, desde su reja, ha pedido auxilio desesperadamente. Acude la ronda en el momento en que Juli?n se desploma ex?nime. Lesmes intenta huir mas se ve acorralado; sube a las almenas del camino de la ronda para, desde all?, probar el salto al comino inferior; pero cae con tan mala fortuna que se desnuca.
Angustias, culpable de perjurio y causante de la muerte de los dos hombres, se recluye en el convento de las ?Petras? para hacer penitencia de sus pecados y rogar por la salvaci?n eterna de aquellos cuya muerte caus?.


Por fin llegamos a la Plaza Mayor, el principal punto de referencia de toda visita o recorrido por esta bella ciudad, donde nos detuvimos contemplando los diversos monumentos que la envuelven: La Catedral, el Convento de las Petras (s.XVIII) y el Ayuntamiento.

LA CATEDRAL

La Catedral de Santa Mar?a de Gracia fue el primer edificio que se comenz? a construir, tras la conquista de la ciudad, en el lugar donde se emplazaba la antigua alcazaba musulmana. Seg?n Lamp?rez, arquitecto de la fachada, es el m?s claro ejemplo de protog?tico conquense, y considerada como el m?s temprano ejemplo de G?tico en Espa?a. Comenz? a edificarse a finales del siglo XII, se consagr? en 1208 por el arzobispo Xim?nez de Rada, aunque no fue terminada hasta 1271. Es un edificio complejo con restos de transici?n del Rom?nico al G?tico de finales del siglo XII otros del siglo XIII y otros del siglo XV. Tiene planta de cruz latina con tres naves y una sola en el crucero.
La serie de capillas que cubren las naves laterales fueron edificadas en los siglos XVI v XVII, destacando la de los Ap?stoles, la del Esp?ritu Santo la de los Caballeros adem?s de las salas nobles como la sacrist?a y la Sala Capitular. Al claustro se accede por el singular Arco de Jamete. No queda ninguna de las cuatro torres del templo, salvo el arranque de la del ?ngel obra de la primera fase constructiva.

Como un edificio anexo a la catedral y sin despegarse de ella se levanta el Palacio Episcopal. Su construcci?n se inici? en el siglo XIII y se continu? en los siglos posteriores.

Al terminar la explicaci?n entramos a la catedral.

EL AYUNTAMIENTO

El edificio actual es del siglo XVIII y fue proyectado por Jaime Boa en 1733. Consta de tres cuerpos. El problema que se le plante? al genial arquitecto fue el de poder cerrar la placa manteniendo su accesibilidad soluci?n que dio con la incorporaci?n de los tres ardas en el cuerpo inferior.


Despu?s de la visita a la catedral y un poco de tiempo libre nos dirigimos al Puente e San Pablo para la contemplaci?n de las casas colgadas.

LAS CASAS COLGADAS


El edificio m?s emblem?tico y m?s conocido de la ciudad de Cuenca es el las Casas Colgadas. No se sabe con exactitud su origen que, para unos, es musulm?n mientras que para otros es medieval (s. XIV-XV ). Pudo ser una antigua casa solariega en virtud del escudo del can?nigo Gonzalo Gonz?lez de Ca?amares encontrado en su interior. El mito, la magia y la leyenda las elev? a la categor?a de monumento. En la actualidad son tres casas restauradas en el siglo XX. En dos de ellas est? ubicado El Museo de Arte Abstracto Espa?ol y en la otra un mes?n t?pico.

Sin duda alguna el vac?o de la hoz del Hu?car se intensifica al cruzar el puente de San Pablo, que, desde las casas colgadas -justo detr?s de la catedral, la ?nica de estilo g?tico normando en Espa?a-, conduce al actual parador de turismo, el convento de San Pablo, desde donde se contempla una bella panor?mica de las casas colgadas y del perfil de esta ciudad de ascensiones y defenestraciones. Cruzando el puente de San Pablo, no es extra?o que las palmas de las manos se empapen de sudor y se experimente una sensaci?n parad?jica de poderosa ingravidez y vulnerabilidad, sobre todo si se proyecta la vista hacia el abismo.

Otros monumentos que vimos y de los que recibimos alguna explicaci?n fueron el Convento de San Pablo, ahora convertido en Parador Nacional de Turismo, y la Torne de Mangana.

En la Plaza Mayor la joven gu?a nos habl? con entusiasmo de la Semana Santa Conquense:

Es la fiesta de Cuenca por excelencia, declarada de Inter?s Tur?stico Internacional. Las procesiones se remontan al siglo XVII, momento en que agustinos y trinitarios configuraron las dos primeras procesiones conquenses al fundar las primeras cofrad?as. Actualmente participan treinta y dos cofrad?as, de las cuales trece son anteriores al siglo XIX, cuatro del siglo XIX y quince del siglo XX. Aqu? tambi?n se ha conjugado la tradici?n con la modernidad; a las formas barrocas primigenias se han unido una serie de aportaciones art?sticas de claro g?nero popular. De todas las procesiones la m?s conocida y famosa es la del amanecer de Viernes Santo: Procesi?n del Camino del Calvario. En ella tambi?n queda patente la tradici?n musical con la entonaci?n del famoso Miserere llamado de Pradas. La imaginer?a es obra de escultores como los conquenses Luis Marco P?rez y Leonardo Mart?nez Bueno, y Federico Coullaut-Valera Mendigut?a, entre otros. Las tallas procesionales fueron realizadas en los anos 40 en su mayor?a. La m?s antigua es la del Cristo de Marfil, obra an?nima del siglo XVI.

Como complemento, es ya famosa a nivel internacional la Semana de M?sica Religiosa que coincide con la celebraci?n de la Semana Santa, y que comienza el Viernes de Dolores y finaliza el Domingo de Resurrecci?n.


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