Martes, 21 de agosto de 2007
Carta a los presb?teros y di?conos que ha enviado monse?or Juli?n L?pez Mart?n, obispo de Le?n.


Queridos hermanos:

Deseo comentar con vosotros algunos aspectos del culto a la Sant?sima Eucarist?a a prop?sito de la publicaci?n de la Exhortaci?n Apost?lica postsinodal Sacramentum caritatis de S.S. el Papa Benedicto XVI, de 22-II-2007 (= SCa y n?)[1]. Con este documento culmina una serie de intervenciones de car?cter doctrinal y pastoral del Magisterio pontificio que comenz? con la Enc?clica Ecclesia de Eucharistia del siervo de Dios Juan Pablo II (17-IV-2003)[2], con el prop?sito de mejorar las celebraciones de la Eucarist?a y, a la vez, renovar e intensificar el culto del Misterio eucar?stico en la Iglesia. Ahora bien, esto no ser? posible si los pastores no procuramos formar a los fieles de manera que adopten ?una actitud coherente entre las disposiciones interiores y los gestos y las palabras? (SCa 64). Esto tiene aplicaci?n tambi?n a los elementos materiales que entran en la celebraci?n lit?rgica, como los signos, los lugares de la celebraci?n, la colocaci?n del Sagrario, etc.

Por eso deseo invitaros a leer atenta y reflexivamente la Exhortaci?n Apost?lica, para captar su riqueza teol?gica y espiritual. Como una ayuda y a modo de introducci?n a su lectura, en este mismo n?mero se publica una conferencia m?a ofrecida precisamente a sacerdotes.

Desear?a tambi?n que, a medida que os adentr?is en el documento pontificio, teng?is en cuenta el modo concreto de celebrar, con el fin de revisarlo, mejorar todo lo que sea mejorable y corregir lo que sea preciso. Para este es muy ?til consultar tambi?n la Ordenaci?n General del Misal Romano publicada en lengua espa?ola en 2005 (= OGMR y n?)[3] e, incluso, la Instrucci?n Redemptionis sacramentum de la Congregaci?n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de 25-III-2004[4].

Por ?ltimo, os pido que pong?is en pr?ctica las siguientes indicaciones y sugerencias, que afectan no s?lo a la celebraci?n de la Eucarist?a sino tambi?n a su culto fuera de la Misa y a la misma Reserva eucar?stica. Su observancia tiene mucho que ver tambi?n con el comportamiento de los fieles en el interior de las iglesias.

1. Verdad y belleza de la celebraci?n y del culto a la Eucarist?a

Antes de entrar en las sugerencias concretas, me parece oportuno recoger y comentar esta afirmaci?n de la Exhortaci?n Apost?lica: ?La relaci?n entre el misterio cre?do y celebrado se manifiesta de modo peculiar en el valor teol?gico y lit?rgico de la belleza. En efecto, la liturgia, como tambi?n la revelaci?n cristiana, est? vinculada intr?nsecamente con la belleza: es veritatis splendor. En la liturgia resplandece el Misterio pascual mediante el cual Cristo mismo nos atrae hacia s? y nos llama a la comuni?n? (SCa 35). El Papa se refiere a una realidad mucho m?s profunda que una mera est?tica o armon?a de las formas a la hora de celebrar la liturgia. Lo que est? en juego, cuando se realiza una acci?n lit?rgica, es la verdad del misterio que se hace presente en ella y que, a la vez, se oculta en el conjunto de signos, palabras y elementos que integran la celebraci?n y que es necesario percibir claramente para entrar en contacto con ?l. La Iglesia no ha creado el ritual, los gestos, los s?mbolos, la m?sica, etc., de su liturgia buscando la ceremonia, la majestuosidad o la pura solemnizaci?n, sino tratando de ayudar al hombre a entrar en comuni?n con Dios, para que le alabe del mejor modo posible y se deje santificar por ?l. ?La verdadera belleza (de la liturgia) es el amor de Dios que se ha revelado definitivamente en el Misterio pascual? (ib.).

Por eso, celebrar bien no consiste en ejecutar fr?amente unos actos o recitar de manera rutinaria unas f?rmulas de plegaria. En este sentido, no se puede olvidar que la forma externa condiciona decisivamente las actitudes internas. De ah? que se debe cuidar con el mayor esmero todo aquello que facilita la comunicaci?n visual y verbal en las acciones lit?rgicas. Especialmente hoy, cuando todo el mundo est? acostumbrado a ver y a escuchar a aut?nticos maestros de la expresi?n. Y esto afecta no solamente a la responsabilidad de los ministros, sino tambi?n a la necesaria educaci?n lit?rgica de los fieles que ocupan la nave, a los que se ha de considerar como verdaderos participantes en la parte que les corresponde como miembros del pueblo sacerdotal (cf. 1 Pe 2,5.9)[5]. ?Conscientes de todo esto, hemos de poner gran atenci?n para que la acci?n lit?rgica resplandezca seg?n su propia naturaleza? (ib.)[6].

2. Los gestos de la veneraci?n

?Un signo convincente de la eficacia que la catequesis eucar?stica tiene en los fieles es sin duda el crecimiento en ellos del sentido del misterio de Dios presente entre nosotros. Eso se puede comprobar a trav?s de manifestaciones espec?ficas de veneraci?n de la Eucarist?a, hacia la cual el itinerario mistag?gico debe introducir a los fieles. Pienso, en general, en la importancia de los gestos y de la postura, como arrodillarse durante los momentos principales de la plegaria eucar?stica? (SCa 65).

Por su parte, la OGMR es muy clara al se?alar: ?(Los fieles) estar?n de rodillas durante la consagraci?n, a no ser que lo impida la enfermedad o la estrechez del lugar o la aglomeraci?n de los participantes o cualquier otra causa razonable. Y, los que no pueden arrodillarse en la consagraci?n, har?n una profunda inclinaci?n mientras el sacerdote hace la genuflexi?n despu?s de ella? (n. 43). La Conferencia Episcopal Espa?ola no ha se?alado otro gesto, lo que quiere decir que la norma general tiene pleno vigor en Espa?a.

All? donde la mayor?a de los fieles permanece a?n de pie durante la consagraci?n, es necesario que, con claridad y paciencia, se les invite a recuperar el gesto de arrodillarse, explic?ndoles el sentido del estar de rodillas o de la inclinaci?n profunda. Esta explicaci?n debe hacerse antes de la celebraci?n eucar?stica. En las iglesias en las que se instalaron bancos sin reclinatorio, los responsables deber?an estudiar c?mo hacer la oportuna adaptaci?n a los mismos. Por otra parte, conviene tambi?n recordar a todos los fieles y ense?ar a los m?s peque?os a poner en pr?ctica la genuflexi?n, cuando pasan por delante del Sant?simo Sacramento (cf. OGMR 274).

3. El modo de comulgar

La OGMR, cuando se ocupa de la distribuci?n de la Comuni?n a los fieles dice: ?El sacerdote toma despu?s la patena o la p?xide y se acerca a los que van a comulgar, quienes, de ordinario, se acercan procesionalmente. A los fieles no les es l?cito tomar por s? mismos ni el pan consagrado ni el sagrado c?liz y menos a?n pas?rselos entre ellos de mano en mano. Los fieles comulgan de rodillas o de pie, seg?n lo haya establecido la Conferencia de los Obispos. Cuando comulgan de pie, se recomienda que, antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia del modo que determinen las citadas normas? (n. 160).

Ya hace muchos a?os que en Espa?a se autoriz? el recibir la comuni?n en la mano, correspondiendo a los fieles el usar o no de esta facultad[7]. En su momento se indic? tambi?n el modo de hacerse. Anteriormente se hab?a permitido as? mismo comulgar de pie. Sin embargo las cosas se olvidan si no se recuerdan oportunamente, y a los ni?os, cuando se preparan para hacer la Primera Comuni?n, hay que ense?arles c?mo deben proceder. Por eso no es infrecuente el que algunos fieles, al acercarse a comulgar, hacen adem?n de quitar la Sagrada Forma de la mano del ministro. Otros se la llevan a la boca sobre la misma mano en la que la reciben. La indicaci?n del Misal es clara, pero podr?a precisarse un poco m?s a la hora de explicarla a los fieles.

En efecto, los fieles comulgar?n habitualmente de pie, haciendo antes una inclinaci?n de cabeza, pudiendo recibir la comuni?n en la boca o en la mano. Si eligen este ?ltimo modo, extender?n una mano abierta ante el ministro con la otra debajo, tambi?n abierta. Una vez depositada la Sagrada Forma en la mano, la persona que va a comulgar se la llevar? con la mano libre a la boca, delante del ministro, antes de retirarse. Si eligen el modo de comulgar de rodillas, no es necesaria ninguna otra reverencia. Trat?ndose de ni?os, puede ser eficaz un sencillo ensayo con formas no consagradas.

Si se da la comuni?n bajo las dos especies, supuestas las condiciones exigidas para ello (cf. OGMR 282-287), cuando se hace ?por intinci?n?, que es el modo m?s adecuado para hacerlo[8], deber? recibirse obligatoriamente en la boca. No est? permitido a los que comulgan mojar por s? mismos la Sagrada Forma en el c?liz, ni recibir ?sta en la mano una vez mojada[9].

4. La colocaci?n del Sagrario y de la Sede

?Es necesario que el lugar en que se conservan las especies eucar?sticas sea identificado f?cilmente por cualquiera que entre en la iglesia, gracias tambi?n a la lamparilla encendida. Para ello, se ha de tener en cuenta la estructura arquitect?nica del edificio sacro: en las iglesias donde no hay capilla del Sant?simo Sacramento, y el sagrario est? en el altar mayor, conviene seguir usando dicha estructura para la conservaci?n y adoraci?n de la Eucarist?a, evitando poner delante la sede del celebrante? (SCa 69).

Por su parte la OGMR dice tambi?n: ?El puesto m?s habitual de la Sede ser? de cara al pueblo al fondo del presbiterio, a no ser que la estructura del edificio o alguna otra circunstancia lo impida; por ejemplo, si, a causa de la excesiva distancia, resulta dif?cil la comunicaci?n entre el sacerdote y la asamblea congregada o si el sagrario ocupa un lugar central detr?s del altar? (OGMR 310; v?anse tambi?n nn. 314-317).

En la gran mayor?a de nuestras iglesias el Sagrario sigue formando parte del retablo mayor y se encuentra, por tanto, detr?s del altar de cara al pueblo, generalmente a la misma altura en que ha estado siempre. A veces, sobre todo en iglesias de reciente construcci?n, el Sagrario sobresale por encima de la cabeza del sacerdote celebrante. Pero, a tenor de los dos documentos citados, el problema lo ha planteado un equivocado concepto de lo que es la Sede. ?sta no es un asiento m?s, sino que debe significar la funci?n presidencial en toda celebraci?n lit?rgica. Por eso ha de estar situada de manera que haga posible la comunicaci?n del sacerdote con los fieles, para que ?stos puedan verlo y o?rlo f?cilmente. Colocada la Sede detr?s del altar, cuando el sacerdote la usa, produce la impresi?n de que est? sentado a una mesa.

Es cierto que muchas iglesias tienen un presbiterio muy reducido. Pero, teniendo en cuenta que la Sede ha de ser ?nica y que, por tanto, no se requiere un asiento de cada lado, cabe ponerla en un lateral del presbiterio, en la parte opuesta a la del amb?n. La Sede puede estar adosada a la pared de manera que el sacerdote, sentado, mira al amb?n y escucha las lecturas como los dem?s fieles; y, cuando est? de pie, puede volverse a la asamblea sin dificultad. En la concelebraci?n, si no hay espacio en el presbiterio para los asientos de los concelebrantes o ministros, ?stos se pueden situar delante de los fieles. Lo que importa es que se destaque la presidencia lit?rgica -es uno solo el que preside- y que ning?n ministro est? sentado o de pie inmediatamente delante del Sagrario d?ndole la espalda. Colocar la Sede delante del altar, tampoco es soluci?n adecuada.

5. El cuidado de la Reserva eucar?stica

Las normas de la Iglesia acerca de la dignidad, reverencia y seguridad que se han de observar en el lugar donde se guarda la Eucarist?a son expresi?n y garant?a de la fe y veneraci?n de las comunidades eclesiales hacia el Sant?simo Sacramento y han ser observadas escrupulosamente (cf. C?digo de Derecho Can?nico, c. 934-944). Me refiero de manera particular al decoro del Sagrario, a la l?mpara encendida y a la custodia de la llave, que nunca debe dejarse puesta en la cerradura ni junto al Sagrario, una vez terminada la celebraci?n, sino en lugar seguro en la sacrist?a (cf. c. 938; 940).

Ahora bien, la situaci?n de las peque?as parroquias de nuestra di?cesis, especialmente en aquellos pueblos que se cierran durante el invierno o all? donde no es posible asegurar la Misa todos los domingos, obliga a que los p?rrocos y quienes hacen sus veces tomen las medidas oportunas. De ning?n modo puede dejarse la Reserva eucar?stica en las iglesias de los pueblos que se cierran (cf. c. 934,2). En las iglesias en las que solamente se celebra la Misa una o dos veces al mes, para reservar el Sant?simo Sacramento ha de procurarse que alg?n fiel, al menos, se responsabilice de su cuidado (cf. ib.), por ejemplo, visitando al Se?or diariamente (cf. c. 937). De no ser as?, es preferible que no se haga la Reserva. Cuando el Sant?simo no est? reservado, se puede dejar abierta la puerta del Sagrario y la l?mpara estar? apagada.

6. Sobre los ministros extraordinarios de la comuni?n

En la Exhortaci?n Apost?lica Sacramentum caritatis el Papa Benedicto XVI se dirige a los ministros de la Eucarist?a con estas palabras: ?Pido a todos, en particular a los ministros ordenados y a los que, debidamente preparados, est?n autorizados para el ministerio de distribuir la Eucarist?a en caso de necesidad real, que hagan lo posible para que el gesto, en su sencillez, corresponda a su valor de encuentro personal con el Se?or Jes?s en el Sacramento. Respecto a las prescripciones para una praxis correcta, me remito a los documentos emanados recientemente[10]? (n. 50).

Por su parte, la OGMR establece para la distribuci?n de la Comuni?n: ?Si est?n presentes otros presb?teros, pueden ayudar al sacerdote a distribuir la Comuni?n. Si no est?n disponibles y el n?mero de comulgantes es muy elevado, el sacerdote puede llamar para que le ayuden, a los ministros extraordinarios, es decir, a un ac?lito instituido o tambi?n a otros fieles que para ello hayan sido designados[11]. En caso de necesidad, el sacerdote puede designar para esa ocasi?n a fieles id?neos. Estos ministros no acceden al altar antes de que el sacerdote haya comulgado y siempre han de recibir de manos del sacerdote el vaso que contiene la Sant?sima Eucarist?a para administrarla a los fieles? (n. 162).

Es evidente la intenci?n de la Iglesia de que la Comuni?n sea distribuida, ante todo, por el sacerdote celebrante, ayudado si es necesario por otros sacerdotes o di?conos. S?lo cuando una verdadera necesidad lo requiera, los ministros extraordinarios, entre los que se cuentan los ac?litos instituidos, pueden ayudar al sacerdote celebrante, seg?n las normas citadas. No cabe, por tanto, que habiendo ministros ordinarios en el lugar, se recurra a los extraordinarios. Estos no deben acceder, sin m?s, al altar para tomar por s? mismos la patena o el cop?n para ayudar a distribuir la Comuni?n, sino que han de recibirlos de manos del sacerdote. Terminada la distribuci?n, tampoco deben ellos recoger las part?culas sobrantes ni purificar los vasos sagrados. Si hay que trasladar las Formas consagradas al Sagrario situado lejos del altar donde ese est? celebrando, es preferible que sea un sacerdote o di?cono el que lo haga o el mismo celebrante, una vez terminada la Misa. Las deficiencias en el modo de tratar la Sant?sima Eucarist?a terminan da?ando las actitudes internas de veneraci?n debidas a tan augusto Sacramento.

Para las celebraciones dominicales en la espera del presb?tero, se requiere tambi?n que quienes, con la conveniente autorizaci?n del Obispo, las moderan o dirigen, act?en con el m?ximo sentido de veneraci?n hacia la Eucarist?a, seg?n las normas de este tipo de celebraciones.

7. Sobre las disposiciones personales para recibir la Eucarist?a

Estas indicaciones y sugerencias no ser?an del todo eficaces, como expresi?n de ?una actitud coherente entre las disposiciones interiores y los gestos y las palabras? SCa 64), si no se aludiera tambi?n a la pr?ctica de la Iglesia seg?n la cual ?es necesario que cada uno se examine a s? mismo en profundidad (cf. 1 Cor 11,28), para que quien sea consciente de estar en pecado grave no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Se?or sin acudir antes a la confesi?n sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse; en este caso, recuerde que est? obligado a hacer un acto de contrici?n perfecta, que incluye el prop?sito de confesarse cuanto antes? [12].

El Papa Benedicto XVI escribe al respecto, sobre la relaci?n entre los sacramentos de la Reconiliaci?n y de la Eucarist?a: ?Como se constata en la actualidad, los fieles se encuentran inmersos en una cultura que tiende a borrar el sentido del pecado, favoreciendo una actitud superficial que lleva a olvidar la necesidad de estar en gracia de Dios para acercarse dignamente a la comuni?n sacramental. En realidad, perder la conciencia de pecado comporta siempre tambi?n una cierta superficialidad en la forma de comprender el amor mismo de Dios. Ayuda mucho a los fieles recordar aquellos elementos que, dentro del rito de la santa Misa, expresan la conciencia del propio pecado y al mismo tiempo la misericordia de Dios? (SCa 20).

En la siempre conveniente y, en ocasiones muy necesaria, catequesis sobre la celebraci?n de la Eucarist?a, no debiera faltar la explicaci?n de dichos elementos o momentos de car?cter penitencial -sin valor sacramental, por supuesto-, como los modos de hacer el acto penitencial, la oraci?n en voz baja del sacerdote antes de comulgar (?Se?or Jesucristo...?), la exclamaci?n ?Se?or, no soy digno...?, etc.

Conf?o en que acoj?is con el mayor inter?s estas observaciones sacadas de los ?ltimos documentos sobre la Eucarist?a y su celebraci?n. Pueden parecer insignificantes, porque sin duda tenemos que ocuparnos tambi?n de celebrar bien -el ars celebrandi del que se habla en la Exhortaci?n Apost?lica- como condici?n indispensable para la participaci?n consciente, activa y fructuosa en la Eucarist?a (cf. SCa 38 ss.). Sin embargo, sin la adecuada correspondencia entre las actitudes internas de adoraci?n, asombro y sinceridad ante lo que nos es dado celebrar, y las formas externas representadas por los gestos, los signos y los elementos de la celebraci?n, nuestras celebraciones se quedar?an en una est?tica puramente aparente y desprovista del verdadero esp?ritu de la liturgia, que no es otro que la presencia del Misterio de la fe.

Con el deseo de que en nuestra Iglesia diocesana ?se crea realmente, se celebre con devoci?n y se viva intensamente este santo Misterio? (SCa 94), invocando la intercesi?n de Mar?a ?mujer eucar?stica?.

Le?n, 10 de junio de 2007, solemnidad del Sant?simo Cuerpo y Sangre de Cristo:
+ Juli?n, Obispo de Le?n


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[1] Est? publicada en el ?Bolet?n Oficial del Obispado? de marzo-abril de 2007, pp. 401-488.
[2] V?ase ?Bolet?n Oficial del Obispado? de marzo-abril de 2003, pp. 191-244. Adem?s, la Carta Mane nobiscum D?mine de S.S. Juan Pablo II, de 7-X-2004, en ?Bolet?n Oficial del Obispado? de septiembre-octubre de 2004, pp. 1015-1035; las Sugerencias y propuestas ?A?o de la Eucarist?a- de la citada Congregaci?n, de 15-X-2004, ib., pp. 1037-1087; e incluso los documentos preparatorios de la XI Asamblea general ordinaria del S?nodo de los Obispos publicados entre 2004 y 2005, en ?Bolet?n Oficial del Obispado? de septiembre-octubre de 2005, pp. 939-1165.
[3] La Ordenaci?n General del Misal Romano ha sido publicada en separata por los Coeditores lit?rgicos el 28-I-2005.
[4] En el ?Bolet?n Oficial del Obispado? de marzo-abril de 2004, pp. 275-349.
[5] ?Es toda la comunidad, el Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza quien celebra. ?Las acciones lit?rgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es ?sacramento de unidad?, esto es, pueblo santo, congregado y ordenado bajo la direcci?n de los obispos. Por tanto, pertenecen a todo el Cuerpo de la Iglesia, influyen en ?l y lo manifiestan, pero afectan a cada miembro de este Cuerpo de manera diferente, seg?n la diversidad de ?rdenes, funciones y participaci?n actual??: Catecismo de la Iglesia Cat?lica, Editores del Catecismo 1999, n. 1140; cf. n. 1144.
[6] ?Es necesario que en todo lo que concierne a la Eucarist?a haya gusto por la belleza. Se debe tambi?n respetar y cuidar los ornamentos, la decoraci?n, los vasos sagrados, para que, dispuestos de modo org?nico y ordenado entre s?, fomenten el asombro ante el misterio de Dios, manifiesten la unidad de la fe y refuercen la devoci?n?: SCa 41; cf. 53; 66; etc.
[7] Aprobado por la XXIII Asamblea Plenaria de la Conferencia E. Espa?ola, en diciembre de 1975.
[8] Seg?n se indica en la OGMR 285-b y 287.
[9] Cf. Instrucci?n Redemptionis Sacramentum, n. 104.
[10] Cf. Instr. Redemptionis Sacramentum, cit., nn. 80-96.
[11] Cf. S. CONGR. PARA LOS SACRAMENTOS Y EL CULTO DIVINO, Instr. In?stimabile donum, del 3 de abril de 1980, n. 10; Instrucci?n interdicasterial sobre algunas cuestiones acerca de la cooperaci?n de los fieles laicos en el ministerio de los sacerdotes, Ecclesi? de mysterio, del 15 agosto de 1997, art. 8.
[12] Instr. Redemptionis Sacramentum, cit., nn. 81; cf. C?digo de Derecho Can?nico, c. 916; etc.
Publicado por verdenaranja @ 0:55  | Hablan los obispos
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