Jueves, 23 de agosto de 2007
ZWENIT publica la intervenci?n de Benedicto XVI durante la audiencia general del mi?rcoles 8 de agosto de 2007, celebrada en el aula Pablo VI del Vaticano, dedicada a presentar un retrato de san Gregorio Nacianceno, obispo del siglo IV. En la audiencia de este 22 de agosto el Papa ha recogido las ense?anzas de este Padre de la Iglesia.

?Queridos hermanos y hermanas!:
El mi?rcoles pasado habl? de un gran maestro de la fe, el Padre de la Iglesia San Basilio. Hoy quisiera hablar de su amigo Gregorio de Nacianzo originario tambi?n, como Basilio, de Capadocia. Ilustre te?logo, orador y defensor de la fe cristiana en el siglo IV, fue famoso por su elocuencia y tambi?n tuvo, como poeta, un alma refinada y sensible.

Gregorio naci? de una noble familia. Su madre lo consagr? a Dios desde su nacimiento, que ocurri? sobre el 330. Despu?s de la primera educaci?n familiar, frecuent? las m?s c?lebres escuelas de la ?poca: primero fue a Cesarea de Capadocia, donde trab? amistad con Basilio, futuro obispo de aquella ciudad, y vivi? despu?s en otras metr?polis del mundo antiguo, como Alejandr?a de Egipto y, sobre todo, Atenas, donde de nuevo encontr? a Basilio (cfr. ?Oratio 43?,14-24; SC 384, 146-180). Evocando esta amistad, Gregorio escribir? m?s tarde: ?En aquel entonces, no s?lo yo sent?a una aut?ntica veneraci?n hacia mi gran Basilio por la seriedad de sus costumbres y por la naturaleza y sabidur?a de sus discursos, sino que animaba tambi?n a otros, que a?n no le conoc?an, a hacer otro tanto? Nos guiaba la misma ansia de saber. Y esta era nuestra competici?n: no qui?n ser?a el primero, sino qui?n ayudar?a al otro a serlo. Parec?a que tuvi?semos una sola alma en dos cuerpos? (Oratio 43,16-20; SC 384 154-156.164). Son palabras, que de alguna manera, describen el autorretrato de esta noble alma. Pero tambi?n puede imaginarse que este hombre, que estaba proyectado fuertemente m?s all? de los valores terrenos, sufriera mucho por las cosas de este mundo.

Cuando volvi? a casa, Gregorio recibi? el bautismo y se orient? hacia la vida mon?stica: la soledad, la meditaci?n filos?fica y espiritual, le fascinaban. ?l mismo escribir?: ?Nada me parece m?s grande que esto: hacer callar los propios sentidos, salir de la carne del mundo, recogerse en uno mismo, dejar de ocuparse de las cosas humanas, excepto de las estrictamente necesarias, hablar consigo mismo y con Dios, llevar una vida que trasciende las cosas visibles; llevar en el alma im?genes divinas siempre puras, sin mezcla de firmas terrenas y err?neas, ser verdaderamente un espejo inmaculado de Dios y de las cosas divinas, y serlo cada vez m?s, tomando luz de la luz?; gozar, en la esperanza presente, el bien futuro, y conversar con los ?ngeles; haber abandonado ya la tierra, aun estando en la tierra, transportados a lo alto con el esp?ritu? (?Oratio 2?,7: SC 247,96).

Como conf?a en su autobiograf?a (cfr ?Carmina [hist?rica] 2?,1,11 ?de vita sua? 340-349: PG 37,1053) recibi? la ordenaci?n presbiteral con cierta duda, porque sab?a que despu?s deber?a ejercer como pastor, ocuparse de los dem?s, de sus cosas y, por ello, no podr?a estar ya recogido en la meditaci?n pura. Sin embargo, despu?s acept? esta vocaci?n y asumi? el ministerio pastoral en plena obediencia, aceptando, como le sucedi? a menudo durante su vida, el ser llevado por la Providencia all? a donde no quisiera ir (cfr Jn 21,18). En el 371 su amigo Basilio, Obispo de Cesarea, contra el deseo del mismo Gregorio, quiso consagrarlo como Obispo de Samina, una regi?n estrat?gicamente importante de Capadocia. Sin embargo, y debido a distintas dificultades, no tomo nunca posesi?n, y permaneci? en la ciudad de Nacianzo.

Hacia el 379, Gregorio fue llamado a Constantinopla, la capital, para guiar a la peque?a comunidad cat?lica fiel al Concilio de Nicea y a la fe trinitaria. La mayor?a, por el contrario, se hab?a adherido al arrianismo, que era ?pol?ticamente correcto? y que los emperadores consideraban pol?ticamente ?til. De esta manera, se encontr? en minor?a, rodeado de hostilidad. En la peque?a iglesia de la ?An?stasis? pronunci? cinco ?Discursos Teol?gicos? (?Oraciones? 27-31; SC 250, 70-343), precisamente para defender y hacer inteligible la fe trinitaria. Son discursos que se han hecho famosos por la seguridad de la doctrina, la habilidad del razonamiento, que hace realmente comprender que ?sta es la l?gica divina. Y tambi?n el esplendor de la forma lo hace hoy fascinante. Gregorio recibi?, como consecuencia de estos discursos, el apelativo de ?te?logo?: As? se le llama en la Iglesia ortodoxa: el ?te?logo?, Y esto porque la teolog?a no es para ?l una reflexi?n meramente humana, o menos todav?a el fruto de complicadas especulaciones, sino que deriva de una vida de oraci?n y de santidad, de un di?logo constante con Dios. Y precisamente as? hace que aparezca ante nuestra raz?n la realidad de Dios, el misterio trinitario. En el silencio contemplativo, transido de estupor ante las maravillas del misterio revelado, el alma acoge la belleza y la gloria divina.

Mientras participaba en el Segundo Concilio Ecum?nico de 381, Gregorio fue elegido Obispo de Constantinopla, y asumi? la presidencia del Concilio. Pero de pronto se desencaden? una fuerte oposici?n contra ?l, hasta que la situaci?n se hizo insostenible. Para un alma tan sensible, estas enemistades eran insoportables. Se repet?a lo que Gregorio ya hab?a lamentado con palabras llenas de dolor: ??Hemos dividido a Cristo, nosotros, que tanto am?bamos a Dios y a Cristo! ?Nos hemos mentido los unos a los otros con motivo de la Verdad, hemos alimentado sentimientos de odio a causa del Amor, nos hemos separado el uno del otro!? (?Oratio 6?,3: SC 405,128). Se lleg? as?, en un clima de tensi?n, a su dimisi?n. En la concurrid?sima catedral Gregorio pronunci? un discurso de adi?s de gran efecto y dignidad (cfr ?Oratio 42?: SC 384,48-114). Conclu?a su dolorida intervenci?n con estas palabras: ?Adi?s, gran ciudad a la que Cristo ama? Hijos m?os, os lo suplico, custodiad el dep?sito [de la fe] que os ha sido confiado (cfr 1 Tm 6,20), acordaos de mis sufrimientos (cfr. Col 4,18). Que la gracia de nuestro Se?or Jesucristo est? con todos vosotros? (Cfr. ?Oratio 42?,27: SC 384, 112-114).

Volvi? a Nacianzo y se dedic? al cuidado pastoral de aquella comunidad cristiana durante unos dos a?os. Despu?s se retir? definitivamente a la soledad en la cercana Arianzo, su tierra natal, dedic?ndose al estudio ya la vida asc?tica. En este periodo compuso la mayor parte de su obra po?tica, especialmente autobiogr?fica: El ?De vita Sua?, una relectura en verso de su camino humano y espiritual, un camino ejemplar de un cristiano sufriente, de un hombre de una gran interioridad en un mundo lleno de conflictos. Es un hombre que nos hace sentir la primac?a de Dios y por eso nos habla tambi?n a nosotros, a nuestro mundo: sin Dios, el hombre pierde su grandeza, sin Dios no hay humanismo aut?ntico. Por eso, escuchemos esta voz e intentemos conocer tambi?n nosotros el rostro de Dios. En una de sus poes?as, hab?a escrito dirigi?ndose a Dios: ?S? benigno, T?, m?s All? de todo? (?Carmina [dogm?tica]? 1,1,29: PG 37,508). Y en el a?o 390 Dios acog?a entre sus brazos a este siervo fiel, que le hab?a defendido en sus escritos con una aguda inteligencia y que le hab?a cantado con tanto amor en sus poes?as.

[Al final de la audiencia, Benedicto XVI salud? en varios idiomas a los peregrinos. En espa?ol, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:
San Gregorio Nazianceno, Padre de la Iglesia del siglo IV, fue un ilustre te?logo, orador y defensor de la fe cristiana. De noble familia frecuent? las m?s celebres escuelas de su ?poca. Poco despu?s de su bautismo, Gregorio se orient? hacia la vida mon?stica: le fascinaban la soledad, la meditaci?n filos?fica y espiritual. En el a?o 381, mientras participaba en el segundo Concilio Ecum?nico, fue nombrado Obispo de Constantinopla, asumiendo la presidencia del Concilio. Pero inmediatamente, al levantarse una fuerte oposici?n contra ?l, tuvo que dimitir. Volvi? a Nacianzo y durante dos a?os dirigi? aquella comunidad cristiana. Despu?s se retir? definitivamente en soledad hasta su muerte, dedic?ndose al estudio y a la vida asc?tica. San Gregorio, llamado tambi?n el ?te?logo?, afirma que la teolog?a no es una reflexi?n puramente humana, sino que nace de una vida de oraci?n y de santidad, de un di?logo asiduo con Dios. En el silencio contemplativo, entretejido de estupor ante las maravillas del misterio revelado, el alma descubre la belleza y la gloria divina.

Saludo cordialmente a los visitantes de lengua espa?ola. En particular, saludo a las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret, que celebran su Cap?tulo General, a los seminaristas de la Di?cesis de Granada, as? como a los distintos grupos venidos de Espa?a, M?xico y de otros pa?ses latinoamericanos. Que vuestra peregrinaci?n a la tumba de los ap?stoles Pedro y Pablo fortalezca vuestra fe y acreciente vuestro amor a la Iglesia. ?Gracias por vuestra visita!

[? Copyright 2007 -- Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 22:58  | Habla el Papa
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