Domingo, 26 de agosto de 2007
Informaci?n tomada de http://www.creces.org.ar/
DECLARACI?N COM?N


Qui?nes Somos y en Qui?n Creemos

Somos cat?licos y evang?licos que hemos experimentado a Cristo Resucitado, quien mediante su Esp?ritu Santo, que es Gracia, ha renovado espiritualmente nuestras vidas, tal como Jes?s prometi? a sus disc?pulos, antes de ascender al cielo.

Con gratitud y alegr?a damos testimonio de que esta experiencia ha revitalizado nuestra fe y nos ha dado una relaci?n mucho m?s cercana con Dios, al que sentimos como nuestro Padre, y al que amamos profundamente en respuesta a su gran amor hacia nosotros. El Esp?ritu Santo ha llenado nuestro ser de admiraci?n y de un nuevo entusiasmo por Dios. Por eso brotan desde nuestro coraz?n canciones de alabanza y adoraci?n al Se?or, tanto en nuestras reuniones como en nuestro diario vivir. Nuestras oraciones se han vuelto m?s espont?neas y sencillas. Sentimos que orar es hablar con un ?pap? que nos ama y que se goza que estemos con ?l.

Evang?licos y cat?licos un?nimemente creemos que Jes?s es el Hijo de Dios. Creemos que ?l, siendo Dios, se hizo hombre al nacer de la virgen Mar?a por obra y gracia del Esp?ritu Santo. Creemos que ?l es el ?nico Salvador de todos los hombres; que muri? por nuestros pecados y resucit? para nuestra salvaci?n; venci? a la muerte, por lo tanto al pecado, la enfermedad, los demonios y a toda clase de injusticias. Creemos que Jes?s hoy est? resucitado y vivo; que est? a la diestra del Padre; que tiene todo poder y autoridad en el cielo y en la tierra, que el Padre lo exalt? y le dio un nombre que est? sobre todo nombre o realidad creada: ?JESUCRISTO ES EL SE?OR! Esta es nuestra fe.

Esta renovaci?n espiritual nos ha llevado a un nuevo compromiso personal con Jesucristo. Nuestra fe no es un mero asentimiento intelectual a ciertas doctrinas cristianas sino una experiencia continua con Cristo Vivo. ?l es nuestro Se?or, nuestra vida, nuestra meta. La presencia de Jes?s resucitado en nuestras vidas es un don, una gracia, que vibra dentro de nosotros y le da un sentido trascendente a nuestra existencia. Hoy tenemos ganas de vivir. Queremos manifestarles a todos que Dios es real, que es maravilloso vivir, y que no hay nada m?s hermoso que hacer la voluntad de Dios en todos las ?reas de nuestra vida.

Creemos que Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos. ?l tiene hoy el mismo poder para sanar a los enfermos, liberar a los oprimidos, hacer milagros y maravillas, levantar al ca?do y restaurar familias destruidas. Tenemos entre nosotros much?simos testimonios que lo confirman. Creemos que el mayor de todos los milagros ha sido cambiar el coraz?n del hombre - soberbio, rebelde, ego?sta, avaro, injusto, mentiroso, pronto al juicio y a la condena del otro ? en un coraz?n nuevo, que ama a Dios sobre toda las cosas y al pr?jimo como a s? mismo.

Disfrutamos mucho la lectura de la Biblia, la Palabra de Dios, y al hacerlo sentimos que Dios nos habla. El Esp?ritu Santo nos ayuda cada d?a a entenderla mejor. Sabemos que lo m?s hermoso del Evangelio no es leerlo, o predicarlo, sino practicarlo, pero hemos descubierto tambi?n que resulta imposible vivir el Evangelio con nuestras propias fuerzas; s?lo es posible con la gracia del Esp?ritu Santo.

El Esp?ritu Santo abri? nuestros ojos espirituales, y comprendimos cosas muy simples y al mismo tiempo grandes. Cosas muy conocidas y a la vez ignoradas. Comprendimos que la Iglesia es m?s que un edificio material donde se rinde culto a Dios; la Iglesia es la gente, es el pueblo de Dios, la familia de Dios. Todos los que somos hijos de Dios, seamos evang?licos o cat?licos, somos hijos del mismo Padre, y por lo tanto, hermanos. Cristo quiere una sola Iglesia, y ?l quiere que su Iglesia manifieste en el mundo la unidad y la santidad que caracterizan a Dios. Jes?s or? al Padre: ?Que sean uno, as? como nosotros somos uno? (Juan 17.22).


Confesamos y Pedimos Perd?n

Reconocemos con dolor los desencuentros y las divisiones que se han producido en la Iglesia, especialmente en los ?ltimos siglos. No nos sentimos calificados para juzgar la historia y las razones por las que se produjeron esas divisiones, Dios es el ?nico Juez. Hoy, evang?licos y cat?licos, renovados por el Esp?ritu Santo, nos arrepentimos de nuestras divisiones y de nuestras mutuas ofensas y nos pedimos perd?n. Confesamos nuestras actitudes sectarias, ya sean propias o heredadas. Reconocemos que al ver errores, fallas, y a?n pecados en los que est?n del otro lado, en vez de amar e interceder a Dios los unos por los otros, nos hemos despreciado, juzgado, criticado, calumniado, ofendido, acusado, injuriado y hasta perseguido. Reconocemos que el mayor de nuestros pecados ha sido no habernos amado los unos a los otros como Cristo nos am?.

Por todo ello y por mucho m?s, pedimos perd?n a Dios y a nuestros hermanos, en el nombre de Jes?s. ?Se?or, ?cu?nto dolor causamos a tu coraz?n por nuestras divisiones! Perd?nanos, Se?or, porque por nuestras divisiones y pecados hemos sido un obst?culo para que millones de personas en el mundo conozcan a tu Hijo y sean salvos por ?l. Tambi?n pedimos perd?n a los habitantes de nuestra ciudad, de nuestro pa?s y del mundo. Perd?nanos Se?or, y l?vanos por la sangre de tu Hijo Jes?s. Am?n?.

Nuestra Esperanza

Junto con nuestra confesi?n y arrepentimiento, damos testimonio de que en nuestra generaci?n Dios, por su gran misericordia, est? produciendo una bisagra hist?rica para revertir la divisi?n entre los cristianos. Este encuentro es una de las tantas pruebas de ello. Hubiera sido impensable un encuentro de estas caracter?sticas en nuestro pa?s hace treinta a?os.


Este encuentro no es un hecho aislado. En muchos pa?ses se est?n produciendo experiencias similares y seguir?n sucediendo cada vez en mayor medida en todas las naciones del mundo. Est? escrito, es palabra de Dios, e inexorablemente se cumplir?: ?Suceder? en los ?ltimos d?as dice Dios: DERRAMAR? MI ESP?RITU SOBRE TODA CARNE...? (Hechos 2.17).

Por medio de esa efusi?n mundial del Esp?ritu Santo, la Iglesia - pueblo de Dios - alcanzar? su pleno vigor espiritual y su santidad, y recuperar? la unidad a la que fue llamada.

El Padre responder? plenamente la oraci?n de su Hijo: ?Que todos sean uno para que el mundo crea que t? me has enviado? (Juan 17.21). Seremos uno. Por la acci?n del Esp?ritu Santo progresaremos gradualmente desde la unidad del Esp?ritu, en la que estamos actualmente, hasta la unidad de la fe, y hasta llegar a ser un solo Cuerpo. ?Seremos uno, y el mundo creer?!

Buenos Aires, 2 de julio de 2005
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