Mi?rcoles, 05 de septiembre de 2007
Septiembre: ?Para que, unidos a Cristo con alegr?a, los misioneros y misioneras superen las dificultades de la vida diaria?. Comentario a la intenci?n misionera indicada por el Santo Padre. Por el P. Vito Del Prete, PIME, Secretario general de la Pontificia Uni?n Misionera (PUM)

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Los misioneros y las misioneras, que en nombre de Cristo dejan todo y se dirigen a otros pueblos, iglesias y culturas, experimentan en su propia vida la dificultad de ser anunciadores del Evangelio de liberaci?n a los pobres y a los ?ltimos de esta tierra. Ellos llevan impresas sobre sus rostros las heridas inevitables para quienes evangelizan en la primera l?nea de las fronteras geogr?ficas, antropol?gicas y religiosas de la humanidad. Son los signos de la radical vocaci?n misionera de la Iglesia, cuya actividad evangelizadora es a veces fuertemente contrastada, si no impedida, por los poderes p?blicos. ?Los anunciadores de la Palabra de Dios est?n privados de sus derechos, perseguidos, amenazados, eliminados por el s?lo hecho de predicar a Jesucristo y a su Evangelio? (EN, 50).
La misi?n evangelizadora de la Iglesia, en efecto, est? marcada tambi?n en estos decenios por una larga serie de m?rtires, hombres y mujeres, que en todas las partes de la tierra han ofrecido su sangre por la fidelidad a Cristo y por la defensa de la dignidad del hombre. Su martirio no obstaculiza la predicaci?n del Evangelio sino que por el contrario confiere a la Iglesia una nueva vitalidad y fidelidad a Dios y a la humanidad, consciente de que ?sine sanguinis effusione non fit remissivo?. El don de la vida hasta la efusi?n de la sangre es la prueba m?s fuerte de un amor sin l?mites por la humanidad. ?Nadie tiene un amor m?s grande que quien dona la vida por los que ama?. Justamente el sufrir algo por el nombre de Cristo hace contentos a los misioneros. Su testimonio es contagioso y suscita en otras fuerzas eclesiales la voluntad de ponerse al servicio del Evangelio.
Son de un tipo bien distinto las dificultades que ponen en crisis a los obreros del Evangelio. Ya la Evangelii Nuntiandi indicaba algunas de ?stas, que est?n presentes tambi?n hoy, como el cansancio, la desilusi?n, el acomodarse, el desinter?s, la falta de alegr?a y de esperanza (EN, 80). Enviados de una Iglesia a otra, por causa del Evangelio, los misioneros muchas veces se sienten en el limbo de las relaciones humanas y eclesiales: apartados de su comunidad de origen, y no plenamente aceptados por las comunidades eclesiales donde sirven. Son considerados siempre como extranjeros, como ruedas de repuesto, no obstante los esfuerzos de adaptaci?n e inculturaci?n que hacen. Elementos extra?os, son aceptados muchas veces solamente en base a los beneficios que se pueden recavar de su presencia. Se viene abajo toda la estructura espiritual y apost?lica de la comuni?n de las Iglesias para la misi?n, que los hab?a empujado a partir. La Redemptoris Missio se hace eco de este malestar real, cuando afirma que las Iglesias j?venes est?n tentadas de ?cerrar las puertas a los misioneros? para preservar la propia identidad, para poner en acto un correcto proceso de inculturaci?n y crecer en libertad ?sin influencias externas? (cfr. RM n. 85).
A esto se a?ade el hecho de que no es infrecuente que ellos adviertan la inutilidad de su presencia y de su actividad. Al derroche de energ?as y de recursos materiales por actividades de promoci?n social no siempre se corresponden resultados adecuados. Proyectos de desarrollo a veces fallan miserablemente por las resistencias, las hostilidades y el ego?smo de las personas a las cuales se dirigen. Se tiene la impresi?n de que no se logra cambiar en sentido humano y evang?lico la mentalidad de la gente.
Ni tampoco las cosas parecen ir mejor por lo que se refiere a la predicaci?n del Evangelio. Los misioneros son vistos como portadores de una fe y de una cultura extranjera, sobre los cuales pesan injustamente algunas condenas hist?ricas, y de las cuales ellos no tienen culpa alguna. Por esto muchas veces se ven tentados ?de limitar con pretextos diversos su campo de acci?n misionera? (EN, 50), especialmente en aquellos pa?ses en los cuales est? en acto un clima generalizado y violento de sospecha contra la religi?n cristiana, como en los pa?ses de mayor?a musulmana y tambi?n en vastas zonas del Sudeste asi?tico.
La tarea de anunciar a Jesucristo a todos los pueblos es inmenso y desproporcionado respecto a las fuerzas humanas. Las dificultades ser?an insuperables si se tratase de una obra solamente humana. Pero nosotros sabemos que los protagonistas de la misi?n no somos nosotros, sino Jesucristo y su Esp?ritu. Los misoneros somos colaboradores. Como a Santa Teresita del Ni?o Jes?s, as? tambi?n a nosotros nos corresponde el deber de rezar por todos los misioneros y misioneras diseminados por el mundo, para que el Esp?ritu haga crecer en ellos la fe, y para que experimenten cada d?a la presencia consoladora de Cristo, que los acompa?a en todo momento de sus vidas. (P. Vito Del Prete, PIME) (Agencia Fides 3/9/2007, l?neas 53, palabras 799)
Publicado por verdenaranja @ 23:51  | Misiones
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