Jueves, 06 de septiembre de 2007
?La vida! No hay ning?n bien que el hombre aprecie tanto. Por vivir estamos dispuestos a darlo todo. Nada hay que cuidemos con tanto esmero. Sin embargo, todos sentimos en nuestro coraz?n un mayor af?n.
No nos conformamos con vivir aqu? m?s o menos a?os. Nos aterra pensar que, despu?s de esta vida terrena, no nos esperase m?s que la nada o el olvido definitivo.

Nos sobrecoge el pensamiento de que no volvi?ramos a ver a aquellos a quienes amamos en este mundo. Nos quedar?amos profundamente frustrados si supi?ramos que no florecer?a, despu?s de nuestra muerte, el fruto de nuestras buenas obras. Ser?a triste y tr?gico pensar que, m?s all? de la muerte, no hay esperanza.

Que no hubiera para nosotros una vida que ya aqu? present?amos, una vida en la paz y el gozo de Dios, en el amor sin lucha. Una vida sin l?grimas, ni penas, una vida plena.

Y cuando anhelamos esa vida futura no nos equivocamos porque ha sido el mismo Dios, el que ha puesto en nuestro coraz?n ese af?n de supervivencia, dot?ndonos de una vida espiritual que busca incansable la nueva tierra y los nuevos cielos definitivos.

Jes?s Resucitado (y todo funeral es una celebraci?n de la vida de Jes?s),viene a confirmar nuestros deseos y a darles plenitud. Su Resurrecci?n es nuestra Resurrecci?n. ?l ha ido por delante para prepararnos un lugar. Incluso nos ha anunciado ya las palabras con las que seremos recibidos all?:

"Ven, siervo bueno y fiel. Entra en el gozo de tu Se?or". "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creaci?n del mundo".
El deseo de que nuestros o?dos escuchen un d?a estas dulces invitaciones, nos estimula a todos nosotros, a negociar aqu? con los talentos que el Se?or nos ha dado y a amar y hacer el bien a nuestros hermanos pobres en los que descubrimos al mismo Cristo.
S?, los hombres amamos mucho la vida en esta tierra y a?oramos la futura, Sin embargo y por esas contradicciones que incomprensiblemente se dan en nuestro mundo, muchas veces contemplamos c?mo se desprecia la vida humana: unas veces por el af?n de tener o la ambici?n de poder.
Otras, por el af?n de dominar o la insensibilidad ante el dolor ajeno, la pobreza o la debilidad de los pobres, enfermos, ancianos?

Jes?s, al resucitar est? apostando por la vida. Su Resurrecci?n es la condenaci?n de todo tipo de marginaci?n y debilidad humana. Jes?s condena toda actividad que siembre en el mundo el temor, la angustia y la muerte.
La Resurrecci?n de Jes?s es una llamada a los hombres para que se pongan al lado de la vida y en contra de la muere.
En cada funeral, ante cada hermano que muere, la Iglesia proclama con fuerza que Jes?s ha resucitado y que nuestros difuntos est?n con ?l, en lo definitivo, en lo absoluto. Que est?n en la Paz de Dios.

Y la Resurrecci?n de Jes?s significa tambi?n que nosotros aqu? debemos
ser amigos, defensores, promotores de la vida. De la de aqu?, en todas sus formas y de la del m?s all?.
Defensores y promotores de todo lo humano, de toda libertad, de toda justicia, de toda esperanza, de todo amor ... Hemos de ser aqu? Ap?stoles en medio de nuestra tierra.

A pesar de vuestro dolor ante la muerte de N. agradezcamos a Dios la vida que ?l nos ha dado, la vida que hemos comenzado aqu?, en la Iglesia, y que continuar? para siempre junto a ?l.

Un?monos, unos con otros, en estos momentos y creamos m?s a Jes?s Resucitado y acerqu?monos a ?l en la Eucarist?a en la que ha querido hacerse Pan vivo, semilla de inmortalidad en el coraz?n de los hombres y del mundo.
Publicado por verdenaranja @ 22:31  | Homil?as
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