Lunes, 10 de septiembre de 2007
Lecturas
Sb. 2,1- 4 3 - 9
Evangelio.- Jn. 6,37- 40


Hemos escuchado en la la Lectura un di?logo entre creyentes e increyentes. Los unos piensan que nuestro esp?ritu, como la bruma de la ma?ana, se desvanece con la ruina de nuestro cuerpo. Los otros creen en Dios y que El cuida de nosotros, incluso y sobre todo, en el momento de nuestra muerte. Ah? descubriremos su amor y su misericordia.
Yo tengo la impresi?n de que este di?logo tiene lugar ahora en el interior de cada uno de nosotros, porque todos nosotros, somos a la vez, creyentes e increyentes. ?C?mo mantener esta esperanza de una vida eterna? ?Es una verdad inventada por el miedo a la muerte, para consolarnos? Muchos hombres y muchas mujeres de numerosas religiones creen en la vida eterna. ?Se han equivocado todos?

Mi deseo de vivir, mi deseo de amar, incluso m?s all? de la muerte,?es una pura ilusi?n??Somos tan poca cosa como un rel?mpago en medio de la noche? ?Hay en nosotros algo inmortal? No os voy a dar pruebas a favor o en contra. Nadie puede probarnos cient?ficamente nada.

Nosotros somos hombres limitados y no conocemos m?s que una peque?a parte de las cosas. Conocemos s?lo un lado de la realidad.

Ante la muerte somos quiz? como el ni?o peque?o en el vientre de su madre al t?rmino de la gestaci?n. ?C?mo experimenta el beb? su salida del seno materno? ?Como salida a la vida o como salida a la muerte? Quienes est?n all? para acogerlo saben que es un nacimiento al d?a, a la luz, a la vida. Pero y ?l ?qu? sabe?, ?qu? siente?

As? somos nosotros, me parece, al final de nuestra vida terrestre. Salimos de aqu? abajo y ?llegamos a alguna parte? A esta pregunta no puede haber m?s que una respuesta de fe, como a todas las grandes preguntas que nos presenta la vida.

Yo no he tenido ocasi?n de conocer a N. pero supongo que, muchas veces en su vida, se habr? esforzado por creer. Habr? apostado por la confianza para vivir en el amor, en la amistad; para comprender lo que ha ido realizando. Vivimos de con-fianza. Sin ella no hay vida posible.
Para saber si alguien nos ama, si la vida vale la pena de ser vivida, si la amistad, la generosidad, la belleza merecen la pena, y es preciso creer en ello! Esa es la primera condici?n. Si uno no cree en nada, si no se lanza nunca, si no tiene confianza en nadie, eso no es vida.
Hoy, ante el misterio de la muerte alguien os pide un acto de fe. Alguien que merece toda nuestra confianza.
Jes?s nos ha hablado hace unos instantes."Dios Padre me ha encargado que os reciba. No, yo no os echar? fuera. Os abrir? la puerta y os introducir? en la Vida Eterna". El secreto de Jesucristo es sencillo: la muerte es una puerta y El est? ah? en nuestra muerte, para abrirnos.
El secreto de la Vida Eterna y de la fe cristiana es parecido: la muerte no es un callej?n sin salida, sino un pasaje en el que al final est? Dios.

Estamos acostumbrados a ver la cruz sobre el f?retro de nuestros difuntos. Quiere decir que Jesucristo, ?l en persona, nos acompa?a en el oscuro pasaje de la muerte. No me pregunten c?mo. Se trata de confiar en la Palabra de Jes?s para pensar al mismo tiempo:

"S?, algo ha terminado hoy para N., pero algo tambi?n comienza. Dios me lo promete. Yo conf?o en El. Y creo".
Publicado por verdenaranja @ 9:34  | Homil?as
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