Lunes, 10 de septiembre de 2007
ZENIT publica la homil?a que pronunci? Benedicto XVI en la ma?ana del s?bado, 8 de Septiembre de 2007, al visitar el santuario mariano de Mariazell, el m?s importante de Austria, al celebrarse los 850 a?os de su fundaci?n.


Queridos hermanos y hermanas:

Con nuestra gran peregrinaci?n a Mariazell celebramos la fiesta patronal de este Santuario, la fiesta de la Natividad de Mar?a. Hasta aqu?, desde hace 850 a?os, acuden personas de diferentes pueblos y naciones, que rezan llevando consigo los deseos de sus corazones y de sus pa?ses, las preocupaciones y las esperanzas m?s ?ntimas. De este modo, Mariazell se ha convertido para Austria, y mucho m?s all? de sus fronteras, en un lugar de paz y de unidad reconciliada. Aqu? experimentamos la bondad consoladora de la Madre; aqu? encontramos a Jesucristo, en el cual Dios est? con nosotros como afirma el pasaje evang?lico de hoy - Jes?s, de quien la lectura del profeta Miqueas dice ?y ?l ser? la Paz? (Cf. 5,4). Hoy nos unimos a esta gran peregrinaci?n de muchos siglos. Nos detenemos ante la Madre del Se?or y le imploramos ?Mu?stranos a Jes?s. Mu?stranos a nosotros, peregrinos, a quien es al mismo tiempo el camino y la meta: la verdad y la vida.

El pasaje evang?lico, que acabamos de escuchar, ampl?a nuestros horizontes. Presenta la historia de Israel a partir de Abraham como una peregrinaci?n que, con subidas y bajadas, por caminos breves y por caminos largos, al final conduce a Cristo. La genealog?a con sus figuras luminosas y oscuras, con sus ?xitos y sus fracasos, nos demuestra que Dios tambi?n escribe derecho en los renglones torcidos de nuestra historia humana. Dios nos deja nuestra libertad y, sin embargo, sabe encontrar en nuestro fracaso nuevos caminos para su amor. Dios no fracasa. As? esta genealog?a es una garant?a de la fidelidad de Dios; una garant?a de que Dios no nos deja caer, es una invitaci?n a orientar nuestra vida nuevamente hacia ?l, a caminar siempre de de nuevo hacia Cristo.

Peregrinar significa estar orientados hacia una cierta direcci?n, caminar hacia una meta. Esto atribuye tambi?n al camino y a su cansancio una belleza propia. Entre los peregrinos de la genealog?a de Jes?s algunos se hab?an olvidado de la meta y quer?an ponerse a s? mismos como meta. Pero el Se?or hab?a suscitado de nuevo a personas que se hab?an dejado impulsar por la nostalgia de la meta, orientando su vida. El impulso hacia la fe cristiana y el inicio de la Iglesia de Jesucristo ha sido posible, porque exist?an en Israel personas con un coraz?n en b?squeda --personas que no se acomodaron a la rutina, sino que escrutaron a lo lejos en b?squeda de algo m?s grande: Zacar?as, Isabel, Sime?n, Ana, Mar?a y Jos?, los Doce y muchos otros. Dado que sus corazones estaban en actitud de espera, pod?an reconocer en Jesucristo a quien Dios hab?a mandado y ser as? el inicio de su familia universal. La Iglesia de las gentes pudo realizarse porque tanto en el ?rea del Mediterr?neo como en Asia, a donde llegaban los mensajeros de Jesucristo, hab?a personas a la espera que no se conformaban con lo que hac?an y pensaban todos, sino que buscaban la estrella que pod?a indicarles el camino hacia la Verdad misma, hacia el Dios vivo.

Necesitamos este coraz?n inquieto y abierto. Es el centro de una peregrinaci?n. Tambi?n hoy no basta ser y pensar como todos los dem?s. El proyecto de nuestra vida va m?s all?. Nosotros tenemos necesidad de Dios, de ese Dios que nos ha mostrado su rostro y abierto su coraz?n, Jesucristo. Juan, con raz?n, afirma que ??l es el Hijo ?nico, que est? en el seno del Padre? (Juan 1,18); as? s?lo ?l, desde lo ?ntimo de Dios mismo, pod?a revelarnos a Dios, y revelarnos qui?nes somos nosotros, de d?nde venimos y hacia d?nde vamos. Ciertamente existen numerosas grandes personalidades en la historia que han hecho bellas y conmovedoras experiencias de Dios. Se quedan, sin embargo, en experiencias humanas con su l?mite humano. S?lo ?l es Dios y por ello s?lo ?l es el puente, que pone en contacto inmediato a Dios con el hombre. Ahora bien, si nosotros le consideramos como el ?nico Mediador de la salvaci?n v?lido para todos, que afecta a todos y del cual, en definitiva, todos tienen necesidad, esto no significa de ninguna manera que despreciemos a las otras religiones ni que seamos soberbios de pensamiento, sino ?nicamente que hemos sido conquistados por quien interiormente nos ha tocado y nos ha colmado de dones para que a la vez podamos entregarlos a los dem?s. De hecho, nuestra fe se opone decididamente a la resignaci?n que considera al hombre incapaz de la verdad, como si ?sta fuera demasiado grande para ?l.

Seg?n mi convicci?n, esta resignaci?n ante la verdad es el origen de la crisis de occidente, de Europa. Si para el hombre no existe una verdad, en el fondo, no puede ni siquiera distinguir entre el bien y el mal. Entonces los grandes y maravillosos conocimientos de la ciencia se hacen ambiguos: pueden abrir perspectivas importantes para el bien, para la salvaci?n del hombre, pero tambi?n --y lo vemos-- pueden convertirse en una terrible amenaza, en la destrucci?n del hombre y del mundo.

Necesitamos la verdad. Pero claro, a causa de nuestra historia, tenemos miedo de que la fe en la verdad comporte intolerancia. Si este miedo, que tiene sus buenas razones hist?ricas, nos asalta, es tiempo de contemplar a Jes?s como lo vemos aqu?, en el santuario de Mariazell. Lo vemos en dos im?genes: como ni?o en brazos de su Madre y sobre el altar principal de la bas?lica, crucificado. Estas dos im?genes nos dicen: la verdad no se afirma mediante un poder externo sino que es humilde y s?lo es aceptada por el hombre a trav?s de su fuerza interior: el hecho de ser verdadera. La verdad se demuestra a s? misma en el amor. Nunca es propiedad nuestra, no es un producto nuestro, como tampoco es posible producir el amor, sino que s?lo se puede recibir y transmitir como don. Necesitamos esta fuerza interior de la verdad. Como cristianos, nos fiamos de esta fuerza de la verdad. Somos testigos de ella. Tenemos que entregarla como la hemos recibido, tal y como se nos ha entregado.

?Mirar a Cristo? es el lema de este d?a. Esta invitaci?n, para el hombre que busca, se transforma siempre en una espont?nea petici?n, una petici?n dirigida en particular a Mar?a, que nos ha dado a Cristo como Hijo suyo: ??Mu?stranos a Jes?s!?. Rezamos hoy as? con todo el coraz?n; rezamos as? tambi?n no s?lo en este momento, interiormente, en la b?squeda del Rostro de Redentor. ??Mu?stranos a Jes?s!?. Mar?a responde, present?ndonoslo ante todo como ni?o. Dios se ha hecho peque?o por nosotros. Dios no viene con una fuerza exterior, sino que viene con la impotencia de su amor, que es lo que constituye su fuerza. Se pone en nuestras manos. Pide nuestro amor. Nos invita a hacernos peque?os, a descender de nuestros altos tronos y aprender a ser ni?os ante Dios. Nos ofrece el T?. Nos pide que nos fiemos de ?l y que aprendamos de ese modo a vivir en la verdad y en el amor. El ni?o Jes?s nos recuerda naturalmente tambi?n a todos los ni?os del mundo, a trav?s de los cuales quiere salir al paso: los ni?os que viven en la pobreza; que son explotados como soldados; que no han podido experimentar nunca el amor de sus padres; los ni?os enfermos y los que sufren, pero tambi?n en aquellos alegres y sanos. Europa se ha empobrecido de ni?os: queremos todo para nosotros mismos, y tal vez no nos fiamos demasiado del futuro. Pero la tierra carecer? de futuro si se apagan las fuerzas del coraz?n humano y de la raz?n iluminada por el coraz?n, cuando el rostro de Dios deje de lucir sobre la tierra. All? donde est? Dios, all? hay futuro.

?Mirar a Cristo?: volvamos a dirigir brevemente la mirada al Crucificado sobre el altar mayor. Dios no ha redimido al mundo con la espada, sino con la Cruz. Muriendo, Jes?s extiende los brazos. Este es ante todo el gesto de la Pasi?n, en la que se deja clavar por nosotros, para darnos su vida. Pero los brazos extendidos son al mismo tiempo la actitud del orante, una posici?n que el sacerdote asume cuando, en la oraci?n, extiende los brazos: Jes?s ha transformado la pasi?n --su sufrimiento y su muerte-- en oraci?n, en un acto de amor a Dios y a los hombres. Por este motivo, los brazos extendidos son tambi?n un gesto de abrazo, con el que quiere atraernos hacia s?, abrazarnos en su amor. De este modo, es imagen del Dios vivo, es Dios mismo, y a ?l podemos encomendarnos.

?Mirar a Cristo?. Si lo hacemos, nos damos cuenta de que el cristianismo es m?s y algo distinto que un sistema moral, una serie de preceptos y leyes. Es el don de una amistad que perdura en la vida y en la muerte: ?No os llamo siervos sino amigos? (Juan 15,15) dice el Se?or a los suyos. Nos encomendamos a esta amistad. Pero, precisamente por el hecho de que el cristianismo es m?s que una moral, al ser el don de la amistad, implica una gran fuerza moral que tanto necesitamos, ante los desaf?os de nuestro tiempo. Si con Jesucristo y con su Iglesia volvemos a leer de manera siempre nueva el Dec?logo del Sina?, penetrando en sus profundidades, entonces ?ste se nos revela como una gran ense?anza. Es ante todo un ?s?? a Dios, a un Dios que nos ama y nos gu?a, que nos apoya y que adem?s nos deja nuestra libertad, es m?s, la transforma en verdadera libertad (los primeros tres mandamientos). Es un ?s?? a la familia (cuarto mandamiento), un ?s?? a la vida (quinto mandamiento), un ?s?? a un amor responsable (sexto mandamiento), un ?s?? a la solidaridad, a la responsabilidad social y a la justicia (s?ptimo mandamiento) un ?s?? a la verdad (octavo mandamiento), y un ?s?? al respeto del pr?jimo y a aquello que le pertenece (noveno y d?cimo mandamiento). En virtud de la fuerza de nuestra amistad con el Dios viviente, nosotros vivimos este m?ltiple ?s??, y al mismo tiempo lo llevamos como indicador del recorrido por nuestro mundo en esta hora.

??Mu?stranos a Jes?s!?. Con esta petici?n a la Madre del Se?or nos hemos puesto en camino hacia este lugar. Esta misma petici?n nos acompa?ar? en nuestra vida cotidiana. Y sabemos que Mar?a escucha nuestra oraci?n: s?, en cualquier momento, cuando miramos a Mar?a, nos muestra a Jes?s. De este modo podemos encontrar el camino justo, seguirlo paso a paso, con la gozosa confianza de que ese camino lleva a la luz , a la alegr?a gozo del Amor eterno. Am?n.

[Traducci?n del original alem?n realizada por Zenit.
? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 23:58  | Habla el Papa
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