S?bado, 15 de septiembre de 2007
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. -predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo XXIV del tiempo ordinario, 16 de Septiembre del Tiempo Ordinario - C.

XXIV Domingo del tiempo ordinario [C]
Exodo 32, 7-11.13-14; I Timoteo 1, 12-17; Lucas 15, 1-32


El padre corri? a su encuentro



En la liturgia de este domingo se lee ?ntegramente el cap?tulo decimoquinto del Evangelio de Lucas, que contiene las tres par?bolas llamadas ?de la misericordia?: la oveja perdida, la dracma perdida y el hijo pr?digo. ?Un padre ten?a dos hijos...?. Basta con o?r estas palabras para que quien tenga una m?nima familiaridad con el Evangelio exclame enseguida: ?la par?bola del hijo pr?digo! En otras ocasiones he subrayado el significado espiritual de par?bola: esta vez desear?a subrayar en ella un aspecto poco desarrollado, pero extremadamente actual y cercano a la vida. En su fondo la par?bola no es sino la historia de una reconciliaci?n entre padre e hijo, y todos sabemos qu? vital es una reconciliaci?n as? para la felicidad tanto de padres como de hijos.

Qui?n sabe por qu? la literatura, el arte, el espect?culo, la publicidad, se aprovechan de una sola relaci?n humana: la de trasfondo er?tico entre el hombre y la mujer, entre esposo y esposa. Publicidad y espect?culo no hacen m?s que cocinar este plato de mil maneras. Dejamos en cambio sin explorar otra relaci?n humana igualmente universal y vital, otra de las grandes fuentes de alegr?a de la vida: la relaci?n padre-hijo, el gozo de la paternidad. En literatura la ?nica obra que trata de verdad este tema es la ?Carta al padre?, de F. Kafka (la famosa novela ?Padres e hijos? de Turgenev no trata en realidad de la relaci?n entre padres e hijos, sino entre generaciones distintas).

Si en cambio se ahonda con serenidad y objetividad en el coraz?n del hombre se descubre que, en la mayor?a de los casos, una relaci?n conseguida, intensa y serena con los hijos es, para un hombre adulto y maduro, no menos importante y satisfactoria que la relaci?n hombre-mujer. Sabemos cu?n importante es esta relaci?n tambi?n para el hijo o la hija y el tremendo vac?o que deja su ruptura.

Igual que el c?ncer ataca, habitualmente, los ?rganos m?s delicados del hombre y de la mujer, la potencia destructora del pecado y del mal ataca los n?cleos vitales de la existencia humana. No hay nada que se someta al abuso, a la explotaci?n y a la violencia como la relaci?n hombre-mujer, y no hay nada que est? tan expuesto a la deformaci?n como la relaci?n padre-hijo: autoritarismo, paternalismo, rebeli?n, rechazo, incomunicaci?n.

No hay que generalizar. Existen casos de relaciones bell?simas entre padre e hijo y yo mismo he conocido varias de ellas. Pero sabemos que hay tambi?n, y m?s numerosos, casos negativos de relaciones dif?ciles entre padres e hijos. En el profeta Isa?as se lee esta exclamaci?n de Dios: ?Hijos cri? y saqu? adelante, y ellos se rebelaron contra m?? (Is 1, 2). Creo que muchos padres hoy en d?a saben, por experiencia, qu? quieren decir estas palabras.

El sufrimiento es rec?proco; no es como en la par?bola, donde la culpa es ?nica y exclusivamente del hijo... Hay padres cuyo sufrimiento m?s profundo en la vida es ser rechazados o hasta despreciados por los hijos. Y hay hijos cuyo sufrimiento m?s profundo e inconfesado es sentirse incomprendidos, no estimados o incluso rechazados por el padre.

He insistido en el aspecto humano y existencial de la par?bola del hijo pr?digo. Pero no se trata s?lo de esto, o sea, de mejorar la calidad de vida en este mundo. Entra en el esfuerzo de una nueva evangelizaci?n la iniciativa de una gran reconciliaci?n entre padres e hijos y la necesidad de una sanaci?n profunda de su relaci?n. Se sabe lo mucho que la relaci?n con el padre terreno puede influir, positiva o negativamente, en la propia relaci?n con el Padre celestial y por lo tanto la misma vida cristiana. Cuando naci? el precursor Juan Bautista el ?ngel dijo que una de sus tareas ser?a la de ?hacer volver los corazones de los padres a los hijos y los corazones de los hijos hacia los padres? [Cf. Lc 1,17. Ndr], una misi?n m?s actual que nunca.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit]
Publicado por verdenaranja @ 23:53  | Espiritualidad
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