S?bado, 15 de septiembre de 2007
Nota de comentario de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe a las respuestas a preguntas de la Conferencia Episcopal Estadounidense sobre la alimentaci?n e hidrataci?n artificiales.


La Congregaci?n para la Doctrina de la Fe ha respondido a algunas preguntas presentadas el 11 de julio de 2005, por S. E. R. Mons. William S. Skylstad, Presidente de la Conferencia Episcopal Estadounidense, sobre la alimentaci?n e hidrataci?n de los pacientes que se encuentran en la condici?n com?nmente denominada "estado vegetativo". El objeto de las preguntas es si la alimentaci?n e hidrataci?n de estos pacientes, sobre todo cuando son suministradas por v?a artificial, no constituye una carga excesivamente pesada para ellos, sus familiares y para el sistema sanitario, hasta el punto de poder ser consideradas, tambi?n a la luz de la doctrina moral de la Iglesia, un medio extraordinario o desproporcionado, y, por lo tanto, moralmente no obligatorio.

A favor de la posibilidad de renunciar a la alimentaci?n e hidrataci?n de estos pacientes se invoca frecuentemente el Discurso del Papa P?o XII a los participantes en un Congreso de Anestesiolog?a el 24 de noviembre de 1957. All? el Pont?fice confirmaba dos principios ?ticos generales. Por una parte, la raz?n natural y la moral cristiana ense?an que, en caso de enfermedad grave, el paciente y los que lo atienden tienen el derecho y el deber de aplicar los cuidados m?dicos necesarios para conservar la salud y la vida. Por otra parte, ese deber comprende generalmente el uso de medios que, consideradas todas las circunstancias, son ordinarios, o sea, que no constituyen una carga extraordinaria para el paciente o para los dem?s. Una obligaci?n m?s r?gida ser?a demasiado gravosa para la mayor?a de las personas y har?a demasiado dif?cil la consecuci?n de bienes m?s importantes. La vida, la salud y todas las actividades temporales est?n subordinadas los fines espirituales. Naturalmente esto no impide que se haga m?s de lo que sea estrictamente obligatorio para conservar la vida y la salud, con tal de no faltar a deberes m?s graves.

Hay que notar, ante todo, que las respuestas dadas por P?o XII se refer?an al uso e interrupci?n de las t?cnicas de reanimaci?n. Pero el caso en cuesti?n nada tiene que ver con esas t?cnicas. Los pacientes en "estado vegetativo" respiran espont?neamente, digieren naturalmente los alimentos, realizan otras funciones metab?licas y se encuentran en una situaci?n estable. No pueden, sin embargo, alimentarse por s? mismos. Si no se les suministra artificialmente alimento y l?quido mueren, y la causa de la muerte no es una enfermedad o el "estado vegetativo", sino ?nicamente inanici?n y deshidrataci?n. Por otra parte, la suministraci?n artificial de agua y alimento generalmente no impone una carga pesada ni al paciente ni a sus familiares. No conlleva gastos excesivos, est? al alcance de cualquier sistema sanitario medio, no requiere de por s? hospitalizaci?n y es proporcionada a su finalidad: impedir que el paciente muera por inanici?n y deshidrataci?n. No es ni tiene la intenci?n de ser una terapia resolutiva, sino un cuidado ordinario para conservar la vida.

Lo que, por el contrario, puede constituir una carga notable es el hecho de tener un pariente en "estado vegetativo", si ese estado se prolonga en el tiempo. Es una carga semejante a la de atender a un tetrapl?jico, a un enfermo mental grave, a un paciente con Alzheimer avanzado, etc. Son personas que necesitan asistencia continua por espacio de meses e incluso a?os. Pero el principio formulado por P?o XII no puede ser interpretado, por razones obvias, como si fuera l?cito abandonar a su propia suerte a los pacientes cuya atenci?n ordinaria imponga una carga considerable para la familia, dej?ndolos morir. Este no es el sentido en el que P?o XII hablaba de medios extraordinarios.

Todo hace pensar que a los pacientes en "estado vegetativo" se les debe aplicar la primera parte del principio formulado por P?o XII: en caso de enfermedad grave, hay derecho y deber de aplicar los cuidados m?dicos necesarios para conservar la salud y la vida. El desarrollo del Magisterio de la Iglesia, que ha seguido de cerca los progresos de la medicina y los interrogantes que estos suscitan, lo confirma plenamente.

La Declaraci?n sobre la eutanasia, publicada por la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe el 5 de mayo de 1980, explica la distinci?n entre medios proporcionados y desproporcionados, y entre tratamientos terap?uticos y cuidados normales que se deben prestar al enfermo: ?Ante la inminencia de una muerte inevitable, a pesar de los medios empleados, es l?cito en conciencia tomar la decisi?n de renunciar a unos tratamientos que procurar?an ?nicamente una prolongaci?n precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo los cuidados normales debidos al enfermo en casos similares? (parte IV). Menos a?n se pueden interrumpir los cuidados ordinarios para los pacientes que no se encuentran ante la muerte inminente, como lo es generalmente el caso de los que entran en "estado vegetativo", para quienes la causa de la muerte ser?a precisamente la interrupci?n de los cuidados ordinarios.

El 27 de junio de 1981 el Pontificio Consejo Cor Unum public? un documento titulado Algunas cuestiones de ?tica relativas a los enfermos graves y a los moribundos, en que se afirma, entre otras cosas: ?Pero permanece la obligaci?n estricta de procurar a toda costa la aplicaci?n de los medios llamados "m?nimos", los que est?n destinados normalmente y en las condiciones habituales a mantener la vida (alimentaci?n, transfusi?n de sangre, inyecciones, etc.). Interrumpir su administraci?n constituir? pr?cticamente querer poner fin a la vida del paciente? (n. 2.4.4).

En un discurso dirigido a los participantes de un Curso internacional de actualizaci?n sobre las preleucemias humanas, del 15 de noviembre de 1985, el Papa Juan Pablo II, haciendo referencia a la Declaraci?n sobre la eutanasia, afirm? claramente que, en virtud del principio de la proporcionalidad de los cuidados m?dicos, no nos podemos eximir ?del esfuerzo m?dico necesario para sostener la vida ni de la atenci?n con medios normales de mantenimiento vital?, entre los cuales est? ciertamente la suministraci?n de alimento y l?quidos, y advierte que no son l?citas las omisiones que tienen la finalidad ?de acortar la vida para mitigar el sufrimiento al paciente o a los familiares?.

En 1995 el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Asistentes Sanitarios public? la Carta de los agentes sanitarios. En el n. 120 se afirma expl?citamente: ?La alimentaci?n y la hidrataci?n, aun artificialmente administradas, son parte de los cuidados normales que siempre se le han de proporcionar al enfermo cuando no resultan gravosos para ?l: su indebida suspensi?n significa una verdadera y propia eutanasia?.

El Discurso de Juan Pablo II a un grupo de Obispos de los Estados Unidos de Am?rica en visita ad limina, del 2 de octubre de 1998, es expl?cito al respecto: la alimentaci?n y la hidrataci?n son consideradas como cuidados m?dicos normales y medios ordinarios para la conservaci?n de la vida. Es inaceptable interrumpirlos o no administrarlos si la muerte del paciente es la consecuencia de esa decisi?n. Estar?amos ante una eutanasia por omisi?n (cf. n.4).

En el Discurso del 20 de marzo de 2004, dirigido a los participantes en un congreso internacional sobre "tratamientos de mantenimiento vital y estado vegetativo. Progresos cient?ficos y dilemas ?ticos", Juan Pablo II confirm? en t?rminos muy claros lo que ya se hab?a dicho en los documentos antes citados, y ofreci? tambi?n la interpretaci?n de los mismos apropiada a las circunstancias. El pont?fice subray? los siguientes puntos:

1) ?Para indicar la condici?n de aquellos cuyo "estado vegetativo" se prolonga m?s de un a?o, se ha acu?ado la expresi?n estado vegetativo permanente. En realidad, a esta definici?n no corresponde un diagn?stico diverso, sino s?lo un juicio de previsi?n convencional, que se refiere al hecho de que, desde el punto de vista estad?stico, cuanto m?s se prolonga en el tiempo la condici?n de estado vegetativo, tanto m?s improbable es la recuperaci?n del paciente? (n. 2).1

2) Frente a quienes ponen en duda la misma "cualidad humana" de los pacientes en "estado vegetativo permanente", es necesario reafirmar ?que el valor intr?nseco y la dignidad personal de todo ser humano no cambian, cualesquiera que sean las circunstancias concretas de su vida. Un hombre, aunque est? gravemente enfermo o impedido en el ejercicio de sus funciones superiores, es y ser? siempre un hombre; jam?s se convertir? en un "vegetal" o en un "animal"? (n. 3).

3) ?El enfermo en estado vegetativo, en espera de su recuperaci?n o de su fin natural, tiene derecho a una asistencia sanitaria b?sica (alimentaci?n, hidrataci?n, higiene, calefacci?n, etc.), y a la prevenci?n de las complicaciones que se derivan del hecho de estar en cama. Tiene derecho tambi?n a una intervenci?n espec?fica de rehabilitaci?n y a la monitorizaci?n de los signos cl?nicos de su eventual recuperaci?n. En particular, quisiera poner de relieve que la administraci?n de agua y alimento, aunque se lleve a cabo por v?as artificiales, constituye siempre un medio natural de conservaci?n de la vida, no un acto m?dico. Por tanto, su uso se debe considerar, en principio, ordinario y proporcionado, y como tal moralmente obligatorio, en la medida y mientras se demuestre alcanzar su finalidad propia, que en este caso consiste en proporcionar alimento al paciente y alivio a sus sufrimientos? (n. 4).

4) Los documentos precedentes son asumidos e interpretados en ese sentido: ?la obligaci?n de proporcionar "los cuidados normales debidos al enfermo en esos casos" (Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Declaraci?n sobre la eutanasia, parte IV), incluye tambi?n el empleo de la alimentaci?n y la hidrataci?n (cf. Pontificio Consejo Cor unum, Algunas cuestiones de ?tica relativas a los enfermos graves y a los moribundos, n. 2.4.4; Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, Carta de los agentes sanitarios, n. 120). La valoraci?n de las probabilidades, fundada en las escasas esperanzas de recuperaci?n cuando el estado vegetativo se prolonga m?s de un a?o, no puede justificar ?ticamente el abandono o la interrupci?n de los cuidados m?nimos al paciente, incluidas la alimentaci?n y la hidrataci?n. En efecto, el ?nico resultado posible de su suspensi?n es la muerte por hambre y sed. En este sentido, si se efect?a consciente y deliberadamente, termina siendo una verdadera eutanasia por omisi?n? (n. 4).

Por lo tanto, las Respuestas que la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe da ahora, est?n en l?nea con los documentos de la Santa Sede apenas citados y, en particular, con el Discurso de Juan Pablo II del 20 de marzo de 2004. Los contenidos fundamentales son dos. Se afirma, en primer lugar, que la suministraci?n de agua y alimento, incluso por v?a artificial, es, en principio, un medio ordinario y proporcionado para la conservaci?n de la vida para los pacientes en "estado vegetativo". ?Por lo tanto es obligatorio en la medida y mientras se demuestre que cumple su propia finalidad, que consiste en procurar la hidrataci?n y la nutrici?n del paciente?. En segundo, lugar se precisa que ese medio ordinario de mantenimiento vital se debe asegurar incluso a los que caen en "estado vegetativo permanente", porque se trata de personas, con su dignidad humana fundamental.

Al afirmar que suministrar alimento y agua es, en principio, moralmente obligatoria, la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe no excluye que, en alguna regi?n muy aislada o extremamente pobre, la alimentaci?n e hidrataci?n artificiales puede que no sean f?sicamente posibles, entonces ad impossibilia nemo tenetur, aunque permanece la obligaci?n de ofrecer los cuidados m?nimos disponibles y de buscar, si es posible, los medios necesarios para un adecuado mantenimiento vital. Tampoco se excluye que, debido a complicaciones sobrevenidas, el paciente no pueda asimilar alimentos y l?quidos, resultando totalmente in?til suministr?rselos. Finalmente, no se descarta la posibilidad de que, en alg?n caso raro, la alimentaci?n e hidrataci?n artificiales puedan implicar para el paciente una carga excesiva o una notable molestia f?sica vinculada, por ejemplo, a complicaciones en el uso del instrumental empleado.

Estos casos excepcionales nada quitan, sin embargo, al criterio ?tico general, seg?n el cual la suministraci?n de agua y alimento, incluso cuando hay que hacerlo por v?as artificiales, representa siempre un medio natural de conservaci?n de la vida y no un tratamiento terap?utico. Por lo tanto, hay que considerarlo ordinario y proporcionado, incluso cuando el "estado vegetativo" se prolongue.

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1 La terminolog?a que se refiere a las diferentes fases y formas del "estado vegetativo" es objeto de controversia, pero para el juicio moral eso es irrelevante.

[Traducci?n del original italiano distribuida por la Santa Sede]
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