Domingo, 16 de septiembre de 2007
Comentario a las lecturas del Domingo XXIV del Tiempo Ordinario - C, publicado en el Diario de Avisos, bajo el ep?grafe general "el domingo, fiesta de los cristianos"

Jugando a profesor


DANIEL PADILLA



Siempre que leo las tres par?bolas de esta fecha, me vienen deseos de adoptar una actitud decididamente calificadora, como de profesor de colegio, y siento impulsos de poner "notas" a los personajes que en ella intervienen. Sobre todo, al leer la ?ltima, la del Hijo Pr?digo. Es m?s: la simple exposici?n de los hechos que hizo Jes?s lo est? pidiendo.

Pues, bien, jugando a las calificaciones, mis "notas" ser?an ?stas. Al hijo pr?digo -el que se fue de casa- le pondr?a un "5", un "suficiente". Al hijo mayor, un "0", un "muy deficiente". Y al padre, por supuesto, un "10". Un "10" porque no hay un "11". Una puntuaci?n tan alta y sobresalida, que desbordara todos los inventos de los profesores para dar una "matr?cula de honor". Y si hubiera que dar explicaciones evaluando, lo razonar?a, m?s o menos, as?. Al pr?digo, un "5", porque representa al tipo normal y mediocre que somos la mayor?a de los hombres. Y no se me escandalice nadie, por favor. ?Qui?n no se ha escapado alguna vez de casa? ?Qui?n no ha desertado de la fidelidad jurada o del cumplimiento del deber? ?Qui?n no ha dilapidado alegremente los dones que le ha dado el Padre?

Somos as?. Nos gusta la aventura. Queremos probarlo todo. Especialmente lo m?s novedoso, lo m?s llamativo, aunque para ello haya que despilfarrar la herencia. El lado ligeramente encomiable del pr?digo est?, naturalmente, en su vuelta a casa. Pero ya digo que "ligeramente encomiable". Porque es claro que, si volvi?, no era por un amor desinteresado o por la pena que le produjo la herida causada al padre. Era, simplemente, por hambre, por fr?o, por necesidad de un cobijo medianamente c?lido. Parece ser que toda su "sed de novedades" se torn?, poco a poco, en "sed de seguridad".

Un "5", por lo tanto.

El hijo mayor, -?qu? quieren!- a?n reconociendo que puede ser mi propio retrato mil veces, no me gusta. Su estilo es deplorable. Aquella resistencia a participar en la alegr?a paterna, aquel modo tan grosero y ruin de pasar la factura a su padre: -"yo siempre he estado contigo y nunca me has dado un cabrito..."- , aquel oponerse a dar la bienvenida a su hermano, es...muy triste.

Y sin embargo, parece que as? suele ser: las personas somos mucho m?s capaces de "llorar con el que llora" que de alegrarnos con la suerte de los dem?s. Asistimos a funerales y mostramos condolencia ante el dolor que llega a los amigos. Pero algo se nos rebela dentro cuando al vecino le toca la loter?a y no a nosotros. De ah? ha salido, creo, ese refr?n que dice: "Todos los feos tienen suerte". S?, al hijo mayor, con permiso de ustedes, le pongo un "0". Y no lo echo de clase, porque ya "no se lleva".

En cuanto al padre... Bueno, est? claro que ese padre pertenece a otra esfera. M?s a?n, creo que lo ?nico que Jes?s quer?a es que nos fij?ramos bien en ?l. En esa alegr?a infantil y desbordada que muestra ante la vuelta del pr?digo. En ese amor, falto de orgullo y dispuesto a la humillaci?n, que le hace salir de casa, tanto para abrazar a quien llega tan maltrecho, como para rogar al "nuevo rebelde", por favor y casi de rodillas, que entre en casa y abrace a su hermano. Lo que Jes?s quer?a es que lleguemos a calibrar esa incapacidad del padre para el rencor, y lo triste que resulta abandonarlo, como el pr?digo, o enfrentarse a ?l, como el mayor. S?, yo a este padre le pongo un "10", porque no hay un "11". Un sobresaliente que rebase todas las matr?culas de honor. A veces leemos o vemos que la esposa de tal v?ctima del terrorismo ha perdonado a los asesinos. Y, se nos hace un nudo en la garganta y el alma se nos llena de ternura. ?Saben por qu?? Porque, desde ese momento, esa madre, salvadas todas las distancias, empieza a parecerse mucho al padre de la par?bola. Es decir, al Dios-Padre que nos revel? Jes?s.
Para terminar estas l?neas, no encuentro otra cosa mejor que ponerme a rezar la vieja oraci?n, subrayando bien las siguientes frases:

- Padre nuestro del cielo, perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
- Que se haga verdad en m?, Se?or, esta segunda parte.
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