Martes, 18 de septiembre de 2007
ZENIT publica la intervenci?n del arzobispo Claudio Mar?a Celli, nuevo presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, al inaugurar el lunes, 17 de Septiembre de 2007, la d?cima reuni?n continental de la Red Inform?tica de la Iglesia en Am?rica Latina (RIIAL).


Es una gran alegr?a encontrarme de nuevo en estas tierras hondure?as a las que me unen profundos lazos de historia compartida, de amistad y de hermandad en la fe. Aqu? me siento realmente en mi casa, y lo mismo podr?n decir todos los participantes en el encuentro ahora que pueden gustar la hospitalidad de este pueblo tan generoso y lleno de calor humano. Gracias, Se?or Cardenal, por su apertura en acoger esta Reuni?n, y por su constante apoyo a todo lo que signifique buena comunicaci?n en la Iglesia. El Pontificio Consejo se beneficia constantemente de su amplitud de miras y su grandeza de coraz?n.

Me hace a?n m?s grata esta visita el acompa?ar por primera vez una Reuni?n Continental de la RIIAL, que adem?s es ya la d?cima celebrada. Este n?mero redondo de alg?n modo expresa un punto de llegada, un estado de madurez de la Red, tras un proceso largo y esforzado de quienes la fundaron: el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales en la persona de Mons. Enrique Planas, y el CELAM, cuyo entonces Obispo Secretario General era Mons. Dar?o Castrill?n. Puede decirse que la RIIAL es resultado de la comuni?n eclesial y de la amplitud de miras de estas dos instituciones. Hoy es una realidad presente en pr?cticamente todos los Episcopados de Am?rica Latina, es parte org?nica en la estructura el CELAM, cuenta con una enorme cantidad de servicios muy pr?cticos y ?tiles par la pastoral. M?s a?n, la RIIAL se ha convertido ya en una ?cultura eclesial? de uso de las nuevas tecnolog?as, insistiendo en la primac?a de la comuni?n y la misi?n, y no cediendo en el esfuerzo de llegar hasta los m?s necesitados.

Pero esta madurez alcanza en este encuentro un punto de inflexi?n hacia nuevos derroteros. Una serie de circunstancias importantes han cambiado desde la ?ltima vez que ustedes se reunieron en Cochabamba en el a?o 2005 y marcan fuertemente la nueva fase que ahora iniciamos. Se ha celebrado la Va. Conferencia General del Episcopado en Aparecida, que da un decidido impulso a la dimensi?n misionera de la Iglesia en el continente; se han renovado las autoridades del Pontificio Consejo y tambi?n las del CELAM. Asistimos a un panorama tecnol?gico en plena aceleraci?n, que no puede dejarnos indiferentes y nos interpela directamente. Adem?s, la Iglesia est? prepar?ndose para el pr?ximo S?nodo de los Obispos, que ser? nada menos que sobre la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia. La comunicaci?n de Dios a los seres humanos ser? el centro de nuestra atenci?n y hemos de estar preparados con amor y disponibilidad, con apertura para dejarnos vivificar por ella y para servirla sin reservas.

Ahora bien. En estas nuevas circunstancias, ?d?nde encontramos la br?jula adecuada que nos oriente en el camino a seguir? Creo que una vez m?s hay que acercarnos al faro luminoso que es el Concilio Vaticano II y que debe seguir orientando nuestos pasos: ?La Iglesia s?lo desea una cosa: continuar, bajo la gu?a del Esp?ritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido. (...) Para cumplir esta misi?n es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomod?ndose a cada generaci?n, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relaci?n de ambas.? (Gaudium et spes, 3 y 4).

El Concilio abri? un cauce muy importante en la historia de la Iglesia, record?ndonos que nuestra tarea es siempre la misma y a la vez es nueva cada d?a; que sigue el paso de los tiempos pero tiene su norte en la Eternidad y en el Amor Misericordioso que ha irrumpido en nuestra Historia con la Encarnaci?n del Verbo de Dios.

?El ser humano es para la comunicaci?n y para la comuni?n?, dice el Documento de Aparecida (n. 130).

El mundo contempor?neo es hoy m?s que nunca ejemplo de ello. O al menos, de su b?squeda. Nos encontramos en una sociedad marcada precisamente por la comunicaci?n, en intensidad y en extensi?n, por la cantidad de mensajes que recibimos y emitimos diariamente. Muchos millones de seres humanos hoy est?n ?hiper-comunicados?, al menos con tel?fonos m?viles y con Internet, buscando relaciones humanas m?s gratificantes, discutiendo temas, encontr?ndose en el contexto del ciberespacio. Como bien se?ala el Documento de Aparecida, viven sumergidos en esa atm?sfera de significados, tantas veces inconexos y hasta opuestos entre s?.

Pero hay algo nuevo dentro de lo nuevo. Las noticias ya no las dan s?lo los peri?dicos o la televisi?n. Cada persona puede ser emisora, cada grupo puede crear sus propios ?rganos de informaci?n. La noticia puede salir de los vecinos de un barrio a trav?s de sms o enviando fotos y filmaciones a You-Tube. La informaci?n la crean y la difunden los j?venes a trav?s de blogs y wikis. Las nuevas generaciones comparten m?sica, fotograf?as, videos, textos, de manera inmediata y casi sin percibir la complejidad de la tecnolog?a que les permite este modo de vida. Para ellos su h?bitat normal, es el clima en el que se mueven, el lenguaje que hablan, el marco cultural en que piensan y deciden. El Cardenal Martini lo anticipaba en su famosa Carta Pastoral de los primeros a?os 90 ?La orla del manto?: ?Los medios ya no son s?lo una pantalla que se mira o una radio que se escucha. M?s bien son una atm?sfera, un ambiente en el que estamos inmersos, algo que nos rodea y nos invade por todas partes. Estamos sumergidos en este mundo de sonidos, im?genes, colores, impulsos y vibraciones, como el hombre primitivo estaba inmerso en la selva o el pez en el agua. Es nuestro entorno. Los medios son una nueva forma de estar vivos.? (p. 11).

Este es el nuevo Are?pago donde se dialoga, y donde muchos van a la b?squeda de usuarios, vistos como posibles compradores en un gran mercado de cosas, de im?genes, de ideas.

A la vez este are?pago, en la medida en que se vehicula a trav?s de medios tecnol?gicos, deja fuera del di?logo a millones de personas que no pueden acceder a ?l, tanto por falta de medios como de cultura de uso. La info-pobreza es mucho mayor cuanto m?s avanzan los sectores m?s pudientes de la sociedad y se hacen info-ricos.

El Santo Padre Benedicto XVI est? impulsando a los creyentes a vivir una mayor adultez en la fe, una verdadera entrega al Se?or, que haga fecunda la acci?n evangelizadora, en particular en las Iglesias que peregrinan en Am?rica Latina. Los Obispos en Aparecida, recogiendo esa indicaci?n, animan a los creyentes a un encuentro personal con Cristo, a tener una aut?ntica vida comunitaria, y a sentirse misioneros en el mundo que les ha tocado vivir. Pues bien, parte importante de este mundo es la sociedad medi?tica de hoy. El anuncio de Cristo resucitado y vivo, que obra en los bautizados, no puede aceptar pasivamente las radicales transformaciones socioculturales en acto, sino m?s bien ofrecer al mundo contempor?neo y futuro la Palabra salvadora.

No olvidemos que ?la comuni?n y el progreso en la convivencia humana son los fines principales de la comunicaci?n social y de sus instrumentos? (Communio et progressio, 1); ?stos tambi?n ?potencian toda colaboraci?n? (Ib., n. 7).

Todo esto nos interpela, nos hace preguntarnos qu? trayecto hemos recorrido y c?mo debemos emprender los caminos del futuro. Durante los cuarenta a?os que han pasado desde el Concilio, la Iglesia ha caminado mucho en el campo de la comunicaci?n. En este momento en que Aparecida plantea una nueva fase de la Iglesia en Am?rica Latina, recojo algunos de los desaf?os del momento actual:

1. El desaf?o de la inculturaci?n del Evangelio.
La comunicaci?n aut?ntica nunca es unidireccional, pues quedar?a pobre e incompleta. La comunicaci?n que transforma y une es la que acoge la realidad del otro.

?El mismo Cristo en su vida se present? como el perfecto ?Comunicador?. Por la encarnaci?n se revisti? de la semejanza de aquellos que despu?s iban a recibir su mensaje, proclamado tanto con palabras como con su vida entera, con fuerza y constancia, desde dentro, es decir, desde en medio de su pueblo. Sin embargo, se acomodaba a su forma y modo de hablar y pensar ya que lo hac?a desde su misma situaci?n y condici?n? (?Communio et progressio?, n. 11). Hoy ese clima y condici?n est?n marcados por las comunicaciones.

Pensemos tambi?n en Mar?a de Guadalupe, se?alada por Juan Pablo II como ?modelo de una evangelizaci?n perfectamente inculturada?. Tal como hizo el Verbo Encarnado, Ella misma se adapta a la mentalidad de su interlocutor, a su cultura, a su ritmo. Es portadora de un mensaje que no est? hecho s?lo de palabras. Es gesto, es forma, es imagen, es lenguaje, es idioma. Es una comunicaci?n amorosa y llena de aceptaci?n por el mundo del otro, a la vez que ejerce un efecto dinamizador que cambia para siempre al interlocutor. Juan Diego se ve reconocido en su profunda dignidad de ser humano, y m?s a?n, elevado a una alta tarea: es enviado en misi?n para ser portador de un mensaje que le supera.

As?, la Iglesia y la sociedad est?n en comunicaci?n. La Iglesia Madre y Maestra, como madre escucha, comprende, acompa?a. Ha de escuchar en profundidad qu? dice, qu? busca esta sociedad con sus diversos ?mbitos culturales, cu?les son los lenguajes que comprende y en los que se expresa, cu?les las categor?as de su pensamiento. Como maestra ense?a el Evangelio, instruye en la Palabra de Dios, se pone al servicio de las personas para que crezcan y se desarrollen plenamente de manera arm?nica seg?n el plan de Dios.

Por su parte, la sociedad es invitada tambi?n a escuchar en profundidad para comprender el mensaje de Cristo sin reducirlo ni manipularlo, acogerlo en su integridad, transmitido por una Iglesia que necesariamente es hist?rica y se expresa en las categor?as de su tiempo.

Este encuentro s?lo ser? posible si el Evangelio es inculturado, y alcanza todos los ?mbitos de la cultura.

2. El desaf?o de la armonizaci?n
Como bien se?ala el documento de Aparecida, ?la Iglesia cuenta con m?s medios que nunca para la evangelizaci?n de la cultura (...). Tenemos radios, televisi?n, cine, prensa, Internet, p?ginas web y la RIIAL, que nos llenan de esperanza?. (D. Ap 99 f). Todos estos medios, que el Papa Pio XII llamaba ?dones de Dios? (Miranda prorsus, ) han ido surgiendo como flores en un campo, animados por un gran entusiasmo evangelizador y esp?ritu de servicio. Pero a?n queda el desaf?o de sintonizarnos en un acorde com?n que no distraiga, sino facilite a los diversos p?blicos la comprensi?n del mensaje del Evangelio de Cristo vivo. Los medios y pueden ayudar a las personas a ?alcanzar un mayor sentido comunitario? (C.p. n. 8); ?Cu?nto m?s debe suceder eso en el seno de la Iglesia! El desaf?o puede tambi?n llamarse coordinaci?n o sintonizaci?n ?que no uniformidad- de los medios eclesiales.

Esta armonizaci?n expresa nuestro esp?ritu de pueblo de Dios, y de alg?n modo contrasta con la tendencia individualista en la que es f?cil caer cuando uno est? absorto en realizar la propia tarea. La eclesiolog?a de comuni?n que el Concilio impuls? se expresa, m?s que en las palabras, en la vivencia de hecho y en el testimonio de las tareas cotidianas.

3. El desaf?o de la formaci?n
En una sociedad como la nuestra no podemos permitirnos ser ?analfabetos medi?ticos?, es decir, ignorar el abecedario del lenguaje de hoy, que en cambio ni?os y j?venes manejan perfectamente. A ellos hemos de ofrecerles marcos de referencia para que puedan seleccionar y asimilar esos mensajes de manera que adquieran significado; a los Agentes de Pastoral, empezando por los Obispos, sacerdotes, formadores, religiosos y religiosas, padres de familia, etc., los elementos de la cultura digital para que comprendan desde sus ra?ces los dinamismos de la sociedad actual.

El propio medio inform?tico ofrece enormes potencialidades, como nunca antes, para la formaci?n interactiva, para el di?logo fructuoso y la construcci?n grupal de contenidos. La Iglesia ha saltado r?pidamente a este campo y existen hermosas experiencias, pero a?n tenemos mucho tramo por recorrer.

4. El desaf?o del sentido
El Documento de Aparecida describe muy bien esos sectores de la sociedad que dan la impresi?n de estar confusos y no saber a d?nde van. Ha detectado la crisis del significado: la carencia de criterios para seleccionar la informaci?n, puntos de referencia sobre la importancia de los temas, jerarqu?as de valores para orientarse en ese bombardeo de mensajes.

La Iglesia tiene el tesoro del Evangelio. A partir de ?l puede, de manera inculturada, ofrecer claves de comprensi?n, criterios para seleccionar los mensajes, espacios de reflexi?n y silencio para que Cristo pueda hacerse presente con su paz en medio del bullicio. S?lo as? las personas podr?n crecer en libertad y responsabilidad para llevar su vida adelante en la sociedad de hoy. La llamada ?sociedad de la informaci?n? ha de pasar a ser, como se ha dicho muchas veces, ?sociedad del conocimiento?, y mejor a?n, ?civilizaci?n del Amor?.

El gran impulso del Concilio apuntaba ya en esa direcci?n, y la Communio et progressio sigue esa trayectoria: ?Los medios crean un lenguaje nuevo que permite a los hombres conocerse mejor y acercarse m?s f?cilmente los unos a los otros. Y cuanto m?s libremente se comprenden y m?s cordialmente se vuelven hacia los dem?s, tanto m?s caminan hacia la justicia y la paz, la benevolencia y la mutua ayuda, el amor y, consiguientemente, hacia la comuni?n? (n. 12).

5. El desaf?o de la informaci?n
En una de las ?pocas sociales con mayores facilidades para la comunicaci?n, siguen siendo millones de personas las que est?n poco informadas o peor a?n, desinformadas sobre la Iglesia y su mensaje. Los cauces que difunden las noticias sobre ella suelen ser las grandes agencias informativas comerciales, afanadas por abreviar y vender las noticias. Ello muchas veces reduce o incluso desvirt?a los mensajes que desear?amos comunicar.

La Iglesia ha avanzado mucho en el campo informativo; en los ?ltimos diez a?os ha habido una floraci?n de iniciativas radiof?nicas, digitales, televisivas; pero tenemos a?n el gran desaf?o de perfeccionar los lenguajes, los formatos, las estrategias de difusi?n y la capilaridad de nuestra presencia en los medios. Es necesario que las noticias cat?licas alcancen en directo a un p?blico mucho mayor, que pueda acceder a ellas en su integridad, sin deformaciones o manipulaciones.

6. El desaf?o de la inclusi?n.
No podemos contentarnos con avivar el di?logo y la presencia entre quienes ya participan de esta cultura. Nos compete esforzarnos d?a a d?a en la inclusi?n de los menos favorecidos, de los olvidados, para que la sociedad no se pierda la enorme riqueza humana que ellos poseen, y para que ellos no queden ignorados y sin oportunidades de desarrollarse y crecer en igualdad de dignidad con el resto de sus contempor?neos. En esto la RIIAL realiza una tarea muy importante que ha de ser ampliada y puesta en relaci?n con otras entidades sensibles a esta realidad. Que nadie quede excluido del banquete de la cultura y del di?logo social.

Si el Documento de Puebla se?al? que la Evangelizaci?n es comunicaci?n, los Obispos en Santo Domingo recordaron que la Evangelizaci?n, anuncio del Reino, es ?para que vivamos en comuni?n? (n. 279). El Documento de Aparecida es todo ?l un impulso a la comunicaci?n misionera. En Aparecida los Obispos ven ya a la sociedad y a la Iglesia en clave comunicativa para el encuentro con Dios y para la experiencia de la comuni?n. Esta es nuestra tarea porque es el modo como Dios mismo act?a: se revela para incorporarnos a su Vida, que es Amor y Unidad. El pr?ximo S?nodo sobre la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia ha de encontrarnos dispuestos, vigilantes, articulados, ?giles para ponernos al servicio de esa Palabra.

La RIIAL ha sido desde sus inicios mucho m?s que tecnolog?a. Es esp?ritu de servicio a la comuni?n en el campo de las nuevas tecnolog?as. Pues sigamos juntos en esa l?nea, realizando una aut?ntica diakonia de la cultura digital. Mantengamos un di?logo constante entre el Pontificio Consejo y el CELAM, con los Episcopados del continente, con religiosos y religiosas, con los movimientos laicos, las iniciativas de formaci?n, con el pueblo de Dios activo y entusiasta, discerniendo los modos concretos como hemos de servir a la comunicaci?n y la comuni?n en esta sociedad y a las personas realmente existentes que hoy la conforman.
Publicado por verdenaranja @ 23:28  | Hablan los obispos
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