Jueves, 20 de septiembre de 2007
Cienfuegos (Agencia Fides) - En este a?o 2007 en que se celebran los 50 a?os de la publicaci?n de la Enc?clica ?Fidei Donum? del Papa P?o XII, el s?bado 15 de septiembre, festividad de la Virgen de los Dolores, fue ordenado Obispo de Cienfuegos (Cuba) un sacerdote espa?ol Fidei Donum, el P. Domingo Oropesa Lorente originario de la di?cesis de Toledo (Espa?a).


ALOCUCI?N DE MONS. DOMINGO OROPESA LORENTE,
OBISPO DE CIENFUEGOS-CUBA


1. Saludos:
Saludo, en primer lugar, y de forma muy entra?able a mis hermanos en el Episcopado, a los Eminent?simos y Reverend?simos Se?ores Cardenales, a los Excelent?simos y Reverend?simos Se?ores Arzobispos, al Excelent?simo Se?or Nuncio Apost?lico, a los Excelent?simos y Reverend?simos Obispos de Cuba y de Espa?a aqu? presentes, y con un fuerte abrazo para los obispos Em?ritos.
Mons. Domingo Oropesa
Agradezco a los hermanos en el Episcopado en Cuba su acogida desde el primer momento. Agradezco a la Nunciatura, a la Conferencia, y a las Di?cesis de Cienfuegos y Camag?ey todas las gestiones que han realizado. Me ofrezco, desde ahora mismo, a mis hermanos en el episcopado en Cuba para lo que necesiten de m?.
Saludo con afecto sincero a la Se?ora Caridad Diego, Encargada de la Oficina de Asuntos Religiosos del CCPCC. y otros colaboradores. De igual forma saludo a las autoridades de Cienfuegos, Sancti Spiritu y Camag?ey. Y les agradezco que nos hayan facilitado transporte y otros medios necesarios para que todo pudiera desarrollarse de la forma m?s digna.
Saludo a las autoridades de Espa?a aqu? presentes. Con un sincero afecto al Excmo. Sr. Embajador de Espa?a en Cuba, al Excmo. Sr. Vicepresidente Primero de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y con el deseo de que le haga llegar mis saludos al Excmo. Sr. Presidente y a su antecesor en el cargo. De igual forma saludo y al Excmo. Sr. C?nsul General de Espa?a. Al representante del Ayuntamiento de Alc?zar de San Juan.
Saludo de coraz?n a todos los sacerdotes: los que hab?is venido de Espa?a, de Camag?ey, de otras di?cesis de Cuba y muy especialmente a los de mi presbiterio de Cienfuegos.
Saludo a los di?conos y a sus esposas e hijos. Que vuestro testimonio haga que otros deseen servir as? en la Iglesia.
Saludo a los religiosos y religiosas. Que vuestros carismas llegados de distantes y distintos lugares del mundo nos sigan enriqueciendo y que vuestro obrar como consagrados anime a muchos a ser s?lo para el Se?or.
Saludo a los queridos seminaristas, pido a Dios por vuestra perseverancia, y que un d?a os consagr?is para un santo servicio a los hermanos y hermanas de nuestra querida Cuba. Esto mismo deseo para los que se est?n preparando al diaconado permanente o viven etapas de noviciado.
Saludo a los laicos, los hermanos y hermanas en el Se?or, que han venido de Espa?a, de la Parroquia de Santa Mar?a la Mayor de Alc?zar de San Juan, de El Puente del Arzobispo de Toledo; a los que han llegado de Camag?ey, y de all?, a los de C?spedes y Florida, y a los del resto de Cuba. En un n?mero superior a los seiscientos. Saludo a los hermanos y hermanas de distintas partes de Cienfuegos que han querido estar aqu? hoy. Otros m?s de ochocientos. Y saludo a los hermanos de la ciudad de Cienfuegos. ?Qu? trabajo tan inmenso hab?is realizado! Ten?ais preparado hospedaje en la noche pasada para m?s de ciento ochenta personas; hab?is ofrecido desayuno a m?s de quinientas y ofrecer?is almuerzo a m?s de dos mil. Y hab?is trabajado con esfuerzo y dedicaci?n en la preparaci?n de esta celebraci?n lit?rgica para sus diversas formas de participar: celebrando, leyendo, escuchando, comulgando, cantando, acolitando, viendo.., y todo para gloria de Dios.
Saludo a todos los que en muchas partes han rezado y est?n rezando en este momento.

2. Ahora, quiero darme a conocer a ustedes.

Me llamo Domingo Oropesa Lorente, tengo 56 a?os y nac? el 10 de octubre de 1950 en un pueblo de La Mancha, o mejor, en el Coraz?n de La Mancha, como as? se le llama a Alc?zar de San Juan.
Me cri? en el seno de una familia sencilla y no con muchos recursos. econ?micos. Mi padre, Gabriel, sab?a un poco leer y escribir; mi madre, Marcela, era analfabeta. Hijo solo. Hubo una hermana mayor que yo, pero falleci? antes de aparecer yo en el mundo. Vivimos los tres de los ingresos por el trabajo de mi padre, que durante algunos a?os fue de doce horas diarias para comprar la casa y que yo estudiara. Me alegra y enorgullece deberle todo y s?lo a mis padres cuento recib? en esa etapa de mi vida. S? que para mi padre y mi madre, su hijo era su ?nica y gran ilusi?n y s? que desde el cielo lo seguir? siendo para ellos. Tuve el gozo como hijo sacerdote de confesarlos y darles la comuni?n y el sacramento de la unci?n antes de la muerte de cada uno. Esto ni lo he olvidado ni lo olvidar? jam?s. Y no dudo que estar?n a mi lado para que a la hora de mi muerte el Se?or me prepare como a ellos.
En mi ni?ez y adolescencia viv? algo de vida cristiana: catequesis, misas, confesiones, sacramentos y naci? en m? un especial amor a la Virgen. M?s tarde vinieron a?os de alejamiento total de la pr?ctica religiosa. Abandonados los estudios trabaj? en mi pueblo en una f?brica de refrescos, iba a vendimiar (cortar las uvas), a coger lentejas y sarmientos (ramas de la mata de la uva).
Despu?s de cumplido el servicio militar me fui a Barcelona solo y con una maleta. Antes me hab?a apuntado en la Embajada de Canad? para cortar ?rboles en aquel pa?s, pero, no me mandaron ni el hacha; me inscrib? a un llamado: ?Muchacho la marina te llama?, pero no me llamaron, y tambi?n pens? en ir a trabajar a Alemania, pero no fui. Mi desorientaci?n era asombrosa.
En Barcelona encontr? una comunidad de Cursillos de Cristiandad para J?venes. Al frente de todos, un sacerdote ejemplar: el P. Gin?s. All? me ense?aron a amar y a vivir la doctrina que emana del magisterio de la Iglesia. All? me rehice en lo cristiano y en lo humano. ?Qu? comunidad aquella! ?Cu?ntas vocaciones sacerdotales! De aquella comunidad estamos aqu? dos obispos y dos sacerdotes, tres de los cuales entramos juntos en el Seminario: Mons. Jos? Angel S?iz Meneses, Obispo de Tarrasa y P. Miguel Sebasti?n Romero y un servidor. El cuarto, que ingres? despu?s, es el P. Manel Homar Toboso. Tambi?n hay aqu? dos laicos. Uno de ellos tiene nueve hijos.
Me reincorpor? a los estudios y empec? a entregarle mi vida al Se?or. All? trabaj? primero en un supermercado de origen franc?s y m?s tarde en un laboratorio farmac?utico.
Despu?s de cuatro a?os, march? al Seminario Mayor de Toledo y me encontr? con el Cardenal Arzobispo de Toledo D. Marcelo Gonz?lez Mart?n del que aprend? a amar la Iglesia Santa. Y tambi?n conoc? al sacerdote diocesano D. Jos? Rivera Ram?rez, ya muerto, y, con el proceso de beatificaci?n esperando el milagro. De ?ste recib? la fuerza de la esperanza cristiana: Dios lo que promete lo da; Dios lo puede todo. Dios siempre nos espera y ama para transformar nuestra vida y, por lo tanto, no hay motivos, sabiendo lo que puede obrar Jesucristo, para el des?nimo ni en lo personal ni en lo eclesial. Y tambi?n algo para vivir en la Iglesia, dec?a ?l, con sus tres fundamentos: los obispos, la eucarist?a y los pobres.
Ordenado de sacerdote en 1984, estuve quince a?os en diferentes parroquias de Toledo, all? aprend? a ser sacerdote. All? pude recoger el testimonio de m?s de trescientos sacerdotes asesinados en la pasada guerra civil espa?ola. Algunos de estos sacerdotes ser?n beatificados el pr?ximo d?a 28 de octubre en Roma. Entre ellos el P. Domingo S?nchez L?zaro, p?rroco de El Puente del Arzobispo, donde yo tuve el mismo cargo durante ocho a?os. Viv? en la misma casa y utilic? su mismo despacho y pasaba mis manos, en algunos momentos, hojeando sus libros parroquiales. C?mo pude escuchar lo bien que hablaban de ?l las personas mayores que lo conocieron. Otro intercesor m?s. Y de El Puente del Arzobispo hay un Obispo aqu? presente: Mons. Demetrio Fern?ndez Gonz?lez, hijo de padres santos y buen amigo.
Y en 1999 por medio del llamado a los sacerdotes para las misiones hecha por el entonces Arzobispo de Toledo, y m?s tarde Cardenal, D. Francisco ?lvarez Mart?nez, despertando el esp?ritu misionero en la Di?cesis, me ofrec? con otros sacerdotes diocesanos primero para ir a Per? y despu?s para venir a Cuba. Lo segundo se realiz?.
Y con todo esto vivido llegu? a Cuba. No vine porque era espa?ol sino porque era sacerdote de la Iglesia, raz?n por la que estoy ahora en Cienfuegos.
Durante mi primera visita a Espa?a, estando ya en Cuba, fue nombrado como Arzobispo de Toledo, Don Antonio Ca?izares Llovera, ahora Cardenal. Pude estar en su toma de posesi?n y al d?a siguiente hablar con ?l. Me anim? en mi labor misionera. Y hoy ?l est? aqu? con sus dos obispos auxiliares, Mons. Angel Rubio Castro y Mons. Carmelo Borobia Isasa, en mi toma de posesi?n como obispo de Cienfuegos. He le?do y meditado sus pastorales cargadas de sabia y abundante doctrina y de ?mpetu apost?lico. Me anim? con entusiasmo a prepararme para este momento y los que vengan.
Aqu?, en Cuba, he estado ocho a?os en la Arquidi?cesis de Camag?ey, al principio con Mons. Adolfo Rodr?guez Herrera, un gigante inmenso de la Iglesia Cat?lica en Cuba. C?mo recuerdo esos deseos que un d?a manifest? de no importarle repetir su vida con la misma situaci?n que vivi? la Iglesia y ?l vivi? en la Iglesia. Qu? hombre tocado del Esp?ritu Santo para vivir en su iglesia cubana. Siempre que hablaba con ?l se incrementaban mis deseos de entregarme m?s y mejor.
Y hasta hace unos d?as con Mons. Juan Garc?a Rodr?guez. Hombre de misi?n apost?lica y de atenci?n a los pobres. Supliendo la falta de sacerdotes por distintas partes de Camag?ey un d?a y otro d?a. Cuando la tarea hay que hacerla ?l se pone r?pidamente manos a la obra. Hermoso testimonio de pastor. Tambi?n le debo mucho a la di?cesis camag?eyana. Ah? conoc? el coraz?n inmenso del pueblo cubano.
He vivido ocho a?os en el presbiterio camag?eyano. ?Muy buena gente! Los hay m?s viejitos y m?s j?venes, los hay diocesanos y religiosos, los hay cubanos y de otras partes. Pero, todos grandes trabajadores en la vi?a del Se?or. Me han dado el hermoso testimonio de trabajar estando cansados. Tambi?n les debo mucho. Deseo recordar al entonces P. Wily, que me rod? en mi cuarentena para el aplatanamiento y al P. Pacheco que me acogi? en la Parroquia de Florida.
En mi tiempo entre los camag?eyanos, ni un solo rechazo, ni de creyentes ni de no creyentes, y un trato delicado por parte de los sacerdotes, di?conos, religiosas y laicos m?s comprometidos. Inolvidable mi comunidad de C?spedes y ?ltimamente la de Florida. He sido muy feliz en ambos sitios.
Y ahora en Cienfuegos: ?La Perla del Sur?. ?Se cumplir? la par?bola? ?Ser? ?sta mi gran perla? Si. Pero, no porque hasta ahora hubiera tenido ?otras perlas? escasas de valor, sino porque en plan de Dios estaba, que en la Iglesia Cat?lica, en Cienfuegos, recibiera la plenitud del sacerdocio de Cristo y El que es la gran perla, el gran tesoro, ha a?adido, hoy, m?s riquezas a mi coraz?n para todos ustedes.
Un tesoro que incluye otro: el presbiterio. Quisiera vivir como obispo en mi nuevo presbiterio de las palabras del Papa Pablo VI al inaugurar la Asamblea de Medell?n en la catedral de Bogot?: ?Si un obispo concentrase sus cuidados m?s asiduos, m?s inteligentes, m?s pacientes, m?s cordiales, en formar, en asistir, en escuchar, en guiar, en instruir, en amonestar, en confortar a su clero, habr?a empleado bien su tiempo, su coraz?n y su actividad? (24 de agosto de 1968), y de lo que se dice en el n? 111 del Directorio ?Ecclesiae Imago? sobre el ministerio pastoral de los obispo: ?El Obispo considera como un sacrosanto deber conocer a sus presb?teros diocesanos, sus caracteres y capacidades, sus aspiraciones y tenor de vida espiritual, su celo e ideales, su estado de salud y sus condiciones econ?micas, su familia y todo lo que diga relaci?n a ellos?. Pidan al Se?or que act?e de este modo.
Pero hay m?s tesoros en m? gran perla: la vida consagrada. ?El valor eminente de la vida consagrada por la profesi?n de los consejos evang?licos (pobreza, castidad y obediencia) y su funci?n tan necesaria en el momento actual, tienen que contribuir al mayor bien de la Iglesia.? (Decreto ?Perfectae caritatis, 1? del CV II). Sois un bien inmenso en nuestra Di?cesis de Cienfuegos. Vuestros diversos carismas enriquecen la vida de cada fiel de esta Iglesia particular. Le pido a Dios que me ponga a vuestro lado como quiere la Iglesia: ?En el ejercicio de su funci?n de padre y pastor, los obispos han de ser servidores de los suyos.? (Decreto ?Christus Dominus, 16? del CV II). En mi deseo de servir incluyo tambi?n a nuestro di?cono permanente.
Y otra riqueza en la gran perla: Los laicos. ?Cristo, el gran Profeta, que proclam? el Reino del Padre con el testimonio de su vida y con la fuerza de su palabra, realiza su funci?n prof?tica hasta la plena manifestaci?n de su gloria. Lo hace no s?lo a trav?s de la Jerarqu?a, que ense?a en su nombre y con su poder, sino tambi?n por medio de los laicos? (Constituci?n ?Lumen gentium ?, na 35 dei CV II). Sois testigos del Se?or en medio del mundo. Y quiero ser un obispo que siempre os acompa?e en vuestra dimensi?n apost?lica para dar a conocer a Cristo Jes?s.
He querido decirles que lo que s? y lo que vivo se lo debo a la Iglesia, y deseo que siga siendo as? ahora en Cienfuegos. Siempre en la Iglesia y donde ella quiera.

3. Y quisiera a continuaci?n decirles algo con un sentido m?s doctrinal:

3.1. Vivir en el Se?or y para el Se?or en la Iglesia Cat?lica.
?Porque ninguno de nosotros vive para s? mismo, como tampoco muere nadie para s? mismo. Si vivimos, para el Se?or vivimos; y si morimos, para el Se?or morimos. As? que, en la vida y en ?a muerte, somos dei Se?or. Porque Cristo muri? y volvi? a la vida para eso, para ser Se?or de vivos y muertos? (Rm 14, 7-9).
Nosotros como cat?licos no somos seguidores de las ideas de un hombre muerto ni de nadie que vaya a morirse. Somos seguidores de Cristo resucitado. Esto nos diferencia esencialmente de aquellos que siguen ideas, objetivos o planes que resultan a veces ca?ticos u otros pensamientos que incluso pudieran ser buenos para una sociedad o para un tiempo corto o largo de la historia, porque Jesucristo no es uno m?s de la amplia lista de pensadores, es el Hijo de Dios hecho hombre, que por todos muri? y para todos resucit?. Su palabra no es que contiene algunas verdades, es que es la Verdad, porque es la palabra de Dios mismo. Y la Iglesia no es una instituci?n humana m?s, entre muchas otras, la Iglesia es el Cuerpo Cristo que vive en la historia, con su Cabeza viva, Cristo resucitado, en ella siempre presente. Por lo tanto, la Iglesia no es un grupo de personas que vive del recuerdo de la vida y de las ense?anzas de Cristo, como alguien o algo del pasado, sino la Esposa del Se?or que vive de su presencia salvadora de forma constante. Si alguien quisiera vernos como una mera asociaci?n estatuaria es que no sabe lo que ve o, lo que ser?a peor, es que no nos estamos mostrando bien.
Fuera de Dios siempre aparecen males, incluso, han aparecido males por parte de hombres y mujeres de Iglesia. De ah? que el Papa Juan Pablo II hablara de ?Perdonamos y pedimos perd?n?, en el entorno del Jubileo del A?o 2000. Esto siempre ser? una constante a nivel personal y a nivel comunitario.
Debemos seguir viviendo y anunciando a Jesucristo y su doctrina recogida en su Iglesia. Dios es necesario para el hombre y, es m?s, no lo da?a sino que lo sana como nadie lo podr? hacer jam?s. Y no dejando de afirmar: ?Lo que vivo en lo humano lo vivo con la fe en el Hijo de Dios, que me am? y se entreg? por m? (Gal 2, 29). No es que fuera de la Iglesia no pueda haber bondades, claro que las hay, pero a ellas nos acercamos con Cristo. Pero nunca debemos ir ni a nada ni a nadie si se nos alejara del Se?or, pues nos quedar?amos vac?os y muertos, ?en comparaci?n con eso tan extraordinario que es conocer a Cristo Jes?s? (Flp 3, 7). Debemos seguir diciendo siempre como el ap?stol Pablo: Cristo es mi vida? Flp 1, 21).

3.2. Edificar la propia vida para la eternidad mejorando nuestro mundo.
El cristiano es el hombre de la esperanza, aunque a su alrededor todo se derrumbe: estructuras, planes, vidas..., porque, ?Dios no nos ha destinado para c?lera, sino para obtener la salvaci?n por nuestro Se?or Jesucristo? (1 Tes 5, 9). Cristo puede salvar al hombre siempre: con riqueza o con pobreza, con libertad o sin ella, con amores o con odios, en el norte o en el sur... Pero, la eternidad hay que buscarla y hay que comenzar a degustarla en este mundo, aqu? y ahora. ?Entiendan lo que esperamos a ra?z del llamado de Dios, qu? herencia tan grande y gloriosa reserva Dios a sus santos? (Ef 1, 18). Esto que el hombre de fe espera: la eternidad, no significa, por anhelar el cielo, viva como en otro planeta, aislado, mirando a las nubes. Su compromiso con Cristo, su Salvador, lo sit?a en medio del mundo como luz y como sal. Y el cristiano debe desear y buscar el progreso de la sociedad donde vive y el mayor bienestar para los hombres y mujeres de su tiempo y del futuro, y que los nietos vivan mejor que los abuelos y no al rev?s. Por eso un pol?tico puede ser cat?lico, o un gran cient?fico, o un campesino. La historia est? llena de estos testimonios. Pero el cristiano sabe que despu?s de este mundo y habi?ndose desgastado en el mundo y por los hombres y mujeres que en ?l viven, le ?espera la corona de gloria que no se marchita? (II Tm 4, 7). Todo debe hacerse para ser glorificados con Cristo, para caminar y llegar a la eternidad.

3.3. Manifestar la aut?ntica caridad cristiana con los m?s necesitados.
La caridad, el amor de Dios en el cristiano, es el m?vil para estar en este mundo. Debemos ser inmensamente caritativos desde nuestras comunidades cristianas como en los primeros tiempos: ?Al que ten?a mucho no le sobraba y al que ten?a poco no le faltaba? (II Cor 8, 15).
Cito la Enc?clica del Papa Benedicto XVI ?Deus caritas est? (Dios es amor): ?La Iglesia no puede ni debe pretender por cuenta propia la empresa pol?tica de realizar la sociedad m?s justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia? (n? 28a). Por esto, podemos urgir y orientar a cualquier pais del mundo para que el salario de sus trabajadores sea tal que les permita a estos vivir dignamente en la alimentaci?n, en el vestido, en la vivienda, en el ocio y en el ahorro.
Afirma el Papa: ?Desde el siglo XIX se ha planteado una objeci?n contra la actividad caritativa de la Iglesia... Los pobres, se dice, no necesitan obras de caridad, sino de justicia? (n? 26). Pero, a?ade: ?El amor -la caridad- siempre ser? necesario, incluso en la sociedad m?s justa? (n? 28b). Pregunt?monos: ?Se regular? por medio de leyes que unos cristianos animen a un joven a que deje la droga? o, ?qu? a unas personas necesitadas de medicamentos, otras se les consigan de donde sea? o, ?qu? unos padres que han perdido un hijo sean visitados y animados por otros desde la fe en el Se?or? o, ?qu? alguien que ha perdido todo en un incendio sea socorrido de manera urgente por los m?s cercanos? o, ?qu? a alguien que necesita cierta cantidad de dinero se le preste sin intereses y sin prisas de devoluci?n? Est? claro que no.
Pero, adem?s, ante nuevas necesidades, sigue diciendo el Papa: ?Han surgido numerosas formas nuevas de colaboraci?n entre entidades estatales y eclesiales, que se han demostrado ser fruct?feras? (n? 30b). Y cito de Cuba un hermoso ejemplo: el asilo que se est? construyendo en Camag?ey. Colaboran entidades estatales y eclesiales. ?Cu?l es el fin de la obra? ?Es para las entidades estatales o eclesiales? Es para ofrecer a las personas mayores un final de la vida lo m?s digno posible. Un buen objetivo com?n. Para la tercera edad todo trabajo, esfuerzo y desgaste siempre ser? poco. Qu? injusticia imperdonable cometer?amos si no ayud?ramos a quienes han desgastado su vida de forma sacrificada por nosotros. En este campo no hay tiempo que perder pues el anciano cada d?a lo es m?s y sus necesidades aumentan. Vamos contrarreloj. En este terreno, como en tantos otros, hag?monos ricos en buenas obras y demos a todos de buen coraz?n (cf. 1 Tm 6, 18).

3.4. ?Qu? voy hacer como obispo?
Comenzar a sentirme hermano de mis hermanos obispos cubanos. Ponerme a su dispocici?n. Para m? est?n priorizados. Deseo uninne a vuestro trabajos en favor de este bendito pueblo cubano. Vuestras vidas siempre las he considerado un gran testimonio para m?. Agradezco a Mons. Emilio Aranguren Echeverr?a las deferencias fraternales que ha tenido conmigo desde mi nombramiento y para preparar las diversas celebraciones que hemos vivido y comeremos. Y a Mons. Juan Garc?a Rodr?guez sus ayudas para vivir este d?a y el don de mi consagraci?n episcopal.


Y en esta Di?cesis de Cienfuegos lo primero conocerles a ustedes como hermanos en la fe. Deseo visitar una por una todas las parroquias y all? estar con los sacerdotes, di?cono, religiosos, religiosas y laicos. Escucharles y que me escuchen. Discernir juntos lo que el Se?or nos ofrece para despu?s obrar. El debe llevar y llevar? siempre la iniciativa. No nos fallar? jam?s. Y contamos tambi?n con la ayuda de Mar?a Inmaculada.
?nimo, hermanos: ??l nos mantendr? firmes hasta el fin, para que estemos sin tacha el d?a que venga Cristo Jes?s, nuestro Se?or? (1 Cor 1, 8), y, juntos, sigamos ?luchando con la fuerza de Cristo? (Col 1,29). Am?n. As? sea.
Publicado por verdenaranja @ 23:17  | Hablan los obispos
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