Jueves, 20 de septiembre de 2007
VATICANO - AVE MARIA a cargo de don Luciano Alimandi - ?La conversi?n no acepta demoras?

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Una de las tentaciones m?s frecuentes para quien est? encaminado en el camino del Se?or, es aquella de rendirse frente al pecado, frente a las propias tendencias pecaminosas y convencerse que es necesario integrarlas en la propia vida en vez de combatirlas. Pero el plan de Dios para el hombre, as? como ha sido revelado por Jesucristo, es el que los Padres griegos llaman ?la divinizaci?n de la criatura?, es decir la transformaci?n en Cristo: ?y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m? (Gal 2, 20).

Un falso concepto de misericordia es con frecuencia la causa de la ca?da en el camino de la conversi?n. En efecto, si bien es verdad que la misericordia divina perdona todo pecado al pecador que lo confiesa, es tambi?n verdadero que Esta es un fuego que quiere quemar todo aquello que se opone a la santidad de Dios. ?Sed perfectos como vuestro Padre que est? en los cielos es perfecto? (Mt 5, 48). La Palabra de Dios no deja espacio a malentendidos o a compensaciones.
El Se?or Jes?s ha venido a vencer el pecado y a traer al hombre la inocencia original, llam?ndolo a una continua conversi?n. La conversi?n es aut?ntica cuando es cotidiana y no es reenviada al ma?ana. ?A nosotros solo nos pertenece el hoy, porque el ma?ana podr?a no existir m?s! En el lenguaje de Dios no existe la palabra ?ma?ana? cuando se hace referencia a la conversi?n: ?no endurezc?is hoy vuestro coraz?n, escuchad la voz del Se?or? (cf. Sal 94, 8). Jes?s quiere entrar ?hoy? en nuestra vida: ?Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa? (Lc 19, 5).
Es cierto, mientras permanezcamos en la tierra seremos pecadores, pero pecadores que no aman el pecado sino que lo odian; pecadores que se dejan purificar continuamente por la Sangre de Cristo y hacen penitencia para reparar las consecuencias de sus pecados. Los Santos se renegaron cada d?a a s? mismos, como Jes?s pide a cada uno: ?Dec?a a todos: ?Si alguno quiere venir en pos de m?, ni?guese a s? mismo, tome su cruz cada d?a, y s?game?? (Lc 9, 23).
Es necesario negar nuestras tendencias pecaminosas cada d?a; si no las renegamos estas nos vencer?n y seremos r?pidamente sus s?bditos, perdiendo nuestra verdadera libertad. El pecado no nos hace m?s fuertes: el prepotente, el arrogante, el envidioso, el malhablado, el ambicioso? no es un fuerte sino un d?bil, que no se ha liberado sino que es prisionero de s? mismo y de sus pasiones.

Los Santos han sido las criaturas m?s libres porque han donado todo a Cristo-Verdad, ?tambi?n sus pecados! No han dado tregua al propio ego?smo en sus numerosas manifestaciones y, reconociendo su fuerza brutal, se han dispuesto contra ellos sin ninguna compasi?n. No se puede tener piedad con el pecado, pero se la debe tener siempre con los pecadores. Como Jes?s nos muestra en el encuentro con la p?blica pecadora, que los jud?os quer?a lapidar: ?Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques m?s? (Jn 8, 11).
Los Santos, en medio a sus fragilidades y a sus luchas, han aprendido a no secundar los deseos pecaminosos y no se han hecho la ilusi?n de que basta confesarlos para vencerlos. La confesi?n es el primer paso, es pedir la gracia vital y necesaria, pero el paso sucesivo es el ?huir de las ocasiones pr?ximas de pecado?, como rezamos en el acto de dolor antes de la absoluci?n. Los Santos siempre han denunciado la irreconciabilidad entre el deseo de Dios y el deseo del mundo. Estos han vivido la compasi?n m?xima por el pecador, y la tolerancia cero hacia el pecado; ?nunca lo han pintado con colores hermosos!

El poder del pecado sobre el alma no debe ser menospreciado y la Iglesia nos pide renunciar totalmente, como lo hacemos al renovar las promesas del bautismo: ??Renunci?is al pecado, para vivir en la libertad de los hijos de Dios? ?Renuncio! ?Renunci?is a las seducciones del mal, para no dejaros dominar por el pecado? ?Renuncio! ?Renunci?is a Satan?s, origen y causa de todo pecado? ?Renuncio!?

El pecado, a pesar de parecer a veces rid?culo, no debe ser ridiculizado, de otro modo ridiculizar? a quien no lo toma en serio. ?Somos nosotros los que nos convertimos en sus instrumentos sino lo renegamos! El pecado grave parece a veces como algo inconsistente, pero en realidad tiene un poder tremendo sobre el hombre que se deja aplastar por este. El pecado, en efecto, aprisiona al hombre en el propio ego?smo, nutriendo la concupiscencia lo hace concentrarse y dar vueltas en el vaci? de s? mismo: como un molino de agua que arrastra todo aquello que se encuentra en su rayo de acci?n.

Los Santos han buscado con todas sus fuerzas el huir de la fuerza de atracci?n del pecado, en miles modos han sido tentados por el Maligno, es cierto, tambi?n han ca?do pero se han levantado porque eran aleados con la potencia invencible del Se?or Jes?s y de su Sant?sima Madre, ?que siempre los ha sostenido! Pero, ?en qu? consiste en el fondo la santidad? ?En no anteponer nada al amor de Cristo. En esto consiste la santidad, propuesta v?lida para cada cristiano y que se ha convertido en verdadera urgencia pastoral en nuestra ?poca?? (Benedicto XVI, ?ngelus del 10 de julio del 2005). (Agencia Fides 19/9/2007; l?neas 61, palabras 911)
Publicado por verdenaranja @ 23:19  | Espiritualidad
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