Lunes, 24 de septiembre de 2007
Discurso que pronunci? Benedicto XVI el 9 de septiembre, al t?rmino de su viaje apost?lico a Austria ?con ocasi?n del 850? aniversario de la fundaci?n del Santuario de Mariazell--, a representantes del mundo del voluntariado austriaco que se dieron cita en la ?Konzerthaus?, el famoso palacio de los conciertos de Viena.


VIAJE APOST?LICO
DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A AUSTRIA
CON OCASI?N DEL 850 ANIVERSARIO
DE LA FUNDACI?N DEL SANTUARIO DE MARIAZELL


DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LOS COLABORADORES VOLUNTARIOS
DE LOS ORGANISMOS DE AYUDA


Domingo 9 de septiembre de 2007


Honorable se?or presidente federal;
reverend?simo monse?or arzobispo Kothgasser;
queridos colaboradores y colaboradoras voluntarios y honorarios de los diversos organismos de ayuda de Austria;
ilustres se?oras y se?ores;
y, sobre todo, queridos j?venes amigos:

He esperado con particular alegr?a este encuentro con vosotros, que se realiza al final de mi visita a Austria. Y, naturalmente, se suma tambi?n la alegr?a de haber podido escuchar no s?lo una admirable interpretaci?n de Mozart, sino inesperadamente tambi?n a los Ni?os cantores de Viena. Os doy las gracias de todo coraz?n. Es hermoso encontrarse con personas que en nuestra sociedad tratan de dar un rostro al mensaje del Evangelio; ver personas, ancianas y j?venes, que hacen experimentar de forma concreta en la Iglesia y en la sociedad el amor que nos debe conquistar a los cristianos: el amor de Dios es lo que nos hace reconocer en el otro al pr?jimo, al hermano o a la hermana.

Expreso mi gratitud y mi admiraci?n por el generoso compromiso de tantas personas de diferentes edades en el voluntariado en este pa?s; a todos vosotros y a los que desempe?an de forma gratuita un encargo en Austria quisiera expresarles hoy mi particular reconocimiento. Le doy las gracias de coraz?n a usted, estimado se?or presidente; a usted, querido arzobispo de Salzburgo; y sobre todo a vosotros, j?venes representantes de los voluntarios de Austria, por las hermosas y profundas palabras que me hab?is dirigido.

Gracias a Dios, para muchos es una cuesti?n de honor comprometerse voluntariamente en favor de los dem?s, de una asociaci?n, de una uni?n o de determinadas situaciones de bien com?n. Ese compromiso significa ante todo una ocasi?n para formar la personalidad y para insertarse en la vida social con una contribuci?n activa y responsable. Sin embargo, la disponibilidad a una actividad de voluntariado se basa a veces en muchas y diversas motivaciones. A menudo en el origen existe simplemente el deseo de hacer algo que tenga sentido y sea ?til, y de abrir nuevos campos de experiencia. Naturalmente, de esa forma los j?venes tambi?n buscan, con raz?n, la alegr?a y actividades gratificantes, una experiencia de aut?ntica camarader?a en una actividad com?n llena de sentido. Con frecuencia, las ideas y las iniciativas personales van acompa?adas de un amor efectivo al pr?jimo; as?, la persona se integra en una comunidad que lo sostiene.

En este momento, quiero expresar mi gratitud m?s sincera por la marcada "cultura del voluntariado" en Austria. Quiero dar las gracias a todas las mujeres, a todos los hombres, a todos los j?venes y a todos los ni?os. En efecto, a menudo es notable el compromiso de los ni?os en el voluntariado; basta pensar s?lo en la acci?n de los "Cantores de la estrella" durante el tiempo navide?o. Usted, querido arzobispo, ya lo ha mencionado. Sobre todo, quisiera dar las gracias tambi?n por los servicios peque?os y grandes, y por los esfuerzos que no siempre llaman la atenci?n.

Muchas gracias, y que Dios os recompense por vuestra contribuci?n a la edificaci?n de una "civilizaci?n del amor", que se pone al servicio de todos y construye la patria. El amor al pr?jimo no se puede delegar; el Estado y la pol?tica, con la solicitud, por lo dem?s necesaria, por la situaci?n social ?como usted, se?or presidente, ha afirmado?, no pueden sustituirlo. El amor al pr?jimo requiere siempre el compromiso personal y voluntario, para el cual ciertamente el Estado puede y debe crear condiciones generales favorables. Gracias a este compromiso, la ayuda mantiene su dimensi?n humana y no se despersonaliza. Y precisamente por eso vosotros, los voluntarios, no sois "tapagujeros" en la red social, sino personas que de verdad contribuyen a dar un rostro humano y cristiano a nuestra sociedad.

Precisamente los j?venes desean que su capacidad y sus talentos sean "suscitados y descubiertos". Los voluntarios quieren ser interpelados personalmente: "Te necesito", "t? eres capaz". ?Cu?nto bien nos hace una petici?n de este tipo! Precisamente en su sencillez humana, nos remite de modo indirecto al Dios que nos ha querido a cada uno de nosotros y que a cada uno ha dado su tarea personal, m?s a?n, que necesita de cada uno de nosotros y espera nuestro compromiso.

As?, Jes?s ha llamado a los hombres y les ha dado la valent?a para llevar a cabo cosas grandes, que por s? mismos no se sentir?an capaces de hacer. Dejarse llamar, decidirse y despu?s emprender un camino sin la acostumbrada pregunta sobre la utilidad y los beneficios: esta actitud dejar? huellas sanadoras. Los santos han indicado este camino con su vida. Es un camino interesante y apasionante, un camino generoso y muy actual. El "s?" a un compromiso de voluntariado y solidaridad es una decisi?n que nos hace libres y nos abre a las necesidades de los dem?s; a las exigencias de la justicia, de la defensa de la vida y de la salvaguardia de la creaci?n. En los compromisos de voluntariado entra en juego la dimensi?n clave de la imagen cristiana de Dios y del hombre: el amor a Dios y el amor al pr?jimo.

Queridos voluntarios, se?oras y se?ores, comprometerse en el voluntariado constituye un eco de la gratitud y es la transmisi?n del amor recibido. "Deus vult condiligentes", "Dios quiere personas que amen con ?l", afirm? el te?logo Duns Escoto en el siglo XIV (Opus Oxoniense III, d. 32, q. 1, n. 6). Visto as?, el compromiso gratuito tiene mucho que ver con la gracia. Una cultura que quiere contabilizarlo todo y pagarlo todo, que sit?a la relaci?n entre los hombres en una especie de cors? de derechos y deberes, experimenta gracias a las innumerables personas comprometidas gratuitamente que la vida misma es un don inmerecido.

Aunque las motivaciones y tambi?n los caminos del compromiso del voluntariado puedan ser diversos, m?ltiples e incluso contradictorios, en resumidas cuentas todos se basan en la profunda comuni?n que brota de la "gratuidad". Hemos recibido gratuitamente de nuestro Creador la vida; hemos sido liberados gratuitamente del callej?n sin salida del pecado y del mal; nos ha sido dado gratuitamente el Esp?ritu, con sus m?ltiples dones. En mi enc?clica escrib?: "El amor es gratuito; no se practica para obtener otros objetivos" (Deus caritas est, 31). "Quien es capaz de ayudar reconoce que, precisamente de este modo, tambi?n ?l es ayudado; el poder ayudar no es m?rito suyo ni motivo de orgullo. Es gracia" (ib., 35). Transmitamos gratuitamente, con nuestro compromiso, con nuestra actividad de voluntariado, lo que hemos recibido. Esta l?gica de la gratuidad est? por encima del simple deber y poder moral.

Sin el compromiso del voluntariado, el bien com?n y la sociedad no pod?an, no pueden y no podr?n perdurar. La disponibilidad espont?nea vive y se demuestra m?s all? del c?lculo y de la compensaci?n esperada; rompe las reglas de la econom?a de mercado. En efecto, el hombre es mucho m?s que un simple factor econ?mico, que se valora seg?n criterios econ?micos. El progreso y la dignidad de una sociedad dependen siempre precisamente de las personas que hacen m?s de lo que constituye su deber estricto.

Se?oras y se?ores, el compromiso del voluntariado es un servicio a la dignidad del hombre, que se fundamenta en el hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. San Ireneo de Lyon, en el siglo II, dijo: "La gloria de Dios es el hombre que vive, y la vida del hombre es la visi?n de Dios" (Adversus haereses IV, 20, 7). Y Nicol?s de Cusa, en su obra sobre la visi?n de Dios, desarroll? este pensamiento as?: "Puesto que el ojo est? all? donde se encuentra el amor, siento que t? me amas. (...) Tu mirar, Se?or, es amar. (...) Al mirarme, t?, Dios escondido, me permites descubrirte. (...) Tu mirar vivifica. (...) Tu mirar significa obrar" (De visione Dei, Die Gottesschau, en: Philosophisch-Theologische Schriften, hg. und eingef. von Leo Gabriel, ?bersetzt von Dietlind und Wilhelm Dupr?, Viena 1967, Bd. III, 105-111). La mirada de Dios, la mirada de Jes?s, nos trasmite el amor de Dios. Hay miradas que pueden caer en el vac?o o incluso despreciar. Y miradas que pueden conferir aprecio y expresar amor. Las personas comprometidas gratuitamente confieren aprecio al pr?jimo, recuerdan la dignidad del hombre y suscitan alegr?a de vida y esperanza. Los exponentes del voluntariado son custodios y abogados de los derechos del hombre y de su dignidad.

Con la mirada de Jes?s va unida tambi?n otra forma de mirar. "Lo vio y dio un rodeo", se lee en el evangelio acerca del sacerdote y del levita que ven al hombre medio muerto a la vera del camino, pero no intervienen (cf. Lc 10, 31-32). Hay quien ve y finge no ver; tiene la necesidad ante los ojos y, sin embargo, permanece indiferente; esto forma parte de las corrientes fr?as de nuestro tiempo. En la mirada de los dem?s, precisamente en la mirada de quien necesita nuestra ayuda, experimentamos la exigencia concreta del amor cristiano.

Jesucristo no nos ense?a una m?stica "de ojos cerrados", sino una m?stica "de mirada abierta", es decir, del deber absoluto de percibir la condici?n de los dem?s, la situaci?n en la que se encuentra el hombre que, seg?n el evangelio, es nuestro pr?jimo. La mirada de Jes?s, la escuela de los ojos de Jes?s, nos lleva a una cercan?a humana, a la solidaridad, a compartir nuestro tiempo, a compartir nuestras cualidades y tambi?n nuestros bienes materiales. Por eso, "cuantos trabajan en las instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse por el hecho de que no se limitan a realizar con destreza lo m?s conveniente en cada momento ?tambi?n esto es importante?, sino por su dedicaci?n al otro con atenciones que brotan del coraz?n. (...) Este coraz?n ve d?nde se necesita amor y act?a en consecuencia" (Deus caritas est, 31). S?, "tengo que llegar a ser una persona que ama, una persona de coraz?n abierto, que se conmueve ante la necesidad del otro. Entonces encontrar? a mi pr?jimo, o mejor dicho, ser? ?l quien me encuentre" (Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, Jes?s de Nazaret, Madrid 2007, p. 238).

Por ?ltimo, el mandamiento del amor a Dios y al pr?jimo (cf. Mt 22, 37-40; Lc 10, 27) nos recuerda que es a Dios mismo, mediante el amor al pr?jimo, a quien los cristianos honramos. El arzobispo Kothgasser ha citado ya las palabras de Jes?s: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos m?os m?s peque?os, a m? me lo hicisteis" (Mt 25, 40). Si en el hombre concreto que encontramos est? presente Jes?s, entonces la actividad gratuita puede convertirse en una experiencia de Dios. La participaci?n en las situaciones y en las necesidades de los hombres lleva a un "nuevo" estar juntos y act?a "dando sentido". As?, el servicio gratuito puede ayudar a sacar a las personas del aislamiento e integrarlas en la comunidad.

Por ?ltimo, quisiera recordar la fuerza y la importancia de la oraci?n para quienes est?n comprometidos en la actividad caritativa. La oraci?n a Dios es camino para salir de la ideolog?a o de la resignaci?n ante la magnitud de la necesidad. "Los cristianos, a pesar de todas las incomprensiones y confusiones del mundo que les rodea, siguen creyendo en la "bondad de Dios y su amor al hombre" (Tt 3, 4). Aunque est?n inmersos, como los dem?s hombres, en las dram?ticas y complejas vicisitudes de la historia, permanecen firmes en la certeza de que Dios es Padre y nos ama, aunque su silencio siga siendo incomprensible para nosotros" (Deus caritas est, 38).

Queridos colaboradores voluntarios y honorarios de las obras de ayuda en Austria, se?oras y se?ores, cuando uno no s?lo cumple su deber en la profesi?n o en la familia ?y para cumplirlo bien se requiere ya mucha fuerza y un gran amor?, sino que tambi?n se compromete en favor de los dem?s, poniendo su valioso tiempo libre al servicio del hombre y de su dignidad, su coraz?n se dilata. Los voluntarios no comprenden de modo estrecho el concepto de pr?jimo; reconocen tambi?n en el "lejano" al pr?jimo que es aceptado por Dios y al que, con nuestra ayuda, debe llegar la obra de redenci?n realizada por Cristo. El otro, el pr?jimo en el sentido del Evangelio, se convierte para nosotros en un interlocutor privilegiado ante las presiones y las constricciones del mundo en el que vivimos. Quien respeta la "prioridad del pr?jimo" vive y act?a seg?n el Evangelio y participa tambi?n en la misi?n de la Iglesia, que siempre mira a todo el hombre y quiere hacerle sentir el amor de Dios.

Queridos voluntarios, la Iglesia sostiene plenamente vuestro servicio. Estoy convencido de que, tambi?n en el futuro, los voluntarios de Austria ser?n fuente de grandes bendiciones; os acompa?o a todos con mi oraci?n. Imploro para todos la alegr?a del Se?or (cf. Ne 8, 10), que es nuestra fortaleza. Que Dios est? siempre cerca de vosotros y os gu?e continuamente con la ayuda de su gracia.

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede
? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 23:22  | Habla el Papa
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