Jueves, 27 de septiembre de 2007
VATICANO - AVE MARIA por don Luciano Alimandi - ?Se debe tomar en serio al Se?or!

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - No nos enga?emos: ?la experiencia del Se?or Jes?s en la vida, el gusto de su presencia pacificadora y sanante debe ser tomada en serio! Acoger a Jes?s significa siempre darle m?s espacio en nuestra existencia mediante la fe verdadera, que hace que nos comprometamos completamente, y no s?lo parcialmente, en el camino de la conversi?n personal, en cada estado de vida. Si el compromiso de conversi?n es s?lo parcial significa que Jes?s no es considerado el Se?or de la vida, pero alguien que se merece s?lo la mitad, s?lo una parte de nuestro coraz?n y no la totalidad de todo nuestro ser.

Frecuentemente el compromiso de amar y de servir al Se?or lo reducimos y lo fragmentamos en el tiempo y, no d?ndonos cuenta, se hace imposible el admirable intercambio entre su Santo Esp?ritu y el nuestro, desde el momento en que se obstaculiza la acci?n constante y maravillosa de la gracia santificante, que no admite estorbos pecaminosos.
Dios quisiera transformar nuestra existencia, la quisiera irradiar toda con su Luz, y en cambio? ?los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malvadas? (Jn 3,19). El Evangelio nos muestra claramente que no est? permitido seguir al Se?or en otro modo que en el que ?l ha mandado. Por esto la necesidad de la presencia de la santa Tradici?n en la Iglesia, para que aquello que es verdadero, santo, sagrado, no sea arrastrado por el tiempo que corre y por los hombres que corren en el tiempo. Las verdades de fe, las exigencias de la ?sequela Christi?, permanecen las mismas durante los siglos, como la Palabra de Dios; por lo tanto no pueden existir caminos facilitados, descontados, abreviados hacia la santidad. El Se?or no ha venido para enga?ar a los hombres, ni tanto menos para vender una mercader?a al mejor comprador.

El Se?or, a diferencia de nosotros, no es un oportunista. Los hombres, no pudiendo soportar m?s la fuerza invencible de la Verdad que emanaba de toda su Persona, de cada una de sus palabras, de cada una de sus acciones - signo indeleble de que Dios hab?a bajado a la tierra y caminaba en medio de ellos -, ?lo crucificaron!

El Se?or Jes?s, en fuerza del mandamiento divino, no viene a negociar la salvaci?n, sino que ?l es la salvaci?n, no viene a traernos un poco de luz, sino que ?l es la Luz; no viene a decirnos algunas verdades m?s, sino que ?l es la Verdad, ?toda la Verdad! Por esto no deja espacios de incertidumbre sobre lo que pide: ?si uno me ama, observar? mi palabra y mi Padre lo amar? y nosotros vendremos a ?l y pondremos nuestra morada con ?l? (Jn 14,23).

El Se?or Resucitado, justamente porque lo es, es digno de recibir toda nuestra atenci?n y todo nuestro compromiso, como reza aquel hermos?simo pasaje del Apocalipsis: ?Tu eres digno, oh Se?or y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque t? has creado todas las cosas, y por tu voluntad fueron creadas y subsisten? (Ap 4,1).
A la luz de la Verdad que es el Se?or Jes?s, tambi?n las pruebas de la vida, sean estas peque?as o grandes, adquieren un significado nuevo, que es tambi?n una prueba concreta y puntual de cuanto nuestro coraz?n est? verdaderamente dirigido hacia el Reino de Dios. Cuando nos cae encima una cruz, en cualquier situaci?n nos encontremos, debemos decir con San Pablo: ?todo concurre para el bien de aquello que aman a Dios? (Rm 8,28). ?Todo! Tambi?n en las pruebas m?s duras, si son vividas con el Se?or - adhiri?ndonos a su palabra, creyendo sin peros ni condiciones a las promesas de las bienaventuranzas -, experimentaremos que el cielo oscuro se abrir? y ante la mente aparecer?n horizontes mejores y m?s altos, bienes inmensamente m?s grandes de aquellos que la prueba misma nos quita ac? abajo: la salud, los afectos, las seguridades, los sue?os de realizaci?n humana, la fama, los honores?

Tomar al Se?or en serio, a lo largo de esta breve vida sobre la tierra, significa poderse unir en el Cielo al n?mero de todos aquellos ?que han pasado a trav?s de la gran tribulaci?n y han lavado y blanqueado sus vestidos con la sangre del Cordero. Por eso, est?n delante del trono de Dios, y d?a y noche le sirven en su templo; y el que est? sentado en el trono les dar? refugio en su santuario. Ya no sufrir?n hambre ni sed. No los abatir? el sol ni ning?n calor abrasador. Porque el Cordero que est? en el trono los pastorear? y los guiar? a fuentes de agua viva; y Dios les enjugar? toda l?grima de sus ojos? (Ap 7,14-17). A la cabeza de este ej?rcito de luz est? la Reina de los Santos que, en su ?testamento? ac? abajo, nos ha dejado una sola consigna: tomad en serio a mi Hijo, ?haced lo que ?l os diga? (Jn 2,5). (Agencia Fides 26/9/2007; l?neas 51, palabras 848)
Publicado por verdenaranja @ 22:52  | Espiritualidad
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