S?bado, 29 de septiembre de 2007
ZENITPublicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. -predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia domingo,30 de Septiembre, XXVI del tiempo ordinario.


XXVI Domingo del tiempo ordinario [C]
Am?s 6, 1. 4-7; I Timoteo 6, 11-16; Lucas 16, 19-31


Un hombre rico vest?a de p?rpura y lino


El tema principal que hay que sacar a la luz, a prop?sito de la par?bola del rico epul?n que se lee en el Evangelio del pr?ximo domingo, es su actualidad, esto es, c?mo la situaci?n se repite hoy, entre nosotros, tanto a nivel mundial como a nivel local. A nivel mundial los dos personajes son los dos hemisferios: el rico epul?n representa el hemisferio norte (Europa occidental, Am?rica, Jap?n); el pobre L?zaro, con pocas excepciones, el hemisferio sur. Dos personajes, dos mundos: el primer mundo y el ?tercer mundo?. Dos mundos de desigual tama?o: el que llamamos ?tercer mundo? representa de hecho ?dos tercios del mundo?. Se est? afirmando la costumbre de llamarlo precisamente as?: no ?tercer mundo? (third world), sino ?dos tercios del mundo? (two-third world).

El mismo contraste entre el rico epul?n y el pobre L?zaro se repite dentro de cada una de las dos agrupaciones. Hay ricos epulones que viven codo a codo con pobres L?zaros en los pa?ses del tercer mundo (aqu?, de hecho, su lujo solitario resulta todav?a m?s estridente en medio de la miseria general de las masas), y hay pobres L?zaros que viven codo a codo con ricos epulones en los pa?ses del primer mundo. En todas las sociedades llamadas ?del bienestar? algunas personas del espect?culo, del deporte, del sector financiero, de la industria, del comercio, cuentan sus ingresos y sus contratos de trabajo s?lo en miles de millones (hoy en millones de euros), y todo esto ante la mirada de millones de personas que no saben c?mo llegar con su escu?lido sueldo o subsidio de desempleo a pagar el alquiler, las medicinas, los estudios de sus hijos.

La cosa m?s odiosa, en la historia relatada por Jes?s, es la ostentaci?n del rico, que ?ste haga alarde de su riqueza sin miramiento hacia el pobre. Su lujo se manifestaba sobre todo en dos ?mbitos, la comida y la ropa: el rico celebraba op?paros banquetes y vest?a de p?rpura y lino, que eran, en aquel tiempo, telas de rey. El contraste no existe s?lo entre quien revienta de comida y quien muere de hambre, sino tambi?n entre quien cambia de ropa a diario y quien no tiene un harapo que ponerse. Aqu?, en un desfile de modas, se present? una vez un vestido hecho de l?minas de oro; costaba mil millones de las antiguas liras. Tenemos que decirlo sin reticencias: el ?xito mundial de la moda italiana y el negocio que determina nos han afectado; ya no prestamos atenci?n a nada. Todo lo que se hace en este sector, tambi?n los excesos m?s evidentes, gozan de una especie de trato especial. Los desfiles de moda que en ciertos per?odos llenan los telediarios vespertinos a costa de noticias mucho m?s importantes, son como representaciones esc?nicas de la par?bola del rico epul?n.

Pero hasta aqu? no hay, en el fondo, nada de nuevo. La novedad y aspecto ?nico de la denuncia evang?lica depende del todo desde el punto de vista de observaci?n del suceso. Todo, en la par?bola del rico epul?n, se contempla retrospectivamente, desde el ep?logo de la historia: ?Un d?a el pobre muri? y fue llevado por los ?ngeles al seno de Abrah?n. Muri? tambi?n el rico y fue sepultado?. Si se quisiera llevar la historia a la pantalla, bien se podr?a partir (como se hace frecuentemente en las pel?culas) de este final de ultratumba y mostrar toda la historia en flashback.

Se han hecho muchas denuncias similares de la riqueza y del lujo a lo largo de los siglos, pero hoy todas suenan ret?ricas o superficiales, pietistas o anacr?nicas. Esta denuncia, despu?s de dos mil a?os, conserva intacta su carga negativa. El motivo es que quien la pronuncia no es un hombre que est? de parte de ricos o pobres, sino uno que est? por encima de las partes y se preocupa tanto de los ricos como de los pobres, incluso tal vez m?s de los primeros que de los segundos (?a estos les sabe menos expuestos al peligro!). La par?bola del rico epul?n no se sugiere por el hast?o hacia los ricos o por el deseo de ocupar su lugar, como tantas denuncias humanas, sino por una preocupaci?n sincera de su salvaci?n. Dios quiere salvar a los ricos de su riqueza.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit]
Publicado por verdenaranja @ 23:35  | Espiritualidad
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