Domingo, 30 de septiembre de 2007
ZENIT publica la carta que ha escrito monse?or ?scar Domingo Sarlinga, obispo de Z?rate-Campana, en la celebraci?n de la festividad de la Sant?sima Virgen Mar?a en su advocaci?n de ?Nuestra Se?ora del Pozo? (septiembre de 2007) dirigida a quienes ?sufren depresi?n, angustia y situaciones de grave necesidad?.

I
DEPRESI?N Y ANGUSTIA, MALES COMPLEJOS
DENTRO DEL MISTERIO DEL SUFRIMIENTO


En el pasado a?o de 2006 tuve la ocasi?n de declarar a la Sant?sima Virgen, en su advocaci?n de Ntra. Sra. del Pozo, o ?Madonna del Pozzo?, como Patrona para quienes sufren depresi?n y estados de angustia y situaciones de grave necesidad, en esta di?cesis de Z?rate-Campana. Entronizada su imagen en la parroquia de Santa Rosa de Lima, en Villa Rosa (Pilar) y en otras capillas de la di?cesis (como Santa Teresita, en Manuel Alberti, y Mar?a de Nazaret, en Z?rate) (1), all? han acudido miles de fieles a lo largo de este a?o, con el maravilloso don de la Fe, o bien pidiendo al Se?or ese don, junto con las gracias que necesitan, tambi?n el don de la salud, viendo como del todo natural que el cristiano enfermo o deprimido vuelva sus ojos a la Sant?sima Virgen Maria, ?Causa de nuestra alegr?a y Salud de los enfermos? (2). Nada hay de especial?simo en dicha advocaci?n: ?Casa de Mar?a? son todas las iglesias donde se encuentra Jes?s Eucar?stico y la presencia espiritual de la Madre. El tema s? es especial; me mueve a dirigirles ?sta sobre todo la necesidad pastoral que veo de afrontar con Fe y Esperanza el panorama de angustia y depresi?n en que viven no pocos hermanos y hermanas nuestros.

Nos mueve la Fe, que es un magn?fico don de gracia; es la Fe en Jesucristo, Hijo del Dios Vivo, a quien Su Madre, la Sant?sima Virgen, nos atrae a todos con singular predilecci?n, especialmente a quienes m?s lo necesitan, abri?ndonos caminos de alegr?a y paz. Es por ello que la Iglesia siempre ha tenido tan en alto la preocupaci?n por los enfermos y sufrientes, a imitaci?n del propio Jes?s, como lo refer?a el Papa Benedicto XVI en una reciente visita pastoral a una cl?nica: ?Encontr?ndome entre vosotros, pienso de modo espont?neo en Jes?s, que durante su existencia terrena siempre mostr? una particular atenci?n a los que sufr?an, cur?ndolos y d?ndoles la posibilidad de volver a la vida de relaci?n familiar y social, que la enfermedad hab?a impedido. Pienso tambi?n en la primera comunidad cristiana, donde, (?) muchas curaciones y prodigios acompa?aban la predicaci?n de los Ap?stoles. La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Se?or, manifiesta siempre una predilecci?n especial por quienes sufren y (?) ve en el que sufre a Cristo mismo, y no cesa de prestar a los enfermos la ayuda necesaria, la ayuda t?cnica y el amor humano, consciente de que est? llamada a manifestar el amor y la solicitud de Cristo a ellos y a quienes los atienden (?)? (3). As? tambi?n nosotros debemos tener una especial solicitud para con los enfermos y los que sufren, y en especial para con los deprimidos y angustiados; m?s a?n, en nuestras parroquias, movimientos y asociaciones de fieles, todo ello debiera ser un aspecto m?s que destacado de la pastoral.

S? sabemos que se sufre como persona, con las caracter?sticas f?sicas, psicol?gicas y espirituales que cada persona posee. Tiene mucho, much?simo que ver con el sentido de la vida que cada uno tenga, como afirma Cassell (4). As?, la esencia del sufrimiento consiste en cierta desintegraci?n del ser, incluyendo el pasado, el futuro, el sentido de la vida de alguien, sus intenciones y proyectos, sus ideas de fuerza y sus creencias. El sufrimiento se da, pues, en una cultura, que es propia del ser humano. A este respecto, un valioso Documento del Pontificio Consejo para la Cultura, llamado ?Para una pastoral de la cultura?, recuerda que esta ?ltima ? (?) es tan connatural en el ser humano que la naturaleza de ?ste no posee rostro sino cuando se realiza en su cultura? (5) . As? tambi?n se realiza el rostro del sufrimiento, y por ende, de la depresi?n, la angustia, el sentimiento del estado de grave necesidad.

Ahora bien, la depresi?n y la angustia son siempre manifestaciones de sufrimiento. Pero la inversa no es igualmente cierta. Nos preguntamos, pues: ?Qu? es el sufrimiento?; ?por qu? el sufrimiento?. Y, todav?a mejor, ?para qu? el sufrimiento?. ?Existe un sentido de ?l?. Expongo estas preguntas (los cristianos tenemos una Respuesta, con may?scula), pero, creo, no ser?a el momento de intentar dilucidar aqu? cuestiones tan cruciales para el ser humano, y tampoco de establecer distinciones entre dolor y sufrimiento, y dentro de ?stos, de profundizar en las causas ps?quicas de la depresi?n y la angustia. M?s que al sufrimiento en general, esta carta desea estar referida sobre todo a estas dos ?ltimas, con una mirada pastoral.

Para introducirnos en tema, algo importante es no confundir el estado de ?nimo triste, que constituye un malestar psicol?gico frecuente (y que conlleva el sentirse triste o deprimido) pero que no configura el padecimiento de una depresi?n en s?, puesto que ?sta indica signos, s?ntomas, s?ndromes, un estado emocional permanente, una reacci?n cl?nica bien definida. En la depresi?n como estado pato-l?gico se pierde la alegr?a y satisfacci?n de vivir, la capacidad de actuar y obrar, y la esperanza de recobrar el bienestar, cayendo en un sombr?o ?nimo. Precisamente, aqu?lla se acompa?a de manifestaciones evaluables cl?nicamente en la esfera del estado de ?nimo (6) del pensamiento (7), de la actividad psico-motriz (8) y de las manifestaciones som?ticas (9) .

Siempre considerando el no ser especialistas, podemos tambi?n afirmar, lato sensu, que el fen?meno de la depresi?n es complejo y multicausal (10). En ese sentido, el Papa Juan Pablo II, quien trat? en distintas ocasiones el tema de la depresi?n desde una perspectiva humana amplia, hac?a referencia a ? (?) los diferentes aspectos de la depresi?n en su complejidad: van desde la enfermedad profunda, m?s o menos duradera, hasta un estado pasajero, ligado a acontecimientos dif?ciles ?conflictos conyugales y familiares, graves problemas laborales, estados de soledad...?, que comportan una fisura o una ruptura en las relaciones sociales, profesionales, familiares. La enfermedad es acompa?ada con frecuencia por una crisis existencial y espiritual, que lleva a dejar de percibir el sentido de la vida? (11). Se encuentran all? mencionados los diversos aspectos y causas de la depresi?n, difusos hoy como nunca, tal como se ha expresado m?s arriba, en la cultura moderna.

Sin entrar en especializaciones, podemos gen?ricamente constatar, esto s?, es que la depresi?n es un mal particularmente complejo y presente en nuestra ?poca contempor?nea (12), caracterizada ?como ninguna otra ?poca- por el avance de los conocimientos cient?ficos y del dominio del hombre sobre el planeta, pero tambi?n signada por el abandono, la soledad, la incertidumbre y las mil y una posibilidades de frustraci?n, tantas veces originadas en el sinsentido de la vida, esto es, en que la vida humana aparece para muchos desprovista de sentido, o bien en factores externos, como graves injusticias infligidas, injusta miseria, desenga?os, calumnias, estafas, tr?gica p?rdida de seres queridos, p?rdida de fe y esperanza por esc?ndalo o pereza o malevolencia de quienes deb?an ayudar.

En general, queridos hermanos y hermanas, hay a nuestro alrededor todo un mundo del dolor del que nos compadecer?amos mucho m?s, si mir?ramos aunque m?s no fuera un poco, saliendo de nuestro propio mundo ?o mundillo- de auto-suficiencia y auto-miramiento, o del f?rrago de nuestros propios problemas. ?Si aunque sea siempre rez?ramos un Padrenuestro por los que m?s sufren!. ?O los incluy?ramos siempre en las intenciones de la Santa Misa!. Puestos en el Coraz?n de Cristo, ya ser?a much?simo, y tambi?n mucho es lo que podemos hacer, en Cristo, conforme a las exigencias de la vida cristiana, en la ?eucarist?a vivida? de nuestra vida diaria.


II
ACTOS DEL DRAMA INTERIOR



?Es un drama la vida?. En el ?mbito de la filosof?a, no pocos consideran que el grito de Friedrich Nietzche, acerca de ?la muerte de Dios? plantea en realidad la tr?gica cuesti?n de ?la muerte del ser humano?. El declive postmoderno desde Michel Foucault a Claude Levi-Straus, desde el ?sue?o antropol?gico? del primero, que deviene en ?muerte del hombre? hasta la mitol?gica tetralog?a del segundo, con su ?crep?sculo de los hombres?, caracterizado por la ?nada? (13).

No son ?stas, pienso, consideraciones exquisitas y desprovistas de sentido. Nosotros, personas religiosas, tenemos mucho que orar y mucho que obrar por el bien; sin creernos m?s que nadie sino partiendo de las energ?as de Amor del ?homo religiosus?, energ?as que el Esp?ritu del Se?or ha puesto para bien de los que lo aman. Frente al drama del vac?o existencial, pongamos Amor, y all? donde haya odio, envidia, paranoia consentida, tambi?n. Como en la oraci?n de San Francisco de As?s. Incluso frente al horror del campo de concentraci?n, expresi?n sin par del vac?o existencial al que nos refer?amos, y de la ominosa Shoah, el gran neur?logo Viktor Frankl, vien?s, hebreo, luego profesor de Harvard, Stanford, Pittsburgh e Dallas, fallecido a los 92 a?os en 1997, encontr? el sentido de la vida y el sentido del Amor. En su obra, ?Le dieu inconscient?, nos habla del ?poder de contestaci?n del esp?ritu?. Y parte del principio que ?la exigencia fundamental del hombre ?es- (?) la plenitud de sentido? (14).

He aqu? un gran remedio a la tristeza y depresi?n. Aparece aqu? el tema de la ?voluntad de sentido?, que abren v?as de salida al ser frustrado, presa del v?rtigo del vac?o existencial, que puede caracterizarse como p?rdida de la capacidad para interesarse, ilusionarse y disfrutar de todas o casi todas las cosas y circunstancias de la vida, disminuci?n general de la vitalidad, p?rdida de la confianza en s? mismo, con sentimientos de inutilidad, inferioridad o de culpabilizaci?n excesiva, perspectiva negra del futuro, ideas de muerte e incluso de suicidio. Este v?rtigo en el que el ser humano puede caer se manifiesta como rampante tristeza, ideas negras, repliegue sobre s? mismo con obsesi?n de muerte, y ca?da en el vac?o. Presas del miedo, tantos hermanos y hermanas nuestros ven todo con temor, hast?o de vivir, voluntad abandonada. Es la n?usea y la desesperaci?n. Es el drama interior, que necesita de un profesional especializado, y tambi?n de atenci?n pastoral.

A nivel humano en general, sin embargo, pienso que en el drama de la depresi?n pueden existir algunos factores de predisposici?n, pero aqu? s?, m?s que nunca, no se debe generalizar, teniendo en cuenta, sobre todo, la multicausalidad a la que hemos hecho alusi?n m?s arriba.

Sin entrar ahora en estas l?neas en el plano de la responsabilidad moral, creo que para nada menor puede constituir un factor a considerar como desencadenante de la depresi?n (m?s all? de todas las predisposiciones gen?ticas y otras causales), el excesivo perfeccionismo de la persona (?es ?sta una manifestaci?n obsesiva?), es decir, el ansia desmesurada de obtener resultados ?perfectos?, que nadie pueda atacar o criticar (lo cual esto ?ltimo, curiosamente, hace a la persona muy vulnerable a la frustraci?n). El perfeccionismo podr?a ser confundido con el sentido gen?rico de la ?responsabilidad?, pero en realidad denota cierto sentimiento de omnipotencia y, dir?amos, de ?irrealismo?, en el sentido de rehusar admitir las propias limitaciones. No es el caso la mayor?a de las veces, pero puede ocurrir que dicho perfeccionismo hiperintencional (utilizando un lenguaje m?s o menos frankliano) se vea teledirigido a logros de anti-valores, como tantas veces son pregonados por algunos medios masivos de comunicaci?n (15).

Ya m?s en el orden ps?quico y psicol?gico, otro factor importante puede constituir la psico-estructura del sujeto con caracteres paranoicos o paranoides, factor que adquiere repercusi?n sobre el tema pues quien adolece de una tendencia paranoica es, en cierta medida, impermeable a la experiencia ?f?ctica? (16) teniendo, como lo tiene, afectado el sentido del discernimiento de sus propias limitaciones o responsabilidades y culpando a los dem?s (como normalmente su trastorno de personalidad lo lleva a hacerlo) de sus fracasos y frustraciones, los cuales ser?an otros tantos complots en su contra. Dicha actitud le hace ver a muchos de los que lo rodean (o a todos) como un conjunto de adversarios y enemigos conjurados. Ello le ocasiona aislamiento y rechazo, y, quiz?, depresi?n. Reitero que no estamos tratando aqu? de la falta moral (no hay que confundir esto, sin tampoco escindir).

En el mismo orden, tampoco podr?amos dejar de mencionar como factores depresivos a la agobiante ?soledad? (no la fecunda, sino esa soledad destructiva, que frustra, algunas veces causada por la desconfianza sistem?tica) y a la par?lisis o atrofia de la actividad (mencionada magistralmente por Frankl como hiperintenci?n paralizante) (17), en la cual la persona deprimida experimenta una exacerbaci?n de su sentido de autocr?tica y tiende a te?ir de negativo sus posibilidades de actuaci?n.

La actitud pastoral: desde un punto de vista psicol?gico, y humano, dir?amos, una persona que ha ca?do en depresi?n necesita compa??a y ayuda a fines de superar la soledad y aislamiento, necesita que alguien le abra camino a la luz en su vida, necesita ejercitar alguna actividad satisfactoria que le resulte exitosa, abrirse al Bien y a la Verdad, y para ello es preciso que descubra cu?les son las fisuras y grietas de su personalidad por d?nde se han filtrado las aguas negras de la depresi?n. Para esto puede ayudar grandemente una perspectiva espiritual profunda, que redimensione enteramente los actos del drama, para transformarlos en una nueva actuaci?n de vida.


III
UNA RECUPERACI?N DESDE LA FUENTE DE LA DIMENSI?N ESPIRITUAL



Lo primero es la aceptaci?n de la propia realidad, la cual, en la medida en que Dios la quiso, o permiti? por lo menos, llega a ser ?historia sagrada? en el sentido en que ni un cabello cae de nuestra cabeza sin que el Padre celestial lo sepa. En la vida no estamos dejados ?A la deriva?, como dram?tica y genialmente lo narra el cuento de Horacio Quiroga? (lo recuerdo de la escuela primaria?) Porque para quienes tienen Fe, ? (?) todo coopera al bien de los que aman a Dios? (Rm 8, 28); tambi?n la autoestima coopera, y en grande, porque no puede amar a los otros quien no se ama (no ?m?s all? del Sol y de las estrellas?, en el decir de Dante Alighieri, sino en la justa medida), por debajo de Dios y amando al pr?jimo como a s? mismo.

Es claro que si la persona que sufre depresi?n es creyente, m?s a?n, un cristiano, un cat?lico con claro conocimiento de su fe y de la doctrina sobre Dios Providente y Misericordioso, que puede ? (?) hacer de las mismas piedras hijos de Abrah?m? (Mt 3, 9), hay elementos muy s?lidos para superar el mundo de oscuridad y frustraci?n y de par?lisis ps?quica.

Por ello, en la atenci?n pastoral de quien padece angustia y depresi?n ocupa un lugar de primer plano todo lo que pueda robustecer la Fe, comprendiendo por ?sta las certezas acerca de la bondad y sabidur?a de Dios (en quien ?vivimos, nos movemos y existimos? como reza Hch 17, 28), acerca de su presencia y su amoroso poder, acerca del destino de felicidad que Dios quiere para todos los seres humanos, al punto que nos dio a su propio Hijo (cf. Jn 3, 16). Tambi?n acerca del recibimiento tierno que Dios prodiga a sus hijos descarriados (cf. Lc 15, 11-24), aun sabiendo perfectamente acerca de nuestras limitaciones, flaquezas, astucias y ?agachadas? (cf. Salmo 103, 14).

La depresi?n y la angustia, en lo espiritual, constituyen una dura prueba. El papel de los que cuidan de la persona deprimida, y no tienen una tarea terap?utica espec?fica (por ejemplo quienes atienden a nivel pastoral a quienes m?s sufren), consiste sobre todo en ayudarle a recuperar la estima de s? misma, la confianza en sus capacidades, el inter?s por el futuro y el deseo de vivir (18). Por eso, es importante tender la mano a todos los enfermos, ayudarles a percibir el Amor y la ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida donde puedan sentirse acogidos, comprendidos, sostenidos, en una palabra, dignos de amar y de ser amados. Para ellos, como para cualquier otro, contemplar a Cristo y dejarse "mirar" por ?l es una experiencia que los abre a la esperanza y los impulsa a abrirse a la vida en abundancia (cf. Dt 30, 19).

Algo muy importante en la b?squeda de sentido, para un creyente, es asumir el sufrimiento (y por ende la depresi?n y la angustia), sin quedantismo ni ?ciertamente- como forma de tr?gico masoquismo sino como forma de ?participaci?n en la pasi?n y en la cruz de Cristo? y como una realidad dolorosa que nos habilita, en el decir de San Pablo, para ? (?) completar lo que falta a la pasi?n de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia? (Col 1, 24).

Esto es causa de esperanza y de apertura de una gran ventana de luz, que da a la comprensi?n del destino de bienaventuranza de la persona humana, al punto que se haga pr?cticamente manifiesto c?mo el camino hacia la vida eterna puede tener que atravesar por una prueba, casi como, en cierto sentido, un propio aniquilamiento y sentimiento de abandono, a imitaci?n de Cristo (19). La oraci?n (?qu? maravilloso es abrirnos a orar!), la participaci?n fructuosa en los sacramentos de la Iglesia ser?n entonces de inmensa ayuda, en especial la Eucarist?a, la Penitencia y la Unci?n de los enfermos.

Una recuperaci?n espiritual ser? de invalorable ayuda para quien sufre angustia, depresi?n y estados de urgente necesidad, porque lo ayudar? a amarse m?s, a valorarse m?s, y a recobrar el sentido de la justa lucha, de la esperanza y de la salida a la oscuridad de la desesperaci?n. Entonces la gracia y la paz se podr?n derramarse como una fuente de bendici?n, porque siempre podemos salir para ayudar a otros que sufren, y esto trae bendici?n, porque lo dijo Jes?s: ?Cuanto ustedes hicieron a uno de estos hermanos m?os m?s peque?os, a mi me lo hicieron? (Mt. 25,40-45).

As? es para con los enfermos, los m?s pobres, los que sufren, los abandonados, angustiados y deprimidos.

V
CONCLUSI?N


La alegr?a pascual refulge siempre magn?fica en la Iglesia y para la humanidad, pues el gozo es el don de Dios del cual, aqu?lla, la Iglesia, es portadora, en tanto portadora del Evangelio. ?La alegr?a ?escrib?a el converso Paul Claudel, convertido por intercesi?n de la Virgen durante el c?ntico del Magn?ficat en la catedral de Notre Dame? es la primera y la ?ltima palabra del Evangelio? (20).

Tanto el anticuerpo como el ant?doto para la enfermedad de la oscuridad del coraz?n es la Fe en Aqu?l que nos dijo: ?Yo soy el camino, la verdad y la vida?. Entonces nuestra vida se transforma en una Eucarist?a vivida, aun con sufrimiento y dolor (de los cuales, cuanto m?s aborrecimiento tengamos, m?s expuestos al sufrimiento estaremos). La alegr?a cristiana, en cambio, proviene de la esperanza que no defrauda, ese ?ya pero todav?a no? que es anticipaci?n de la Gloria del Cielo. El Nuevo Testamento est? todo penetrado de la Vida que Jes?s nos transmite y comunica, y Vida en abundancia (cf Mt 25,21-23; Lc 1,14; 2,10). Nos la comunica a todos sus disc?pulos; por ello el Evangelio de Juan afirma que la alegr?a de Jes?s vive en el disc?pulo (Cf Jn 17,13; 1 Jn 1,4; 2 Jn 12), podemos decir, es una ?alegr?a discipular?, la cual no cesa incluso coexistiendo con el sufrimiento (Cf Jn 16,20-24; 14,28). El gran Obispo y Doctor de la Iglesia, San Agust?n, tiene unas estupendas meditaciones sobre la alegr?a del disc?pulo (21), que tantas veces los cristianos tendr?amos que poner m?s en pr?ctica, tambi?n los pastores del Pueblo de Dios; y me incluyo el primero.

Porque esa realidad de Fe y de Esperanza en nuestra vida hace irradiar de luz a todo nuestro ser, y se transforma en fuente de bendici?n y alegr?a para los dem?s, alentando el esp?ritu y el rostro feliz de cuantos entren en contacto con nosotros, como dice el Libro de los Proverbios sobre el ?coraz?n? (en sentido b?blico: ?Lev?): ?Coraz?n contento, cara feliz, coraz?n abatido, desalienta el esp?ritu? (Prov. 15, 13).

Pedimos al Se?or, por intercesi?n de la Sant?sima Virgen Mar?a, en su advocaci?n de ?Nuestra Se?ora del Pozo?, que saque a nuestros hermanos ca?dos en el pozo de oscuridad y angustia y nos haga ver su Luz ?tambi?n a trav?s de las causas segundas de la ciencia-, un Camino de Luz, para pasar ?haciendo el bien?. En la Fiesta de Nuestra Se?ora de la Merced, la Libertadora de los cautivos, 24 de septiembre de 2007


Mons. Oscar D. Sarlinga, obispo de Z?rate-Campana

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Notas:
(1) La homil?a completa de quien suscribe con ocasi?n de la entronizaci?n de la ?Madonna del Pozzo?, con el significado b?blico y existencial del ?pozo?, puede encontrarse, entre otros sitios de la web, en: http://www.aica.org/index2.php?pag=sarlinga070318 o bien en la p?gina web del Obispado (obzaratecampana.com.ar) o bien en Camineo.info: http://www.camineo.info/news/190/ARTICLE/2235/2007-03-22.html
(2) La Virgen tuvo durante su vida terrena (y esto est? constatado en la Sagrada Escritura) muchos momentos de dolor espiritual, aunque no pudi?ramos hablar propiamente de depresi?n psicol?gica: la profec?a de la espada de dolor que atravesar?a su alma (cf. Lc 2, 35); la huida y el exilio en Egipto (cf. Mt 2, 13-15); la p?rdida del Ni?o Jes?s, al que encontr? luego ense?ando en el Templo (cf. Lc 2, 41-50) y su angustiosa presencia al pie de la Cruz (cf. Jn 19, 25-27). Esa experiencia de dolor le brind?, sin embargo, una capacidad especial para compadecer a los miembros de su Hijo sumidos en la aflicci?n y para interceder por ellos, pidiendo el don del consuelo, la alegr?a y la fortaleza.
(3) BENEDICTO XVI, Discurso a los enfermos, a los m?dicos y al personal del Hospital Policl?nico San Mateo, de Pav?a, en la Visita pastoral a Vig?vano y Pav?a, Domingo 22 de abril de 2007.
(4) E. CASSELL, "Recognizing Suffering", Hasings Center Report 21 (1991): 24-31, p. 25.
(5) La vida humana no se realiza sino en las diversas y concretas modalidades de la actividad humana, que configura el ?existir?. Esta ?ltima constituye una realidad compleja, la de ser, a la vez, ?homo faber? y ?homo amicus?, ?homo politicus? e ?homo sapiens?, sin olvidar el ser ?homo religiosus?. (Cf PONTIFICIO CONSEJO PARA LA CULTURA, Per una pastorale della cultura, Pentecoste 1999, n. 2).
(6) Tales como la tristeza, p?rdida de inter?s, apat?a, falta del sentido de esperanza.
(7) Como la capacidad de concentraci?n disminuida, indecisi?n, pesimismo, deseo de muerte.
(8) Manifestada, por ejemplo, a trav?s de la inhibici?n, lentitud, falta de comunicaci?n o inquietud, impaciencia e hiperactividad.
(9) Es decir, corporales, tales como el insomnio, alteraciones no provocadas por otras causas del apetito y peso, disminuci?n del deseo, p?rdida de energ?a.
(10) Muchos estudiosos de la psicolog?a y de la psiquiatr?a diferencian entre tres grandes grupos o tipos de depresi?n: las depresiones ?end?genas? (en su origen etimol?gico: ?generadas desde dentro?), que son aquellas no ocasionadas ?al menos seg?n lo que se ve cl?nicamente- por cosa alguna externa, esto es, factor alguno de sufrimiento psicol?gico. Aqu? puede incidir de modo importante la matriz gen?tica. Una segunda especie la constituyen las depresiones llamadas ?dist?micas?, relacionadas con ?trastornos? (en el lenguaje moderno, puesto que ya casi no se habla de neurosis) de la personalidad. La frustraci?n, el descontento y la desafecci?n de s? mismas y de lo que las rodean, caracterizan a estas personalidades. Revisten la cl?sica ?amargura? y ?frustraci?n? y generalmente hacen episodios depresivos, de mayor o menor intensidad, con car?cter cr?nico. Por ?ltimo, el tercer grupo, llamado de las ?depresiones reactivas?, o tambi?n conocidas como ?trastornos adaptativos depresivos?, configura un cuadro depresivo que aparece, precisamente, por motivos ?reactivos?, o ?de reacci?n a? acontecimientos disparadores, tales como separaciones matrimoniales, problemas familiares, p?rdida de un ser querido, dificultades de autoestima, enfermedades f?sicas, problemas de relaci?n. Son frecuentes en adolescentes y j?venes, e incluso, con distinta sintomatolog?a e intensidad, en ni?os.
(11) JUAN PABLO II, Discurso a los participantes en la XVIII Conferencia Internacional sobre ?La depresi?n?, promovida por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, Ciudad el Vaticano, 14 noviembre 2003, n. 2.
(12) En cuanto a la historia antigua, la primera manifestaci?n acerca de lo que hoy llamar?amos depresi?n que conocemos, se halla en Hip?crates, quien en su obra ?Las epidemias de la bilis negra?, hace referencia a ella, y pone como su s?ntoma m?s importante la tristeza. M?s adelante se refirieron a la actualmente denominada depresi?n el gran Celso (del siglo I) y posteriormente Galeno, en el siglo II, quien describe tres modalidades de la llamada ?melancol?a?.
(13) C. L?VI-STRAUSS, L?homme nu, Plon, 1971.
(14) V. FRANKL, Le dieu inconscient, Coll. Religion et sciences de l?homme, Edition du Centurion, 1975, p. 92-93.
(15) ?Es importante ser conscientes de las repercusiones que tienen los mensajes transmitidos por los medios de comunicaci?n sobre las personas, al exaltar el consumismo, la satisfacci?n inmediata de los deseos, la carrera a un bienestar material cada vez mayor. Es necesario proponer nuevos caminos para que cada uno pueda construir la propia personalidad, cultivando la vida espiritual, fundamento de una existencia madura? (Juan Pablo II, Discurso a los participantes en la XVIII Conferencia Internacional sobre ?La depresi?n?, promovida por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, Ciudad el Vaticano, 14 noviembre 2003, n. 2).
(16) Es decir, no es la realidad f?ctica lo que le interesa sino c?mo la ve desde su psico-estructura, por ejemplo, con sospecha.
(17) En ?El hombre doliente?, Herder, Barcelona, 1987.
(18) ?El papel de quienes atienden a una persona deprimida sin una funci?n espec?ficamente terap?utica consiste sobre todo en ayudarla a recuperar la propia estima, la confianza en sus capacidades, el inter?s por el futuro, las ganas de vivir. Por eso, es importante tender la mano a los enfermos, hacerles percibir la ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida en la que se sientan acogidos, comprendidos, sostenidos, en una palabra, dignos de amar y de ser amados. Para ellos, al igual que para cualquier otra persona, contemplar a Cristo y dejarse ?guiar? por ?l es la experiencia que les abre a la esperanza y les lleva a optar por la vida? (Juan Pablo II, Discurso a los participantes en la XVIII Conferencia Internacional sobre ?La depresi?n?, promovida por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, Ciudad el Vaticano, 14 noviembre 2003, n. 2).
(19) Cuya angustia se tradujo en copioso sudor de sangre (cf. Lc 22, 44), y especialmente, cuando ?l en la cruz pronunci? el grito desgarrador de ?Dios m?o, Dios m?o, por qu? me has abandonado? (Mt 27, 46; Mc 15, 34). Creer en el poder de la gracia es la condici?n necesaria para rechazar la tentaci?n de la desesperaci?n, y tiene su base en creer en la ?kenosis?, el anonadamiento de Cristo (cf. Flp 2, 6-9).
(20) Cf. P. POUPARD (Card.), Le christianisme ? l?aube du III?me mill?naire, III, L?avenir est ? l?esp?rance, Plon-Mame, 1999, p. 248.
(21) San Agust?n, Obispo y Doctor de la Iglesia, profundo conocedor del alma (y de la ?psykh?) humana, comenta, respecto a lo que hemos llamado la ?alegr?a discipular?: ?Dado que Jes?s mismo es la alegr?a de sus disc?pulos, esta afirmaci?n del Se?or se halla en perfecta armon?a con lo que dice San Pablo: ?Una vez resucitado de entre los muertos, Cristo no muere m?s, y la muerte ya no tiene poder sobre ?l?? (SAN AGUST?N, In Joannem, 101,3). El desaf?o, sin embargo, radica en entrar cada d?a m?s en contacto existencial con Jes?s Resucitado, a trav?s de la vida del disc?pulo, la oraci?n, los sacramentos y la pr?ctica de la virtud teologal de la caridad.
Publicado por verdenaranja @ 23:26  | Hablan los obispos
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