Martes, 02 de octubre de 2007
Entre los materiales recibidos en la parroquia para la celebraci?n de la Jormada Mundial de las Misionres (Domund) est? el art?culo del P. Vito del Prete, Secretario General de la Pontificia Uni?n Misional.

Servicio Teol?gico-Pastoral


Todas las Iglesias
para todo el mundo


?Todas las Iglesias para todo el mundo? se puede traducir as?: a la Iglesia, a todas las Iglesias particulares y a todos en la Iglesia les ha sido confiada la tarea de evangelizar a las gentes hasta los extremos confines de la tierra. A este compromiso misionero y universal se refiere el Mensaje que el Papa Benedicto XVI ha enviado a todas las Iglesias con ocasi?n de la Jornada Mundial de las Misiones.

Los elementos que definen su contenido son dos: TODAS las Iglesias - TODO el mundo. Se trata de la universalidad de la misi?n que Cristo ha confiado a su comunidad: universalidad de los sujetos misioneros y universalidad de los destinatarios de la evangelizaci?n. En el fondo, se dice que toda la Iglesia y todas las Iglesias tienen como tarea prioritaria, absoluta, justificante de su propia existencia y actividad, s?lo una: ir y anunciar el Reino de Dios, venido en Cristo, Salvador del mundo, en un modelo de comuni?n misionera entre todas las comunidades diseminadas entre los pueblos del planeta.

La reflexi?n del Vaticano II ha tenido siempre presentes, m?s a?n, ha sido inspirada precisamente por estos dos polos: IGLESIA-MUNDO, para dar una respuesta al interrogante existencial que contin?a siendo la inquietud de todos los que se preocupan por el Reino de Dios y la plena realizaci?n de la humanidad que Dios ha querido e imaginado: Iglesia, ?cu?l es tu misi?n?

Creaci?n de Iglesias locales

La actividad evangelizadora tiende a crear Iglesias locales, que constituyen el lugar donde el Reino de Dios se hace presente y visible en medio de los hombres y les inflama con el fuego de la misi?n. Los disc?pulos, que se re?nen en la celebraci?n de la Eucarist?a, hacen presente la compasi?n de Dios que Jes?s mostr? en su misi?n mesi?nica. La Iglesia, que ?es hecha? por la Eucarist?a, y que ha experimentado el Reino de Dios, es la levadura, el fermento, la sal, la luz para todas las naciones.

Esta es la misi?n urgente que est? llamada a realizar hoy, en un mundo que, aunque sometido a un proceso de globalizaci?n econ?mica, se encuentra atravesado por conflictos, violencia, discriminaci?n, en el que no faltan grupos que, en nombre de Dios, sienten el odio y la violencia. Esta misi?n debe encontrarse en continuidad con la misi?n de Cristo, el cual ha venido a reunir a los hijos dispersos. Y lo ha hecho sirvi?ndose no de los medios de la l?gica humana, como el poder o la riqueza, sino sacrific?ndose a s? mismo, dando la vida por la humanidad. De su camino y de su vida ha hecho la Carta Magna de su Iglesia. El Reino de los cielos, ha dicho, es de los pobres, de los sencillos, de los que sufren persecuci?n y muerte por causa de la justicia y del Reino de Dios. La Iglesia, pues, evangeliza esta humanidad cuando sigue el camino y la vida de Cristo. La Iglesia no quiere imponer, ni busca ning?n inter?s propio, sino que pide solamente servir a la humanidad, testimoniando y anunciando la cultura de Dios, para que esta humanidad llegue a ser una en la fraternidad, en la solidaridad, en el v?nculo del amor que debe constituirse en la ley universal de la convivencia entre los pueblos.

Esta misi?n es de todas las Iglesias, de todas las comunidades, y corresponde a todos los miembros del Pueblo de Dios. Pero les corresponde ante todo a las Iglesias locales, en las que y por las que subsiste la Iglesia universal. Es una misi?n que tiene como modelo, metodolog?a y camino la comuni?n entre las Iglesias, en la unidad del Cuerpo M?stico de Cristo. Quien se encuentra en las lejanas selvas de ?frica o del Amazonas sabe que est? en comuni?n profunda con quien vive en Roma.

La misi?n es, pues, un asunto de todas las comunidades, que, como vasos comunicantes, comparten personas y recursos para la ?nica Iglesia universal. Todas las Iglesias, juntas, en misi?n.

Una mirada a la situaci?n

En verdad, despu?s del entusiasmo y de la apertura que, en un primer momento, suscit? el Vaticano II, parece que atravesamos un periodo de estancamiento, del que la Redemptoris missio es int?rprete cualificada, al poner de manifiesto los obst?culos externos e internos de la misma Iglesia que ?han debilitado el impulso misionero de la Iglesia hacia los no cristianos, lo cual es un hecho que debe preocupar a todos los creyentes en Cristo? (RMi 2).

Subsiste una tendencia, m?s bien grave, que lleva a las Iglesias particulares a encerrarse en s? mismas, preocupadas por sus necesidades y enfrentadas a los desaf?os nada f?ciles que la humanidad presenta al cristianismo. Las di?cesis, especialmente las de antigua fe, se sienten como castillos asediados, cierran las propias filas, se recuentan, se dan una mejor organizaci?n para frenar la merma de las propias comunidades cristianas. ?La misi?n est? aqu?, se siente repetir a muchos obispos preocupados.

Pero la experiencia nos dice que as? no van demasiado lejos, porque el ?nico remedio para volver a dar vida a las comunidades cristianas es la missio ad gentes. La fe se fortalece d?ndola. Si una di?cesis, una comunidad cristiana no se meten en la estela de la evangelizaci?n, se encuentran en una crisis de fe.

Iglesia local y obispo

El obispo est? llamado a ejercer su mandato misionero en raz?n de la apostolicidad de la Iglesia. El Concilio Vaticano II ha realizado un notable cambio de acento en favor de la importancia de la Iglesia local, pero, al mismo tiempo, ha atribuido una dimensi?n universal a la responsabilidad pastoral de los obispos, en cuanto componentes del colegio episcopal que sucede al colegio apost?lico en la misi?n que Cristo le ha confiado. El obispo debe ver en su Iglesia particular ?la imagen de la Iglesia universal?, porque la una y ?nica Iglesia cat?lica se constituye en y desde las Iglesias locales. De esto se deduce, pues, que el ministerio episcopal, si est? vinculado a la g?nesis, al desarrollo y a los dinamismos de crecimiento de la comunidad concreta, por la naturaleza misma de la comunidad, que es esencialmente cat?lica, est? llamado a un servicio que no puede quedarse encerrado entre las paredes de una ?nica comunidad cristiana. Ha sido puesto al servicio de la comuni?n entre las Iglesias, y esto determina esencialmente incluso su servicio pastoral. Debe haber, por decirlo as?, dos almas del ministerio episcopal: la de pastor local y pastor itinerante; y dos perspectivas: la de la Iglesia constituida y la de la Iglesia que hay que fundar.

Se debe sentir la tradici?n apost?lica como el ?mbito del que nacen los sacramentos y a cuyo alrededor la comunidad se re?ne para la meditaci?n de la Palabra de Dios, la oraci?n y el anuncio de su comuni?n, o tambi?n para ser vivida m?s a?n como el fermento del mundo y como la animaci?n de su historia, en la indicaci?n del camino que conduce hacia ?l.

La missio ad gentes es parte constitutiva de la Iglesia local, porque es fundamental para toda la existencia cristiana. Por eso debe vivificar, orientar y determinar toda otra actividad. Aun siendo espec?fica, debe ser como la levadura que hace crecer y confiere autenticidad a los diferentes ?mbitos de la pastoral. De hecho, ?no es f?cil definir los confines entre atenci?n pastoral a los fieles, nueva evangelizaci?n y actividad misionera espec?fica, y no es pensable crear entre ellas barreras o recintos estancos? (RMi 34). La misi?n es el paradigma de toda la actividad pastoral, lo que quiere decir que catequesis, caridad, sacramentos no son plenamente aut?nticos si no se encuentran animados, vivificados, actualizados o celebrados con la intencionalidad y con vistas a la missio ad gentes, la categor?a que unifica todas las expresiones de la misi?n de la Iglesia. S?lo as? la comunidad diocesana ser? formada y animada a realizar en su propio terreno y fuera de los propios confines eclesiales y culturales las multiformes y m?ltiples actividades de evangelizaci?n, como el anuncio, la promoci?n humana, el di?logo, la ayuda a las j?venes Iglesias, tal como se enumeran en la Evangelii Nuntiandi y en la Redemptoris missio.

Es en esta visi?n global y unificadora donde el ministerio episcopal puede encontrar una definitiva dimensi?n y realizaci?n misionera, superando el obispo la aparente contradicci?n entre ser pastor de una determinada comunidad y el deber de predicar el Evangelio hasta los extremos confines de la tierra.

?No es una gloria para m? predicar el Evangelio?, dec?a San Pablo. Para un obispo, ser misionero no deber?a constituir un t?tulo de m?rito, casi un valor a?adido a su personalidad, sino una humilde e imprescindible deuda que ha adquirido con la imposici?n de las manos.

La crisis que atenaza a las Iglesias occidentales y la fase de estancamiento que algunos observan en las Iglesias j?venes se deben precisamente al hecho de que la evangelizaci?n aparece como opci?n prioritaria en los planes pastorales, pero no vivifica ni determina toda la realidad.

El deber de cada Iglesia de ?estar en misi?n?

En una ?poca de transformaciones mundiales, de descristianizaci?n y de confrontaci?n con otras culturas y religiones, la Iglesia local se encuentra, de hecho, en un ambiente y en un mundo que hay que evangelizar. Las gentes se encuentran en el territorio de cada di?cesis.

La Iglesia est? puesta como centinela, que anuncia el Dios que viene; como profeta, que interpreta la historia de la humanidad a la luz de Dios; como sacramento de Cristo, Supremo Pastor, en el acto supremo de donaci?n para la salvaci?n de todos los hombres.

Como Pablo ap?stol, tiende esencialmente hacia los lejanos, aquellos que todav?a no conocen a Cristo y a?n no han experimentado la paternidad de Dios. Ser?n las amplias clases de no creencia, ser?n los emigrados o los fieles de otras religiones presentes en el propio territorio, la cultura de violencia y atropello que se opone al Evangelio y a la dignidad del hombre, la explotaci?n de las personas, las nuevas capas de pobreza y tambi?n ciertas formas de esclavitud religiosa y cultural: la existencia y la actividad de la Iglesia que el obispo preside son para esto. ?La cooperaci?n misionera se abre hoy a nuevas formas, incluyendo no s?lo la ayuda econ?mica, sino tambi?n la participaci?n directa? (RMi 82).

Al Obispo se le pide ?promover, dirigir y coordinar la actividad misionera [?] La actividad apost?lica no se limite tan s?lo a los convertidos, sino que ha de destinar una parte conveniente de operarios y de recursos a la evangelizaci?n de los no cristianos? (cf. AG 30). Cada di?cesis deber?a ser un laboratorio misionero siempre abierto.

... en comuni?n con y para las otras Iglesias en la ?missio ad extra?

Efectivamente, el mandato de predicar el Evangelio a todas las naciones no ha terminado. ?Los hombres que esperan a Cristo son todav?a un n?mero inmenso. [?] No podemos permanecer tranquilos si pensamos en los millones de hermanos y hermanas nuestros, redimidos tambi?n por la sangre de Cristo, que viven sin conocer el amor de Dios? (RMi 86). Al obispo, como jefe y centro de la actividad apost?lica, se le pide que promueva las vocaciones misioneras para los institutos, congregaciones y para las otras Iglesias. Pero, con m?s propiedad, est? llamado a favorecer una forma de participaci?n en la misi?n universal, con el env?o de sacerdotes y laicos diocesanos seg?n el modelo de comuni?n y cooperaci?n misionera entre las Iglesias. Son los sacerdotes, y ahora tambi?n los laicos, ?Fidei donum?, lanzados por la enc?clica del mismo nombre, de los que la Redemptoris missio afirma que la intuici?n prof?tica de P?o XII ?ha hecho superar la dimensi?n territorial del servicio sacerdotal para ponerlo a disposici?n de toda la Iglesia. Hoy se ven confirmadas la validez y los frutos de esta experiencia? (RMi 68).

Desgraciadamente, es necesario constatar que el entusiasmo de los comienzos ha disminuido, con la excusa de que la misi?n ha venido a nosotros, y as?, no pocos obispos frenan el impulso hacia el mundo no cristiano, concediendo no de buena gana el personal para las otras Iglesias (cf. RMi 85). A las Iglesias antiguas, como a las j?venes, se les ha dicho que no se a?slen, que acojan y env?en misioneros y medios a las otras Iglesias. Este es el modo de proceder para volver a dar frescura y vitalidad a las Iglesias locales, para resolver los numerosos problemas que las afligen.

Las Iglesias locales esparcidas por el mundo son portadoras de un mensaje nuevo de salvaci?n, que introducen como una semilla en las ra?ces de aquella que el Apocalipsis de Juan llama Babilonia. Estas Iglesias son los disc?pulos de Cristo, viven y cantan el canto nuevo de la liberaci?n. No se contaminan con la idolatr?a, son la primicia para Dios. Seg?n la hermosa carta a Diogneto, son el alma del mundo; la vida de los disc?pulos es la de todos los hombres, pero con contenidos e intencionalidades diferentes:

?Habitan en sus propias patrias, pero como extranjeros; participan en todo como los ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extra?a les es patria, y toda patria les es extra?a. Viven en la carne, pero no viven seg?n la carne. Est?n sobre la tierra, pero su ciudadan?a es la del cielo. Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se les desconoce, y con todo se les condena. Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos. Les falta todo, pero les sobra todo? (cap. IV).

P. Vito del Prete
Secretario General de la Pontificia Uni?n Misional
Publicado por verdenaranja @ 0:12  | Misiones
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