Mi?rcoles, 03 de octubre de 2007
Art?culo de Silvio Sassi publicado en la Revista ?Cooperador Paulino?, n?mero 140 SEPTIEMBRE ? OCTUBRE 2007 bajo el cap?tulo general ?Magisterio y Comunicaci?.

MAGISTERIO Y COMUNICACI?N SOCIAL
SILVIO SASSI


Un estudio documentado sobre el pensamiento de la Iglesia referente a la comunicaci?n debe establecer, ante todo, las fuentes que se han tenido en cuenta. Nos ocuparemos de las intervenciones de los Papas y de los dicasterios de la Curia vaticana. Dividi?ndolas en cinco etapas, dedicaremos este n?mero a las tres primeras, dejando las dos ?ltimas para el pr?ximo n?mero.

Una sabia evoluci?n, est?mulo
Y garant?a para los comunicadores


Corno puede constatarse, se a?sla un ?mbito bien determinado dentro de la Iglesia cat?lica que podr?a completarse con los documentos de las Conferencias episcopales a nivel continental, regional y nacional; con los textos de los distintos obispos y de organismos internacionales de comunicaci?n (Ocic, Ucip, Unda, etc.), junto con pronunciamientos de las ?rdenes y congregaciones implicadas en la comunicaci?n.

Adem?s, la investigaci?n podr?a extenderse tambi?n a los documentos de las otras Iglesias y comunidades cristianas (Iglesia ortodoxa, Federaci?n luterana mundial, Consejo mundial metodista, etc.) y de los organismos ecum?nicos (Asamblea mundial del Consejo ecum?nico de las Iglesias, Asociaci?n mundial de los comunicadores cristianos, asociaciones ecum?nicas a nivel continental y local, etc). Finalmente se podr?an tener en cuenta los criterios inspiradores y toda la producci?n de innumerables iniciativas de comunicaci?n medial, multimedial y en red de inspiraci?n cristiana. Como resultado final tendr?amos un amplio panorama sobre las ideas y las iniciativas concretas que, de hecho, realizan de m?ltiples formas el binomio ?religi?n y comunicaci?n? a escala mundial.

Para presentar el Magisterio universal de la Iglesia cat?lica sobre la comunicaci?n, identificamos, por comodidad de subdivisi?n, un primer per?odo que va desde Pentecost?s hasta que se invent? la prensa (1455).

Desde Pentecost?s
hasta Guttenberg


El Evangelio se difunde inicial-mente a trav?s de la palabra de los Ap?stoles encargados directamente por Cristo resucitado y ascendido al cielo; con la fuerza del Esp?ritu Santo, el testimonio de los doce Ap?stoles se extiende desde Jerusal?n a todos los territorios vecinos y al mundo griego y latino, sobre todo gracias a la extraordinaria obra de san Pablo. Problemas concretos de predicaci?n (llegar mediante la escritura donde no se puede llegar personalmente: el primer escrito del Nuevo Testamento es la primera Carta de san Pablo a los tesalonicenses) y la progresiva desaparici?n de los testigos oculares de Cristo, llevan a los cristianos a fijar el testimonio oral en escritos (cartas, relatos de dichos y hechos, evangelios, ap?crifos, etc). Mediante los escritos las primeras generaciones cristianas tratan de fijar con exactitud la vida y las ense?anzas de Cristo, defenderse de la falsedad de las leyendas y de los errores de las herej?as. Con el fin de hacerse entender por la cultura griega y latina, los testigos del Evangelio no tienen miedo de adoptar la reflexi?n filos?fica para defender la fe con los argumentos de las apolog?as e ilustrar los contenidos cristianos con la habilidad de la ret?rica.

Las generaciones cristianas recurren tambi?n al mimo, al teatro, a los espect?culos en plazas e iglesias, a las fiestas y danzas, a las m?scaras y a los atuendos, al canto y a la m?sica. Junto a las condenas por el uso negativo de estas formas de comunicaci?n propias del tiempo, se encuentran directrices positivas para hacer llegar al pueblo el mensaje de Cristo con los medios que usa el pueblo.

Los cristianos est?n llamados tambi?n a tomar posici?n sobre las im?genes y las artes (arquitectura, pintura, escultura, mosaicos, etc.), superando las prohibiciones de la religi?n jud?a y el fen?meno iconoclasta y aprovechando la concepci?n positiva que la escultura griega y romana tienen de la representaci?n art?stica.

En este per?odo, la evangelizaci?n no se enfrenta s?lo a una diversidad de medios expresivos (palabra, escritura, ret?rica, filosof?a, teatro, m?sica, im?genes), sino que afronta un verdadero tr?nsito de cultura: de la palabra oral a la escritura; del texto a la imagen; del judeo-cristianismo a la apertura a todos los pueblos; de un mensaje apocal?ptico a un anuncio escatol?gico; de la exaltaci?n de la contemplaci?n al compromiso de transformar el mundo en sentido cristiano.

La invenci?n de la prensa

Un segundo per?odo en la rela?ci?n entre la Iglesia y la comunicaci?n podr?a abarcar desde el des-cubrimiento de la imprenta hasta principios del siglo XIX. Progresivamente se difunde y se perfecciona la prensa creando el fen?meno de la divulgaci?n de folletos, libros, publicaciones peri?dicas (el primer peri?dico nace en 1605 en Ambe?res, B?lgica; el primer diario sale en 1660 en Alemania), la aparici?n de bibliotecas, la transmisi?n de ideas dentro de una naci?n y entre naciones lim?trofes, gracias a la circulaci?n de los escritos y la afirmaci?n de universidades de prestigio.

La mayor parte de las intervenciones pontificias de este per?odo condenan libros, peri?dicos y diarios considerados como instrumentos de corrupci?n de la fe, de las costumbres y de la vida social. El primer documento pontificio sobre la prensa es el breve Accepimus litteras vestras, enviado el 17 de marzo de 1479 por Sixto IV al rector y a los decanos de la universidad de Colonia. Manifiesta una valoraci?n general que perdurar? mucho tiempo: ?El arte de la prensa, as? como se considera util?sima porque hace posible la multiplicaci?n de libros preciosos y ?tiles, del mismo modo llegar?a a ser sumamente da?osa si quien la tiene entre manos la utilizase mal, imprimiendo paulatinamente lo que es perjudicial?.

El magisterio sucesivo detallar? los peligros de la prensa: difusi?n de doctrinas her?ticas, traducciones no autorizadas de las Sagradas Escrituras, poner libros a disposici?n de gente inculta. Para salir al paso de estos males, el Magisterio establece precauciones y actividades represivas. La constituci?n Inter multiplices, del 17 de noviembre de 1487, auspiciada por Inocencio VIII y retomada por la hom?nima de Alejandro VI el 1 de junio de 1501, establece el examen previo de todos los textos destinados a la imprenta, la necesidad de un visto bueno para su impresi?n (Imprim?tur), penas pecuniarias para quien imprima, lea o difunda libros contrarios a la fe y destrucci?n, mediante el fuego, de los libros malos.

La censura previa de los libros se completa con la instituci?n del ?ndice en el concilio de Trento (decreto De indice librorum del 4 de diciembre de 1536), que hizo efectivo P?o IV mediante la bula Dominici gregis del 24 de marzo de 1564: se trata de la lista de los libros que los cat?licos no pueden leer. Habr? que esperar al 14 de junio de 1966 para que el Santo Oficio abrogue el ?ndice. El 19 de marzo de 1975 la Congregaci?n -Zpara la doctrina de la fe, con el decreto Ecclesiae pastorum, revisa los criterios para la concesi?n del Imprim?tur, todav?a vigentes.

Tambi?n la Inquisici?n es movilizada contra los escritos peligrosos, contra sus autores, los impresores y los lectores; el poder pol?tico, que ya se dedica por su cuenta a la represi?n de op?sculos, libros y revistas no autorizadas por reyes, pr?ncipes y se?ores, se encarga de intervenir tambi?n para que se apliquen las disposiciones de la disciplina eclesi?stica en materia de prensa.

Muy pronto frente al control estatal y pontificio de la impresi?n y difusi?n de lo impreso, se forma la conciencia del derecho de libertad de la opini?n p?blica. Las primeras demandas son tachadas por los representantes del Estado y de la Iglesia de pretensi?n diab?lica: la verdad se identifica con el poder del orden social. La abolici?n de la censura estatal sobre la prensa, el 18 de abril de 1965 en Inglaterra, es el primer acto de libertad que ser? imitado por otras naciones; el 26 de agosto de 1789, la proclamaci?n de los derechos humanos de la revoluci?n francesa sanciona la libertad de opini?n como un derecho fundamental.
Los documentos eclesiales siguen criticando durante mucho tiempo el ?derecho monstruoso? de la libertad de pensamiento, de decir, escribir e imprimir incluso en materia de religi?n (P?o VI, Breve a los obispos de Francia del 10 de marzo de 1791) y aquella ?nunca demasiado execrada y condenada libertad de prensa, de difundir todo en p?blico, que con tanto clamor algunos osan reclamar y promover? (Gregorio IX, Mirar/ vos, del 15 de agosto de 1831).

Razones de prudencia impiden a estos pronunciamientos pontificios medir la naturaleza de la revoluci?n cultural llevada a cabo por la prensa: la informaci?n y la verdad no son ya prerrogativas de un poder social y eclesial; el conocimiento no queda ya vinculado a la transmisi?n entre maestro y alumno; el pensamiento ya no es ?nico, sino m?ltiple debido a la confrontaci?n de ideas. Por otra parte, la reforma protestante, exaltando la libertad individual, encuentra en la prensa un medio maravilloso para llevar a cabo sus objetivos.

Hasta los umbrales
del Vaticano II


El tercer per?odo podr?a extenderse desde comienzos del siglo XIX hasta los umbrales del concilio Vaticano II. Desde el punto de vista de los inventos tecnol?gicos de comunicaci?n, este per?odo constituye una aut?ntica explosi?n: perfeccionamientos y novedades para la prensa (linotipia en 1884, monotipia en 1896, la primera rotativa offset en 1911, etc.); foto-graf?a (1827); tel?grafo (1832); primer cable submarino transatl?ntico (1866); primera m?quina de escribir (1869); tel?fono (1871); fon?grafo (1877); cine (1895); telefon?a sin hilos (1901); radio (1920); cine hablado (1927); tele-visi?n (1936); primera calculadora (1946); primeros discos a 33rpm (1948); l?ser (1960); primer sat?lite de telecomunicaciones (1962). No todos coinciden en cuanto a las fechas indicadas; pero sirven para darnos una idea de los numerosos inventos de este per?odo.

Los inventos en la comunicaci?n social deben completarse con las novedades que han caracterizado la era industrial: descubrimiento de nuevas energ?as, de materias primas, de m?quinas de producci?n en serie, bicicleta, motocicleta, autom?vil, trenes, aviones, barcos, autopistas y puentes, correos, exposiciones universales, librer?as, agencias de informaci?n, marketing, opini?n p?blica, etc.

Contin?a en los documentos pontificios la alusi?n a la ambig?edad de la prensa: libros, revistas y diarios pueden formar a las masas tanto en sentido positivo como negativo. Podemos se?alar, sin embargo, dos novedades en las intervenciones de los Papas. Al reducirse la posibilidad de aliarse con los gobiernos civiles para con?trastar la libertad de prensa y el nacimiento de una opini?n p?blica m?ltiple, los Papas apelan cada vez con mayor insistencia a la for?maci?n de los fieles: es necesario saber leer cr?ticamente y seleccio?nar entre la avalancha de escritos. El segundo dato importante es que se anima a los cat?licos a que se comprometan personalmente con el periodismo y en la industria editorial cat?lica. La movilizaci?n de los escritores y de los periodistas cat?licos manifiesta, con frecuencia, una invitaci?n a la defensa apolog?tica del Papa y de su poder temporal perdido con la toma de Roma (1870). Directrices claras para ?oponer la buena prensa a la mala prensa? nos vienen de Le?n XIII, P?o X, Benedicto XV, P?o XI y P?o XII. En este contexto de creatividad editorial es donde el beato Santiago Alberione piensa fundar la Sociedad de San Pablo y las Hijas de San Pablo para usar la prensa como una nueva forma de evangelizaci?n. Uno de los mayores efectos de la prensa es la formaci?n y consolidaci?n de la opini?n p?blica; el 18 de febrero de 1950 P?o XII afirmaba con gran lucidez: ?La opini?n p?blica es la prerrogativa de toda sociedad normal?.

Inicialmente el Magisterio pontificio no da demasiada importancia al cine; los primeros documentos romanos referentes al cine prohiben al clero asistir a las salas de proyecci?n (15 de julio de 1909 y 25 de mayo de 1918).

Indirectamente estas prohibiciones contribuyen a favorecer el nacimiento de las salas parroquiales, aprovechando el cine para la actividad pastoral. Con la enc?clica Vigilanti cura (29 de junio de 1936), de P?o XI, la Iglesia toma en serio el cine. Mientras respalda la cruzada del episcopado americano que compromete a los cristianos a boicotear las pel?culas malas, el texto pretende ser una llamada de atenci?n a todos los episcopados y a todos los cat?licos del mundo para que reaccionen activamente contra el uso inmoral de las pel?culas. Adem?s de establecer en cada naci?n una oficina para dar un juicio moral sobre cada pel?cula, la enc?clica presenta el cine como una oportunidad para los cat?licos. Defenderse del cine malo y, al mismo tiempo, compro-meterse en la producci?n de pe?l?culas que promuevan la religi?n y la cultura.

P?o XI encarga a Guillermo Marconi que ponga en marcha la emisora ?Radio Vaticano?, inaugurada el 19 de abril de 1931, y es el primer Papa que dirige al mundo un radiomensaje. P?o XII dedica una parte de la Miranda prorsus a una valoraci?n global de la radio: gran medio para la educaci?n humana y para el anuncio del Evangelio, pero que al mismo tiempo, ?como las otras t?cnicas, puede usarse para el bien y para el mal?.

Entre las intervenciones de P?o XII sobre el cine, hay que recordar los discursos sobre el cine ideal (21 de junio de 1955 y 28 de octubre de 1955) y la enc?clica Miranda prorsus (8 de septiembre de 1957), que dedica una parte al cine. P?o XII considera m?s bien la pel?cula como una producci?n art?stica que deber?a respetar c?nones est?ticos cl?sicos y proponer contenidos respetuosos con las leyes morales.

La noche de Navidad de 1948 en Par?s y en Nueva York se transmite la primera santa Misa televisada. En la Miranda prorsus, P?o XII trata tambi?n de la televisi?n: ?...Por una parte, desde el principio, alabamos las grandes ventajas y las nuevas posibilidades, y, por otra parte, ponemos en guardia contra los da?os y los abusos?. Tratando juntas la prensa, la radio y la televisi?n, la enc?clica Miranda prorsus, inteligentemente, intenta una s?ntesis del magisterio anterior, demostrando que sabe integrarlo y hacerlo avanzar con nuevas ideas. La reflexi?n sobre comunicaci?n llevada a cabo por P?o XII inspira la mentalidad con la que el Vaticano II reflexionar? sobre los medios de comunicaci?n social en los a?os sesenta.
Publicado por verdenaranja @ 0:00  | Art?culos de inter?s
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios