S?bado, 06 de octubre de 2007
D?a 4 de Octubre
Memoria Obligatoria. San Francisco de As?s


Desprendimiento de los bienes materiales


Conmemoramos hoy a san Francisco de As?s que, entre sus muchas virtudes, nos da ejemplo especialmente notorio de la virtud de la pobreza. Como es sabido, Francisco, de familia acomodada y con un futuro "prometedor", en el sentido humano y material de la palabra, quiso desprenderse de su hacienda y de los posibles proyectos de progreso mundano, para dedicarse a Dios y a la difusi?n del Evangelio. Esa opci?n suya, que podr?a parecer para los ojos de muchos un ideal poco interesante, result?, en cambio, enormemente atractiva para cientos y miles que, siguiendo su ejemplo, y se han desprendido de los bienes terrenos para seguir m?s libremente a Dios, animando a todos a descubrir en ?l el aut?ntico valor para los hombres.

Meditamos, pues, en la contingencia y fragilidad de los bienes terrenos y en el ejemplo de pobreza que nos ofrece este gran santo que hoy celebramos, a quien podemos encomendarnos para que el Se?or nos conceda amar esta virtud ?la pobreza?, que ?l calificaba de "se?ora" para significar su importancia. Las cosas, incluso las que se nos presentan con su atractivo m?s atrayente, no dejan en ning?n caso de ser caducas; bienes que nos llenan ?y s?lo hasta cierto punto? hoy o durante una temporada; tal vez en alg?n caso, por "toda la vida", pero nada m?s. Y es que, para un hombre con fe, esto es muy poco, porque es muy poco "toda la vida". Ser?a, por tanto, un contrasentido incoherente proponerse, como objetivo de nuestra vida entera, la felicidad que puedan proporcionar las riquezas.

Por lo dem?s, cuando las riquezas se valoran en s? mismas, se conviertan en un poderoso obst?culo para la santidad, para la posesi?n de Dios, ?nico objetivo que puede colmarnos en plenitud. Se hace necesario, por tanto, un efectivo desprendimiento de los bienes terrenos ?que san Francisco practic? con hero?smo? y es condici?n para la Caridad: para el amor a Dios, en que consiste la santidad: Nadie puede servir a dos se?ores, porque o tendr? aversi?n al uno y amor al otro, o prestar? su adhesi?n al primero y menospreciar? al segundo: no pod?is servir a Dios y a las riquezas. As? se expresaba Jes?s, para dejarnos claro que la preocupaci?n por los bienes materiales, en s? mismos, no es compatible con la salvaci?n. Agradezcamos al Se?or los medios materiales de que disponemos, fomentando incluso la ilusi?n de poder contar con m?s y mejores medios, pero que sean instrumentos para servirle mejor.

Recordemos lo que dec?a en otra ocasi?n: La sal es buena; pero si hasta la sal se desvirt?a, ?con qu? se la salar?? No es ?til ni para la tierra ni para el estercolero; la tiran fuera. Quien tenga o?dos para o?r, que oiga. El dinero es bueno, podr?amos decir: lo que poseo y aquello que me ilusiona lograr es bueno, pero si se desvirt?a porque lo amo en s? mismo y no para servir mejor a Dios, para la santidad, que es mi fin en la vida, entonces resulta in?til, m?s a?n, nefasto, por cuanto se interpone como obst?culo entre Dios y nosotros. En cambio, si busco en Dios mis riquezas: esos tesoros a los que nos anima Jes?s de diversos modos, entonces no s?lo mantengo el "capital" sino que lo incremento asombrosamente: No amonton?is tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y donde los ladrones socavan y los roban. Amontonad en cambio tesoros en el Cielo, donde ni polilla ni herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban. Porque donde est? tu tesoro all? estar? tu coraz?n.

Conviene, por consiguiente, que nos preguntemos si tenemos la impresi?n de gastar para Dios, de invertir propiamente en el Cielo. San Francisco, d?ndonos un ejemplo heroico, abandon? todos sus bienes, cuando su familia y amigos esperaban que administrara con acierto su fortuna. S?lo ?l consider? que su mejor negocio ser?a "invertir" en la Vida Eterna propia y para la Vida Eterna de los dem?s. Es, en efecto, muy importante, por una parte, conocer el veradero valor de los bienes materiales: escaso en realidad en s? mismo, por grande que sea su atractivo; muy ?tiles, en cambio, como instrumentos imprescindibles para el servicio Dios, en nuestra condici?n de seres corp?reos. Por otra parte, es preciso tener claro en qu? consiste ser rico de verdad: en la posesi?n de Dios, la Bienaventuranza externa. Dios no espera de todos, sin embargo, un abandono absoluto de las posesiones, ya que se necesitan de ordinario para desenvolverse de un modo normal en la sociedad. Nos pide, en cambio, que no pongamos nuestro coraz?n en las cosas, pues sabe Dios que nada distinto de ?l puede darnos la felicidad.

Aprendamos de la mano de Nuestra Madre esta lecci?n que Nuestro Padre Dios ense?a a sus hijos peque?os, porque queremos hacernos y aprender como ni?os.


Publicado por verdenaranja @ 23:19  | Espiritualidad
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