Lunes, 15 de octubre de 2007
Artículo publicado en el Boletín número 167, Abril-Junio 2007, de "Manos Unidas" en la sección INFORME.

Explotados y excluidos
de la escuela



“Yo empecé a trabajar de muy chico y el trabajo infantil es muy difícil. A pesar de que nosotros salimos a las ciudades a ganar dinero, salimos a perder el cariño de nuestros padres u otras actividades que nosotros como niños deberíamos estar haciendo, como por ejemplo estudiar”. Este testimonio de Adolfo Ramírez, que desde los 12 años trabaja como carretillero en el mercado central de la Ciudad de México, ilustra bien el objetivo de este informe: un niño siente perder la oportunidad de estudiar, porque se ve obligado a trabajar. Actualmente, muchos millones de niños son utilizados, en general de modo abusivo y en contra de su voluntad y condición, en las más diversas actividades, privándolos de la oportunidad de ir a la escuela. El caldo de cultivo de las diversas formas de explotación infantil suele ser la pobreza, en todas sus expresiones.

Entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), establecidos en 2000, no se incluyó explícitamente la eliminación del trabajo infantil, pero sí figura el objetivo de lograr la enseñaza primaria universal. Asimismo, en una de las metas se introduce una exhortación a promover el trabajo decente y productivo para los jóvenes. Ambos aspectos son elementos importantes de cualquier estrategia destinada a erradicar el trabajo infantil, incluyendo también la eliminación de las peores formas de trabajo infantil y el trabajo forzoso.

En la última década, diversos Organismos de las Naciones Unidas y Organizaciones No Gubernamentales están tratando de establecer la relación entre el trabajo infantil, la reducción de la pobreza y la iniciativa “Educación para Todos” (Jontiem 1990 y Dakar 2000). Esto se debe también a que se ha avanzado en el conocimiento del trabajo infantil en todo el mundo, y se ha ampliado el consenso respecto de la urgencia de erradicar esta lacra.

I.- LA EXPLOTACIÓN LABORAL INFANTIL

La forma más extendida de explotación infantil es, sin duda, la laboral. Esta explotación es todavía más sangrante si, bajo lo laboral, se esconden las formas peores del trabajo infantil, como son la esclavitud, la trata de niños, la servidumbre por deudas y otras formas de trabajo forzoso, el reclutamiento en conflictos armados, la prostitución, la pornografía y otras actividades ilícitas. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) presentó en el año 2002 el informe “Un futuro sin trabajo infantil”, y advirtió que este problema no afecta sólo a los países en vías de desarrollo, pues en los países desarrollados también se presenta, sobre todo, en el sector de las manufacturas. Así, cita expresamente dentro de la UE, además de a España, a Portugal y a Italia. Cuatro años más tarde, este organismo de las Naciones Unidas publicó el Informe “La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance” (2006), en el que se aprecian algunos avances en la eliminación de este problema.

¿Qué es el “trabajo infantil”?

Según el Informe de OIT (2006) las nuevas estimaciones y tendencias globales se presentan bajo tres categorías: niños económicamente activos, niños que trabajan y niños que realizan trabajos peligrosos.

Las nuevas estimaciones indican que en 2004 había aproximadamente 317 millones de niños económicamente activos de 5 a 17 años de edad, 218 millones de los cuales podrían considerarse niños trabajadores. De estos últimos, 126 millones realizaban trabajos peligrosos. Las cifras correspondientes al grupo de edad más limitado de 5 a 14 años eran de 191 millones en el caso de los niños económicamente activos, de 166 millones en el de los niños trabajadores, y de 74 millones el de los que se dedicaban a trabajos peligrosos.

Entre el año 2000-2004, se estima que la tendencia ha sido la siguiente: el número de niños trabajadores de 5 a 14 años de edad y de 5 a 17 años se redujo un 11 por ciento. Sin embargo, se redujo mucho más en el caso de los trabajos peligrosos: un 26 por ciento en el caso del grupo de 5 a 17 años y un 33 por ciento en el de 5 a 14 años.

La incidencia del trabajo infantil (porcentaje de niños que trabajan) en 2004 se calcula en 13,9 por ciento en el caso del grupo de 5 a 17 años de edad, en comparación con un 16 por ciento en 2000. En conjunto, se desprende de éstos y otros datos que el trabajo infantil está disminuyendo, y cuanto más perjudicial el tipo de trabajo y más vulnerables los niños afectados, más rápida ha sido la disminución.

La agricultura: el sector con mayor índice
de trabajo infantil


La inmensa mayoría de los niños que trabajan lo hacen en la agricultura: el 70 por ciento, o más de 130 millones de niñas y niños menores de 15 años de edad. Los niños de las zonas rurales, en especial las niñas, suelen comenzar a trabajar a temprana edad, entre 5 y 7 años. En algunos países se calcula que los niños menores de 10 años representan el 20 por ciento del trabajo infantil de las zonas rurales. Gran parte de ese trabajo es invisible y no está reconocido, ya que se absorbe dentro de las unidades de trabajo familiar.

El elemento «explotación agrícola familiar», que es universal y está estrechamente vinculado a la cultura y la tradición, dificulta reconocer que hay niños que pueden estar siendo explotados sistemáticamente, ya que el trabajo que realizan puede ser percibido como «solidaridad familiar», sin tener en cuenta que ese tiempo debería dedicarse a la educación.

La agricultura es un ámbito «especial» y difícil para poner en marcha acciones contra el trabajo infantil. No obstante, precisamente por todos los factores citados y la imposibilidadm, para los niños de ser escolarizados, la agricultura debería ser un sector prioritario para la erradicación del trabajo infantil.

Tendencias regionales

En todas las regiones se registra una disminución del trabajo infantil. No obstante, el sur de Asia presenta uno de los peores índices de explotación laboral infantil, con más de 100 millones de menores en esta situación, obligados a hacer jornadas de 12 y más horas al día, a cambio de unos 20 euros al mes.

Latinoamérica registra una disminución llamativa, del 16,1 al 5,1 por ciento, entre 2000-2004. A pesar de todo, la industria de la minería, la extracción de oro y la fabricación de ladrillos se aprovechan del esfuerzo de gran parte de los 17 millones de menores de 5 a 17 años que trabajan en la región. Esto no tiene una solución fácil, ya que el salario de estos niños representa un importante porcentaje de la renta de muchos países pobres. A este respecto, se calcula que las ganancias de los menores de 17 años en Latinoamérica suponen entre un 10 y un 20% de los ingresos de sus familias.

En el África Subsahariana, región con la mayor incidencia de trabajo infantil, se registró una ligera disminución de la tasa de actividad, que pasó del 28,8 al 26,4 por ciento, entre 2000-2004. Sin embargo, coincide que en el continente se encuentran regiones con las peores tasas de matriculación y alfabetización del mundo.

Ocupación infantil y educación de las niñas

En los últimos cuatro años no se han producido cambios importantes en la distribución del trabajo infantil por sexo. Los niños siguen estando más expuestos que las niñas al trabajo infantil fuera de casa, en particular a los trabajos peligrosos: en las minas y canteras la presencia de niños es muy superior. Sin embargo, en el trabajo doméstico hay una mayor presencia de niñas.

Según el Informe Estado Mundial de la Infancia 2007, las niñas corren el riesgo de perder su escolarización cuando las madres trabajan. El hecho de que las madres que trabajan necesiten un cuidador que las sustituya, hace que muchos niños corran el riesgo de no ir a la escuela, o de abandonarla, para ocuparse de sus hermanos menores, de las tareas del hogar, o de ambas cosas. En Egipto, por ejemplo, se considera normal que las niñas se ocupen de la mayor parte de las labores de la casa. A menudo los padres se muestran reacios a enviar a las niñas a la escuela, ya que no se considera una buena inversión educarlas, pensando que pronto se casarán y se marcharán de casa.

El impacto del trabajo de los niños
en su asistencia y resultados escolares


Según las estimaciones globales sobre el trabajo infantil realizadas por la OIT, cerca de la mitad de los niños trabajadores están matriculados en la escuela. Por lo tanto, cabe preguntarse qué repercusiones tiene el trabajo en la asistencia a la escuela y en los beneficios de la educación. Las horas de trabajo son un indicador importante para conocer qué relación existe entre trabajo y escuela; pero ¿cómo determinar el límite que no se puede sobrepasar? En un estudio del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC), basado en datos recientes obtenidos en Brasil, Kenya, Líbano, Sri Lanka y Turquía, se indicaba que sí había ciertas diferencias entre los niños que trabajan y los que no trabajan en cuanto al rendimiento escolar (por ejemplo, asistencia regular, retrasos, cansancio o abandono).

La explotación laboral puede producir analfabetos de por vida. Los niños que trabajan, si tienen tiempo y no están agotados, pueden frecuentar una escuela informal, pero no obtendrán un título elemental. En general, las largas jornadas y las penosas condiciones en que los niños realizan su trabajo impiden su acceso a la educación, les agota física e intelectualmente y, al mismo tiempo, provocan en sus países graves efectos socioeconómicos, como el aumento del desempleo en la población activa, pues estos menores ocupan el puesto de trabajo de la población adulta.

No todo el trabajo infantil es explotador

La Declaración de los Derechos del Niño afirma: “La humanidad debe al niño lo mejor que puede darle (...). El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad ... El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación”.

No todo el trabajo infantil es rechazable. El concepto de «trabajo infantil» se basa en el Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138), de la OIT, que contiene la definición más completa y reconocida a nivel internacional del concepto de edad mínima de admisión al empleo o al trabajo, lo cual implica una «actividad económica».

En Manos Unidas somos partidarios de que el trabajo de los niños está en la escuela. Sin embargo, reconocemos que, en determinadas situaciones, la realización de tareas apropiadas, debidamente reguladas y compatibles con la asistencia a la escuela, puede aportar a los niños habilidades y responsabilidades, mantener unidas a las familias y contribuir a los ingresos familiares. Al evaluar el alcance del trabajo infantil y dibujar soluciones, es crucial definir qué es el trabajo infantil y distinguir las formas explotadoras de las formas apropiadas. No nos cabe duda de que el trabajo que exige al niño dedicación exclusiva, que le provoca estrés físico, social o psicológico, que se desarrolla en la calle, es trabajo explotador; el trabajo que impide al niño escolarizarse, el que humilla su dignidad y sus derechos (como la esclavitud, la explotación sexual, la trata …) es trabajo explotador.

Los Convenios 138 y 182 de OIT establecen los tipos de trabajo que entran dentro de los límites establecidos por la ley y qué tipos de trabajo se consideran inaceptables, a saber: las formas incuestionablemente peores de trabajo infantil; un trabajo realizado por un niño que no alcanza la edad mínima especificada para el tipo de trabajo de que se trate y que, por consiguiente, impida probablemente la educación y el pleno desarrollo del niño; un trabajo que ponga en peligro el bienestar físico, mental o moral del niño, y que se denomina «trabajo peligroso».

II.- OTRAS CAUSAS DE EXCLUSIÓN Y
ABANDONO ESCOLAR


Abandono de la educación por matrimonio prematuro

Según el Informe Estado Mundial de la Infancia 2007, en numerosos países del Sudeste Asiático y Asia Oriental, los padres envían a sus hijas a trabajar en el servicio doméstico porque lo consideran una buena preparación para el matrimonio.

En Ghana, muchas madres animan a sus hijas a hacer lo mismo. En la India, las chicas jóvenes suelen acompañar a sus madres cuando van a trabajar en el servicio doméstico, de modo que a la edad de 8 o 9 años, ellas mismas acaban aceptando este tipo de empleo.

Se ha constatado una relación entre esta práctica y el matrimonio prematuro de las niñas en varias regiones de África y Asia, aunque resulta difícil conocer el número de matrimonios prematuros, debido a la cantidad de ellos que no se inscriben y que, por tanto, son ilegales. Los padres optan por preparar y casar a sus hijas a edades tempranas por diferentes motivos: porque consideran que son una carga económica, por ayudar a la supervivencia de la propia familia, por proteger a la niña del peligro de sufrir agresiones sexuales… Pero puede ser también por discriminación: a las mujeres se les casa siendo aún niñas con el fin de garantizar la docilidad y obediencia en el hogar del esposo y asegurar una reproducción longeva.

Lo cierto es que el matrimonio prematuro suele tener consecuencias muy perniciosas para las niñas, una de ellas es el abandono de la educación: una vez casadas, las niñas tienden a dejar la escuela.

La prostitución y las actividades ilícitas

De conformidad con lo dispuesto en el Convenio 182, los Estados Miembros de la OIT que hayan ratificado ese instrumento tienen la obligación de hacer frente con carácter urgente a la utilización de niños en la prostitución, al tráfico de niños con fines laborales y sexuales y a la utilización de niños en actividades ilícitas, como el tráfico de drogas.

La trata de niños y niñas con fines sexuales o laborales es un proceso que desemboca en otras formas peores de trabajo infantil. Según las estimaciones contenidas en el Informe global de OIT (2002) sobre el trabajo infantil, cerca de 1,2 millones de niños fueron víctimas de trata. La explotación sexual con fines comerciales es una de las formas incuestionablemente peores de explotación infantil que se manifiesta de muy diversas formas y está relacionada con la cuestión de la trata. Según OIT y UNICEF, cerca de 1,8 millones de niños están en la prostitución; y cada año, más de 1 millón de niños y niñas son víctimas de la prostitución, la trata y la venta con fines sexuales, o se los utiliza en la pornografía infantil. Muchos niños de la calle, víctimas de trata con fines de explotación laboral, suelen terminar ejerciendo alguna forma de actividad ilícita, como tráfico de drogas, robos menores, mendicidad y proxenetismo.

Niños afectados por
conflictos armados


El número de menores involucrados en conflictos armados ha aumentado en el último decenio y, en general, se calcula que asciende a cerca de 300.000, sobre todo en África, pero también en Asia y Colombia. Según datos de UNICEF, la proporción de niñas puede llegar al 40 por ciento. Aunque muchos tienen 15 años o más, se ha observado una marcada tendencia a reclutar niños más jóvenes. “Son utilizados como combatientes, mensajeros, espías, portadores, cocineros, y las niñas a menudo son explotadas sexualmente, privándoles de sus derechos e infancia”, denuncia Ann Veneran, Directora General de UNICEF, en la Conferencia Internacional “Liberemos a los niños de la guerra”, celebrada los días 5 y 6 de febrero de 2007 en París.

El primer intento del IPEC de abordar la cuestión de los niños soldados tuvo lugar en octubre de 2002 con la realización de una serie de evaluaciones rápidas en Burundi, Congo, República Democrática del Congo y Rwanda. Ahora el programa interregional también se ocupa de Colombia, Filipinas y Sri Lanka (países principales), así como de Costa de Marfil, Liberia, Sierra Leona y Uganda (países secundarios).

La reeducación, integración y readaptación de los antiguos niños soldados son prioridades fundamentales. En este marco, la formación para la obtención de calificaciones es un elemento clave. La comunidad internacional debe responsabilizarse y los políticos deben implicarse, en orden a erradicar el drama del “niño soldado”.

Trabajo forzoso y servidumbre por deudas

Algo más de dos tercios (5,7 millones de niños) de las peores formas de trabajo infantil más intolerables corresponden al trabajo forzoso y la servidumbre por deudas. El régimen de servidumbre en el sector agrícola, en la industria ladrillera, en el trabajo infantil doméstico, en las minas y las canteras, están siendo el objetivo del Programa Especial de Acción para Combatir el Trabajo Forzoso.

III.- CONCLUSIÓN

Cómo romper este círculo de explotación y exclusión

Un estudio presentado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), durante el I Congreso Mundial de Niños sobre Trabajo Infantil (Florencia, 2004), revela que, contrariamente a lo que muchos creen, mandar a los niños a la escuela es más rentable que mandarlos a una fábrica, al campo o a una mina. Eliminar la mano de obra infantil costaría 760.000 millones de dólares, pero arrojaría unos beneficios de 5,1 billones en el 2020. En América Latina, por ejemplo, el costo de la eliminación del empleo infantil rondaría los 76.600 millones de dólares y los beneficios llegarían a 407.200 millones en el 2020. Por otro lado, los organizadores del citado Congreso aseguran que enviar a la escuela a los niños trabajadores costaría 11.000 millones de dólares, más o menos lo que el mundo gasta cada tres días en armamento o el presupuesto anual de los europeos en artículos cosméticos.

Según el Informe OIT (2006), la erradicación del trabajo infantil y la reducción de la pobreza a través del desarrollo económico guardan una estrecha relación, pero esta relación no se da de manera automática. Deben aplicarse políticas coherentes que conjuguen el acceso de los niños a la educación, programas contra la explotación infantil y el impacto económico para las familias. El ritmo de la erradicación del trabajo infantil se acelera cuando las estrategias «abren oportunidades» para la gente pobre. Por ejemplo, se avanza en la lucha contra el trabajo infantil cuando los esfuerzos en materia de desarrollo se centran en la reducción de la pobreza en las zonas rurales, cuando se va aumentando progresivamente el número de años de la educación obligatoria y cuando los organismos gubernamentales, los empleadores, los sindicatos y otros actores aúnan fuerzas para aplicar las leyes sobre el empleo relativas a la edad mínima para trabajar y crean oportunidades para evitar que los niños caigan en la trampa de empezar a trabajar precozmente, sobre todo en condiciones peligrosas.

La educación es la clave

Para Manos Unidas la educación es clave no sólo como estrategia preventiva, sino como proceso de capacitación para la vida cotidiana y la autonomía en la adquisición de medios de vida. Los proyectos citados en este informe, relativos sólo al año 2006, son una pequeña muestra de casi cincuenta años de lucha contra el analfabetismo, la apuesta continuada por garantizar el acceso de los niños y niñas a la escuela, erradicando las causas que les ponen en situación de riesgo y de abandono escolar, los marginan y excluyen por motivos económicos, culturales o sociales.

Departamento de Estudios y Documentación
de Manos Unidas.


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