Lunes, 22 de octubre de 2007
Homil?a que pronunci? el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, en las solemnes celebraciones conclusivas del 90? aniversario de las apariciones de las Virgen en F?tima, celebradas el 14 de octubre de 2007.


Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos hermanos y hermanas:

Con esta solemne celebraci?n concluye la misi?n que el Santo Padre me encomend? de representarlo aqu?, en F?tima, con ocasi?n del 90? aniversario de las apariciones de la Virgen Mar?a a los tres pastorcillos, en Cova de Ir?a. Ayer, como en aquel 13 de octubre de 1917, era s?bado. Hoy nos reunimos de nuevo en esta hermosa iglesia, que hace dos d?as tuve la alegr?a de dedicar a la Sant?sima Trinidad, para celebrar la Eucarist?a en el d?a del Se?or, pascua semanal.
Acabamos de escuchar las palabras del ap?stol san Pablo: "Acu?rdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David" (2 Tm 2, 8). El domingo, cada domingo, nos renueva esta exhortaci?n, y nosotros damos gracias a Dios porque nos da la posibilidad de volverla a escuchar hoy aqu?, en F?tima, lugar escogido por la Virgen para transmitir, mediante los tres pastorcillos, su mensaje maternal a la Iglesia y al mundo entero.

Deseo manifestar mi agradecimiento al obispo de Leir?a-F?tima, y a sus colaboradores, por la acogida que me ha sido dispensada como legado pontificio. He podido constatar con alegr?a una vez m?s la profunda devoci?n al Sucesor de Pedro que se respira en Portugal y de modo particular en esta tierra bendita.

Saludo a los obispos, a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, a las autoridades y a todos los peregrinos presentes. Saludo a los fieles que a trav?s de las conexiones televisivas se unen a nosotros desde Portugal, desde Italia y desde otras partes del mundo. Saludo en especial a los feligreses de la parroquia de F?tima y de las otras tres parroquias contiguas al santuario. A todos y cada uno les transmito el saludo y la bendici?n de Su Santidad Benedicto XVI, cuya voz podremos escuchar en el ?ngelus, precisamente al finalizar esta santa misa.

Queridos hermanos y hermanas, tratemos de comprender la palabra de Dios que se acaba de proclamar. El evangelio habla del encuentro de diez leprosos con Jes?s. Los cura a todos, pero s?lo uno, un samaritano, vuelve para darle las gracias y es a este extranjero agradecido a quien dice: "Tu fe te ha salvado" (Lc 17, 19). As? pues, los diez leprosos fueron "curados" de su enfermedad, pero s?lo uno fue "salvado": aquel que por su fe glorific? a Dios y dio gracias a Jes?s.

San Lucas pone de relieve que el leproso salvado era un extranjero. Tambi?n era extranjero Naam?n, jefe del ej?rcito sirio y enfermo de lepra, del que habla la primera lectura. Se cur? cuando, obedeciendo a la palabra del profeta Eliseo, fue a lavarse en las aguas del r?o Jord?n. La palabra de Dios destaca, como hemos cantado en el estribillo del Salmo responsorial, que "el Se?or revela a las naciones su salvaci?n".

La apertura universal de la salvaci?n y la fidelidad a Israel, que a primera vista pueden parecer opuestas, son en realidad dos aspectos inseparables y rec?procos del mismo misterio salv?fico: precisamente la intensidad y la firmeza del amor de Dios por el pueblo que eligi? son las que convierten este amor en una "bendici?n" para todos los pueblos (cf. Gn 12, 3). Esto se manifiesta en el grado m?s alto en la cruz de Cristo, signo m?ximo de su entrega a las ovejas perdidas de la casa de Israel y, al mismo tiempo, de la redenci?n de la humanidad entera.

La palabra de Dios que resuena en la liturgia de hoy en todo el mundo adquiere un significado muy particular para nosotros que la escuchamos en este lugar bendito, marcado hace 90 a?os por la presencia particular de Mar?a. Aqu? todo sigue estando iluminado por esta presencia espiritual, la cual nos ofrece tambi?n una perspectiva de lectura del mensaje de las Escrituras, que podemos sintetizar as?: Mar?a fue preservada de la lepra del pecado, vivi? en perenne acci?n de gracias a Dios y se convirti? en icono de la salvaci?n; ella, "llena de gracia", es signo de la fidelidad de Dios a sus promesas, imagen y modelo de la Iglesia, nuevo Israel abierto a todas las naciones; Mar?a particip? plenamente en el misterio pascual del Hijo: muri? con ?l y vive con ?l, persever? con ?l y reina con ?l para siempre (cf. 2 Tm 2, 11-12).

La hermosa Se?ora se presenta a los pastorcillos resplandeciente de luz; pero en sus palabras, y a veces tambi?n en su rostro, velado en parte por la tristeza, es constante la referencia a la realidad del pecado; muestra a los ni?os su Coraz?n inmaculado coronado de espinas, y explica que son necesarios su oraci?n y su sacrificio para reparar los numerosos males que ofenden a Dios, para que cese la guerra y reine en el mundo la paz.

El lenguaje de Mar?a es sencillo, adaptado a los ni?os, pero no est? dulcificado ni es como el de las f?bulas; m?s a?n, con palabras muy realistas, los introduce en el drama de la vida; les pide su colaboraci?n y, al ver que Jacinta, Francisco y Luc?a tienen una disponibilidad generosa, les revela: "Entonces, deber?is sufrir mucho, pero la gracia de Dios ser? vuestra fuerza" (Primera aparici?n, 13 de mayo de 1917).

La Virgen escoge ni?os inocentes como colaboradores suyos privilegiados para combatir, con las armas de la oraci?n y la penitencia, el sacrificio y el sufrimiento, la terrible lepra del pecado que corrompe a la humanidad. ?Por qu? lo hace? Porque esto responde al m?todo de Dios, el cual "ha escogido lo d?bil del mundo, para confundir lo fuerte, (...) lo que no es, para reducir a la nada lo que es" (1 Co 1, 27-28).

Podemos pensar en el ejemplo de tantos ni?os que han afrontado, y tambi?n hoy siguen afrontando, el sufrimiento y la enfermedad con serenidad, consolando a sus padres y a sus familiares en momentos de tan gran prueba. Entre estos estupendos ejemplos de peque?os ap?stoles de Cristo me complace recordar la figura extraordinaria de Silvio Dissegna, un muchacho piamont?s que muri? de c?ncer a los doce a?os, cuya causa de beatificaci?n ya est? introducida.

Noventa a?os despu?s de las apariciones, F?tima sigue siendo un faro de esperanza consoladora, pero tambi?n un fuerte est?mulo a la conversi?n. La luz que Mar?a hizo resplandecer a los ojos de los pastorcillos, y que se manifest? a tanta gente en el milagro del sol el d?a 13 de octubre, indica que la gracia de Dios es m?s fuerte que el pecado y la muerte.

Sin embargo, Mar?a pide a todos conversi?n y penitencia; quiere corazones sencillos, que acepten generosamente orar y sufrir para la reparaci?n de los pecados, para la conversi?n de los pecadores y para la salvaci?n de las almas. Mar?a espera la respuesta de todos sus hijos.

Queridos hermanos y hermanas, acojamos su invitaci?n y permanezcamos fieles a nuestra vocaci?n cristiana. Ofrezcamos cada d?a fervientes oraciones, especialmente el santo rosario, y nuestros sufrimientos, para la reparaci?n de los pecados y la paz en el mundo. Consider?monos peque?os y humildes hijos suyos, deseosos de vivir para alabanza y gloria de la sant?sima Trinidad, a quien esta iglesia est? felizmente dedicada. Am?n.
Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Hablan los obispos
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