Jueves, 25 de octubre de 2007
Quito (Agencia Fides) - El Cardenal Antonio Gonz?lez Zum?rraga, Arzobispo em?rito de Quito, Presidente de Honor de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y Presidente de la Comisi?n Central del Tercer Congreso Misionero Americano - CAM 3 ha presentado la "Historia de las Misiones en el Ecuador".

HISTORIA DE LAS MISIONES EN EL ECUADOR


A manera de Pr?logo

LA HORA DE DIOS

?Ha llegado ya la hora de Dios?. Con estas palabras informaban los misioneros francisanos al Rey de Espa?a el inicio de su acci?n evangelizadora en la Florida en 1612. Esos mismos frailes continuaban: ?En la cual todos los indios desean ser buenos cristianos. Y as?, de muy lejos vienen a pedir el bautismo?. Estas palabras se pueden aplicar a casi todas las regiones de la Am?rica Espa?ola, pues el ingente trabajo evangelizador se vio respondido por la actitud llena de esperanza de los ind?genas. Las fuentes coet?neas nos obligan a aceptar esta realidad, sin desconocer su lado obscuro: el antitestimonio por parte de muchos cristianos, m?s empe?ados en afianzar su poder que en extender el Reino de Dios.
En el presente trabajo S.E. el Sr. Cardenal Antonio Gonz?lez, Arzobispo Em?rito de Quito, ha logrado una s?ntesis clara y completa de la historia de las misiones en nuestro pa?s desde esa inicial ?Hora de Dios? hasta la actualidad. Sin triunfalismos desbocados ni complejos de culpa pone en manos del lector un texto divulgativo util?simo, no se empantana en la erudici?n acad?mica pero cumple con las especificidades de la m?s exigente labor cient?fica.
Estas p?ginas son indispensables, pues muestran la verdadera cara de la Iglesia Ecuatoriana, empe?ada en la predicaci?n de la Palabra de Dios pero tambi?n en volver m?s digna la vida de los m?s pobres y olvidados. Pero no nos llamemos a enga?o: los misioneros ?eran los ?nicos hospitaleros de los indios?, como dec?a un cura en la Colonia, pero ante todo predicaban la palabra de Dios, pues viv?an aquello que Benedicto XVI ha recordado en su Jes?s de Nazareth: ?Este milagro (de la multiplicaci?n) de los panes supone tres elementos: le precede la b?squeda de Dios, de su palabra, de una recta orientaci?n de toda la vida. Adem?s, el pan se pide a Dios. Y, por ?ltimo, un elemento fundamental del milagro es la mutua disposici?n a compartir. Escuchar a Dios se convierte en vivir con Dios, y lleva de la fe al amor, al descubrimiento del otro. Jes?s no es indiferente al hambre de los hombres, a sus necesidades materiales, pero las sit?a en el contexto adecuado y les concede la prioridad debida?.
Con mesura y sin tremendismo el autor nos comunica las dificultades entorpecedoras de la labor misionera, a veces provenientes de la geograf?a, en otras de las autoridades y de los malos ejemplos, en otras de las costumbres y culturas tan dis?miles. Pero vemos tambi?n el esfuerzo por vencer los obst?culos fortalecido por la fe y el amor. En rotundo decir de Benedicto XVI en el libro citado: ?Quien sigue la voluntad de Dios sabe que en todos los horrores que le ocurran nunca perder? una ?ltima protecci?n. Sabe que el fundamento del mundo es el amor y que, por ello, incluso cuando ning?n hombre pueda o quiera ayudarle, ?l puede seguir adelante poniendo su confianza en Aquel que le ama?.
Por estas cortas p?ginas enjundiosas pasan obispos, sacerdotes diocesanos, religiosos, monjas, alg?n laico en la retaguardia, lo cual nos muestra la unidad evangelizadora de la Iglesia, nos hace ver que esta comunidad se ha lanzado a proponer a Cristo como el Salvador. Lo ha hecho con altos y bajos, con fidelidades y pecados, no siempre comprendi? las especificidades culturales, pero ha sido y es fiel al mandato del Se?or de predicar su Evangelio a todas las naciones.
La ausencia de clero ind?gena se constituy? en la m?s onerosa falla de la Iglesia, el pecado permanente y los prejuicios del tiempo se confabularon para impedir el crecimiento de comunidades con pastores propios. De all? tambi?n que en muchos casos la palabra predicada no se convirtiera en acontecimiento salv?fico y se degradara en semilla comida por las aves del cielo.
Es de esperar que este folleto de S.E. el Sr. Cardenal Antonio Gonz?lez llegue a muchas manos, sobre todo de los j?venes. Tambi?n es de desear que otras plumas publiquen m?s textos cortos de divulgaci?n sobre la vida y la fe de la Iglesia Cat?lica, pues en este mundo de constantes persecuciones, desde las calumnias a los martirios, se impone una nueva apolog?tica, como ped?a hace algunos a?os el Cardenal Joseph Ratzinger.

Carlos Freile
Director
Academia Ecuatoriana de Historia Eclesi?stica



Introducci?n
Las misiones cat?licas nacen con la Iglesia misma, pues tienen su origen en el mandato de Cristo: ?Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creaci?n. ? Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Se?or con ellos y confirmando la Palabra con las se?ales que la acompa?aban? (Mc 16,15 y 20). Al principio los misioneros siguieron las grandes v?as del Imperio Romano y encendieron la luz de la fe desde Irlanda hasta Persia. Dadas las falencias t?cnicas en las comunicaciones el avance fue lento, pero nunca se detuvo. En Oriente sufri? un detenimiento que dura hasta hoy por el destructivo avance del Islam cuyos seguidores llegaron al extremo de talar las vides para impedir que los cat?licos pudiesen celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Pero Dios saca triunfos de derrotas y el impulso misionero se lanz? hacia los pa?ses n?rdicos desde la Isla de los Monjes.
Despu?s de las haza?as mar?timas de los portugueses, los misioneros llegaron no solo a las costas de ?frica, sino de all? a la India y al extremo Oriente, siendo la figura m?xima de ese proceso san Francisco Javier. En esos mismos a?os se abri? la gran epopeya misionera del Nuevo Mundo, con todas sus luces y sombras. En todas las ?capitulaciones? que los reyes firmaron con los conquistadores se inclu?an las cl?usulas que obligaban a traer misioneros y a escucharles en caso de dudas.

La Primera ?poca.
Con los conquistadores llegaron varios misioneros, entre ellos fray Vicente Valverde OP, que fue el primer obispo de la Am?rica del Sur. Fray Marcos de Niza, franciscano, fue testigo de la conquista del Reino de Quito y el primero en denunciar los excesos de los expedicionarios. Otro dominico, Fray Gaspar de Carvajal, en camino al Dorado bautiz? varios ind?genas en la regi?n oriental, en compa??a de fray Gonzalo de Vera, mercedario, a?os despu?s, ya fundada Baeza en 1559, otros frailes predicadores se hicieron cargo de esos pueblos en medio de grandes dificultades por los abusos de encomenderos y mercaderes, como lo atestigu? fray Pedro Bed?n, religioso criollo. Su cohermano, fray Hilario Pacheco regent? c?tedra de quichua desde 1581 con el texto de fray Domingo de Santo Tom?s, editado en Lima en 1560. Los dominicos tambi?n se hicieron cargo de varias doctrinas en la regi?n de Canelos, desde Ba?os hacia el oriente, estuvieron all? hasta fines del siglo XVIII. Por la misma ?poca varios sacerdotes seculares misionaban en las regiones de Macas y de Londo?o, al sur.
En la Sierra, en la Costa, excepto Esmeraldas, y en la regi?n oriental m?s cercana a la Cordillera se fundaron muchas ?doctrinas?, pre-parroquias en donde se ense?aba a los ind?genas la fe cat?lica. Este sistema estuvo unido desde tiempos de Mons. Pedro de la Pe?a, hacia 1570, con el agrupar a los habitantes en pueblos, pues antes viv?an dispersos. Aproximadamente unos 25.000 ind?genas estaban sujetos a las ?encomiendas? por las cuales deb?an ser cristianizados y pagar el tributo no al rey sino a su encomendero, lamentablemente estas encomiendas se convirtieron en fuente de abusos e injusticias, con la perpetua denuncia y oposici?n del clero, sobre todo de los obispos. El clero tambi?n tuvo la honrosa primac?a de luchar contra la mita.
Para el siglo XVII en la conciencia de los quite?os ya se ve?a a la regi?n oriental como tierra de misiones entre infieles y se consideraba a la serran?a como ya cristianizada, la zona costera era vista como evangelizada en parte, pues hacia el interior todav?a viv?an indios no bautizados.
Es importante se?alar que desde el inicio los misioneros tuvieron en la Virgen Mar?a un puntal permanente para la evangelizaci?n, trajeron diferentes advocaciones a lo largo de los a?os, como del Carmen, de las Mercedes, Loreto, Pompeya, Guadalupe (primero la espa?ola, luego la mexicana), la Pur?sima, a ellas se unieron las nuevas advocaciones nacidas en estas tierras: El Quinche, Agua Santa, El Cisne, Las Cajas?. Con toda raz?n se ha afirmado que la Madre de Dios es ?la estrella de la evangelizaci?n de Am?rica Latina?.

La Santa Sede da la encomienda a los Reyes Cat?licos la empresa de la evangelizaci?n de Am?rica.
Descubiertas las nuevas tierras e islas de Am?rica por Col?n, un vasto campo antes desconocido se abre a la evangelizaci?n. Esta misi?n le incumbe primordialmente al Papa, quien tiene la facultad de seleccionar y enviar misioneros para la predicaci?n del Evangelio. Para la obtenci?n de este fin espiritual, en las circunstancias concretas de fines del siglo XV, el Papa juzg? conveniente confiar, mediante un precepto formal, a los Reyes Cat?licos esta responsabilidad de la evangelizaci?n del Nuevo Mundo. Esto lo hizo el Papa Alejandro VI mediante la Bula ?Inter coetera? del 4 de mayo de 1.493. Con esta Bula el Papa impone a los Reyes Cat?licos el formal mandato de procurar la evangelizaci?n del Nuevo Mundo, mediante la selecci?n y env?o de misioneros id?neos ?Os mandamos, en virtud de santa obediencia, que as? como lo promet?is, y no dudamos lo cumplir?is por vuestra grande devoci?n y regia magnanimidad, habr?is de destinar a las tierras firmes e islas antedichas varones probos y temerosos de Dios, doctos, instruidos y experimentados para adoctrinar a los ind?genas y habitantes dichos en la fe cat?lica e imponerlos en las buenas costumbres, poniendo toda la debida diligencia en todo lo antedicho?. Para facilitar la empresa evangelizadora que el Papa conf?a a los Reyes Cat?licos, les hace la donaci?n de las tierras nuevas y la demarcaci?n de la zona para sus nuevos descubrimientos. Termina el Pont?fice concediendo a los Reyes Cat?licos la exclusiva evangelizaci?n de las tierras descubiertas, privando de ella a las dem?s naciones.
Merced a la donaci?n de Am?rica hecha por el Pont?fice a la Corona de Espa?a para que la evangelizara, merced al expreso mandato pontificio, en virtud de santa obediencia?, de ocuparse de la cristianizaci?n del Nuevo Mundo, los reyes Cat?licos van a sentir gravada su ?Real conciencia? con tan honrosa, pero al mismo tiempo delicada responsabilidad. Para descargo de su conciencia, para dar cumplimiento al mandato del Pont?fice, los Reyes van a poner especial empe?o en la selecci?n y env?o de misioneros, en la fundaci?n de iglesias, van a orientar sus cuidados a la conveniente organizaci?n de la Iglesia, eligiendo a los obispos, vigilando por la conducta de los cl?rigos, dando fuerza con su aprobaci?n a las decisiones conciliares y sinodales.
Las cajas reales van a abrirse para los gastos no peque?os exigido por la magna obra misional de Am?rica, de ellas saldr? el dinero necesario para la adquisici?n a?n del vino necesario para el santo Sacrificio y del aceite para la l?mpara del Sant?simo Sacramento. La misi?n encomendada a la Corona espa?ola por medio de la ?Inter coetera? es el centro de donde arrancar?n los dem?s privilegios.
Los deseos de los Reyes Cat?licos de propagar la le Cat?lica en las tierras descubiertas por Col?n se ponen en pr?ctica desde el segundo viaje del Almirante.
Los Reyes procuran que en la nueva expedici?n vayan sacerdotes y, por medio de sus procuradores en la Corte de Roma, piden a Alejandro VI que conceda facultades especiales a Fray Bernardo Boil, jefe de la primera expedici?n de misioneros.
Contestaci?n a esta petici?n de los Reyes es la Bula ?Piis Fidelium? del 25 de junio de 1.493, por la cual. el Papa se dirige al ?querido hijo Bernardo Boil?, hermano de la orden de los M?nimos, Vicario de dicha orden en los Reynos de Espa?a?, y le concede facultades especiales, constituy?ndole en el primer Vicario Apost?lico de las Indias Occidentales, aunque hubo de durar poco tiempo su misi?n, al parecer por desacuerdos habidos con Col?n.
Por medio de la Bula ?Eximiae devotionis? del 16 de noviembre de 1.501, el Papa Borja concedi? a la Corona espa?ola los diezmos que habr?an de pagar los habitantes de las Indias. La concesi?n es perpetua, pero no a t?tulo gratuito. La Santa Sede se asegur? previamente de que la subvenci?n del clero y la provisi?n de lo necesario para el culto quedaran claramente reconocidas como obligaciones de los Reyes y de sus sucesores.

Concesi?n expl?cita del Patronato sobre las Iglesias del Nuevo Mundo a los Reyes de la Castilla y Le?n.
Pocos altos despu?s de iniciada la labor misional en el Nuevo Mundo descubierto por Col?n, los Reyes Cat?licos piensan que e1establecimiento de di?cesis con obispos residenciales ser? e1 medio m?s eficaz para asegurar la obtenci?n del fin que se hab?an propuesto, al solicitar de la Santa Sede la donaci?n da las tierras descubiertas: procurar la conversi?n de sus habitantes a la fe cat?lica
El 15 de noviembre de 1.504 obtienen de Roma la Bula ??Illius fulciti? por la cual se erigen las primeras tres di?cesis de Am?rica: Yaguata, Magua y Bayana en la Isla Espa?ola, actual Rep?blica Dominicana. Este Bula de Julio II no hac?a menci?n alguna del derecho de Patronato en favor de los Reyes Cat?licos. Esta omisi?n disgust? al Rey Fernando, pues la Bula lleg? a sus manos despu?s de la muerte de la Reina Isabel, acaecida en Medina del Campo el 25 de Noviembre de 1.504. El Rey Fernando escribi? el 13 de Septiembre de 1.505 a su embajador Francisco de Rojas, d?ndole instrucciones para que obtuviera del Pont?fice, juntamente con otras concesiones, la del Patronato sobre la Iglesia en el Nuevo Mundo. El 28 de Julio de 1.508 expidi? el Sumo Pont?fice Julio II la Bula ?Universalis Ecclesiae? con la cual concedi? a los Reyes Fernando y Juana y al Rey de Castilla y Le?n que con el tiempo sea ?el derecho de Patronato y de presentar personas id?neas para las citadas iglesias Yaguatense, Magense y Bayunense y otras cualesquiera Metropolitanas, Iglesias Catedrales, Monasterios y Dignidades Mayores? as? como para cualesquiera otros beneficios eclesi?sticos y lugares piadosos que hayan de vacar en los dichos lugares e islas?.
El Patronato sobre las iglesias de las Indias est? concedido a los Reyes de CastilIa y Le?n. Desde su origen tiene este Patronato unas cualidades caracter?sticas: Perpetuidad puesto que se concede al Rey de Castilla y Le?n que por el tiempo fuere; Exclusividad como consecuencia de la exclusiva facultad otorgada a los Reyes para fundar, erigir y construir iglesias; Universalidad ya que se extiende a todos los beneficios eclesi?sticos y lugares p?os.
Con raz?n se considera la Bula ?Universalis Ecclesiae? de Julio II como la carta org?nica del derecho de Patronato concedido a los monarcas espa?oles sobre las Iglesias de Am?rica Latina. Cuando el mismo Papa Julio II erige, por medio de la Bula ?Romanus Pontifex?, del 8 de Agosto de 1.511, las tres que real y efectivamente resultan ser las primeras di?cesis americanas, Santo Domingo. La Concepci?n y San Juan de Puerto Rico, sufrag?neas de la Metropolitana de Sevilla, concede perpetuamente el derecho de Patronato y presentaci?n al Rey de Castilla y Le?n.
Con el ejercicio del derecho de Patronato, sobre todo en tiempos de los Austria, fueron nombrados santos y celosos obispos en las Indias occidentales, como Santo Toribio de Mogrovejo, Arzobispo de Lima; Fray Luis L?pez de Sol?s, Obispo de Quito y Fray Agust?n de Coru?a, Obispo de Popay?n.
El crecimiento misional hizo que el papa Gregorio XV funde en 1622 la Congregatio de Propaganda Fide, para coordinar todos los esfuerzos de la Iglesia universal en la predicaci?n de la fe a los pueblos que no la conoc?an, pues los Patronatos espa?ol y portugu?s, pon?an dificultades a las labores misioneras como se lee en las Collectanea Sacrae Congregatonis de Propaganda Fide, ejemplo se?ero es que mientras el Papa y el Cardenal Ingoli, prefecto de la esa Congregaci?n, aprobaban sin restricciones la ordenaci?n de sacerdotes ind?genas, las Coronas ib?ricas se opon?an a ello con lo que pusieron dificultades enormes a la conversi?n de los nativos, por lo que alg?n historiador y te?logo actual ha sostenido que hubo una evangelizaci?n est?ril en el mundo americano.

Misiones de los Franciscanos.
En 1633 fray Francisco Anguita con algunos compa?eros inici? la misi?n en el r?o Putumayo, entre los indios evangelizados se encontraban los famosos icajnates o encabellados y los omaguas. En 1645 dos franciscanos entraron a la regi?n de Canelos y bautizaron a muchos, otros pasaron a misionar a los j?baros pero no pudieron hacerlo por la presencia de soldados. Despu?s de algunos a?os esas misiones pasaron a los jesuitas. Con altos y bajos la misiones del Putumayo fueron atendidas por los franciscanos, en 1693 ten?an cuatro pueblos y segu?an avanzando. En 1737 el famoso religioso riobambe?o fray Fernando de Jes?s Larrea y D?valos fund? el Colegio de Misiones de Pomasqui del cual salieron varios religiosos para las selvas orientales. Este mismo fraile se dedic? a las misiones urbanas con gran cosecha espiritual durante toda su vida. En 1750 el Colegio pas? a Popay?n, poblaci?n perteneciente a Quito en esas ?pocas, pues estaba m?s cerca de los territorios a misionar. De all? salieron misioneros que unidos a otros llegados de Espa?a predicaron la fe hasta fines del siglo XVIII. Poco a poco las misiones del Putumayo se quedaron sin misioneros tanto por el cierre del Colegio de Popay?n cuanto porque, tras la expulsi?n de los jesuitas en 1767, algunos franciscanos fueron encargados de las Misiones de Mainas dependientes del Colegio de Ocopa. All? tuvo gran protagonismo fray Jos? Manuel Plaza hasta mediados del siglo XIX cuando pas? al obispado de Cuenca.

El desarrollo de las misiones de los padres de la Compa??a de Jes?s.
En 1603 el padre Rafael Ferrer inici? entre los cofanes las que llegar?an a ser inmensas y trascendentales misiones de la Compa??a en el suelo oriental, al poco tiempo ya hab?a llegado hasta el Amazonas por el Napo. Lamentablemente las autoridades quisieron imponer un encomendero a los cofanes por lo que ?stos provocaron la muerte del afanoso misionero en 1610. Tambi?n fracasaron las primeras misiones de Mainas a cargo de mercedarios y agustinos por la misma raz?n. Por eso los jesuitas se opusieron a esta intromisi?n de la autoridad civil porque la encomienda no tenia raz?n de ser cuando ya hab?a sacerdotes que predicaban la fe con conocimiento y virtud. En 1639 los padres Gaspar de Cug?a y Lucas de la Cueva tomaron a su cargo esta dif?cil misi?n. Desde el principio trataron de ense?ar la fe junto con las primeras letras. Estas fueron misiones muy extensas pues abarcaban un territorio que va desde la cordillera de los Andes hasta cerca de la poblaci?n de Manaos en Brasil y al sur del Amazonas por el Ucayali, el Huallaga y el Yavar? hasta el grado 8 de latitud sur, con innumerables pueblos de divers?simas lenguas y culturas. Esa actividad multifac?tica me lleva a un comentario necesario sobre la realidad de las misiones despu?s de que el fanatismo jacobino expulsara a los padres de la Compa??a en 1767, para ello dejo la palabra a dos testigos de esa ?poca.
El mismo obispo de Mainas, fray Hip?lito S?nchez Rangel, exclamaba con triste despecho en 1813: ?Desde que salieron los jesuitas de estas tierras no ha habido quien se contraiga a su fomento espiritual ni temporal; todos se han buscado a s? mismos. De esta proposici?n que es absoluta y de una eterna verdad se ha seguido naturalmente lo que estamos viendo y tocando con dolor, que ya no ha quedado cosa alguna de lo que aquellos padres establecieron y solo hay lo que produce la madre naturaleza? (Fray Enrique Vacas Galindo: Colecci?n de documentos sobre los l?mites ecuatoriano-peruanos, Quito, 1902, T.II, p. 320). El Pacificador Toribio Montes, personaje que merece un estudio profundo para colocarlo en su verdadero sitial hist?rico, informaba en 1816: ?? las misiones de Mainas se hallan en un sensible atraso ? a falta de un necesario cultivo han vuelto varias poblaciones a la barbarie y gentilidad de que fueron sacadas a grande costa?. Los jesuitas ten?an sus casas parroquiales prove?das de las necesarias librer?as, y todas las iglesias decentemente adornadas, de las que apenas ha quedado rastro; ellos proporcionaban a las poblaciones las comodidades de la vida. ?
Los jesuitas han dejado en estas provincias una memoria muy grata, cont?ndose de ellos su incasable tes?n en predicar la doctrina cristiana, en administrar los santos sacramentos, su beneficencia con los menesterosos, su desvelo en la educaci?n p?blica y su exacta probidad?. Y concluye con la noticia que el Ayuntamiento de Quito ha solicitado al rey ?se digne establecer en esta ciudad la Compa??a de Jes?s?. (Rafael Jaramillo: Nuestros derechos territoriales en el Oriente, Guayaquil, 1892, p. 11, cit. por Miranda, p. 179).

Aspectos organizativos.
La existencia del Patronato, por una parte, y la Bula Exponi Nobis (1522), llamada ?Omn?moda?, de Adriano VI, por otra, dio origen a problemas y dificultades no solo en cuanto a quien deb?a responsabilizarse en el env?o de misioneros sino en cuanto a la forma de escogerlos: tanto el rey como los superiores religiosos, y como es natural el Papa, quer?an tener cartas en el asunto. El proceso en conjunto ten?a facetas positivas y negativas. Entre las primeras tenemos la misma propaganda misional hecha por los propios misioneros que regresaban con ese fin a Europa o mandaban cartas edificantes, tambi?n las gracias espirituales que el Papa conced?a a quienes se lanzaban a la aventura misionera y las mercedes y honores concedidos por los reyes. En el caso de los franciscanos desempe?? un papel interesante el hecho de que una monja muy famosa del siglo XVII, la Venerable Mar?a de Jes?s de Agreda, todav?a en vida se hab?a aparecido a ind?genas de M?xico inst?ndoles a la conversi?n, lo cual provoc? un gran entusiasmo por ir a las misiones. El mencionado franciscano Fernando de Jes?s Larrea fue muy devoto de esta monja. Entre los jesuitas era tal el n?mero de quienes deseaban venir a misionar en las Indias que se les llamaba ?ind?petas?.
Exist?an tambi?n factores adversos, m?s all? de las dificultades normales como la lejan?a, los sacrificios y dureza de la vida misionera, entre ellos est? la misma campa?a disuasiva de otros religiosos, excepto entre los jesuitas, quienes sol?an ser personas que hab?an regresado fracasadas de Indias y desprestigiaban a las misiones, otros, en cambio, afirmaban que al llegar a Am?rica recibir?an destinos diferentes a las misiones propiamente dichas. Tambi?n enfriaban el entusiasmo de los candidatos los informes negativos sobre las realidades de Am?rica como la famosa Brev?sima relaci?n de la destrucci?n de las Indias del padre Las Casas, los prejuicios acerca de la capacidad de los ind?genas para recibir la fe y la triste fama, ni siempre bien fundada, de muchos religiosos americanos, por eso algunos dec?an que no quer?an venir ?a ayudar a salvar a las ?nimas ajenas y a infernar las suyas propias?. Tambi?n algunos provinciales se opon?an no solo por el temor de perder religiosos buenos y quedarse sin personal suficiente, sino por la convicci?n de que las misiones en Am?rica eran ?cosa perdida?. Todo ello impuls? al Papa a castigar con excomuni?n ipso facto incurrenda a cualquiera que estorbase el paso de misioneros a Indias (Bula Exponi nobis, ya citada).
No es infrecuente que en el estudio de las misiones se deje de lado un aspecto dirimente aunque no fundamental: el costo de los viajes, no siempre las provincias estaban en capacidad econ?mica de sufragar los gastos por lo cual ped?an ayuda a la corona. Pero las autoridades, sobre todo al principio, no ten?an en cuenta los costos de los hospedajes (?entretenimientos?) en los conventos o casas de los puertos de embarque, pues casi siempre los viajeros deb?an alojarse dos o tres meses a la espera de la flota y su n?mero a veces llegaba al centenar. S?mese a ello los costos de transporte de los enseres, libros, alimentos para la traves?a, etc. (Entre los ?enseres? contamos: ornamentos, tela para manteles, candelabros, campanillas, vinajeras, aras, moldes para hostias, cuadros, incensarios, velas, misales, vino, aceite, harina, sayales, campanas, ropa, cobijas, tela para colchones y almohadas, etc.).

La selecci?n de misioneros.
Tanto la Santa Sede como la Corona tuvieron gran cuidado en la selecci?n del personal que deb?a pasar a Indias para evitar los problemas de todos conocidos, los requisitos son bien conocidos tanto en materia de virtud como de ciencia y de salud, a los que se a?ad?a la disponibilidad para el martirio, tambi?n es sabido que no siempre los dos filtros eran suficientes, pero la Corona, muy consciente de su responsabilidad jur?dica y moral tom? la decisi?n de controlar uno por uno a los eclesi?sticos que pasaban a Indias con el fin de ir a las misiones entre infieles. A partir de 1552 se estableci? que todo cl?rigo llegado a Am?rica de manera clandestina deb?a ser reembarcado en el menor tiempo posible con la p?rdida de sus facultades y estipendios. En todo caso no hay que olvidar que el cardenal Francisco Jim?nez de Cisneros hab?a restablecido la disciplina eclesi?stica en el clero secular y regular de Castilla desde 1480.

Los m?todos.
Al principio los misioneros se limitaban a preguntar a los indios si deseaban el bautismo para impartirles el sacramento, con la idea de reforzar despu?s poco a poco a lo largo del tiempo , pero tambi?n con la intenci?n de frenar el mal trato por parte de los conquistadores, pero poco a poco se convencieron de que sin una transformaci?n cultural la fe no se arraigaba, por eso insistieron en que los pueblos que viv?an separados por familias se juntasen en pueblos (las tan conocidas ?reducciones? de los franciscanos continuadas por los jesuitas), abandonasen por consiguiente las costumbres n?madas, de all? la introducci?n de animales como las gallinas y los ganados vacuno y porcino cuya crianza imped?a el moverse de un lugar a otro (el asunto no fue f?cil pues los ind?genas mataban de inmediato la vaca y esperaban el regalo de otra, acostumbrados como estaban a encontrar caza en la selva).

Mucho se ha criticado el hecho de que los misioneros castigaban a los indios que no asist?an a la ?doctrina?, o sea a las clases de catecismo, lo cual parece que sucedi? en algunos lugares de la Sierra, pero es posible tambi?n que esos castigos m?s bien se dieran para evitar las reca?das en costumbres paganas pecaminosas, sobre todo la lujuria y la venganza, parece ser que el misionero administraba un castigo f?sico como penitencia al neoconverso que no perseveraba en la monogamia, por ejemplo.

Era frecuente que se hiciese aprender de memoria las principales oraciones de la Fe Cat?lica y a partir de eso ense?ar la doctrina, con ese fin se ten?a la ayuda de muchachos despiertos que repet?an lo dicho por el misionero cuando ?ste se ausentaba a visitar otros poblados.

Las misiones: obra de fe, no de dominio.
La obra de los misioneros solo se explica por la fe. Esos sacerdotes no se motivaron ni por la fama ni el poder, ni por el dinero ni la humana gratitud, sino simplemente por la gloria de Dios y la salvaci?n de las almas. Debemos recordar en primer lugar las peripecias del viaje desde Europa, que sol?a pasar por Cartagena de Indias, con los consabidos ataques de piratas y de indios caribes al servicio de los ingleses y holandeses que persegu?an con sa?a a los misioneros, y solo a ellos, para asesinarlos, esto sin contar los naufragios, en una ocasi?n fallecieron cuarenta misioneros cerca de las islas Canarias. Varios misioneros entregaron su vida ya por enfermedades, dado el empe?o de cuidar a sus catec?menos enfermos, ya ahogados en los r?os, ya perdidos en la selva, ya asesinados por odio o a la fe o como v?ctimas propiciatorias de los abusos de otros. Solo la cruz de Cristo tiene la fuerza de impulsar a tantos hombres valiosos a dejarlo todo y a esconderse entre selvas llenas de peligros, cuyos habitantes hablaban divers?simas lenguas, en perpetua separaci?n de otros hombres de su idioma y cultura, rodeados de tribus ?que no ten?an m?s oficio que el homicidio?. Escribe el padre Francisco X. Zephyris: ?La vida les parece (a los misioneros) mucho m?s amarga que la misma muerte. Su ?nico consuelo reside en el diario sacrificio de la misa, para estar siempre alimentados, saciados, fortalecidos y deleitados por el cuerpo y sangre de su Redentor. Sin embargo, tambi?n esta fuente consoladora se ciega a veces, si el vino se convierte en vinagre, o si a m?s de ?ste faltan las hostias y la harina, o si llega demasiado tarde desde Quito, ? o si se estropea en el camino o se pierde junto con el mensajero?.

Sabemos que en el siglo XVIII se propag? la optimista pero irreal tesis del ?buen salvaje? corrompido por la civilizaci?n y sobre todo por el cristianismo, frente a eso el padre Lucero cuenta ciertas caracter?sticas de una tribu amaz?nica: los hijos hieren y pegan a los padres, los padres matan a los hijos, sobre todo a las ni?as reci?n nacidas, los esposos matan a sus esposas si han tenido pocos o ning?n hijo, entierran vivos a los infantes, los estrangulan o los arrojan a los r?os, en banquetes rituales comen la carne de los difuntos y as? en este tenor. En diferentes lugares nos hablan de las dificultades en los viajes, la falta de canoas y de bogas, del desamparo en que viajaban, del alimento reducido a pl?tanos y yuca (dice el padre: ?el hambre, que bajo aquellas circunstancias es un buen condimento, les dio el sabor necesario?), de las espinas que desgarraban las carnes, de los mosquitos en numero inconmensurable, de la lluvia incesante. Pero el mismo padre Richter reflexiona: ?Bajo tantas penas nos consol?bamos con las alegr?as divinas, teniendo nuestro esp?ritu ext?tico, pensando en Dios: las espinas nos parec?an rosas; el tiempo transcurri? tan r?pido que estos once d?as nos parecieron uno. Pero nada nos consolaba tanto como el hecho de que, por lo menos cada cuarto d?a, celebramos el santo sacrificio de la misa, teniendo la oportunidad de comulgar?. Pi?nsese en que deb?an racionar al m?ximo el vino y la harina de trigo pues no pod?an saber cu?nto iban a durar esas traves?as y cu?ndo lograr?an reabastecerse. Los espa?oles de los pueblos interioranos les vend?an esos insumos a precios elevad?simos y en cambio les pagaban una miseria por los productos que sacaban de la selva.

?La Iglesia conciencia cr?tica de la conquista?.
Esta definici?n est? tomada de un art?culo del conocido historiador Fidel Gonz?lez Fern?ndez (v?ase bibliograf?a) quien demuestra que el catolicismo brind? a los misioneros una ?enorme capacidad de autocr?tica en relaci?n con la conquista como se demuestra en la correspondencia entre los misioneros y la Corona, en las pol?micas entre misioneros y encomenderos y en los encendidos debates sobre el asunto que se dieron en Espa?a? (p. 266). En todas partes y en todos los tiempos los misioneros fueron los defensores de la justicia y los propiciadores de un encuentro pac?fico y constructivo, de all?, por ejemplo, el empe?o en aprender lenguas y elaborar gram?ticas y diccionarios, de all? el af?n de conservar la memoria hist?rica de los pueblos. La Iglesia fue en realidad ?el lugar humano? para el encuentro entre los pueblos (autor citado).

Las Misiones en la Rep?blica.

A partir de la Independencia las misiones tuvieron curas nombrados por el mismo obispo de Quito, as? en Canelos, Quijos, en el Napo y en el Putumayo, algunos fueron religiosos otros seculares. El obispo de Quito, Rafael Lasso de la Vega, dispuso que la residencia de los franciscanos en Pomasqui vuelva a ser Colegio de Propaganda Fide.

En 1843 la Convenci?n Nacional pidi? el restablecimiento de la Compa??a de Jes?s, pero tan solo en 1869 pudieron hacerse cargo de las misiones en el Oriente conforme a una disposici?n del II Concilio Provincial Quitense: ?Dicha misi?n extenderase por las comarcas del Napo, Macas, Gualaquiza y Zamora?. Hasta ese momento hab?a sido Vicario Apost?lico Mons. Vicente Daniel P?stor desde 1866. Los jesuitas recomenzaron su labor con entusiasmo, llevaron artesanos y maestros para las escuelas, entre ellos figura la beata Mercedes de Jes?s Molina, futura fundadora del Instituto de Santa Mariana de Jes?s. No faltaron sinsabores, ya sea por las continuas vejaciones de los colonos blancos a los ind?genas, ya por los asaltos de los nativos todav?a paganos que asesinaban a los ya convertidos. Para esta ?poca el m?todo empleado para la conversi?n de los ind?genas era el de llevar a los ni?os a internados con el fin de apartarlos de la vida pagana de sus mayores con sus malos ejemplos de lujuria y de crueldad.

La Fundaci?n de los Vicariatos.
En 1888 el presidente Antonio Flores Jij?n, amigo personal del Papa Le?n XIII, suplicaba a la Santa Sede: ?Que todo el Territorio Oriental del Ecuador sea distribuido entre los cuatro Vicariatos Apost?licos siguientes: del Napo, de Canelos y Macas, de M?ndez y Gualaquiza, de Zamora. Que los dos primeros contin?en regidos por los RR.PP. Jesuitas y Dominicanos, como lo est?n ya; el tercero de M?ndez y Gualaquiza, sea confiado a los Padres de la Piadosa Sociedad Salesiana de Don Bosco, de feliz memoria, y el de Zamora, a los Religiosos Franciscanos, ?ltimamente establecidos en Loja?. Esta solicitud fue atendida por el Papa casi de inmediato.

Las Misiones de los Jesuitas en el Napo.
Los jesuitas ten?an hacia 1890, 35 misioneros entre sacerdotes y hermanos, ellos llevaban adelante una gran labor en predicaci?n y en ense?anza escolar. En esta labor colaboraban las religiosas del Buen Pastor. Su presencia molest? a los colonos blancos que explotaban a los indios y comet?an toda clase de infamias, ?stos organizaron una revuelta precedida de calumnias. Pero lo peor lleg? con el gobierno liberal anticat?lico de Eloy Alfaro: a los jesuitas se les dio cuatro d?as de plazo para abandonar las misiones por el Amazonas, se les acus? de entregar informaciones a Colombia (este mismo gobierno alfarista entreg? a?os m?s tarde esos territorios al vecino pa?s sin justificaci?n alguna) y de sacar dinero al extranjero. Esta medida signific? el abandono no solo religioso sino civil de cerca de dos mil familias ind?genas que pasaron a la esclavitud de los comerciantes y caucheros, sobre todo colombianos, con la complicidad de las ?autoridades? ecuatorianas. Como decenas de pobladores blancos e ind?genas pidieron al Arzobispo de Quito, Mons. Jos? R. Gonz?lez Calisto que enviara sacerdotes, ?ste prelado lo hizo luego de solucionar las dificultades can?nicas. Pero en 1916 no quedaba ni un solo sacerdote diocesano en esas regiones.


Los Misioneros Josefinos en el Napo

Mons. Federico Gonz?lez S. encarg? un tiempo la misi?n del Napo a los padres dominicos de Canelos pero les fue imposible llevar adelante ambas misiones, por ello su sucesor, Mons. Manuel M. P?lit L. pidi? a la Sagrada Congregaci?n de Propaganda FIDE, una congregaci?n misionera para esa misi?n. La Congregaci?n pidi? a los padres josefinos que se hicieran cargo de ella, lo que fue aceptado por los superiores. Los primeros misioneros llegaron en 1922 y pusieron la casa principal en Tena. Como era tradici?n, los josefinos no solo se esmeraron en la predicaci?n de la fe sino en el desarrollo cultural y econ?mico con escuelas, cultivos nuevos, acequias, luz el?ctrica y el tendido del hilo telef?nico hasta Ambato. En 1924 llegaron las madres Doroteas para colaborar en esa misi?n. Los frutos de la labor misionera y cultural de los padres josefinos han sido notorios, cabe recordar la figura se?era del gran organizador Mons. Maximiliano Spiller.

La Prefectura Apost?lica de Canelos

La regi?n de Canelos a cargo de los frailes dominicos pas? a ser Prefectura Apost?lica en 1886. Los misioneros iniciaron su actividad con la educaci?n de los ni?os, con la compra de los ni?os que los infieles abandonaban y con los matrimonios muy j?venes para iniciar comunidades cristianas, pues entre los adultos la siembra parec?a est?ril. No faltaron los ataques violentos de grupos opuestos a la evangelizaci?n. Aqu? pas? cinco a?os de misionero el conocido pol?grafo fray Enrique Vacas Galindo. Tambi?n se distingui? por su labor cultural (vocabularios, gram?ticas, catecismos?) fray Agust?n M. Le?n. No cabe olvidar a fray Juan M. Riera, quien busc? un nuevo camino hacia la Sierra por Alao, y fue despu?s Obispo de Portoviejo y de Guayaquil, con fama de santo. Otro religioso que recibi? la consagraci?n episcopal fue fray Alberto Zambrano P. obispo de Loja en 1972. En 1976 esta jurisdicci?n eclesi?stica pas? a llamarse Vicariato Apost?lico del Puyo. Los dominicos tuvieron la sacrificada ayuda de las religiosas dominicas y con el paso del tiempo de otras comunidades femeninas.

El Vicariato Apost?lico de M?ndez y Gualaquiza

Los padres salesianos llegaron al Ecuador en 1888 en base a un convenio con el gobierno para dedicarse a la ense?anza de los ni?os pobres para llevar ?la luz de la fe a miles de pobres indios?. En 1893 la Santa Sede les entreg? el Vicariato de M?ndez y Gualaquiza para misionar entre los ind?genas llamados en esos a?os ?j?baros?, hoy con su nombre aut?ntico: shuar. Los primeros misioneros en entrar a la selva fueron el p. Joaqu?n Spinelli y el hermano coadjutor Jacinto Pankeri (quien a?os despu?s en medio de la persecuci?n alfarista tuvo grandes dificultades con el arzobispo de Quito Mons. Federico Gonz?lez Su?rez por su defensa de los derechos de los salesianos sobre determinada propiedad cuando fueron expulsados). El primer vicario apost?lico fue Mons. Santiago Costamagna, veterano misionero en la Argentina. Este obispo tuvo que salir del pa?s desterrado con sus cohermanos, tan solo el p. Francisco Mattana se neg? a salir ?para quedarse con sus jibaritos?. El segundo vicario fue Mons. Domingo Com?n desde 1920 y por muchos a?os. Los salesianos vencieron enormes dificultades en las misiones: fundaron internados para ni?os y ni?as, en esto con la colaboraci?n inmensa de las Hijas de Mar?a Auxiliadora, construyeron caminos y puentes, compusieron diccionarios y gram?ticas, escribieron los mitos y las leyendas, fundaron dispensarios m?dicos y radiodifusoras, construyeron campos de aviaci?n, con un largo etc?tera en el que se incluye la fundaci?n de la Federaci?n de Centros Shuar, hoy aut?noma.

El Vicariato Apost?lico de Zamora

Los frailes franciscanos recibieron la Prefectura de Zamora en 1892 y se encontraron con muchas dificultades, la primera la negativa tenaz de los ind?genas de aceptar la fe y sobre todo la moral cat?licas, pero tambi?n la falta de medios econ?micos. Hubo algunos a?os de casi paralizaci?n, hasta que hacia 1920 se volvieron a abrir centros misionales con relativo ?xito, sobre todo con la presencia de colonos a pesar de la oposici?n de ciertas personas que pretend?an monopolizar la tenencia de la tierra. Desde 1936 se unieron a la labor misionera las Religiosas Franciscanas. Conforme a lo ya dicho como tradicional los franciscanos no solo cumplieron su misi?n de propagar la fe sino que colaboraron con el progreso material y cultural: con escuelas, con talleres y con la instalaci?n de la luz el?ctrica, donaron a los ind?genas un trapiche para la elaboraci?n de raspadura, construyeron puentes, introdujeron ganado, fundaron colegios agropecuarios, escuelas de l?deres, etc. En 1964 fue consagrado el primer Vicario Apost?lico, fray Jorge Mosquera.

Prefectura Apost?lica de Sucumb?os

En 1924 el Papa P?o XI en respuesta a una solicitud del arzobispo de Quito Mons. Manuel M. P?lit L. cre? la Prefectura Apost?lica de San Miguel de Sucumb?os y la encarg? al obispo de Ibarra, Mons. Alberto M. Ord??ez.

Pero poco pod?a hacer el prelado por la falta de personal, por eso se dirigi? a los Carmelitas Descalzos cuando llegaron al Ecuador en 1928 para que se hicieran cargo de esa misi?n. As? lo hicieron con todo entusiasmo. Uno de los primeros misioneros, el padre Hieroteo Valbuena de la Virgen del Carmen, en una interesante relaci?n detalla toda la impedimenta que deb?a llevar el misionero: traje de marinero (sic). Botas holgadas, poncho encauchado, polainas, catre plegable, mosquitero, botiqu?n de mano, cobijas livianas, olla y cuchara, alimentos, entre otras cosas, con lo cual nos hace ver que all? no hab?a pr?cticamente nada.

El primer Vicario General fue el padre Brocardo de San Jos?. Entre otras obras benem?ritas los padres carmelitas iniciaron la construcci?n de un puente internacional, recogieron la moneda colombiana e introdujeron la nacional, establecieron un mercado popular, abrieron caminos vecinales, etc.

En 1937, la Prefectura fue entregada pleno jure a los padres carmelitas y fue el primer Prefecto el padre Pac?fico Cembranos. Los misioneros recibieron la ayuda de las Religiosas Mercedarias y con ellas fundaron escuelas, colegios y dispensarios m?dicos (se retiraron en 1975). A ellas les siguieron las Carmelitas Misioneras y las Dominicas de la Presentaci?n. Despu?s del Vaticano II, organizaron cursillos para laicos y reuniones de los sacerdotes para planificar la labor misionera que luego se vio complicada por la explotaci?n petrolera y la penetraci?n de otros sistemas de valores en el mundo selv?tico. En 1984 la Santa Sede elev? la Prefectura a Vicariato y nombr? primer Vicario al padre Gonzalo L?pez Mara??n.

La Prefectura Apost?lica del Aguarico

Los padres capuchinos regresaron al Ecuador en 1949, luego de la expulsi?n decretada en tiempos de Alfaro. En 1953 el Papa P?o XII cre? la Prefectura Apost?lica del Aguarico, separ?ndola del Vicariato Apost?lico del Napo y la encomend? a los Hermanos Menores capuchinos ?ad nutum Sanctae sedis? y fue su primer Prefecto el padre Miguel Gamboa de Arrazu.

Desde el inicio adem?s de la predicaci?n de la fe se dedicaron a fundar escuelas, dispensarios m?dicos, talleres, centros ganaderos, piladora de arroz, planta de electricidad, aserraderos mec?nicos, etc. En 1954 entraron las Misioneras Lauritas a colaborar en tan amplio campo de labor apost?lica hasta su retiro por falta de personal en 1977. Este mismo a?o llegaron las Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia. Poco a poco los misioneros liberaron a los ind?genas de la opresi?n de due?os de tierras y de comerciantes por medio de la instalaci?n de tiendas comunales y del empleo de trabajadores con salarios justos, fundaron cooperativas y dieron formaci?n artesanal. Organizaron comunas ind?genas para evitar el robo de las tierras. La Prefectura fue elevada a Vicariato en 1984, y tambi?n all? la presencia de campos petrol?feros trajo complicaciones que los misioneros tuvieron que enfrentar con valent?a y creatividad. Consecuencia de ello fue la muerte, el 21 de julio de 1987, de Mons. Alejandro Labaka y de la religiosa terciaria capuchina, In?s Arango que le acompa?aba en el intento de iniciar contactos con grupos ind?genas todav?a alejados de la fe y molestados por las petroleras.

Vicariato Apost?lico de Esmeraldas de Esmeraldas

El 14 de diciembre de 1945. ka Santa Sede hizo de la provincia de Esmeraldas la prefectura Apost?lica de Esmeraldas y confi? la responsabilidad pastoral de esa prefectura al sacerdote carmelita, Fray Hieroteo Balbuena.

Para asegurar la definitivamente la acci?n misionera en la provincia de Esmeraldas la Santa Sede erigi?, el 14 de noviembre de 1957, el Vicariato Apost?lico de Esmeraldas y confi? al Instituto religioso misionero de los Combonianos la responsabilidad pastoral de la misi?n de Esmeraldas. Mons. Agelo Barbisotti fue consagrado como el primer Obispo Vicario Apost?lico de Esmeraldas.

Los padres combonianos han trabajado con intenso celo apost?lico en la evangelizaci?n de la provincia de Esmeraldas y en atenci?n pastoral a los afroamericanos que son numerosos en la provincia. Desde tiempos de Mons. Bartolucci, que fue el segundo Vicario Apost?lico de Esmeraldas, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) le ha confiado la presidencia del departamento de Misiones y la animaci?n de la pastoral de los afroamericanos.

Mons. Eugenio Arellano Fern?ndez es el tercer Vicario Apost?lico de Esmeraldas y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana entre 2005 y 2008.

Prefectura Apost?lica de Gal?pagos.

La Santa Sede erigi? la Prefectura Apost?lica de Gal?pagos el 6 de mayo 1950. Hasta esa fecha las Islas Gal?pagos formaban parte del Obispado de Guayaquil. La misi?n de Gal?pagos fue confiada por la Santa Sede a la Provincia Franciscana de Frailes Menores de Ecuador.

Se estableci? la sede de la Prefectura Apost?lica en Puerto Baquerizo, Isla san Crist?bal, Ecuador. Han trabajado con gran abnegaci?n y entrega los Prefectos Apost?licos: Mons. Hugolino Cerasuolo, antes de ser Obispo Auxiliar de Guayaquil; Mons. V?ctor Manuel Maldonado y actualmente es el Prefecto Apost?lico Mons. Manuel Valarezo Luziriaga, quien fue elevado a la dignidad episcopal, como Obispo titular de Questoriana, el 23 de .

Las Misiones Diocesanas de Victoria, San Sebasti?n y Bilbao en el Ecuador

Cuando en la di?cesis de Guayaquil se contaba con poco clero, ten?a que atender pastoralmente tambi?n a la provincia de Los R?os, el Obispo de Guayaquil recurri? al Papa P?o XII en demanda de que la Santa Sede buscara misioneros para la provincia de Los R?os. El Papa P?o XII, enterado de que las di?cesis vascongadas de Victoria, San Sebasti?n y Bilbao dispon?a de clero abundante y bien formado, pidi? a los Obispos de esas di?cesis que enviar?n clero de sus misiones diocesanas a la provincia de Los R?os en Ecuador.

La Santa Sede erigi? el Vicariato Apost?lico de Los R?os, el 15 de Julio de 1948, nombrando como Vicario Apost?lico a Mons. Astudillo, sacerdote de origen cuencano que trabajaba en Guayaquil.

Cuando, hacia 1950, vinieron a Los R?os los sacerdotes de las di?cesis vascongadas, la Santa Sede estableci? la Prelatura Nullios de los R?os, con fecha 10 de Septiembre de 1951. El primer prelado de Los R?os fue Mons. V?ctor Garaygord?bil Berrisbeitia, quien fue consagrado Obispo titular de Pudenziana, el 30 de Enero de 1964. Los sacerdotes de las misiones diocesanas vascas fueron a colaborar pastoralmente en la di?cesis de Machala y en la de Portoviejo.

El 28 de Junio de 1984 fue nombrado segundo prelado de los R?os Mons. Ram?n Mart?nez de Ezquerecocha Suso, quien fue nombrado Obispo de Babahoyo el 22 de agosto de 1994, fecha en la que la prelatura de Los R?os fue elevada a la Categor?a de Di?cesis de Babahoyo.

Nuevos caminos

Desde mediados del siglo XX y con el empuje tanto del Vaticano II como de las Conferencias de Medell?n y Puebla, los misioneros han incorporado a su labor los datos de las ciencias antropol?gicas, sociol?gicas y econ?micas. Se ha dado una evoluci?n comprensible desde el europe?smo del siglo XVI hacia el actual respeto por las culturas aut?ctonas, de all? el empe?o de predicar la fe sin que eso signifique la negaci?n total de los valores tradicionales y de la formas de vida no re?idas con el Evangelio.

Nuevos desaf?os se han dado en el campo de los derechos humanos, tanto individuales como grupales, frente a los embates del narcotr?fico, de la guerrilla en pa?ses vecinos, de la deforestaci?n agresiva, de los cambios de costumbres propiciados por las d?divas inconsultas, del antitestimonio humano y cristiano de autoridades y colonos materializados y hedonizados.

Los misioneros de los ?ltimos a?os han continuado la antigua tradici?n de quienes iniciaron la evangelizaci?n en nuestra Am?rica: junto a la sacrificada predicaci?n de la fe y del mensaje de salvaci?n de Cristo, el Se?or, mantuvieron una constante y valiente defensa del ind?gena, del pobre, del desvalido. Si a ello se une la cicl?pea labor de promoci?n humana y de educaci?n se puede afirmar que los misioneros siempre cumplieron aquello que Benedicto XVI afirm? hace pocas semanas: que es preciso presentar a la fe como amiga del hombre.

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