Viernes, 26 de octubre de 2007
ZENITPublicamos el comentario que ha preparado el padre Raniero Cantalamessa OFM Cap. ?predicador de la Casa Pontificia? sobre Francisco y Clara, a prop?sito de la emisi?n, en la televisi?n p?blica italiana, de una miniserie sobre los dos grandes santos de As?s.

P. Raniero Cantalamessa


Francisco y Clara,
dos enamorados, pero ?de qui?n?


Se ha hecho cosa corriente hablar de la amistad entre Clara y Francisco en t?rminos de amor humano. En su conocido ensayo sobre Enamoramiento y amor, Francisco Alberoni escribe que ?la relaci?n entre Santa Clara y San Francisco tiene todas las caracter?sticas de un enamoramiento transferido (o sublimado) a la divinidad?. ?Francisco y Clara?, de Fabrizio Costa, la serie televisiva emitida en Rai Uno los d?as 6 y 7 de octubre, mejor tal vez que ?Hermano Sol y Hermana Luna? de Zeffirelli, ha sabido evitar esta cesi?n al romanticismo, sin quitar nada a la belleza tambi?n humana de un encuentro as?.

Como cualquier hombre, aunque sea santo, Francisco puede haber experimentado la atracci?n de la mujer y del sexo. Las fuentes refieren que para vencer una tentaci?n de este tipo una vez el santo se arroj? en pleno invierno a la nieve. ?Pero no se trataba de Clara! Cuando entre un hombre y una mujer hay uni?n en Dios, si es aut?ntica, excluye toda atracci?n de tipo er?tico, sin que exista siquiera lucha. Es como refugiarse. Es otro tipo de relaci?n. Entre Clara y Francisco hab?a ciertamente un fort?simo v?nculo tambi?n humano, pero de tipo paterno y filial, no esponsal. Francisco llamaba a Clara su ?plantita?, y Clara llamaba a Francisco ?nuestro padre?.

El entendimiento extraordinariamente profundo entre Francisco y Clara que caracteriza la epopeya franciscana no viene ?de la carne y de la sangre?. No es, por poner un ejemplo igualmente c?lebre, como aqu?l entre Eloisa y Abelardo. Si as? hubiera sido, habr?a dejado tal vez una huella en la literatura, pero no en la historia de la santidad. Con una conocida expresi?n de Goethe, podr?amos llamar a la de Francisco y Clara una ?afinidad electiva?, a condici?n de entender ?electiva? no s?lo en el sentido de personas que se han elegido rec?procamente, sino en el sentido de personas que han realizado la misma elecci?n.

Antoine de Saint-Exup?ry escribi? que ?amarse no quiere decir mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma direcci?n?. Clara y Francisco en verdad no pasaron la vida mir?ndose el uno al otro, estando bien juntos.

Intercambiaron poqu?simas palabras, casi s?lo las referidas en las fuentes. Hab?a una estupenda discreci?n entre ellos, tanta que el santo a veces era amablemente reprochado por sus hermanos por ser demasiado duro con Clara.

S?lo al final de la vida vemos atenuarse este rigor en las relaciones y a Francisco buscar cada vez con mayor frecuencia consuelo y confirmaci?n junto a su ?Plantita?. Es en San Dami?n donde se refugia pr?ximo a la muerte, devorado por enfermedades, y est? cerca de ella cuando entona el canto de Hermano Sol y Hermana Luna, con aquel elogio de ?Hermana Agua?, ??til y humilde y preciosa y casta?, que parece escrito pensando en Clara.

En lugar de mirarse el uno al otro, Clara y Francisco miraron en la misma direcci?n. Y se sabe cu?l fue para ellos esta ?direcci?n?. Clara y Francisco eran como los dos ojos que miran siempre en la misma direcci?n. Dos ojos no son s?lo dos ojos, o sea, un ojo repetido; ninguno de los dos es s?lo un ojo de reserva o de recambio. Dos ojos que contemplan el objeto desde ?ngulos diversos dan profundidad, relevancia al objeto, permiten ?envolverlo? con la mirada. As? fue para Clara y Francisco. Contemplaron al mismo Dios, al mismo Se?or Jes?s, al mismo Crucificado, la misma Eucarist?a, pero desde ??ngulos?, con dones y sensibilidad propios: los masculinos y los femeninos. Juntos percibieron m?s de lo que habr?an podido hacer dos Franciscos o dos Claras.

Si existe una laguna en la serie sobre Francisco y Clara es tal vez la insuficiente relevancia prestada a la oraci?n, y con ella a la dimensi?n sobrenatural de sus vidas. Una laguna probablemente inevitable cuando la vida de los santos se lleva a la pantalla. La oraci?n es silencio, quietud, soledad, mientras que la palabra ?cine? viene del griego kinema, ?que significa movimiento! La excepci?n es la pel?cula ?El gran silencio? sobre la vida de los cartujos, pero no resistir?a en la peque?a pantalla.

En el pasado se tend?a a presentar la personalidad de Clara demasiado subordinada a la de Francisco, precisamente como la ?hermana Luna? que vive del reflejo de la luz del ?hermano Sol?. El ejemplo en este sentido es el libro publicado el verano pasado sobre ?la amistad entre Francisco y Clara? (John M. Sweeney, Light in the Dark Age: the Friendship of Francis and Clare of Assisi, Paraclete Press 2007 ).

Tanto m?s es de elogiar, en la serie televisiva, la elecci?n de presentar a Francisco y a Clara como dos vidas paralelas, que se entrecruzan y se desarrollan en sincron?a, con igual espacio dado a uno y otro. Es la primera vez que ocurre de esta forma. Ello responde a la sensibilidad actual orientada a evidenciar la importancia de la presencia femenina en la historia, pero en nuestro caso corresponde a la realidad y no es algo forzado.

La escena que m?s me ha impactado al ver el preestreno de ?Francisco y Clara? es la inicial, emblem?tica, una especie de clave de lectura de toda la historia. Francisco camina en un prado, Clara le sigue introduciendo sus pies, casi jugando, en las huellas que deja Francisco, y a su pregunta: ??Est?s siguiendo mis huellas??, responde luminosa: ?No, otras mucho m?s profundas?.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit]
Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Espiritualidad
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