Viernes, 26 de octubre de 2007
VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y don Salvador Vitiello - Castidad e integridad de la persona

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El realismo al que el conocimiento de Cristo y de la Iglesia nos ha acostumbrado, impone reconocer que el camino hacia la integridad o la madurez o la perfecci?n o el equilibrio del hombre es un recorrido hecho de etapas y momentos sucesivos, no necesariamente en orden creciente y, en todo caso, dependiente de las fundamentales facultades del hombre como son la inteligencia, la voluntad y la libertad y, no menos, de las diferentes circunstancias socioculturales en las que se encuentra la persona. La integridad es pues siempre una conquista y un camino que se debe comenzar cada d?a, apoy?ndose en lo mejor de si mismo y mirando a qui?n, en este camino, ha realizado pasos que pueden ser recorridos con provecho.

Tal conciencia no nos deja consternados frente a la frecuente experiencia del humano desorden, experiencia que, no raramente, se presenta en todo su dramatismo y que no encuentra f?cilmente espacios de escucha, intercambio y comprensi?n en un ?mbito sociocultural predominantemente basado en una idea abstracta de hombre, que censura el hombre real, quiz? imperfecto y limitado, pero real. La mirada inteligente de los m?ltiples testimonios de desesperaci?n nos hace arg?ir, cada vez con mayor autenticidad, que esta derivan de una errada y parcial concepci?n del propio yo. La costumbre de concebir las diversas esferas de la persona como "secciones diferentes" a las que hay que dar respuestas diferentes, ha dado como resultado, un ser humano que no logra entenderse si no como ?ser que responde a determinados automatismos", que encuentra su propia realizaci?n llenando los propios vac?os, esto es, respondiendo de modo mec?nico a los diversos impulsos que posee.

Este modo de actuar, que se ha convertido en moda com?n y al que es obligatorio adecuarse, puede resultar satisfactorio para el hombre que no se detiene a mirar alrededor, a considerar con toda la capacidad de profundizaci?n que la raz?n le ofrece, la realidad que le circunda.

Para el hombre razonable, es decir por el que usa la raz?n a fondo sin prejuicios, tal modo de vivir no puede sino resultar triste, frustrante e irrespetuoso de la propia dignidad. La felicidad como experiencia de la persona en su totalidad es s?lo el resultado de una vida que, en cada momento, tiene en cuenta todas las exigencias que el hombre tiene y que son iguales para todos. Lograr comprender integralmente el yo es la consecuencia de un trabajo sobre si, de una educaci?n, y es un don que hace m?s capaz de acoger al otro, un ser humano como nosotros.

Todos estos elementos son asumidos admirablemente y reelaborados por el cristiano bautizado que, fiel a las promesas bautismales, busca la imitaci?n de Aquel cuyo nombre ha sido bautizado. La imitaci?n de Cristo pobre, casto y obediente no est? reservada ?nicamente al consagrado en una determinada forma de vida sino que todo bautizado, consagrado y regenerado por el agua y el Esp?ritu, est? llamado a una vida casta que deje trasparentar la unicidad de la propia relaci?n con el Misterio, cifra aut?ntica de la humanidad propia y la ajena.

La virtud de la castidad est? ?ntimamente ligada a la de la templanza que aspira a hacer que sea la raz?n quien conduzca a las pasiones y a los apetitos de la sensibilidad humana. (Cf. Catecismo de la Iglesia Cat?lica n. 2341). El cristiano tendr? cuidado de encontrar todos los medios necesarios para llegar a la pr?ctica de la virtud de la castidad y en particular: el conocimiento de si, la obediencia a los mandamientos divinos, el ejercicio de las virtudes morales y la fidelidad a la oraci?n como lugar primario de custodia del propio yo.

En la relaci?n con Dios el cristiano queda establemente anclado a la certeza de que la castidad es un don, una gracia (Cf CCC n. 2345), fruto del Esp?ritu Santo: es el Esp?ritu Santo quien dona el poder imitar la pureza de Cristo Dios y Maestro: existe pues un espacio entre la voluntad de cada fiel y la realizaci?n de ella: es el espacio de la acci?n divina que cada uno de nosotros est? llamado a reconocer con sencillez de coraz?n. (Agencia Fides 25/10/2007; L?neas: 49 Palabras: 714)
Publicado por verdenaranja @ 23:12  | Espiritualidad
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Publicado por fvdata
Martes, 30 de octubre de 2007 | 20:35
Me pregunto si alguna vez se va a abordar el tema de la castidad en el matrimonio con claridad. Sigo esperando una orientaci?n en ese aspecto. ?Es v?lido de "ama y haz lo que quieras"