Jueves, 01 de noviembre de 2007
Art?culo del padre Fernando Lorente, o.h., publicado en EL D?A en la secci?n CRITERIOS bajo el epigrafe "Luz en el Camino", el mi?rcoles 31 de octubre de 2007.


Luz en El Camino Fernando Lorente, o.h. *


Los mejores amigos de los siglos


LOS SANTOS. Hoy es su fiesta. Desde los primeros tiempos del cristianismo, la comunidad de los fieles ha venerado a sus hermanos desaparecidos del tiempo y adentrados en la eternidad. Comenzaron por la memoria de los que fueron m?rtires de Cristo. Siguieron todos los que fueron sus testigos en los m?s diversos Estados y situaciones hasta alcan- zar el siglo IV. Desde entonces, se re?ne en una sola fecha a todos los santos (el primero de noviembre) con toda solemnidad de fiesta, llena de gozo y de una simpat?a especial entre los cristianos del mundo. Y ?qu? es lo que tiene esta conmemoraci?n para atraer como im?n los corazones de los fieles de la Iglesia cat?lica, la gran peregrina y militante durante m?s de dos milenios? Aqu? apuntamos s?lo dos manifestaciones:

1.- La alegr?a por el triunfo de los innumerables hermanos que ya han alcanzado el premio definitivo. La santa Iglesia nos exhorta en la ant?fona de entrada: "Alegr?monos todos en el Se?or, al celebrar este d?a de honor de todos los santos", pues, verdaderamente, no hay nada m?s digno de alegr?a que una vida santa en el tiempo y en la eternidad.

2.- Porque esta fiesta responde a una tendencia innata de toda persona bien nacida: la de admirar a los seres humanos superiores.

Aqu? se trata de que seamos plenamente sinceros y consecuentes: si estamos aplaudiendo a los ases del arte, del deporte, a los artistas, escritores, economistas, pol?ticos, mucho m?s lo merecen los ases de la santidad, pero con esta exigencia: que esa admiraci?n y alabanza por los mejores vaya unida al deseo de la imitaci?n, porque los santos no son s?lo para admirar, sino tambi?n para imitar. As? nos acercamos al plan de Dios sobre todos los seres humanos. La vocaci?n esencial de toda persona es la santidad. "Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificaci?n", afirma S. Pablo. Est? bien saber responder a la llamada personal a un estado de vida, a una profesi?n, a unas aficiones, pero esto no deja de ser algo secundario ante la vocaci?n primera a la santidad: "Sed santos, porque yo, el Se?or, vuestro Dios, soy santo".

Aqu? cabe esta interrogaci?n: si ser santo es la vocaci?n humana fundamental en el ser humano, ?por qu? goza de tan mala prensa la santidad? Porque se ha presentado muchas veces como algo triste, y todo ser humano tiende a la felicidad. Y, sin embargo, ninguna fuente de gozo existe m?s pura que la santificaci?n. Basta recurrir a nuestra propia experiencia para comprobar que no hay nada comparable con la satisfacci?n de la conciencia cuando practicamos el bien y nos oponemos al mal. Naturalmente que la santidad -que es hacer el bien y evitar el mal- es costosa, como suelen serlo las cosas que valen la pena. Pero el esfuerzo por conseguirla es compatible con el gozo de alcanzarla. Y ?cu?l es el camino para cumplir nuestra vocaci?n humana y cristiana de la santificaci?n? Lo encontraremos siempre en el texto evang?lico, elegido por la Iglesia para esta Fiesta de Todos los Santos: conocer y vivir las Bienaventuranzas. En ellas descubriremos que no hay palabra ni realidad m?s alta que el amor, de ese amor que hace santos, porque es compresivo y servicial, nada sabe de envidias, de jactancias, de orgullos. No es grosero ni ego?sta, ni pierde los estribos; no es rencoroso. Y, lejos de alegrarse en la injusticia, encuentra su gozo en la verdad.

No olvidemos que para celebrar y vivir bien el D?a de Todos los Santos -los mejores amigos de todos los siglos- procuremos trabajar todos los d?as con firmeza y perseverancia en nuestra santificaci?n, dando testimonio de este amor que nos exige las Bienaventuranzas. As?, y s?lo as?, esta Fiesta de Todos los Santos ser? tambi?n la nuestra. Esta esperanza nos lleve a esta reflexi?n: la vida de la Iglesia y su verdadero progreso se miden por los frutos de vida, bendici?n y santificaci?n que produce; es decir, por el n?mero, grandeza y excelencias singulares de los santos y de las santas instituciones que encierra en su seno. Estos son los que, con su sobreabundacia de vida y energ?as divinas, m?s contrarrestan el mal y promueven el bien; y los que de un modo misterioso, oculto -como oculto y misterioso es todo lo que es fundamental en la vida-, provocan esas grandes reacciones vitales en que no s?lo se restablece el equilibrio y se recobra la salud perdida, sino que se renueva el vigor y se acrecientan el bienestar, la energ?a, la hermosura y la prosperidad. Por eso los santos, con anterioridad a ser los mayores de los seres humanos, fueron y son los mayores beneficiados de Dios.

* Capell?n de la cl?nica

S. Juan de Dios
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