S?bado, 03 de noviembre de 2007
VATICANO - AVE MARIA de don Luciano Alimandi - ?Dios quiere el hombre libre en la santidad!

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Estamos llamados a convertirnos en amigos de Dios, conformando nuestros deseos con los del Esp?ritu de Dios, como nos dice San Pablo: "Si viv?s seg?n la carne, morir?is. Pero si con el Esp?ritu hac?is morir las obras del cuerpo, vivir?is. En efecto, todos los que son guiados por el Esp?ritu de Dios son hijos de Dios" (Rom 8, 13-14). Vivir la amistad con Dios, a la que nos llama constantemente el Santo Padre Benedicto XVI, significa librar el coraz?n de los deseos de la carne para dejarlo que se llene de la gracia de la ?ntima comuni?n con Dios, que ?nicamente se puede realizar renunciando al propio yo y sus deseos de mundo. El Se?or lo dice claramente a sus disc?pulos: "Vosotros sois mis amigos, si hac?is lo que yo os mando" (Jn 15, 14). Lo que hace cre?ble nuestra fe en Jes?s es la conformaci?n de nuestra vida al Evangelio. No hay nada m?s eficaz, para llevar al pr?jimo a Cristo, que el ejemplo de una aut?ntica vida de testigos del Evangelio.

El entonces Cardenal Joseph Ratzinger, poco antes de su elecci?n al solio de Pedro, en una conferencia tenida en Subiaco, el 1 de abril del 2005, afirm?: "Lo que m?s necesitamos en este momento de la historia son hombres que, gracias a una fe iluminada y experimentada, hagan a Dios cre?ble en este mundo. El testimonio negativo de cristianos que hablaban de Dios y viv?an contra ?l ha oscurecido la imagen de Dios y ha abierto las puertas a la incredulidad. Necesitamos hombres que tengan la mirada puesta en Dios, aprendiendo ah? la verdadera humanidad. Tenemos necesidad de hombres cuyo intelecto sea iluminado por la luz de Dios y a quienes Dios abra el coraz?n, de modo que su intelecto pueda hablar al intelecto de los otros y su coraz?n pueda abrir el coraz?n de los otros. Solamente por medio de hombres tocados por Dios, Dios puede hacerse presente entre los hombres."
Como no recordar aqu?, una de las afirmaciones de las m?s famosas del Siervo de Dios Pablo VI: "el mundo hoy necesita m?s de testigos que de maestros" (cfr Evangelii nuntiandi, 41) Francisco de As?s no fue sacerdote porque se cre?a demasiado indigno de serlo, pero su vida hablaba por si sola y esa vida, en todo conforme al Se?or Jes?s, ha fascinado innumerables almas, en vida y despu?s de su muerte, llev?ndolas a imitarlo en el seguimiento del Se?or. Una de las tentaciones m?s frecuentes para todos nosotros cristianos es precisamente la de la "doble vida", es decir, llevar dos vidas paralelas: una que tiene apariencia de pertenencia a Cristo - a la que se aplica la advertencia de Jes?s "no todo el que me diga Se?or, Se?or, entrar? en el reino de los cielos"?, (Mt 7, 21)- y otra que, m?s o menos ocultamente, va por su cuenta, como si Dios no existiera.

Los ap?stoles no se hac?an ilusiones de que pudieran "enga?ar" al Se?or con una devoci?n exterior o bien que se le pudiera "contentar" con un mero culto exterior. Jes?s, en efecto, inculc? en la mente de sus disc?pulos la indeleble verdad de la exigencia de la conversi?n para ser capaces de seguirlo, viviendo una ?nica vida, esa dirigida hacia santidad a "vivir para ?l", y muriendo a la otra vida, dirigida al propio provecho: ?vivir para si mismo?.

Entre las innumerables ense?anzas de Cristo, a este prop?sito, es digna de meditaci?n la par?bola del sembrador. Ella ense?a que es el hombre quien decide si ser realmente terreno bueno, capaz de dejarse fecundar y transformar por el Se?or; de otra manera ser? piedras y espinas que paralizan todo crecimiento espiritual y humano. Nosotros podemos trabajar s?lo en nuestro terreno, entrando en nosotros mismos y echando de nuestro coraz?n, con la ayuda de la gracia, todo lo que es tiniebla; no podemos hacerlo en el terreno del otro: ninguna madre puede hacerlo con el propio hijo, ning?n marido con su mujer y viceversa.

En esta obra fundamental de conversi?n a Cristo, de la que depende nuestra eternidad, estamos "tremendamente" solos con nuestra libertad ante Dios, que se queda a un lado para no condicionar nuestra libre elecci?n. En la par?bola de los talentos Jes?s nos hace reflexionar sobre ese hombre que, antes de partir, conf?a sus talentos a sus siervos y "despu?s de mucho tiempo" vuelve para "ajustar las cuentas" con ellos (cfr. 25, 14-30). Tambi?n para nosotros es as?: Dios nos ha creado a su imagen y semejanza, nos ha dado talentos, entre ellos el don de la libertad; pero en el momento en que decidimos hacerlos fructificar con su gracia, entonces ?l viene y nos ayuda a desbastar el terreno para convertirlo en un terreno acogedor. ?Quien no quiere escuchar al Se?or no experimentar? la fuerza trasformadora de su gracia! He aqu? porque no debemos infravalorar en absoluto el incre?ble espacio de libertad, que ?l nos ha dejado, un espacio pr?cticamente ilimitado.

Si los dos disc?pulos de Ema?s, "repescados" por Jes?s a la verdadera vida, al llegar a su aldea no le hubieran dicho "qu?date con nosotros porque atardece (Lc 24, 29), ?l se habr?a ido. El evangelista Lucas expresa con una frase misteriosa pero clara, esta terrible verdad: "Al acercarse al pueblo a donde iban, ?l hizo adem?n de seguir adelante" (Lc 24, 28). Esta palabra, que nos revela el actuar de Dios con nuestra libertad, merecer?a que la imprimi?ramos en nuestro coraz?n, conscientes que el Se?or camina a nuestro lado para formarnos, para purificarnos, para conducirnos? pero eso no ocurre de modo "autom?tico", porque su Divino Esp?ritu act?a en nosotros en la medida en que nosotros se lo permitimos. Necesitamos siempre del concurso de nuestra libre decisi?n, renovando todos los d?as, junto a la Virgen, con el coraz?n y con la vida aquella s?plica tan importante "?qu?date conmigo Se?or! (Agencia Fides 31/10/2007; L?neas: 65 Palabras: 994)
Publicado por verdenaranja @ 23:24  | Espiritualidad
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