Lunes, 05 de noviembre de 2007
D?a 2 de noviembre
Conmemoraci?n de Todos los Fieles Difuntos

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Oraciones por los fieles difuntos


La Iglesia Cat?lica, que quiere ser Madre de todos los hombres, anima en este d?a a sus hijos a rezar por los difuntos. Los fieles difuntos son asimismo miembros del Cuerpo M?stico de Cristo y forman parte de la Iglesia. Constituyen la Iglesia Purgante y viven en solidaridad con los dem?s miembros ?los de la Iglesia Militante en la tierra y los de la Iglesia Triunfante en el Para?so? y en comuni?n con Dios, aunque de diverso modo. As? como las almas de los fieles que alcanzaron ya su meta definitiva en el Cielo, viven en una perfecta intimidad con la Trinidad Beat?sima, y los que a?n vivimos en el mundo nos sentimos y somos hijos de Dios y batallamos contra nuestras pasiones por ser fieles al creador mientras nos dura el tiempo de merecer, las almas de los fieles difuntos en el Purgatorio pasaron ya por el mundo, pero todav?a no gozan de Dios.

Nos ense?a la Iglesia, por el Catecismo de la Iglesia Cat?lica, que los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque est?n seguros de su eterna salvaci?n, sufren despu?s de su muerte una purificaci?n, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegr?a del cielo. Estos son los fieles difuntos y forman parte de la misma Iglesia de Jesucristo, como los santos del cielo y como los hijos de Dios todav?a en la tierra, que anhelamos la misma salvaci?n que ellos ya tienen garantizada. La Iglesia llama Purgatorio a esta purificaci?n final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados, contin?a el Catecismo.

Afirm? Jes?s, seg?n recoge san Mateo en su Evangelio, que a quien comete cierto tipo pecados ?el rechazo expreso del perd?n o pecado contra el Esp?ritu Santo? no se le perdonar? ni en este mundo ni en el venidero. Algunos Padres de la Iglesia, como san Gregorio, han entendido, a partir de esa frase del Se?or, que otros pecados pueden ser personados mientras vivimos en la tierra, o bien despu?s, en un momento posterior. Con raz?n aparece, ya en el Antiguo Testamento, la pr?ctica de ofrecer oraciones y sacrificios en expiaci?n por los pecados de los muertos. En el segundo libro de los Macabeos se recuerda la colecta recaudada entre los fieles para ofrecer un sacrificio expiatorio en favor de los muertos para que quedaran liberados del pecado.
En el d?a de hoy se nos recuerda la pr?ctica multisecular de los sufragios. Ese modo de vivir la caridad con los que nos han precedido en el camino hacia la santidad, tal vez sea una de las manifestaciones m?s delicadas de amor entre nosotros. En efecto, quienes ofrecen esos sufragios ?oraciones y sacrificios por los difuntos? ejercitan de modo admirable, no solamente la fe en la eficacia de la oraci?n, sino que hacen asimismo actos espl?ndidos de amor generoso y desprendido, para ayudar a quienes sufren vi?ndose a?n detenidos en su tr?nsito a la Bienaventuranza Eterna de intimidad con Dios. Tambi?n son los sufragios actos de esperanza, pues conocemos que nada de esa plegaria se pierde, que redunda en eternidad gozosa para los que han muerto encaminados hacia Dios. Y ?acaso podr?n olvidarnos, estando tan cerca de Dios y con tanta fuerza intercesora, a quienes desde aqu? les impulsamos al Cielo? ?Acaso no ser?n nuestros entusiastas valedores cuando finalmente alcancen la morada celestial?

Es admirable con cu?nta vehemencia hablaba san Juan Cris?stomo a sus fieles, de los que murieron leales a Jesucristo, pero necesitados todav?a de alguna purificaci?n: llev?mosles socorros y hagamos su conmemoraci?n. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre, ?por qu? habr?amos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos. La Santa Misa, sacrificio de Jesucristo en el Calvario, el sacrificio por antonomasia, es sin duda el mejor de los sufragios ofrecido por los fieles difuntos. Desde los primeros tiempos, nos recuerda en Catecismo de la Iglesia Cat?lica, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sufragio eucar?stico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visi?n beat?fica de Dios.
Tendr?amos que incorporar a nuestra piedad habitual la oraci?n por los fieles del Purgatorio. As? lo recomienda san Josemar?a: Las ?nimas benditas del purgatorio. ?Por caridad, por justicia, y por un ego?smo disculpable ??pueden tanto delante de Dios!? tenlas muy en cuenta en tus sacrificios y en tu oraci?n.
Ojal?, cuando las nombres, puedas decir: "Mis buenas amigas las almas del purgatorio..."

Por lo dem?s, como venimos diciendo, el Purgatorio es lugar de padecimiento tras esta vida, si quedan en nuestra alma impurezas del pecado que todav?a desdicen de la limpieza absoluta del Para?so. Por eso, ante el dolor y la persecuci?n, dec?a un alma con sentido sobrenatural: "?prefiero que me peguen aqu?, a que me peguen en el purgatorio!" Esta consideraci?n, tambi?n del Fundador del Opus Dei, puede servirnos para soportar de buena gana algunos momentos ?inevitables muchas veces? de cansancio, de dolor, de injusticia, de adversidad en general, con el ?ntimo pensamiento de que merecemos limpiarnos m?s profundamente de nuestras faltas y pecados.

Nuestra Madre del Cielo, que no conoci? pecado, nos puede aficionar a esa limpieza completa del alma, que podemos conseguir tambi?n, con oraci?n y sacrificios, para las almas del Purgatorio.



Publicado por verdenaranja @ 0:09  | Espiritualidad
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