Martes, 06 de noviembre de 2007
Homil?a pronunciada por el Cardenal Jorge Mario Bergoglio en la Misa de apertura de la 94? Asamblea Plenaria del Episcopado Argentino.

HOMILIA DEL CARDENAL JORGE MARIO BERGOGLIO

Misa de Apertura de la 94? Asamblea Plenaria - 5 de noviembre de 2007


Rom. 11: 29-36; Lc. 14: 1,12-14


1. La primera lectura comienza con una afirmaci?n contundente, un verdadero dogma de fe, ?los dones y el llamado de Dios son irrevocables? (v.29), afirmaci?n que nos adentra en lo ?ntimo del ser de Dios: su firmeza que es fidelidad aun en medio de nuestros vaivenes, debilidades y pecados: ?si somos infieles ?l es fiel, porque no puede renegar de s? mismo? (2 Tim. 2: 13). Dios fiel en el amor, Dios fiel en la promesa. Esta fidelidad, en el texto que acabamos de escuchar, se expresa en t?rminos de misericordia. En s?lo 3 vers?culos repite cuatro veces la palabra y la coloca en medio del conflictivo comportarse humano ante la promesa de Dios. Para demostrar su profundo ser fiel Dios act?a con misericordia, en misericordia.

2. La misericordia de Dios no puede concebirse como un atributo m?s de su comportamiento para con nosotros sino que constituye el ?mbito mismo de su encuentro con cada uno, con todos nosotros, con su pueblo. Es el modo m?s genuino en que se expresa su fidelidad y la mayor manifestaci?n de su poder, como nos lo recuerda la Iglesia: ?Dios, que manifiestas tu poder sobre todo en la misericordia y el perd?n?[1], un poder aun m?s grande que el de la creaci?n porque esa misericordia lo llevar? a hacerse creatura a s? mismo, al abajamiento y anonadamiento m?ximo, (cfr. Filip. 2: 6-11), para dar lugar al encuentro de amor con su pueblo, con cada uno de sus hijos.

3. No resulta f?cil comprender en teor?a en qu? consista tal fidelidad amorosa que se expresa en misericordia, este ?designio misericordioso? (Ef. 1:9); m?s a?n: es imposible ??Qu? insondables son sus designios y qu? incomprensibles sus caminos! ?Qui?n penetr? en el pensamiento del Se?or?? (Rom.11:33). No podremos entenderla con la fortaleza de nuestro entendimiento. S?lo se la puede contemplar en la flaqueza de la carne, porque esta fidelidad amorosa precisamente es venida en carne para poder aflorar en misericordia. ?No presuman de ustedes mismos? Se nos dice unos vers?culos m?s arriba (v. 25). A la misericordia m?s que entenderla se la encuentra desde nuestra propia nada, nuestras miserias, nuestros pecados. Pablo es elocuente al respecto: ?Doy gracias a nuestro Se?or Jesucristo, porque me ha fortalecido y me ha considerado digno de confianza, llam?ndome a su servicio a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con misericordia...? (Tim. 1: 12-13). Desde su hedionda bajeza siente que es tratado con misericordia, se siente acariciado por la fidelidad de Dios que lo busca, lo espera y hace fiesta en su encuentro.

4. S?, en el evangelio Dios se manifiesta haciendo fiesta precisamente en el encuentro con lo que estaba perdido, apartado, con aquel que se hab?a autoexclu?do: la oveja, la dracma, el hijo (cfr. Lc. 15). All? es ?l mismo, desde su coraz?n fiel, quien organiza el festejo en la figura del hombre que abre un vinito para festejar con sus amigos el encuentro de la oveja, en la figura de la se?ora que llama a las vecinas, no para sacarle el cuero a la ausente, sino para contarles que ?despu?s de revolver la casa- encontr? la moneda, en la figura del padre que a su hijo ?lo vio venir de lejos? precisamente porque a cada rato se sub?a a la terraza a esperarlo, ese padre que con un abrazo le hace callar el libreto con que el hijo ven?a preparado: nada de palabras, s?lo la ternura y la fiesta de Dios. Cuando Pablo nos dice ?fui tratado con misericordia? se refiere a todo este desborde de amor y fidelidad festivos que se dan en el encuentro del Se?or con nuestro pecado. El coraz?n de Mar?a entiende esto y proclama la grandeza de la fidelidad de Dios que ?mir? con bondad la peque?ez de su servidora? (Lc. 1: 48). La que no supo de pecado se hace muy peque?a y con candor de ni?o escudri?a el misterio y nos anuncia que ?Su misericordia se extiende de generaci?n en generaci?n sobre aquellos que le temen? (Lc. 1:50).

5. En la oraci?n mencionada m?s arriba la Iglesia proclama que Dios manifiesta su poder m?s en el perd?n y la misericordia que en la creaci?n. La Biblia nos dice que en la creaci?n Dios nos amas? con sus manos desde el barro de la tierra; en el perd?n ?en cambio- nos amasa desde el barro de nuestros pecados y lo hace con su coraz?n fiel al amor que no puede desdecirse porque precisamente tiene hipotecado su coraz?n en la fidelidad. Se manifiesta m?s poderoso en redimir que en crear. En su perd?n podemos atisbar otro aspecto de su misericordia que no siempre tenemos en cuenta: su paciencia. Como al hijo de la par?bola Dios nos espera con paciencia renovadamente cotidiana . Y es tambi?n San Pablo quien nos revela este misterio: ?Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontr? misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en m? toda su paciencia...? (1 Tim. 15: 15-16). La paciencia de Dios esperando el encuentro, atray?ndonos ?con lazos de amor? (Os. 11:4), amasando nuestro ser desde el barro de nuestros pecados, d?ndonos forma y nombre desde all? con la fuerza de su misericordia: cre?ndonos de nuevo y, si es permitido forzar el idioma, misericordi?ndonos (miserando).
6. As?, misericordiando, mir? el Se?or a Mateo, a Zaqueo, al leproso, al ciego, al paral?tico de la piscina (38 a?os lo esper? con paciencia), a la Samaritana, a Pedro despu?s de la triple negaci?n. As? es la misericordia de Dios que se hace paciencia, se hace carne en Cristo y en ?l se manifiesta finalmente en mansedumbre, pues el idioma eminentemente pastoral de la misericordia y la paciencia de Dios es la mansedumbre.

7. Durante estos d?as tendremos ratos de di?logo y ratos de oraci?n; buscaremos la Voluntad de Dios para nuestro actuar como pastores. Pienso que nos har? bien a nosotros, obispos pecadores, adentrarnos en este misterio de la fidelidad divina; nos har? bien confesar al Padre nuestra propia debilidad, pecado, miserias y ?desde all?- atisbar el derroche creador de su misericordia (cfr. Ef. 1: 7-8), los siglos de paciencia condensados sobre cada uno de nosotros. Nos har? bien dejarnos amasar, re-formar, por su misericordia; dejarnos ?misericordiar? por su ternura fiel. Nos har? bien cargar nuestros ojos de contemplaci?n ante la mansedumbre silenciosa de su Hijo en medio de la burla, la desinformaci?n, el ultraje y la calumnia (cfr. Mt. 26:63; Mc. 15:16; Lc. 23:9; Ju. 19:8). La imagen del ?Se?or de la Paciencia? conlleva en s? toda la misericordia divina y se hace mansedumbre pastoral para con nosotros y ?en nosotros- para con nuestros fieles. Que en la contemplaci?n de este ?Se?or de la Paciencia? comprendamos qu? significa ?Misericordia quiero y no sacrificio? (Os. 6: 6) y nos animemos a que todo nuestro pastoreo episcopal encarne un ?cantar eternamente las misericordias del Se?or? (Sal. 89:1).


1] Deus, qui omnipotentiam tuam parcendo m?xime et miserando manifestas (colecta del domingo 26 per annum).
Publicado por verdenaranja @ 21:39  | Hablan los obispos
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