Martes, 06 de noviembre de 2007
Alfonso Aguil?
www.interrogantes.net


Jean Bernard es un sacerdote luxemburgu?s de treinta y cinco a?os, cautivo en el campo de concentraci?n de Dachau. Lleva diez meses en el ?Pfarrerblock?, un pabell?n en el que est?n prisioneros 2771 sacerdotes y religiosos de toda Europa.
Un d?a de febrero de 1942, Jean Bernard es liberado y devuelto a su Luxemburgo natal. No se le dan explicaciones hasta que ya est? all?. En realidad, aquello son s?lo nueve d?as de libertad para que visite a su Obispo y le convenza para que haga una declaraci?n de apoyo a Hitler, con objeto de intentar romper as? la total resistencia del clero cat?lico local. A cambio, las autoridades alemanas le ofrecen respetar su vida, la de su familia y la de los dem?s cl?rigos prisioneros. Si huye, o si el objetivo no se logra, los veinte sacerdotes luxemburgueses de Dachau ser?n ejecutados.

El terrible dilema moral planteado a este sacerdote, todav?a joven pero con un notable prestigio en su tierra, es un hecho totalmente real y que ?l mismo describi? en unos recuerdos que, a modo de diario, public? al terminar la Segunda Guerra Mundial. El libro, titulado "Pfarrerblock 25487", en referencia a su n?mero de recluso, est? escrito con sobriedad, sin ning?n patetismo, con una cierta distancia respecto a su propio sufrimiento. Habla de manera rigurosa y precisa, como si estuviera describiendo un paisaje, sin pretender convertirlo en literatura.

Esta dolorosa y lacerante vivencia de Jean Bernard protagoniza la pel?cula ?El Noveno d?a?, del director alem?n Volker Schl?ndorff. El momento central del drama de aquel hombre es cuando le dicen que es libre, porque entonces se da cuenta de que es ?l quien tiene que decidir entre la vida y la muerte. Hasta entonces eran los jefes del campo de concentraci?n los que decid?an si viv?a o mor?a, y de repente esa decisi?n se encuentra en sus propias manos.

Entre m?ltiples presiones Antes sufr?a las brutalidades de Dachau, pero ahora sufre otra tortura mayor, pues han dejado en sus manos la vida del resto de sacerdotes detenidos. Como prisionero, bastaba con que obedeciese las ?rdenes de sus vigilantes, pero ahora, su libertad es una pesada losa sobre su conciencia. Un oficial de la Gestapo le presiona con su plan maquiav?lico, y los encuentros entre ambos se convierten en un aut?ntico duelo dial?ctico entre dos mundos dispares e irreconciliables.

Bernard sabe que no debe ceder a aquel chantaje, pero sufre enormemente al pensar en las consecuencias. Lo sufre con un hero?smo en soledad, porque va qued?ndose cada vez m?s solo ante su conciencia. Recibe presiones del oficial de la Gestapo, de un antiguo te?logo que le enreda con razones ideol?gicas, del vicario del obispo que pretende salvar a los condenados mediante la postura pro-nazi, y la de su propia familia que le aconseja la hu?da al extranjero o la simple claudicaci?n, incapaz de comprender el martirio moral que est? sufriendo. Cualquiera de las salidas que se le plantean, supone una tragedia. La pel?cula es un homenaje a todos esos h?roes desconocidos que se enfrentaron a terribles situaciones de conciencia. Sale a relucir, por ejemplo, c?mo una pastoral del obispo de Utrecht contra Hitler propici? la deportaci?n y muerte de 40.000 cat?licos holandeses, hecho que explica el prudente silencio por el que tuvo que optar P?o XII en algunas ocasiones, aunque algunos lo hayan considerado despu?s como muestra de debilidad o de apoyo al r?gimen.

La propia conciencia El sacerdote aparece con sus imperfecciones y sus dudas, con silencios que pueden ser entendidos como ambig?edad, pero tambi?n con la entereza y honestidad de quien act?a en conciencia. ?l, como miles de personas, de entonces o de ahora, se comport? de modo heroico para decidirse por la mejor de las opciones posibles. Jean Bernard plant? cara al miedo y a la muerte, y volvi? a Dachau. En el Pfarrerblock murieron m?s de mil quinientos sacerdotes cat?licos.

Las decisiones importantes tomadas en conciencia no suelen ser f?ciles. Todos somos tentados por la salida c?moda. Todos tememos las consecuencias desagradables de actuar con honestidad. A todos nos asusta la coacci?n de quienes procuran forzarnos a una decisi?n a su inter?s. Son dilemas y decisiones que todos afrontamos casi siempre en soledad, ante el tribunal de nuestra propia conciencia. Y todos sentimos tambi?n, como Jean Bernard, el peso de la propia cobard?a, de la propia debilidad, del dolor de las consecuencias no queridas de nuestro obrar bien. Pero sabemos tambi?n que la honestidad de nuestra conciencia debe estar por encima de todo eso, por mucho que cueste.


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