S?bado, 10 de noviembre de 2007
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del pr?ximo domingo, XXXII del tiempo ordinario.

XXXII Domingo del tiempo ordinario [C]
2 Macabeos 7, 1-2.9-14; 2 Tesalonicenses 2,16-3,5; Lucas 20, 27-38


Dios no es Dios de muertos



En respuesta a la pregunta capciosa de los saduceos sobre el destino de la mujer que ha tenido siete maridos en la tierra, Jes?s reafirma sobre todo el hecho de la resurrecci?n, corrigiendo, a la vez, la representaci?n materialista y caricaturesca que se hacen de ella los saduceos. La bienaventuranza eterna no es sencillamente una potenciaci?n y prolongaci?n de las alegr?as terrenas, con disfrutes de la carne y de la mesa a placer. La otra vida es de verdad otra vida, una vida de calidad diferente. Es, s?, el cumplimiento de todas las esperanzas que el hombre tiene sobre la tierra -e infinitamente m?s--, pero en un plano distinto. ?Los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrecci?n de entre los muertos, ni ellos tomar?n mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ?ngeles?.

En la parte final del Evangelio, Jes?s explica el motivo por el que debe haber vida despu?s de la muerte. ?Que los muertos resucitan lo ha indicado tambi?n Mois?s en lo de la zarza, cuando llama al Se?or "el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob". No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para ?l todos viven?. ?D?nde est? en ello la prueba de que los muertos resucitan? Si Dios se define ?el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? y es un Dios de vivos, no de muertos, entonces quiere decir que Abraham, Isaac y Jacob viven en alg?n lugar, si bien, en el momento en que Dios habla a Mois?s, aquellos est?n muertos desde hace siglos.

Interpretando de manera errada la respuesta que Jes?s da a los saduceos, algunos han sostenido que el matrimonio carece de toda continuidad en el cielo. Pero con esa frase Jes?s rechaza la idea caricaturesca que los saduceos presentan del m?s all?, como si fuera una sencilla continuaci?n de las relaciones terrenas entre los c?nyuges; no excluye que estos puedan reencontrar, en Dios, el v?nculo que les ha unido en la tierra.

?Es posible que dos esposos, tras una vida que les ha asociado a Dios en el milagro de la creaci?n, en la vida eterna, ya no tengan nada en com?n, como si todo estuviera olvidado, perdido? ?No estar?a esto en contradicci?n con la palabra de Cristo de que no se debe dividir lo que Dios ha unido? Si Dios les ha unido en la tierra, ?c?mo podr?a separarles en el cielo? ?Toda una vida juntos puede acabar en la nada sin que se desmienta el sentido mismo de la vida aqu? abajo, que es el de preparar la venida del Reino, los cielos nuevos y la tierra nueva?

Es la Escritura misma -no s?lo el natural deseo de los esposos- la que apoya esta esperanza. El matrimonio, dice la Escritura, es ?un gran sacramento? porque simboliza la uni?n entre Cristo y la Iglesia (Ef 5, 32).?Es posible, entonces, que desaparezca precisamente en la Jerusal?n celeste, donde se celebra el eterno banquete nupcial entre Cristo y la Iglesia, del que aquel es imagen?

Seg?n esta visi?n, el matrimonio no acaba del todo con la muerte, sino que se transfigura, se espiritualiza, se sustrae a todos los l?mites que marcan la vida en la tierra, igual que, por lo dem?s, no se olvidan los v?nculos existentes entre padres e hijos, o entre amigos. En el prefacio de la Misa de difuntos la liturgia dice que con la muerte ?la vida no termina, se transforma?; lo mismo se debe decir del matrimonio, que es parte integrante de la vida.

Pero ?qu? decir a quienes han tenido un experiencia negativa, de incomprensi?n y de sufrimiento, en el matrimonio terreno? ?No es para ellos motivo de miedo, m?s que de consuelo, la idea de que el v?nculo no se rompa ni con la muerte? No, porque en el paso desde el tiempo a la eternidad el bien permanece, el mal cae. El amor que les uni?, tal vez por breve tiempo, persiste; no los defectos, las incomprensiones, los sufrimientos que se han causado rec?procamente. Much?simos c?nyuges experimentar?n s?lo cuando se re?nan ?en Dios? el amor verdadero entre s? y, con ?l, el gozo y la plenitud de la uni?n que no disfrutaron en la tierra. Es tambi?n la conclusi?n de Goethe sobre el amor entre Fausto y Margarita: ?S?lo en el cielo lo inalcanzable (o sea, la uni?n plena y pac?fica entre dos criaturas que se aman) ser? realidad?. En Dios todo se entender?, todo se excusar?, todo se perdonar?.

?Y qu? decir de quienes estuvieron leg?timamente casados con varias personas, como los viudos y las viudas que volvieron a contraer matrimonio? (Fue el caso presentado a Jes?s de los siete hermanos que hab?an tenido, sucesivamente, como esposa a la misma mujer). Tambi?n para ellos debemos repetir lo mismo: aquello que hubo de aut?ntico amor y donaci?n con cada uno de los esposos o de las esposas, siendo objetivamente un ?bien? y viniendo de Dios, no ser? suprimido. All? arriba no habr? rivalidades en el amor o celos. Estas cosas no pertenecen al amor verdadero, sino al l?mite intr?nseco de la criatura.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit]
Publicado por verdenaranja @ 14:38  | Espiritualidad
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