S?bado, 10 de noviembre de 2007
D?a 11 de Noviembre
XXXII Domingo del Tiempo Ordinario


Vida sobrenatural



Nos presenta la Iglesia en este domingo otro momento de la vida de Jes?s, que dar?a pie seguramente a alguno de aquellos comentarios elogiosos de la gente: habla con autoridad, no como los escribas. El Se?or manifiesta una visi?n completa de la vida y la existencia humana. Se refiere a nosotros como quien tiene una comprensi?n total de nuestro origen y nuestro destino. Trasciende, por tanto, la visi?n limitada y tan habitual del hombre concreto, condicionada casi siempre por las impresiones del momento que le ofrecen un concepto de s? muy parcial.
Son verdad las conclusiones que extraemos a partir de la visi?n natural de la vida y de las circunstancias ordinarias de nuestra existencia. Son verdad, pero no agotan la verdad. Como la visi?n que ofrece el mar desde la costa, siendo verdadera, no comprende totalmente el mar ni agota su verdad. Es preciso sobrevolar el mar, sumergirse en ?l a gran profundidad, estudiar los seres vivos que lo habitan y las formas de su fondo, analizar el agua, etc., para lograr entonces un conocimiento m?s acabado, que, por lo dem?s, no conseguiremos tampoco que sea exhaustivo.

Aquellos saduceos, con su visi?n exclusivamente temporal, consideraban esenciales algunas manifestaciones de la vida ligadas a la materialidad y transitoriedad de nuestra existencia terrena. As?, manifestaciones ciertamente importantes, como el hecho de la uni?n matrimonial, de la que depende el mantenimiento de nuestra especie. Dios mismo fund? el matrimonio y es preciso vivirlo de acuerdo con aquella idea original. De este modo cumplimos su voluntad, vivimos seg?n Dios en esta fase terrena de nuestra existencia, que es el momento de merecer. Pero lo definitivo para el hombre no es vivir en este mundo, por decisiva que sea esta fase, nuestra existencia actual. Conviene por esto contemplar este momento como algo provisional ?una mala noche en una mala posada, que dir?a santa Teresa?, pendientes los ojos, iluminados por la fe, de la vida en Dios a la que estamos destinados desde el principio.

Con frecuencia y de muy diversos modos, animaba Jes?s a sus oyentes para que contasen con la proyecci?n trascendente, que de suyo tiene la vida de los hombres. Aconsejaba, as?, la vida de infancia espiritual: vida de trato confiado con Nuestro Padre, que es Dios y quiere colmarnos de sus delicias. Exig?a tambi?n el empe?o por hacer rendir los dones recibidos, de los que se nos pedir? cuentas al t?rmino de esta etapa terrena: entonces cada uno recibir? premio o castigo, seg?n hayan sido sus obras. Otras veces hablaba el Se?or ?con claridad y diferenci?ndolas? de esas dos dimensiones de nuestra vida: una temporal, la de ahora, y otra definitiva que comienza para cada uno a partir de su muerte; y, al final de los tiempos, para toda la humanidad. Es lo que significa, por ejemplo, la par?bola del trigo y la ciza?a. El trigo ?bueno? representa claramente, como explica el mismo Se?or, a los que obran rectamente en la vida; la ciza?a ?mala? son los que act?an injustamente: del mismo modo que se re?ne la ciza?a y se quema en el fuego, as? ser? al fin del mundo. El Hijo del Hombre enviar? a sus ?ngeles y apartar?n de su Reino a todos los que causan esc?ndalo y obran la maldad, y los arrojar?n en el horno del fuego. All? ser? el llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillar?n como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga o?dos, que oiga.

El Se?or mostr? una vez m?s, con ocasi?n de la pregunta de los saduceos, que la vida que ahora nos ocupa est? destinada a dar paso a otra: la definitiva. Ya entonces algunos ?como ahora?, pretend?an reducir al hombre al quehacer temporal, negando as?, entre otras cosas, toda la ense?anza del Antiguo Testamento, en la que se manifiesta de modo claro, como recuerda el Se?or, que Dios ?que es la vida por antonomasia? tiene presentes de modo actual a todos los hombres, aunque no podamos comprenderlo. Tan Dios y Padre es de Abraham como de Jacob, como de la reina Ester o de Mar?a Magdalena. Poco importar?n en definitiva en la Eternidad algunas circunstancias, que nosotros tal vez podamos valorar mucho, y que Dios quiere para el hombre en nuestro actual estado, pero que se deben a que la condici?n nuestra de ahora es temporal, terrena y transitoria.

Pidamos al Se?or que nos conceda contemplarnos con visi?n sobrenatural ?la ?nica que puede ser verdadera?, que no est? condicionada por lo inmediato de nuestra limitada experiencia. Es claro que para esta visi?n necesitamos fe, vernos en cierta medida como nos ve Dios. Gracias a ese auxilio divino de la fe, se nos potencia la ?ptica humana y somos as? capaces de conocer lo necesario para responder adecuadamente a Dios como personas.

A la Madre de Dios y Madre nuestra nos encomendamos, para que sepamos vernos, como Ella, miembros de la familia de Dios.


Publicado por verdenaranja @ 15:08  | Espiritualidad
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