Lunes, 12 de noviembre de 2007
En la 94? ASAMBLEA PLENARIA de la Conferencia Episcopal Argentina celebrada en Pilar, 5-9 de noviembre de 2007, los obispos argentinos han publicado una Carta Pastoral con el t?tulo: La droga, sin?nimo de muerte".

LA DROGA, SINONIMO DE MUERTE


Los obispos argentinos, reunidos en nuestra Asamblea Plenaria hemos recogido el eco doloroso de muchas familias de todo el pa?s, cuyos hijos quedaron atrapados por los efectos de la droga y sus secuelas de muerte y destrucci?n.
En la Argentina que anhelamos no sobra nadie. Sin embargo, la droga y su comercio de muerte se han instalado entre nosotros; entr? para quedarse en la escuela, en el club, en la esquina, en los boliches y recitales, en la cancha, en las c?rceles y hasta en los lugares de trabajo. Tan flagrante marginaci?n de nuestros ni?os y j?venes nos produce mucho dolor y ?la Iglesia no puede permanecer indiferente ante este flagelo que est? destruyendo a la humanidad, especialmente a las nuevas generaciones? (Doc. Aparecida, 422).
Toda la vida de Jes?s es manifestaci?n del infinito amor de Dios por nosotros, significado en sus gestos de compasi?n y misericordia. Muere en la Cruz por todos, y resucita para darnos vida en abundancia. Sus palabras reflejan siempre lo que llevaba en el coraz?n. As? lo vemos, por ejemplo, en la par?bola del buen samaritano. Aquel hombre ca?do a la vera del camino, herido y golpeado por ladrones, es signo de los que est?n abatidos y agobiados por toda clase de males. Hoy nos interpelan de modo particular los rostros sufrientes de quienes est?n atrapados y condenados por una de las calamidades m?s grandes de estos ?ltimos tiempos, como es el consumo y las adicciones a la droga.

1. Indignos escenarios de muerte

El narco-negocio se instal? en nuestro pa?s, prospera exitosamente, destruye familias y mata. Nuestro territorio ha dejado de ser s?lo un pa?s de paso. Observaciones confiables y de diversas fuentes nos advierten que el consumo arraiga en los j?venes, y avanza sobre la inocencia y fragilidad de los ni?os. Cuando se asocian a las malas compa??as del alcohol, los inhalantes, la violencia y el desamparo, el resultado es un complot para el exterminio.
Desde los m?s altos niveles su tr?fico genera corrupci?n y muerte: asesinatos por encargo, extorsiones, dependencias esclavizantes, prostituci?n. ?El uso abusivo de drogas es una grave falta moral porque afecta a la salud e incita a actividades clandestinas igualmente da?inas? (Catecismo de la Iglesia Cat?lica, n? 2291).
En todos los ambientes, los que prueban la droga por curiosidad y se convierten en adictos, si no llegan a una muerte prematura, frenan su crecimiento y desarrollo personal. Todo lo que est? relacionado con la droga es deshumanizante, anula el don de la libertad, sumerge en el fracaso los proyectos de vida y somete a las familias a duras pruebas.
Los familiares y amigos de los adictos se enfrentan d?a a d?a, con impotencia, a un enemigo de enorme capacidad de mal. No est? dem?s decir, que una persona drogada resigna su espacio en la sociedad: todos pierden sus v?nculos afectivos, el obrero su trabajo, el joven y el ni?o la escolaridad.
En este angustioso marco, la Iglesia proclama la Buena Noticia de Dios que nos conduce a la Vida: Jesucristo, que ha vencido a la muerte y nos ha se?alado el camino de salvaci?n. Con los obispos de Am?rica Latina anunciamos que ?la alegr?a que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, a quien reconocemos como el Hijo de Dios encarnado y redentor, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades; deseamos que la alegr?a de la Buena Noticia del Reino de Dios, de Jesucristo vencedor del pecado y de la muerte, llegue a todos cuantos yacen al borde del camino, pidiendo limosna y compasi?n (cf. Lc 10, 29-37; 18, 25-43). Conocer a Jes?s es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo? (Doc. Aparecida, 29).

2. Las causas

?Por qu? la droga encuentra un campo tan propicio para su expansi?n?. Juan Pablo II dice que ?la droga no es como un rayo que cae en una noche luminosa y estrellada. M?s bien es como un rayo que cae en una noche tormentosa...?. Esa noche tormentosa describe el vac?o existencial que produce el contexto consumista y hedonista en el que vivimos. Nuestra sociedad ha distorsionado el sentido de la vida y los valores. El ?ser m?s? ha dado paso al ?tener m?s?.
Los j?venes se sienten sin ra?ces, obligados a afrontar un presente fugaz y un futuro incierto. Se suma a esto que muchas veces no encuentran adultos disponibles para la escucha y la comprensi?n. De tal forma, que la drogadicci?n no es s?lo un problema de ?sustancias?, sino m?s bien de cultura, valores, conductas y opciones. Es expresi?n de un malestar profundo que algunos llaman ?vac?o existencial?. As? pues, para una cantidad creciente de j?venes, se afianza la convicci?n que vivir no tiene sentido, no vale la pena. M?s de una vez, hemos escuchado decir a j?venes en situaci?n de riesgo: ?yo ya estoy jugado?; para ellos, felicidad, libertad, amor, son s?lo palabras huecas, tan vac?as como sus bolsillos o est?magos. Padecen la ?vida deshonrada?, en una sociedad inh?spita e indiferente, y muchas veces sin una contenci?n de sus hogares y familias.
El demonio,?padre de la mentira? odia la salud y la vida, busca aliados para expandir como peste este veneno. Genera verdaderas estructuras de pecado que desprecian el amor y la dignidad humana.

3. Caminos a recorrer

Todos sabemos algo acerca de la droga, es un tema de la vida cotidiana en nuestras casas. Al mismo tiempo, advertimos que es una realidad muy compleja: por un lado, su organizaci?n con m?todos mafiosos y v?nculos insospechables en todos los niveles parece no tener l?mites; por otro, la ausencia de valores en todos los estratos sociales, el esc?ndalo de la pobreza y la exclusi?n social, achican los horizontes y esperanzas de nuestros j?venes. Al no reconocer la profundidad y gravedad de esta deuda para con las generaciones del presente, estamos favoreciendo su negocio letal. Nos falta la valent?a y el coraje necesarios para encarar seriamente este problema. La indiferencia, el consumismo, la desuni?n de la familia, sumados al poderoso tr?fico y comercio de drogas, abre el camino para destruir a los m?s vulnerables: nuestros chicos y chicas. Porque confiamos en la prevenci?n educativa, nos parece insuficiente la atenci?n que presta a este tema la Ley de Educaci?n Nacional, recientemente aprobada.
La lucha contra la droga-dependencia no es un interrogante sin respuesta, aunque ?sta nunca ser? sencilla. La situaci?n es grave y requiere una acci?n mancomunada de toda la sociedad, que a corto plazo pueda transformarse en pol?tica de estado.

La experiencia nos ense?a que los caminos para enfrentarla van en tres direcciones:

* Promover una cultura de la vida, fundada en la dignidad trascendente de toda persona humana, llamada a ser feliz y a vivir libre de toda esclavitud; cu?nto m?s de estos falsos para?sos de la droga.
* Despejar la falsa ilusi?n de que de la adicci?n se entra y se sale f?cilmente. Por supuesto que muchos, con gran esfuerzo y apelando a diversas ayudas y tratamientos, podr?n recuperarse. Recordemos que siempre el amor de Dios se acerca a quienes se disponen a crecer en dignidad: ?En el mundo tendr?n tribulaciones, pero no teman, Yo he vencido al mundo? (Jn. 16,33)
* Denunciar y perseguir a los mercaderes de la muerte que con el escandaloso comercio de la droga est?n destruyendo a la humanidad, especialmente a las nuevas generaciones, para lo cual deben concurrir todos los recursos que cuenta nuestro Estado de derecho, en una lucha frontal contra el tr?fico y el consumo.

4. El Evangelio anuncia la cultura de la vida

Jes?s nos da fuerzas cuando nos dice:?Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia? (Jn 10,10). A todos los que fueron tocados por esta miseria y sufren esta penosa esclavitud, especialmente a los ni?os y j?venes, queremos abrazarlos y llevarlos al Coraz?n de Cristo para decirles que ?Dios nos ama, que su existencia no es una amenaza para el hombre, que est? cerca con el poder salvador y liberador de su Reino, que nos acompa?a en la tribulaci?n, que alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas? (Doc. Aparecida, 30).
El desaf?o es grande. Entre todos debemos generar una red social que propicie la cultura de la vida. En este esfuerzo es fundamental el concurso de toda la sociedad, para gestar un compromiso solidario que comprenda a madres y padres, docentes, funcionarios, medios de comunicaci?n, instituciones religiosas; en fin, para que en todos los ?mbitos sociales haya una contundente opci?n por la vida fundada en la dignidad de la persona. Debemos recrear caminos de esperanza, fortaleciendo metas e ideales, que den sentido a la existencia, reconstruyendo una cultura, en la que el esfuerzo, el sacrificio y a?n el dolor, hagan prever una cosecha de frutos abundantes para el bien com?n.

Esta red social deber? propiciar:

- la denuncia de hechos delictivos o pol?ticas que por acci?n u omisi?n favorezcan las adicciones.
- una estrategia de prevenci?n basada en tareas educativas en todos los niveles, fundamentalmente en el seno de la familia, las iglesias, la escuela, las fuentes de trabajo, las comunidades barriales y en todos los ambientes donde se dignifique y se celebre la vida.
- la multiplicaci?n de espacios sanantes donde se facilite la recuperaci?n de los adictos y su reinserci?n a la sociedad.

El Se?or Jes?s proclam? ?bienaventurados a los que son misericordiosos porque obtendr?n misericordia? (Mt 5,7). A la escucha de esta Palabra, queremos animar y caminar junto a todas las personas que han acercado su coraz?n a la causa que nos ocupa: en primer lugar a las madres que ven sufrir a sus hijos y se organizan para protegerlos. A los hombres y mujeres, que con responsabilidad y amor al pr?jimo, no pasan de largo ante la tragedia que nos embarga y entristece a todos. Alentamos especialmente a los profesionales del Derecho y la Justicia a obrar con celeridad ante este flagelo, pues est?n en juego miles de vidas que necesitan la protecci?n de la Ley para seguir creciendo como ciudadanos.

Agradecemos a Dios que muchas instituciones religiosas y organizaciones de la sociedad civil ya trabajan en variadas iniciativas terap?uticas de prevenci?n y contenci?n. Invitamos a todos a obrar como el buen samaritano. Como Iglesia, con la fuerza que nos viene del Evangelio de la Vida y con los humildes medios que contamos, renovamos nuestro deseo de estar al servicio de la sociedad para comprometernos solidariamente a enfrentar este mal. Para ello, estamos elaborando un programa de acci?n pastoral que sea signo del amor de Dios por los que sufren. Confiamos que nuestro Padre habr? de inspirarnos a todos para que logremos dar la respuesta oportuna y eficaz a este drama.
La Virgen Sant?sima, como buena Madre nos acompa?ar? en esta misi?n. Los heridos por las adicciones la buscan y Ella les pertenece y la sienten como madre y hermana.

Pilar, 9 de noviembre de 2007
En las v?speras de la beatificaci?n de Ceferino Namuncur?
94? Asamblea Plenaria de la CEA
Publicado por verdenaranja @ 21:23  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios