Martes, 13 de noviembre de 2007
Alfonso Aguil?


Aprender a educar los sentimientos sigue siendo hoy una de las grandes tareas pendientes. Muchas veces se olvida que los sentimientos son una poderosa realidad humana, y que ?para bien o para mal? son habitualmente lo que con m?s fuerza nos impulsa o nos retrae en nuestro actuar. Las personas que gozan de una buena educaci?n afectiva suelen sentirse m?s satisfechas, son m?s eficaces y hacen rendir mejor su talento natural. En cambio, quienes no logran dominar bien su vida emocional, se debaten en constantes luchas internas que socavan su capacidad de pensar, de trabajar y de relacionarse con los dem?s. Sobre estas cuestiones entrevistamos hoy a Alfonso Aguil?, autor del libro Educar los sentimientos (Colecci?n "Hacer Familia", Palabra, 1999).


Antonio Orozco Delcl?s
iglesia.org


EL OCASO DE UN MITO

-?Siendo tan importante la educaci?n de los sentimientos, por qu? tantas personas consideran el coeficiente intelectual como el principal indicador del talento personal?

-El asunto viene de antiguo. Desde comienzos del siglo XX, se difundi? mucho la idea de que el coeficiente intelectual es un dato de partida invariable y decisivo en la vida de una persona. Afortunadamente, esa idea entr? en crisis hace ya bastantes a?os, pues est? claro que poseer un elevado coeficiente intelectual puede predecir tal vez qui?n obtendr? ?xito acad?mico ?tal como suele evaluarse hoy en nuestro sistema educativo?, pero no mucho m?s. No es una garant?a de ?xito profesional, y mucho menos de una vida acertada y feliz.

Hay otras muchas capacidades que tienen m?s importancia, y entre ellas est?n las relativas a la educaci?n de los sentimientos, como el conocimiento propio, el autocontrol y el equilibrio emocional, la capacidad de motivarse a uno mismo y a otros, el talento social, el optimismo, la capacidad para reconocer y comprender los sentimientos de los dem?s, etc.

-?Y al prestar tanta atenci?n a la educaci?n de los sentimientos, no cabe el riesgo de caer en una educaci?n excesivamente sentimental?

-Son cosas distintas. Ser persona de mucho coraz?n, o poseer una profunda capacidad afectiva, no constituye en s? ning?n peligro. Y si lo constituye, ser? en la misma medida en que resulta peligroso tener una gran fuerza de voluntad o una portentosa inteligencia: depende de para qu? se utilicen.

Como es l?gico, no se trata de sustituir a la raz?n por los sentimientos, ni tampoco lo contrario. Se trata de reconciliar cabeza y coraz?n, tanto en la familia como en las aulas o en las relaciones humanas en general.


RECONCILIAR CABEZA Y CORAZ?N

-?Y c?mo puede buscarse ese equilibrio?

-De entrada, no podemos desacreditar el coraz?n porque algunos lo consideren simple sentimentalismo; ni la inteligencia porque otros la vean como un mero racionalismo; ni la voluntad porque otros la reduzcan a un necio voluntarismo. La clave est? en encontrar una buena armon?a.

Por ejemplo, en las ?ltimas d?cadas se han declarado diversas cruzadas contra diferentes problemas que amenazan nuestra sociedad: fracaso escolar, alcoholismo, embarazos de adolescentes, drogas, violencia juvenil, etc. Sin embargo, una y otra vez se comprueba que suele llegarse demasiado tarde, cuando la situaci?n ha alcanzado ya grandes proporciones y est? fuertemente arraigada en la vida de esas personas.

Y eso sucede porque la informaci?n, siendo importante, por s? sola suele resolver muy poco. La mayor?a de las veces el problema no es propiamente la droga, ni el alcohol, ni el fracaso escolar, sino las crisis afectivas que atraviesan esas personas, y que les llevan a buscar refugio en esos errores.

-?La soluci?n entonces es educar mejor los sentimientos?

-En gran parte s?. Al hombre no siempre le basta con comprender lo que es razonable para luego, s?lo con eso, practicarlo. El comportamiento humano est? lleno de sombras y de matices que escapan al rigor de la l?gica, y que campan por sus respetos moviendo resortes subconscientes de la voluntad y los sentimientos.

-Pero tener mucho coraz?n a veces tambi?n traiciona...

-Est? claro que hay numerosos vicios y defectos que pueden coexistir con un gran coraz?n. Hay gente de mucho coraz?n que son alcoh?licos, irascibles, mentirosos o poco honrados. Pero de modo general puede decirse que la riqueza y la plenitud de una persona dependen en gran medida de su capacidad afectiva.

Lo m?s propiamente humano es ser una persona de coraz?n, pero sin dejar que ?ste nos tiranice. Es decir, sin considerarlo la gu?a suprema de nuestra vida, sino logrando que sea la inteligencia quien se encargue de educarlo. Educarlo para que nos lleve a apasionarnos con cosas grandes, con ideales por los que merezca la pena luchar. Es verdad que las pasiones hacen llorar y sufrir, pero no por eso han de ser algo negativo, porque ?acaso se puede dar una buena clase, o sacar adelante un proyecto importante, o amar de verdad a otra persona, desde la indiferencia? Sin apasionamiento, ?habr?an existido los grandes hombres que han llenado de luz y de fuerza nuestra historia, nuestra literatura, nuestra cultura? Educar bien nuestras pasiones nos hace m?s humanos, m?s libres, m?s valiosos.


?UNA REALIDAD OSCURA Y MISTERIOSA?

-?Y cree que la educaci?n de los sentimientos es una tarea un tanto descuidada?

-S?. Como ha se?alado Jos? Antonio Marina, la confusa impresi?n de que los sentimientos son una realidad oscura y misteriosa, poco racional, casi ajena a nuestro control, ha provocado en muchas personas un considerable desinter?s por profundizar en su educaci?n. Sin embargo, los sentimientos son influenciables, corregibles, estimulables. Pueden modelarse bastante m?s de lo que a primera vista parece.

Es cierto que la mayor?a de los sentimientos no se pueden producir directa y libremente. No podemos generar sentimientos de alegr?a o de tristeza con la misma facilidad con que hacemos otros actos de voluntad (como gobernamos, por ejemplo, los movimientos de los brazos). Pero s? podemos influir en nuestra alegr?a o nuestra tristeza de modo indirecto, preparando el terreno en nuestro interior, estimulando o rechazando las respuestas afectivas que van surgiendo espont?neamente en nuestro coraz?n.

-Algunos consideran que eso es esconder los sentimientos espont?neos para sustituirlos por otros que en realidad no se tienen, y que por tanto son falsos, o al menos artificiales.

-Pienso que no debe verse as?, pues lo que se busca no es el falseamiento de los sentimientos, sino construir nuestro propio estilo emocional. Debemos ser protagonistas de nuestra propia vida, en vez de pensar que estamos atados a un inexorable destino sentimental.

Si una persona advierte, por ejemplo, que est? siendo dominada por sentimientos de envidia, o de ego?smo, o de resentimiento, lo que debe hacer es procurar contener esos sentimientos negativos, al tiempo que procura estimular los correspondientes sentimientos positivos. De esa manera, con el tiempo lograr? que ?stos acaben imponi?ndose sobre aqu?llos, y as? ir? transformando positivamente su propia vida emocional.

-?Y los sentimientos influyen en las virtudes?

-Cada estilo sentimental favorece unas acciones y entorpece otras. Por tanto, cada estilo sentimental favorece o entorpece una vida psicol?gicamente sana, y favorece o entorpece la pr?ctica de las virtudes o valores que deseamos alcanzar. No puede olvidarse que la envidia, el ego?smo, la agresividad, o la pereza, son ciertamente carencias de virtud, pero tambi?n son carencias de la adecuada educaci?n de los sentimientos que favorecen o entorpecen esa virtud. La pr?ctica de las virtudes favorece la educaci?n del coraz?n, y viceversa.


SER BUENA PERSONA

-?Y qu? relaci?n piensa usted que hay entre educaci?n de los sentimientos y educaci?n moral?

-Voy a contestarle partiendo de un ejemplo. Recuerdo una ocasi?n, hace tiempo, en que un profesor amigo m?o, refiri?ndose a un alumno suyo de once a?os, de aspecto simp?tico y despierto, me dec?a:

?Ese chico es realmente extraordinario, una persona de mucho talento?; es una l?stima que no tenga buen coraz?n. Le gusta distraer a los dem?s, meterles en l?os y despu?s zafarse y quitarse ?l de en medio. Suele ir a lo suyo, aunque, como es listo, lo sabe disimular. Pero si te fijas bien, te das cuenta de que es ego?sta hasta extremos sorprendentes.

Saca unas notas muy buenas, y tiene grandes dotes para casi todo. Lo malo es que parece disfrutar humillando a los que son m?s d?biles o menos inteligentes, y se muestra insensible ante su sufrimiento. Y no pienses que le tengo man?a. Es el m?s brillante de la clase, pero no es una buena persona. Me impresiona su cabeza, pero me aterra su coraz?n?.

Cuando observamos casos como el de ese chico, comprendemos enseguida que debe prestarse una atenci?n muy particular a la educaci?n moral. Y que una buena educaci?n sentimental ha de ayudar, entre otras cosas, a aprender -en lo posible- a disfrutar haciendo el bien y sentir disgusto haciendo el mal.

-Eso no siempre es f?cil. ?C?mo puede lograrse?

-En nuestro interior hay sentimientos que nos empujan a obrar bien, y, junto a ellos, pululan tambi?n otros que son como insectos infecciosos que amenazan nuestra vida moral. Por eso debemos procurar modelar nuestros sentimientos para que nos ayuden lo m?s posible a sentirnos bien con aquello que nos ayuda a construir una vida personal arm?nica, plena, lograda. Y a sentirnos mal en caso contrario.


EL ATRACTIVO DEL BIEN

-Pero hay ocasiones en que hacer el bien no resulta nada atractivo...

-Es cierto, y por eso digo que hay que procurar educar los sentimientos para que ayuden lo m?s posible a la vida moral. Por ejemplo, si una persona siente desagrado al mentir, y satisfacci?n cuando es sincero, eso ser? una gran ayuda en su vida moral. Igual que si se siente molesto cuando es desleal, o ego?sta, o perezoso, o injusto, porque todo eso le alejar? de esos errores, y a veces con bastante m?s fuerza que muchos otros argumentos. De ah? la importancia de educar sabiendo mostrar con viveza el atractivo de la virtud y el bien.

-?Por qu? es tan importante esa imagen?

-Si una persona logra formarse una idea atractiva de las virtudes que desea adquirir, y procura tener bien presentes esas ideas, es mucho m?s f?cil que llegue a poseer esas virtudes. Lograr?, adem?s, que ese camino sea menos penoso y m?s satisfactorio. Por el contrario, si piensa constantemente en el atractivo de los vicios que desea evitar (un atractivo pobre y rastrero, pero que siempre existe, y cuya fuerza no debe menospreciarse), lo m?s probable es que el innegable encanto que siempre tienen esos errores le haga m?s dif?cil despegarse de ellos.

Por eso, profundizar en el atractivo del bien, representarlo en nuestro interior como algo atractivo, alegre y motivador, es m?s importante de lo que parece. Muchas veces, los procesos de mejora se malogran simplemente porque la imagen de lo que uno se ha propuesto llegar no es lo bastante sugestiva o deseable.

-?Entonces, con una ?ptima educaci?n de los sentimientos, apenas costar?a esfuerzo llevar una vida ejemplar?

-Est? claro que de modo habitual costar? menos. De todas formas, por muy buena que sea la educaci?n de una persona, hacer el bien le supondr? con frecuencia un vencimiento, y a veces grande. Pero esa persona sabe bien que siempre sale ganando con el buen obrar.


Publicado por verdenaranja @ 0:03  | Art?culos de inter?s
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