Martes, 13 de noviembre de 2007
Carta semanal del Arzobispo de Valencia Don Agustín García-Gasco Vicente para el Domingo 04 de Noviembre de 2007.

El proyecto educativo católico



La acción educativa de la Iglesia hace posible el ejercicio del derecho de los padres a la educación de sus hijos, según sus convicciones.

Los cristianos creemos firmemente en la libertad de las personas y en la fuerza maravillosa que la educación puede ejercer para abrir nuevos horizontes a cada ser humano y a la propia humanidad. Por medio de la razón y la libertad es posible lograr adhesiones hacia una sociedad fundada verdaderamente en el amor cristiano que culmina con la gracia de la fe.

Durante siglos la Iglesia ha tenido un destacado papel en la educación como creadora de las primeras universidades y también en la enseñanza básica a las personas más humildes ante la pasividad de los estados. Los importantes cambios operados con la aparición de los estados modernos, su función social y la enseñanza obligatoria generalizada pueden llevar a preguntarnos por el sentido que tiene en la actualidad la enseñanza católica.

La acción educativa de la Iglesia hace posible el ejercicio del derecho de los padres a la educación de sus hijos, según sus convicciones. Por ello, los centros educativos católicos son responsables ante sus propios alumnos y ante sus padres de las enseñanzas y actitudes que imparten. La congruencia de cada colegio católico es fundamental para no defraudar a las familias que confían la educación de sus hijos. Estos centros educativos tienen la obligación de procurar una enseñanza de calidad y de planificar su subsistencia y crecimiento, pero no pueden ser concebidos como una mera actividad lucrativa. El balance positivo de los centros educativos viene otorgado por la calidad humana y profesional que logran en su formación.

Para que la participación de los padres sea efectiva, conviene potenciar la sintonía de pensamiento, palabra, consejo y ejemplo de los padres con la acción educativa del colegio. Resulta muy conveniente la creación de modos, lugares y tiempos de diálogo, encuentro, reflexión y celebración de toda la comunidad educativa, que hagan justicia a la misión propia y original de la familia.

La complementariedad de acción entre familias, titulares, profesores, profesionales de la administración y alumnos es el fundamento del buen funcionamiento de la comunidad educativa en las escuelas y en las universidades católicas.

El compromiso con el proyecto común de todos sus responsables es un factor esencial para la participación de padres y alumnos en la acción educativa desde el colegio hasta la universidad. Los centros educativos católicos han de presentar el proyecto educativo que expresa el compromiso de todos por educar.

A los profesores laicos compete la responsabilidad sobre el debido desarrollo del proyecto educativo católico. Como fieles laicos están plenamente implicados en la misión de la Iglesia, y les corresponde testificar cómo la fe cristiana constituye la única respuesta plenamente válida a los problemas y expectativas que la vida plantea a cada hombre y a cada sociedad.

El profesor católico está llamado a ser una auténtica imagen del hombre evangélico. Esto supone cuidar con esmero la apertura de miras en sus propuestas educativas e investigadoras, la actitud de servicio al centro y a sus alumnos, la entrega personal buscando el crecimiento del alumno y la gloria de Dios, el espíritu de fraterna solidaridad con todos y la integridad de su vida moral.

El deber de asumir responsabilidades se acrecienta cuando los profesores aceptan las tareas de dirección. Este paso conlleva asumir todos los elementos identificativos de la educación católica y que se expresan sobre todo en la impregnación cristiana del saber y de la cultura que se transmite en la escuela. Es imprescindible superar los riesgos de absorción de las tareas burocráticas a costa de descuidar la formación integral del alumnado.

Los alumnos esperan de sus educadores no sólo maestros en su saber y saber enseñar, sino también testigos de una vida de fe en la que pueden encontrar los signos mediante los cuales Dios se hace presente. Las celebraciones litúrgicas y la colaboración con el proyecto pastoral son ocasiones para que el profesor muestre este plus de entrega y de convicción por amor a Cristo y a su Iglesia. La fe complementa a la razón y acrecienta el compromiso por una sociedad más justa en la que impere el amor.


Con mi bendición y afecto,


Publicado por verdenaranja @ 22:42  | Hablan los obispos
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