Mi?rcoles, 14 de noviembre de 2007
Homil?a pronunciada por el Nuncio Apost?lico en M?xico, S.E.R. Mons. Christophe Pierre, en la inauguraci?n de la LXXXIV Asamblea Plenaria de la CEM


Eminent?simo Sr. Cardenal Norberto Rivera, Arzobispo de M?xico
Excelent?simo Sr. Carlos Aguiar, Presidente de la CEM con los miembros de la Presidencia.
Excelent?simos Se?ores Arzobispos y Obispos, Monse?ores, Sacerdotes, Religiosos y laicos.

Por la primera vez, desde mi llegada a este querido pa?s, donde el Santo Padre Benedicto XVI me ha hecho el honor de confiarme la responsabilidad de representarlo y de trabajar en su nombre como servidor de la comuni?n, deseo una vez m?s saludar a cada uno de ustedes y agradecerles su calurosa acogida. Recuerdo con emoci?n mi primera celebraci?n en este Santuario, tan querido por todos, y las palabras que el Se?or Cardenal de M?xico y el Presidente de la CEM, en nombre de todos Uds., pronunciaron y que me hicieron sentir en mi propia casa.

Estos primeros meses me han permitido establecer una relaci?n de conocimiento y amistad rec?proca, que espero, pueda ir creciendo y profundiz?ndose. Con agrado he respondido a sus varias invitaciones a visitar algunas de sus di?cesis y, en cada ocasi?n, he experimentado el calor de su pueblo y los sentimientos profundos que lo animan hacia la persona del Santo Padre, que siempre reconocen en la persona de su Representante.

Esas primeras visitas me han permitido percibir la vitalidad de sus Iglesias locales y el celo apost?lico de sus Pastores para anunciar el Evangelio en un contexto siempre m?s complejo. En las varias ciudades de la frontera Uds. me han hecho entender la situaci?n, algunas veces dram?tica, de la inmigraci?n y he admirado el modo como buscan responder a los m?ltiples desaf?os de un pueblo que desea salir de la situaci?n de pobreza.

Con admiraci?n he visto la prontitud de la respuesta de todas las di?cesis al momento de las inundaciones que han afectado la di?cesis de Tabasco y Chiapas y quiero, en esta ocasi?n, reiterar los sentimientos expresados en las palabras del Santo Padre al Excelent?simo Sr. Obispo Benjam?n Castillo, el cual no ha faltado de mostrarse como el digno Pastor de su sufrida grey.

El y tambi?n los otros Pastores de las iglesias afectadas, necesitar?n ciertamente un continuo apoyo de toda la Iglesia mexicana que no dejar? de expresar as? el sentimiento de comuni?n y solidaridad que la caracteriza. En tales circunstancias se puede apreciar la existencia de estructuras eclesiales que permiten responder de modo eficaz a los desaf?os de una sociedad en la cual la Iglesia est? llamada a ser signo visible del amor ofrecido por Dios a los nombres.

Me parece que en esta fase de consolidaci?n de las estructuras de la Conferencia Episcopal, es necesario interrogarse sobre la capacidad de nuestra Iglesia, a sus varios niveles, diocesanos y nacionales, de poder responder a lo que los hombres m?s necesitan.

En esta 84 Asamblea Plenaria del Episcopado Mexicano, ustedes buscan acercarse al encuentro de Aparecida en vista de impulsar la nueva Evangelizaci?n en M?xico. Me complace la frase "Acontecimiento de Aparecida" ya que tenemos que considerar lo sucedido, como un evento del Esp?ritu que gu?a siempre la Iglesia de Cristo y ayuda a sus miembros a vivir su vocaci?n y su misi?n.

Creo que el desaf?o m?s grande para esta Iglesia, es ser verdaderamente Iglesia, es decir, signo vivo de la presencia de Dios en la realidad humana, para anunciar el Evangelio al mundo de hoy con su cultura que cambia, como lo analiza con precisi?n el documento conclusivo, y tambi?n como el Santo Padre lo subray? en su discurso inaugural.

El Papa Benedicto XVI quiso justamente fijar su atenci?n sobre algunos campos prioritarios para llevar a cabo la renovaci?n de la Iglesia, y lo dijo en el contexto de una relativizaci?n de valores y de un avance del secularismo. ?l identific? en particular la familia, los sacerdotes, los religiosos, religiosas y consagrados, los laicos, con una particular menci?n a los movimientos eclesiales y los j?venes, indic?ndonos la importancia de una pastoral vocacional. Me parece que ah? nos encontramos con los grupos de personas m?s sensibles a las transformaciones culturales que en M?xico, como en todo el mundo, experimentamos y tenemos el deber de considerar con atenci?n y lucidez.

En un mundo caracterizado por una dificultad siempre m?s grande de tener puntos de referencia y que valoriza la indeterminaci?n y el subjetivismo, es decir, que deja que las personas escojan el rumbo de su propia vida a partir de una experiencia subjetiva, y de una libertad que no acepta ser orientada, los Obispos en Aparecida han querido reproponer a todos de vivir como fundamento de su vida la experiencia del encuentro con Aquel, que Dios envi? para revelamos el verdadero sentido de la vida.

Este sentido lo encontramos cuando, como lo dijo Benedicto XVI en su primera Enc?clica "Dios es Amor", el amor divino ilumina nuestro af?n humano, tan fundamental en toda existencia de amar. En esa experiencia, que fue vivida por los disc?pulos y que cada uno de nosotros estamos llamados a realizar, podemos encontrar un sentido a nuestra propia existencia.

La Iglesia de Am?rica Latina propone a sus miembros el reto de vivir un encuentro personal con Cristo, que debe traducirse en una existencia de Disc?pulo. Obispos, Sacerdotes, Religiosos, Laicos, todos seg?n su propia llamada, no pueden asumir concretamente su propia vocaci?n sin que sea vivida como una relaci?n personal con el Hijo de Dios y sigue siendo, en todos los actos de su vida, un Disc?pulo.

El documento de Aparecida nos ofrece elementos muy preciosos para poder desarrollar concretamente, sea el encuentro con Cristo, sea el discipulado. He notado con cual insistencia y lucidez los Obispos quieren poner al centro la Sagrada Escritura y me permito citar el N.249: "La lectura orante, en la tradici?n eclesial y la ?Lectio divina? conduce al encuentro con Jes?s Maestro, al conocimiento del misterio de Jes?s Mes?as, a la comuni?n con Jes?s Hijo de Dios, y al testimonio de Jes?s Se?or del universo".

Los Obispos insisten tambi?n en los sacramentos como modo privilegiado para que los disc?pulos puedan celebrar y asumir el Misterio Pascua. La Iglesia misma es Sacramento de la presencia de Dios y tiene como responsabilidad y misi?n de ofrecer la salvaci?n y la comuni?n con Dios a trav?s de los sacramentos, en particular la Eucarist?a y el Sacramento de la Reconciliaci?n.

Ellos invitan a poner al centro de la vida, la oraci?n personal y comunitaria para poder alimentar la amistad con Jesucristo y asumir la voluntad del Padre. En estos aspectos, podemos encontrar el centro de lo que nuestra Iglesia necesita para poder cumplir su misi?n, que es esencialmente demostrar al mundo que Dios es Amor.

Este amor se manifestar? de un modo especial hacia los pobres, afligidos y enfermos, que, como nos dice el N.247, reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir viviendo.

La renovaci?n que los Obispos esperan dentro de la Iglesia y que es ciertamente una exigencia para esta Iglesia que peregrina en M?xico, depende en consecuencia, esencialmente, del redescubrimiento de la vocaci?n y misi?n de cada uno de sus miembros. Hay que retomar, para cada categor?a de personas, un itinerario formativo de los disc?pulos, basado sobre una espiritualidad trinitaria del encuentro con Cristo y un rescate efectivo de todo lo que la Iglesia nos ofrece, sea la Palabra de Dios, la liturgia y los Sacramentos, la Piedad Popular, y en particular la espiritualidad Mariana, tan fuerte y central para nosotros.

Esto provocar? una conversi?n personal que ser? el fundamento de una vitalidad nueva de nuestra Iglesia, para que sea aut?nticamente misionera. El desaf?o de la misi?n para presentar a nuestro mundo la cara aut?ntica del Cristo que se acerca a los hombres al punto de dar su vida para que encuentren la vida y le den sentido, es el segundo aspecto que los Obispos, guiados por el esp?ritu, proponen a esta Iglesia.

En verdad, la Iglesia necesita urgentemente de entrar en una actitud misionera para ofrecer a los hombres de hoy la verdad de la salvaci?n que s?lo Cristo, porque es Dios, nos trae.

El reto es grande, como lo sabemos, en un mundo tentado por la indiferencia y el materialismo y en el cual muchos movimientos religiosos y sectas presentan una religi?n que pretende responder a las necesidades m?s inmediatas de las personas, pero que reduce la persona de Cristo a un ?dolo.

Tenemos todos que descubrir y vivir la exigencia misionera que corresponde a la voluntad de Cristo cuando envi? sus disc?pulos para anunciar el Evangelio a todo el mundo. El Santo Padre nos dice que los primeros que necesitan de este anuncio son los j?venes y las familias, pero subraya tambi?n que nosotros sacerdotes y religiosos necesitamos ser evangelizados.

La Iglesia ser? misionera si cada uno de sus miembros tiene una fuerte conciencia de la necesidad de anunciar el Evangelio donde vive para transformar la realidad y establecer el Reino de Dios. Esto no se podr? vivir si no estamos en comuni?n los unos con los otros. El rol esencial de una Conferencia Episcopal se encuentra precisamente en dar a todos los miembros de la Iglesia la posibilidad de vivir esta comuni?n eclesial tan esencial para que la Iglesia sea cre?ble en una sociedad que tiende, o a veces quiere, descalificarla o destruirla.


Al comienzo de sus trabajos que iniciamos de frente a la imagen tan querida de la Madre de todos los Mexicanos, Nuestra Se?ora de Guadalupe, pedimos a ella que nos ayude a nunca perder el sentido de la comuni?n, es decir, del amor mutuo que los Pastores escogidos por Dios, para guiar su Iglesia en esta tierra, deben cultivar para poder responder al Amor divino y anunciarlo a una sociedad que tiende tambi?n a dividirse en vez de buscar unidad y solidaridad.

Que Dios bendiga a los Obispos de M?xico y los ayude a ser ellos mismos Disc?pulos y Misioneros, dando as? un testimonio a sus colaboradores en el Sacerdocio, a los Religiosos llamados a resplandecer el Amor divino a trav?s del ejercicio concreto de sus propios carismas, y a los Laicos enviados en el mundo para construir la civilizaci?n del amor. Que todos sean disc?pulos y misioneros. AM?N.
Publicado por verdenaranja @ 23:19  | Hablan los obispos
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