Jueves, 15 de noviembre de 2007
ZENIT publica la intervenci?n que pronunci? Benedicto XVI el mi?rcoles, 14 de Noviembre de 2007, en la que concluy? la presentaci?n de la figura de san Jer?nimo (347-419/420),, que hab?a comenzado el mi?rcoles precedente (Cf. Zenit, 7 de noviembre de 2007).


Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos hoy presentando la figura de san Jer?nimo. Como dijimos el mi?rcoles pasado, dedic? su vida al estudio de la Biblia, hasta el punto de que fue reconocido por mi predecesor, el Papa Benedicto XVI, como ?eminente doctor en la interpretaci?n de las Sagradas Escrituras?. Jer?nimo subrayaba la alegr?a y la importancia de familiarizarse con los textos b?blicos: ??No te parece que est?s --ya aqu?, en la tierra-- en el reino de los cielos, cuando se vive entre estos textos, cuando se medita en ellos, cuando no se busca otra cosa?? (Ep?stola 53, 10). En realidad, dialogar con Dios, con su Palabra, es en un cierto sentido presencia del Cielo, es decir, presencia de Dios. Acercarse a los textos b?blicos, sobre todo al Nuevo Testamento, es esencial para el creyente, pues ?ignorar la Escritura es ignorar a Cristo?. Es suya esta famosa frase, citada por el Concilio Vaticano II en la constituci?n ?Dei Verbum? (n. 25).

?Enamorado? verdaderamente de la Palabra de Dios, se preguntaba: ??C?mo es posible vivir sin la ciencia de las Escrituras, a trav?s de las cuales se aprende a conocer al mismo Cristo, que es la vida de los creyentes?? (Ep?stola 30, 7). La Biblia, instrumento ?con el que cada d?a Dios habla a los fieles? (Ep?stola 133, 13), se convierte de este modo en est?mulo y manantial de la vida cristiana para todas las situaciones y para toda persona.

Leer la Escritura es conversar con Dios: ?Si rezas --escribe a una joven noble de Roma--hablas con el Esposo; si lees, es ?l quien te habla? (Ep?stola 22, 25). El estudio y la meditaci?n de la Escritura hacen sabio y sereno al hombre (Cf. ?In Eph.?, pr?logo). Ciertamente para penetrar de una manera cada vez m?s profunda en la Palabra de Dios se necesita una aplicaci?n constante y progresiva. Por este motivo, Jer?nimo recomendaba al sacerdote Nepociano: ?Lee con mucha frecuencia las divinas Escrituras; es m?s, que el Libro no se caiga nunca de tus manos. Aprende en ?l lo que tienes que ense?ar? (Ep?stola 52, 7). A la matrona romana, Leta, le daba estos consejos para la educaci?n cristiana de su hija: ?Aseg?rate de que estudie todos los d?as alg?n pasaje de la Escritura? Que acompa?e la oraci?n con la lectura, y la lectura con la oraci?n? Que ame los Libros divinos en vez de las joyas y los vestidos de seda? (Ep?stola 107,9.12). Con la meditaci?n y la ciencia de las Escrituras se ?mantiene el equilibrio del alma? (?Ad Eph.?, pr?l.). S?lo un profundo esp?ritu de oraci?n y la ayuda del Esp?ritu Santo pueden introducirnos en la comprensi?n de la Biblia: ?Al interpretar la Sagrada Escritura siempre tenemos necesidad de la ayuda del Esp?ritu Santo? (?In Mich.?, 1,1,10,15).

Un amor apasionado por las Escrituras caracteriz? por tanto toda la vida de Jer?nimo, un amor que siempre trat? de suscitar en los fieles. Recomendaba a una de sus hijas espirituales: ?Ama la Sagrada Escritura y la sabidur?a te amar?; ?mala tiernamente, y te custodiar?; h?nrala y recibir?s sus caricias. Que sea para ti como tus collares y tus pendientes? (Ep?stola 130, 20). Y a?ad?a: ?Ama la ciencia de la Escritura, y no amar?s los vicios de la carne? (Ep?stola 125,11).

Para Jer?nimo, un criterio metodol?gico fundamental en la interpretaci?n de las Escrituras era la sinton?a con el magisterio de la Iglesia. Por nosotros mismos nunca podemos leer la Escritura. Encontramos demasiadas puertas cerradas y caemos en errores. La Biblia fue escrita por el Pueblo de Dios y para el Pueblo de Dios, bajo la inspiraci?n del Esp?ritu Santo. S?lo en esta comuni?n con el Pueblo de Dios podemos entrar realmente con el ?nosotros? en el n?cleo de la verdad que Dios mismo nos quiere comunicar. Para ?l una aut?ntica interpretaci?n de la Biblia ten?a que estar siempre en armon?a con la fe de la Iglesia cat?lica. No se trata de una exigencia impuesta a este libro desde el exterior; el Libro es precisamente la voz del Pueblo de Dios que peregrina y s?lo en la fe de este Pueblo podemos estar, por as? decir, en el tono adecuado para comprender la Sagrada Escritura. Por este motivo, Jer?nimo alentaba: ?Permanece firmemente unido a la doctrina de la tradici?n que te ha sido ense?ada para que puedas exhortar seg?n la sana doctrina y refutar a quienes la contradicen? (Ep?stola 52,7). En particular, dado que Jesucristo fund? su Iglesia sobre Pedro, todo cristiano, conclu?a, debe estar en comuni?n ?con la C?tedra de san Pedro. Yo s? que sobre esta piedra est? edificada la Iglesia? (Ep?stola 15, 2). Por tanto, con claridad, declaraba: ?Estoy con quien est? unido a la C?tedra de san Pedro? (Ep?stola 16).

Jer?nimo no descuida el aspecto ?tico. Con frecuencia reafirma el deber de acordar la vida con la Palabra divina. Una coherencia indispensable para todo cristiano y particularmente para el predicador, a fin de que sus acciones no contradigan sus discursos.

As? exhorta al sacerdote Nepociano: ?Que tus acciones no desmientan tus palabras, para que no suceda que, cuando prediques en la Iglesia, alguien en su intimidad comente: ??Por qu? entonces t? no act?as as???. Curioso maestro el que, con el est?mago lleno, se poner a pronunciar discursos sobre el ayuno; incluso un ladr?n puede criticar la avaricia; pero en el sacerdote de Cristo la mente y la palabra deben estar de acuerdo? (Ep?stola 52,7).

En otra carta, Jer?nimo confirma: ?Aunque tenga una espl?ndida doctrina, es vergonzosa la persona que se siente condenada por la propia conciencia? (Ep?stola 127,4). Hablando de la coherencia, observa: el Evangelio debe traducirse en actitudes de aut?ntica caridad, pues en todo ser humano est? presente la Persona misma de Cristo. Dirigi?ndose, por ejemplo, al presb?tero Paulino, que despu?s lleg? a ser obispo de Nola y santo, Jer?nimo le da este consejo: ?El verdadero templo de Cristo es el alma del fiel: adorna este santuario, embell?celo, deposita en ?l tus ofrendas y recibe a Cristo. ?Qu? sentido tiene decorar las paredes con piedras preciosas si Cristo muere de hambre en la persona de un pobre?? (Ep?stola 58,7).

Jer?nimo concretiza: es necesario ?vestir a Cristo en los pobres, visitarle en los que sufren, darle de comer en los hambrientos, cobijarle en los que no tienen un techo? (Ep?stola 130, 14). El amor por Cristo, alimentado con el estudio y la meditaci?n, nos permite superar toda dificultad: ?Si nosotros amamos a Jesucristo y buscamos siempre la uni?n con ?l, nos parecer? f?cil lo que es dif?cil? (Ep?stola 22,40).

Jer?nimo, definido por Pr?spero de Aquitania, ?modelo de conducta y maestro del g?nero humano? (?Carmen de ingratis?, 57), nos ha dejado tambi?n una ense?anza rica y variada sobre el ascetismo cristiano. Recuerda que un valiente compromiso por la perfecci?n requiere una constante vigilancia, frecuentes mortificaciones, aunque con moderaci?n y prudencia, un asiduo trabajo intelectual o manual para evitar el ocio (Cf, Ep?stolas 125, 11 y 130, 15), y sobre todo la obediencia a Dios: ?No hay nada que le agrade tanto a Dios como la obediencia?, que es la m?s excelsa de las virtudes? (?Hom. de oboedientia?: CCL 78,552). Del camino asc?tico pueden formar tambi?n parte las peregrinaciones. En particular, Jer?nimo las impuls? a Tierra Santa, donde los peregrinos eran acogidos y hospedados en edificios surgidos junto al monasterio de Bel?n, gracias a la generosidad de la mujer noble Paula, hija espiritual de Jer?nimo (Cf. Ep?stola 108,14).

No hay que olvidar, por ?ltimo, la contribuci?n ofrecida por Jer?nimo a la pedagog?a cristiana (Cf. Ep?stolas 107 y 128). Se propone formar ?un alma que tiene que convertirse en templo del Se?or? (Ep?stola 107,4), una ?gema precios?sima? a los ojos de Dios (Ep?stola 107, 13). Con profunda intuici?n aconseja preservarla del mal y de las ocasiones de pecado, evitar las amistades equ?vocas o que disipan (Cf. Ep?stola 107,4 y 8-9; Cf. tambi?n Ep?stola 128, 3-4). Exhorta sobre todo a los padres a crear un ambiente de serenidad y de alegr?a alrededor de los hijos, para que les estimulen en el estudio y en el trabajo, y les ayuden con la alabanza y la emulaci?n (Cf. Ep?stolas 107,4 y 128,1) a superar las dificultades, favoreciendo en ellos las buenas costumbres y preserv?ndoles de las malas porque --dice citando una frase de Publilio Siro que hab?a escuchado en la escuela-- ?a duras penas lograr?s corregirte de las cosas a las que te vas acostumbrando tranquilamente? (Ep?stola 107, 8).

Los padres son los principales educadores de los hijos, los maestros de vida. Con mucha claridad Jer?nimo, dirigi?ndose a la madre de una muchacha y luego al padre, advierte, como expresando una exigencia fundamental de toda criatura humana que se asoma a la existencia: ?Que ella encuentre en ti a su maestra y que su inexperta adolescencia se oriente hacia ti maravillada. Que nunca vea en ti ni en su padre actitudes que la lleven al pecado. Recordad que pod?is educarla m?s con el ejemplo que con la palabra? (Ep?stola 107, 9).

Entre las principales intuiciones de Jer?nimo como pedagogo hay que subrayar la importancia atribuida a una sana e integral educaci?n desde la primera infancia, la peculiar responsabilidad atribuida a los padres, la urgencia de una formaci?n moral religiosa, la exigencia del estudio para lograr una formaci?n humana m?s completa.

Adem?s, hay un aspecto bastante descuidado en los tiempos antiguos, pero que era considerado vital por nuestro autor: la promoci?n de la mujer, a quien reconoce el derecho a una formaci?n completa: humana, acad?mica, religiosa, profesional.

Y precisamente hoy vemos c?mo la educaci?n de la personalidad en su integridad, la educaci?n en la responsabilidad ante Dios y ante los hombres, es la aut?ntica condici?n de todo progreso, de toda paz, de toda reconciliaci?n y de toda exclusi?n de la violencia. Educaci?n ante Dios y ante el hombre: la Sagrada Escritura nos ofrece la gu?a de la educaci?n y, por tanto, del aut?ntico humanismo.

No podemos concluir estas r?pidas observaciones sobre este gran padre de la Iglesia sin mencionar la eficaz contribuci?n que ofreci? a la salvaguarda de elementos positivos y v?lidos de las antiguas culturas jud?a, griega y romana en la naciente civilizaci?n cristiana. Jer?nimo reconoci? y asimil? los valores art?sticos, la riqueza de los sentimientos y la armon?a de las im?genes presentes en los cl?sicos, que educan el coraz?n y la fantas?a en los nobles sentimientos.

Sobre todo, puso en el centro de su vida y de su actividad la Palabra de Dios, que indica al hombre las sendas de la vida, y le revela los secretos de la santidad. Por todo esto precisamente en nuestros d?as podemos sentirnos profundamente agradecidos con san Jer?nimo.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa salud? a los peregrinos en varios idiomas. En espa?ol, dijo:]


Queridos hermanos y hermanas:
Continuamos la catequesis sobre san Jer?nimo, quien por su apasionado amor al estudio de la Biblia fue declarado ?doctor eminente en la interpretaci?n de la Escritura?. Un criterio metodol?gico fundamental para su interpretaci?n es, seg?n ?l, la sinton?a con el Magisterio de la Iglesia. Por ello dice: ?Yo estoy con quien est? unido a la C?tedra de san Pedro?. Leer la Biblia es conversar con Dios. Su meditaci?n frecuente hace al hombre sabio y sereno.

Desde el aspecto ?tico, afirma que la coherencia de la vida con la Palabra es indispensable para todo cristiano y particularmente para el predicador, a fin de que sus acciones no contradigan sus palabras. Fue modelo de conducta y maestro de ascetismo, recordando que la perfecci?n requiere constante vigilancia, frecuentes mortificaciones, asiduo trabajo intelectual o manual para evitar el ocio, y sobre todo obediencia a Dios. Las peregrinaciones, especialmente a Tierra Santa, pueden entrar a formar parte del camino asc?tico.

Jer?nimo hizo una gran aportaci?n a la pedagog?a cristiana. Destac? la importante responsabilidad de los padres como primeros y principales educadores de sus hijos. Consider? tambi?n vital la promoci?n de la mujer y contribuy? eficazmente a la salvaguardia de los elementos positivos de la cultura jud?a, griega y romana en la naciente civilizaci?n cristiana.

Saludo a los peregrinos espa?oles, especialmente a los del Arciprestazgo de Abegondo, de Santiago de Compostela, a los de la Parroquia de Serantes, de Ferrol y a los miembros de la Hermandad de Santa Marta, de Madrid. Tambi?n a los estudiantes chilenos de Santiago, a los venezolanos de Maracaibo, a los mexicanos y de otros pa?ses latinoamericanos. Agradeciendo al Se?or la vida de san Jer?nimo, seguid sus ense?anzas y poned la Palabra de Dios en el centro de vuestra vida y actividades. Ella os gu?a a la santidad. ?Gracias!

[? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 23:04  | Habla el Papa
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