S?bado, 17 de noviembre de 2007
D?a 18 de Noviembre
XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario



Padecer a causa del Evangelio



Reconsideremos lo que nos ense?a la Iglesia en este domingo del Tiempo Ordinario, a punto de finalizar ya el ciclo Lit?rgico. Podemos, como cada a?o, meditar en el fin del mundo, en los acontecimientos ?ltimos de la existencia humana sobre la tierra, pero tambi?n en la precisa realidad de la vida del hombre y en su sentido, tal y como han sido queridos por Dios desde el principio. Lo que se anuncia, lo que suceder? y que, en cierta medida, est? ya sucediendo, es y ser? la manifestaci?n necesaria de nuestra condici?n tal y como fue creada.
Vendr?n d?as en los que de esto que veis no quedar? piedra sobre piedra que no sea destruida, respondi? Jes?s: todo esto pasar?. El mundo material que contemplamos no es para siempre. As? conclu?mos tambi?n estudiando las cosas cient?ficamente, al constatar la caducidad inapelable de lo material. Es, asimismo, la experiencia que vamos teniendo, seg?n se suceden las generaciones. Cada d?a contemplamos, en efecto, el sucederse de las cosas y de las personas. Tal vez por esto no tuvo Jes?s r?plica a pesar de ser tan radical en su afirmaci?n.

Se levantar? pueblo contra pueblo y reino contra reino; habr? grandes terremotos y hambre y peste en diversos lugares. Las circunstancias de la vida y del mundo ser?n en general adversas para el hombre. Pero, de modo particular, para los justos, para los que, fieles a Jesucristo, quieran vivir su doctrina. Es muy interesante saberlo de antemano para que no nos extra?emos de ser mal acogidos o de presentir que nos criticar?n si somos fieles al Evangelio y, m?s a?n, si damos testimonio de vida cristiana: Os echar?n mano y os perseguir?n, entreg?ndoos a las sinagogas y a las c?rceles, llev?ndoos ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: esto os suceder? para dar testimonio.

De alg?n modo ?m?s bien de muchos modos?, tambi?n ahora sucede esto. Aunque no estamos ?seg?n parece? en el fin del mundo, es habitual que lluevan cr?ticas sobre los cristianos. Cr?ticas con una clamorosa ausencia de sentido cr?tico: "es inadmisible en nuestros d?as ?dicen? esta pertinacia en oponerse a la contracepci?n, al aborto..."; y, "...vivimos en una sociedad laica y plural ?prosiguen?, no debemos, por consiguiente, condicionarnos por prejuicios, que son ?nicamente frenos de ideolog?as religiosas..." Se ve a Dios y a lo que de ?l procede como un enemigo o un rival al que combatir; alguien y algo de lo que librarse a toda costa, pues ser?a contrario a la capacidad y necesidad humana de desarrollo y felicidad.

En el fondo es s?lo una actitud voluntarista e irracional. Pues nada lo es m?s que la afirmaci?n de una absoluta autonom?a humana: que autootorgarse decidir el sentido del propio destino, como si el hombre hubiera pensado y configurado previamente su sentido y su destino antes de existir. Se niega el principio de causalidad (no hay efecto sin causa) para la realidad humana que contemplamos y el hombre se constituye en causa libre y v?lida de su existencia.

Nosotros, sin embargo, afirmamos con el himno eucar?stico: Te adoro con devoci?n, Dios escondido. Y lo decimos humildemente, pero m?s ciertos que nadie; porque, una vez m?s, contemplamos c?mo se cumplen las palabras del Se?or: convenceos de que no deb?is tener preparado de antemano c?mo os vais a defender; porque yo os dar? palabras y sabidur?a que no podr?n resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Es justamente la impresi?n que debe tener el Romano Pont?fice, cuando se le niega con burla ir?nica, descalific?ndole por mayor?a de votos, sin argumentos, cuando asegura, por ejemplo, el deber respetar y amar la vida humana desde el inicio, o la necesidad de hacer una distribuci?n m?s equitativa de los recursos naturales. Los enemigos del Evangelio pueden tener la fuerza pero no la raz?n.

Porque, mientras tanto, la vida nuestra contrasta decididamente con la de la mayor?a, y esto, lejos de producirnos inseguridad nos confirma, si cabe, m?s en la verdad y valor de una actitud que cuesta bastante mantener. Pero ya nos habl? claramente Nuestro Se?or de la injusticia que padecer?amos: ser?is entregados incluso por padres y hermanos, parientes y amigos, y matar?n a algunos de vosotros, y todos os odiar?n a causa de mi nombre.

Por mucho que nos cueste, seremos capaces de ir contra corriente, sobre todo si contamos con Mar?a: Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecer?. Con vuestra perseverancia salvar?is vuestras almas, nos prometi? su Hijo. Nuestra Madre adem?s nos protege, y perseverar con Ella es f?cil.


Publicado por verdenaranja @ 15:59  | Espiritualidad
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