S?bado, 17 de noviembre de 2007
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del domingo, XXXIII del tiempo ordinario, 18 de Septiembre de 2007.


XXXIII Domingo del tiempo ordinario [C]
Malaqu?as 3, 19-20a; 2 Tesalonicenses 3, 7-12; Lucas 21, 5-19


Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma


El Evangelio de este domingo forma parte de los famosos discursos sobre el fin del mundo, caracter?sticos de los ?ltimos domingos del a?o lit?rgico. Parece que en una de las primeras comunidades cristianas, la de Tesal?nica, hab?a creyentes que sacaban de estos discursos de Cristo una conclusi?n err?nea: es in?til afanarse, trabajar y producir, porque total todo est? a punto de terminarse; mejor vivir al d?a, sin asumir compromisos a largo plazo, tal vez viviendo un poco del cuento.

A estos responde San Pablo en la segunda lectura: ?Nos hemos enterado de que hay entre vosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero meti?ndose en todo. A estos les mandamos y les exhortamos en el Se?or Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan?. Al comienzo del pasaje, San Pablo recuerda la regla que ha dado a los cristianos de Tesal?nica: ?Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma?.

Esta era una novedad para los hombres de entonces. La cultura a la que pertenec?an despreciaba el trabajo manual; lo consideraban degradante para la persona, como para dejarlo a esclavos e incultos. Pero la Biblia tiene una visi?n distinta. Desde la primera p?gina presenta a Dios que trabaja durante seis d?as y descansa el s?ptimo. Todo esto, antes a?n de que en la Biblia se hable del pecado. El trabajo forma parte, por lo tanto, de la naturaleza originaria del hombre, no de la culpa ni del castigo. El trabajo manual es tan digno como el intelectual y espiritual. Jes?s mismo dedica una veintena de a?os al primero (suponiendo que haya empezado a trabajar hacia los trece a?os) y s?lo un par de a?os al segundo.

Un laico escribi?: ??Qu? sentido y qu? valor tiene nuestro trabajo de laicos ante Dios? Es verdad que los laicos nos dedicamos tambi?n a muchas obras de bien (caridad, apostolado, voluntariado); pero la mayor parte del tiempo y de las energ?as de nuestra vida tenemos que dedicarlas al trabajo. As? que, si el trabajo no vale para el cielo, nos encontraremos con bien poco para la eternidad. Todas las personas a las que hemos preguntado no han sabido darnos respuestas satisfactorias. Nos dicen: "?Ofreced todo a Dios!". ?Pero basta esto??.

Respondo: No; el trabajo no vale s?lo por la ?buena intenci?n? que se pone al hacerlo, o por el ofrecimiento que se hace de ?l a Dios por la ma?ana; vale tambi?n por s? mismo, como participaci?n en la obra creadora y redentora de Dios y como servicio a los hermanos. El trabajo humano ?dice un texto del Concilio-- ?es para el trabajador y para su familia el medio ordinario de subsistencia; por ?l el hombre se une a sus hermanos y les hace un servicio, puede practicar la verdadera caridad y cooperar al perfeccionamiento de la creaci?n divina. No s?lo esto. Sabemos que, con la oblaci?n de su trabajo a Dios, los hombres se asocian a la propia obra redentora de Jesucristo? (Gaudium et spes, 67).

No importa tanto qu? trabajo hace uno, sino c?mo lo hace. Esto restablece una cierta igualdad, dejando de lado todas las diferencias (a veces injustas y escandalosas) de categor?a y de remuneraci?n. Una persona que ha desempe?ado tareas humild?simas en la vida puede ?valer? mucho m?s que quien ha ocupado puestos de gran prestigio.

El trabajo, se dec?a, es participaci?n en la acci?n creadora de Dios y en la acci?n redentora de Cristo, y es fuente de crecimiento personal y social, pero tambi?n, se sabe, es fatiga, sudor, dolor. Puede ennoblecer, pero igualmente puede vaciar y consumir. El secreto es poner el coraz?n en lo que hacen las manos. No es tanto la cantidad o el tipo de trabajo que se hace lo que cansa, sino la falta de entusiasmo y de motivaci?n. A las motivaciones terrenas del trabajo, la fe a?ade una eterna: nuestras obras, dice el Apocalipsis, nos acompa?ar?n (Ap 14,13).

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit]
Publicado por verdenaranja @ 23:57  | Espiritualidad
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